Sumario

NACIONAL

Editorial: Denunciar y aislar al nazi-fascismo de Arzallus
Perfil: Francia y ETA: Mezquina grandeur  · El ruido y la furia: Lo deseable y lo posible

Euskadi: «Perdonenlas molestias» —por Fernando Savater—
Informe del Comisario de derechos humanos europeosobre el País Vasco: Acta de una libertad cercenada
¡El fascismo en Euskadi no pasará!
Análisis: La Europa de los pueblos:El diseño hitleriano de Europa · LaIglesia ante el conflicto vasco: Una intervención bicentenaria

¡Papeles para todos! Encierro de inmigrantes en Orcasitas, Madrid: Entrevistas· Marcha sobre Madrid: ¡Españolao extranjera una misma clase obrera!

Juventud trabajadora: Carne de reforma laboral· Descerebramiento programado · Laeducación como lastre

Vacas locas: Elmercado de la alimentación: Demasiado en juego
El mercado del billón de dólares· Los contrincantes · Europa:La pieza más codiciada
¿Guerra bacteriológica entre monopolios?Una hipótesis pensable
Monopolios de la alimentación: Cada vez menosy más voraces

Corresponsalías:
Comunidad Valenciana: Paterna lucha por sus Institutos· Móviles: peligros en los tejados
Madrid: Carabanchel exije el hospital
Minit: trabajadores por sus derechos

Reportaje histórico: Españaen el siglo XX: La última amputación

INTERNACIONAL

Editorial: Los Balcanes se encienden enMacedonia: Reabrir la herida
Selección de prensa: El ejércitobastardo de la CIA se desmelenó apoyando a los extremistas de losBalcanes · Pasividad norteamericana

Afganistan: Denuncia internacional hacia los talibanes:Demonios alimentados

Hispanos:
Argentina: ¿Dónde está la plata?
La marcha zapatista: Una necesidad urgente · Un éxito labrado

CULTURA

Semana Santa en España: Las Diosas vírgenes de la fertilidad
Cine: Amores Perros
España ¿Madre patria o madrastra despiadada? · Carta abierta de los escritores y artistas colombianos al Presidente del Gobierno español, José María Aznar.

SALSA-HUMOR

El nuevo ejército español a Macedonia · Los sueños de Ferrusola
 
 


EDITORIAL NACIONAL

Denunciar y aislar al nazi-fascismo de Arzallus

Hace ahora diez años, un grupo de destacados intelectuales vascos de izquierdas anunciaban, en un artículo firmado colectivamente, «en Euskadi se está formando una cruz gamada». Entonces, a la mayor parte de la sociedad española nos costaba verlo. Hoy, en Euskadi, se viv «un clima de terror»  por las «agresiones contra aquellos que, en privado o en público, han tomado posición a favor del orden constitucional (...) o hayan podido emitir o escribir opiniones críticas sobre el nacionalismo».  Agresiones «contra ellos, sus familias y sus bienes» que transcurren «en un clima de impunidad casi total» y que tienen como objetivo, «no sólo la vida, la libertad y la seguridad de las personas»  sino también «la libertad de pensamiento, de reunión y de asociación». En Euskadi, hoy, el sistema educativo roza la»incitación a posiciones racistas y xenófobas». En este «clima general de miedo» se puede apreciar la «responsabilidad del gobierno vasco en la falta de una protección suficiente y eficaz de los derechos fundamentales».

Las frases entrecomilladas bien podrían describir la situación de Alemania en los años iniciales del régimen nazi. Sin embargo corresponden, textualmente, al Informe presentado hace unos días por el Comisario Europeo para la protección de los Derechos Humanos, Alvaro Gil Robles.
Algunos sectores, sobre todo en la izquierda, han considerado hasta ahora un «exceso» caracterizar como nazi-fascista la línea impuesta por Arzallus. El informe del Comisario Europeo zanja esta discusión para traladarla a un ámbito superior. ¿Por qué en la España democrática del siglo XXI puede aparecer una línea nazi-fascista de estas características? ¿Qué condiciones políticas hacen posible su existencia? ¿Qué intereses materiales de clase la sostienen y empujan su desarrollo? Y, sobre todo, ¿qué hacer para aislarla y derrotarla?

Entre el racismo y la mimetización

Desde sus orígenes, los núcleos dirigentes del PNV –no sus bases o sus cuadros intermedios que, en lo principal, se agrupan en él para luchar por unas justas reivindicaciones contra la opresión nacional– han tenido un marcado carácter racista. El racismo propio de quienes se consideran a sí mismos los etxekojaunchu (el señor del caserío) de Euskadi, que necesitan señalar y aislar a los de fuera, cuando los trabajadores inmigrantes empiezan a crear sus propias organizaciones sindicales y políticas de clase cuestionando su histórico dominio sobre la sociedad vasca.

Este racismo originario siempre ha estado subordinado a la vinculación de la dirección peneuvista  con una u otra potencia imperialista en cada período histórico. Uno de los rasgos  estructurales del PNV consiste en su capacidad de mimetizar las formas ideológicas y políticas del imperialismo de turno con el que se alinea. Del vínculo vaticano adquirió la doctrina social-cristiana que dio origen a ELA-STV. De los largos períodos de vinculación con los imperios anglosajones (Inglaterra hasta la II Guerra Mundial, EEUU tras ella) la línea dominante en el PNV mimetizó las formas democrático-parlamentarias, hasta el punto de oponerse con las armas a Franco. Aunque eso no le impediría, años después, trabajar para la CIA en Iberoamérica.

Sin embargo, existe un sector de la dirección del PNV dispuesto a apostar radicalmente por la independencia y que, de acuerdo con ello, dependiendo de la situación internacional va cambiando de alianzas y de alineamiento con las potencias imperialistas, poniéndose al servicio de aquellas que más puedan favorecer sus objetivos y mimetizando en cada cambio las formas de la nueva potencia en que buscan cobijo.
La línea nazi-fascista que hoy domina la dirección del PNV no es sino el reflejo del alineamiento de este sector con lo que podemos llamar el sector bávaro del hegemonismo emergente alemán, la fracción de la burguesía monopolista alemana gracias a la cual son posibles en Europa personajes como Haider o Arzallus.

Kosovizar Euskadi para balcanizar España

Si hoy un sector del empresariado y la iglesia vasca puede encabezar una alternativa nazi-fascista que pone en grave peligro la unidad de España, es porque Arzallus ha visto la ocasión de lanzarse a aprovechar las contradicciones existentes entre los dos hegemonismos que tienen intereses de dominio sobre nuestro país. Mientras España se mantenga como un peón inactivo en el tablero mundial y la política española de alianzas esté fija, en lo principal, en la órbita de Washington, EEUU -aunque le convenga que la herida de Euskadi no se cierre para utilizarla como factor de debilitamiento e intervención- no optará por el fraccionamiento ni estará interesado en impulsar y sostener el proyecto de división y enfrentamiento étnico nazi-fascista de Arzallus.

Precisamente por ello la línea capiteanada por Arzallus ha buscado la connivencia, el alineamiento y la vinculación con el emergente hegemonismo alemán. Particularmente con la fracción de la burguesía monopolista alemana más voraz, agresiva y expansionista que no ha dudado en la última década, para avanzar en su proyecto de hegemonía sobre Europa, en provocar la interminable guerra en Yugoslavia o la partición de Checoslovaquia. Un sector bávaro del hegemonismo alemán que ha desempolvado el viejo proyecto de la Alemania de Hitler de la «Europa de los pueblos», con formas distintas adaptadas a las nuevas condiciones y al nuevo tiempo histórico pero idéntico en cuanto a su naturaleza y contenido.
La idea básica de la «Europa de los pueblos» en que hoy se apoya Arzallus para llevar adelante su línea nazi-fascista consiste en la creación de múltiples grupos tribales, de múltiples comunidades étnicas fragmentadas y enfrentadas entre sí y, consecuentemente, guiadas y sometidas por la «etnia superior» que posee un proyecto de conjunto y la capacidad material para llevarlo adelante: la nación étnica alemana. La reaparición en Europa  de la división racial, los éxódos y genocidios étnicos, el enfrentamiento civil, la fragmentación de los Estados nacionales son,... indisociables del desempolvamiento de este viejo proyecto.

Para esta línea de la clase dominante alemana no se pueden dar saltos cualitativos en la hegemonía germánica sobre Europa sin alterar sustancialmente el orden político, la cadena de alianzas y dependencias y el sistema de estructuras sociales y nacionales europeas heredadas de la Guerra Fría y que están pensadas y diseñadas para preservar y fortalecer la hegemonía yanqui sobre el Viejo Continente.
Kosovizar Euskadi para balcanizar España. En esta imagen se encierra la naturaleza de los planes de penetración, intervención y dominio del sector bávaro de la burguesía monopolista alemana que ha apostado decididamente por la Europa de los Pueblos.

La singularidad vasca

Llevar adelante un proyecto de este alcance exige, en cualquier lugar que se busque la fractura y la división, una línea de fragmentación social, de división étnica, de enfrentamiento cívico. Pero si, como en el caso de España, la unidad se asienta en sólidos lazos creados durante siglos de convivencia, cruce y mestizaje, entonces se hace necesario multiplicar la ferocidad para provocar el desgarro. Y obliga, al mismo tiempo a dotarse de un brazo armado como complemento indispensable de la estrategia política. En tanto que sólo puede imponerse por la fuerza y el terror sobre la parte de la población que se opone a ella, es preciso utilizar métodos nazis, inculcando en la sociedad una ideología y una cultura nazis. Esto es lo que está ocurriendo hoy en Euskadi.

Pero, a diferencia de lo ocurrido en los años 30 en Alemania, donde la enorme presión provocada por los Tratados de Versalles permitió la confluencia de la plutocracia alemana y las masas obreras en un mismo partido con una alternativa nacional y un programa socialista, al nazismo en Euskadi le está imposibilitado actuar del mismo modo. Las bases de EH, esencialmente revolucionarias y anticapitalistas, no pueden confluir en una misma organización con el sector del empresariado especialmente reaccionario y del Vaticano que representa Arzallus. La fusión del programa nazional con el contenido socialista en un mismo partido se hace por ello imposible en Euskadi, lo cual es un factor de debilidad  para la línea nazi-fascista de Arzallus. Y obliga, también, a la dirección de EH a mantener en un grado de desmovilización importante a sus bases pues activarlas significa, de una u otra manera, que éstas entren inmediatamente en contradicción con los intereses que representa Arzallus. En la alianza de la línea nazi-fascista, ETA y la dirección de EH juegan el papel, respectivamente, de brazo armado y brazo «izquierdo»  de Arzallus. No es Arzallus el cómplice de ETA, sino ETA y la dirección de EH quienes ocupan un papel subordinado y complementario, aunque decisivo, en la estrategia de Arzallus. Papel que, de conquistar Arzallus sus objetivos, no tiene otro futuro, como ocurrió en Alemania con la parte socialista del partido nazi, que el de acabar en una nueva «noche de los cuchillos largos».

Aislar a la línea nazi-fascista de Arzallus uniendo a todas las fuerzas susceptibles de ser unidas contra ella. Derrotarla en las próximas elecciones, poniendo en tensión todas las fuerzas de la sociedad organizando Plataformas contra el fascismo y por la Libertad en Euskadi. Perseguirla para que no pueda, nunca más, volver a levantar cabeza el nazi-fascismo en nuestro país. Y liquidar los planes del hegemonismo por fragmentar y dividir España. Esta es la tarea y el reto más urgente que tiene ante sí el pueblo vasco y del resto de las nacionalidades y regiones de España.


PERFIL

Francia y ETA:
Mezquina grandeur


(Introducción)
Por segunda vez en poco más de un año, ETA ha hecho «la machada» (según expresión de Arzallus) de robar miles de toneladas de explosivos de un polvorín francés. Sólo unos días después del robo, «la machada» se convertía en un coche bomba que asesinaba a un mosso d'esquadra en Gerona.

ALC


EL RUIDO Y LA FURIA

Lo deseable y lo posible

(Introducción)
Según el diario El País, en su editorial del pasado 23 de marzo, «Zapatistas en el zócalo», «el momento de la verdad se aproxima para Sebastián Guillén, alias subcomandante Marcos». ¿En qué consiste esta nueva verdad?

Ferran Huertas


«Perdonen las molestias»
por Fernando Savater

Crónica de una batalla sin armas contra las armas

No hace más de 15 días que compartimos una apasionante tertulia con Fernando Savater (el número anterior de De Verdad publicó su contenido). Mientras tomábamos unos vinos y nos empeñábamos en prolongar nuestra charla contra el reloj del inevitable servicio de seguridad que lo acompaña, nos insistió en la importancia de la movilización ciudadana y el papel decisivo de la izquierda para rescatar del ideario nazi-fascista a muchos de los que creen todavía que apoyar o justificar a ETA contiene algo de revolucionario. Le propusimos colaborar en nuestras páginas y nos ofreció sin vacilación la libertad de publicar cualquiera de sus escritos que consideráramos de interés. Acogiéndonos a su ofrecimiento, la redacción de De Verdad hemos seleccionado dos breves artículos del reciente libro publicado por Ediciones El País. En ellos, con la inteligente ironía que lo caracteriza, Fernando Savater dispara contra el racismo excluyente que rezuma el ideario de los que califica de «talibanes nacionalistas», porque, como él mismo dice, si no fuera por el horror acumulado y la angustia que se nos viene encima... ¡Sería para reírse!

Del caserío no me fío

Hace varias semanas se publicó una carta en el Diario Vasco que en sus pocas líneas resultaba más esclarecedora que muchos sesudos artículos  sobre nuestro interminable conflicto vasco. La firmaba el señor Mikel Oñatibia, de Getaria, y llevaba como título «Invitados y propietarios felices». (...) el señor Oñatibia exponía su argumentación sobre nuestros males, utilizando el acreditado recurso al estilo metafórico. Debo advertir de que cabe la posibilidad de que toda la misiva no sea mas que un sutilísimo ejercicio de ironía y que yo me la haya tomado en serio porque soy algo bobo: si es así, aún felicito más vivamente al autor por su acierto paródico al reflejar cierta mentalidad realmente existente.

Vamos al cuento. Érase que se era... según Oñatibia, «un caserío grande en el que habitan los abuelos, los padres, los hijos y demás parientes». Como hay mucho trabajo por hacer, todas las personas que solicitan empleo y cobijo en él son bien recibidas. En aquellos tiempos felices «cuando necesitaban realizar un cambio, o tomar una decisión, se realizaba sin problema, dado que quienes lo decidían eran los propietarios». Pero según pasaron los años, los invitados se fueron multiplicando y, ay, llegaron a ser más que los dueños. De modo que a partir de entonces, «en base a una curiosa razón (como dice genialmente el señor Oñatibia), también los invitados empezaron a considerarse propietarios». Así que los invitados y sus descendientes empezaron a intervenir a la hora de efectuar un cambio o tomar una decisión con el derecho que les daba «esa curiosa razón llamada democracia». Tal situación acabó con la felicidad, la paz vital y el buen entendimiento que antes reinaban el caserío, según el señor Oñatibia. De modo que «caso de recuperarse el estado inicial volverían a darse las condiciones de paz. No existe otro camino. Bajo la propiedad y decisión de los antiguos inquilinos y sus descendientes, también los invitados vivirán felices... ¡seguro!». Lo único que hay que suprimir pues para conseguir la paz es esa curiosa razón llamada democracia: esto no lo dice Oñatibia (su carta acaba con ese triunfal «¡seguro!») sino que lo deduzco yo de las premisas anteriores. Pero, ¿cabe otra conclusión?.

No se pueden decir las cosas más claramente. Cuando algunos, a los que se nos tacha de visceralmente antinacionalistas, hemos hablado de la incompatibilidad de fondo entre el imaginario nacionalista y el imaginario democrático, nos referíamos precisamente a lo que con tanta nitidez expone en su parábola esa carta. Ya sé, ya sé que el señor Oñatibia no es ni mucho menos el ideólogo oficial del nacionalismo vasco, y que su didáctica metáfora del caserío no la suscribirían explícitamente ninguno de los actuales líderes nacionalistas... al menos fuera del batzoki. Pero a mí me parece que expresa un punto de vista sumamente semejante al de Sabino Arana, el cual sigue latiendo en el fondo de los planteamientos de muchos de sus seguidores. Vamos, que el señor Oñatibia no se inventa nada. En todo caso hay que agradecerle que mejore el modelo, porque parece que Arana prefería echar a los invitados en vez de hacerles felices. Y además acierta estupendamente a señalar en qué consiste la raíz de esa curiosa razón de la modernidad, llamada democracia: acabar revolucionariamente con la época en que las comunidades humanas tenían dueños o «propietarios».

En efecto, en el País Vasco los invitados resultamos muchos más que los aspirantes a propietarios: aproximadamente seis de cada diez ciudadanos somos inmigrantes o hijos de inmigrantes, por no hablar de los mestizajes entre propietarios e invitados, que ampliarían generosamente este porcentaje. Y claro, a todos nosotros nos gusta por razones obvias la democracia más que reinventar el plan antiguo, el de los «dueños» que administran el caserío familiar mientras los invitados esperan ser tratados amablemente. Pero los que quieren ser propietarios no cejan en su empeño minoritario, los unos por las buenas y los otros por las malas. De modo que cuando organizan un congreso de periodistas en Bilbao, aunque hablen de tolerancia, excluirán de él a los invitados más revoltosos y regañarán a los medios de comunicación españoles por su desconocimiento de la realidad vasca, es decir, la existencia aquí de propietarios amargados e invitados a punto de ser felices. (...) Pero no merece la pena seguir, ya saben a lo que me refiero. ¡Pobres propietarios! El caserío se les ha ido de las manos, por esa curiosa razón cuyo nombre señaló bien Oñatibia. De modo que el futuro pacífico sólo será pacífico si es de todos, sin dueños de primera e invitados de segunda

Un euskoquintana

(...) Para que vean que no les engaño, hoy quiero hacerles partícipes de las elucubraciones del padre Txomin Iakakortexarena, editadas en Tolosa con el título de «El Rh negativo de los vascos» en edición bilingüe vascuence y castellana, con depósito legal del año 1990 de nuestra era.

Tras unas consideraciones generales sobre los males históricos que la obsesión por la igualdad ha producido, el autor se centra en el milagro que constituye la lengua vasca: «Diferenciándose de casi todas las lenguas conocidas en la actualidad, el vasco no ha creado su lengua de otra lengua madre, sino que con un criterio razonable y sensato siguiendo las huellas del Creador, ha ido examinando uno por uno todos los seres creados por Él y después de conocer perfectamente las cualidades de cada uno, ha procedido sin duda a denominarlos, porque entonces no se conocía la escritura ni había escuela, ni mucho menos Academias». Esta última alusión es un dardo contra los académicos que han inventado el batua o euskera unificado, «desalentados porque en sus pequeñas mentes no cabe tanta riqueza como posee ese variado y rico euskera popular» que, lógicamente tiene que tener variantes regionales ya que «existen en cada región plantas, mosquitos, peces, animales y muchos seres diferentes cuyos nombres sólo los saben los propios de la región».

Desarmados así los desalmados académicos unificadores, pasa Txomin (le llamo así no por familiaridad grosera sino para abreviar) a un tema al rojo vivo: la sangre vasca. Descartando los abusos de los racistas, «siempre tenemos que aceptar las razas, porque la raza es una cualidad especial que el Creador ha otorgado a los seres vivientes  y así como la inteligencia nos distingue a los grupos humanos, según las cualidades diferentes y variadas que en su sangre ha querido distribuir el Creador». En la sangre humana se ha descubierto en 1940 el elemento Rh, así llamado porque también se da en los monos del tipo Rhesus. Incómodo parentesco con los primates que sólo una raza no comparte: ¿adivinan cuál? Pues han acertado, la sangre vasca. «No es pequeño privilegio para los vascos esta sangre limpia y pura del Rh negativo sin mezcla de Rh positivo del mono, porque podemos creer que ello nos cataloga como los primeros habitantes de Europa». Los primeros, antes de la llegada de los monos invasores. Y este honor hace exaltarse a Txomin: «Si los que celebran solemnemente el «Día de la Raza», a pesar de que su sangre tiene mezcla de todos los invasores de Europa, tuvieran esta honrosa distinción de la sangre de los vascos, ¿con qué solemnidades y arrogancias lo celebrarían?»
Claro que la pureza, además de celebrarla, hay que defenderla con ciertas precauciones. ¡Cuidado con el mestizaje, sabiamente evitado por nuestros mayores! «Cuando una muchacha vasca con sangre del factor Rh negativo se casaba con un muchacho con sangre del factor Rh positivo, la sangre Rh negativa de la madre comenzaba una lucha feroz contra la sangre Rh positiva del padre, lo que motivaba una enfermedad en la sangre del niño en gestación, naciendo enfermo o muriéndose al poco tiempo de su nacimiento, poniendo en peligro la supervivencia del caserío vasco, por lo que al fundar un hogar trataban siempre, rehuyendo extraños, de casarse entre vascos, por ese peligro de desaparición de la descendencia». ¿Comprenden ahora la sangrante raíz del conflicto vasco?


Informe del Comisario de derechos humanos europeo sobre el País Vasco:
Acta de una libertad cercenada

El Comisario de derechos humanos europeo, Alvaro Gil Robles, acaba de destapar la caja de los truenos con la presentación de su informe sobre la situación en el País Vasco ante el Consejo de Europa. En él constata, tras múltiples entrevistas, el acoso que vive gran parte de la sociedad vasca, «concretamente la que no se considera nacionalista militante, es decir, más del 50% de la población vasca» como consecuencia de la acción terrorista de ETA y de la violencia callejera de su entorno y, lo que es más grave, ante la impasibilidad de otra gran parte de la población.

La reacción de los principales líderes de las fuerzas nacionalistas ante tan contundente informe no se ha hecho esperar. Si bien hace un mes y medio se congratulaban del talante dialogante del Comisario y de cómo había logrado realizar su viaje al País Vasco a pesar de los «impedimentos» que le estaban poniendo desde Madrid los comentarios sobre el estudio, una vez presentado, han ido desde la queja por lo poco apropiado de las fechas en que se ha hecho público hasta la acusación de estar hecho al «dictado de Madrid», pasando por el único comentario de Javier Madrazo respecto a lo «injusto» que es con la labor de la Ertzaintza. Es como si levantaran el acta de defunción por un asesinato en casa y los habitantes no tuvieran otra preocupación que el pésimo momento que ha elegido el finado para «ser muerto».

En su visita al País Vasco Alvaro Gil Robles realizó entrevistas con todas las fuerzas políticas (menos EH), así como con personalidades, intelectuales y profesionales en distintas actividades a fin de documentarse. Además de los representantes de la Administración central y vasca, habló con el sindicato de la Ertzaintza, ERNE; con víctimas del terrorismo-COVITE ; con colectivos sociales como Gesto por la paz, Elkarri, Bakea Orain, Basta ya y Foro de Ermua; con el rector de la Universidad del País Vasco, los Obispos vascos y organizaciones de familiares de presos como Senideak y Gurasoak. De los informes que todos ellos le trasmitieron el comisario extrae en su estudio las siguientes conclusiones: En el País Vasco se vulneran cotidianamente el derecho a la vida, a la libertad y seguridad de las personas, a la libertad de pensamiento, de información, de reunión y asociación.

Tanto la actuación de ETA como la violencia de la kale borroka atentan directamente contra estos derechos ciudadanos, haciendo difícil la normalidad tanto en la vida política como social. El hecho que en determinados sectores de profesionales; periodistas, magistrados, profesores, jueces, representantes de cargos electos, no se pueda ejercer sin protección policial, y de que esta amenaza sea también extensiva a su familia y bienes es un dato que el comisario encuentra «revelador» en sus entrevistas con profesionales de éstas áreas. El Informe da a conocer cómo esta situación se da en una comunidad con una altísima cota de autogobierno, «más que en un lander alemán» y en un país donde las autoridades políticas respetan los derechos democráticos, y pone como ejemplo la existencia de un partido político como EH.

Esta vulneración es selectiva, la sufre «aquella parte de la población que no se considera nacionalista militante, es decir, más del 50% de la población vasca». ETA y la kale borroka apuntan directamente contra aquellas personas que se declaran a favor del orden constitucional vigente y aquellas que son más beligerantes en su denuncia a ETA: la banda ha cometido 25 asesinatos en lo que va de año, y se estiman en unos 3.000 los objetivos de la violencia callejera. La organización «Periodistas sin Fronteras» contabiliza amenazas contra nueve periodistas y ataques contra más de diez medios de comunicación. En la Universidad del País Vasco son numerosos los profesores amenazados que siguen asistiendo a sus clases escoltados o los que han tenido que exiliarse ante la brutal presión. «He podido constatar la realidad de un violencia urbana  con objetivos políticos de persecución de los no nacionalistas».

A este respecto, el informe encuentra conveniente para una futura investigación algunas prácticas que podrían estar en el origen de esta violencia «concretamente, el uso de los medios de transmisión de la cultura y del conocimiento para favorecer entre los jóvenes y los niños un acercamiento al conocimiento a partir de una concepción legítima de las posiciones nacionalistas, pero hecha desgraciadamente según una sola opinión de exclusión y agresiva hacia los no nacionalistas, rozando a veces la incitación a posiciones racistas o xenófobas» Esta sistemática persecución crea un clima de terror más allá de las propias actuaciones terroristas donde todo aquel que se siente identificado con las opciones no nacionalistas se siente amenazado y limitado en sus derechos. Se trata, pues, de barrer la disidencia.

«No hace falta, pues, que esta acción terrorista de ETA esté directa y sistemáticamente en el origen de la violación de los derechos fundamentales de las personas que son víctimas directas de sus crímenes, y de todas las demás que, dado el sistema de terror ambiente, se sienten restringidos en el libre ejercicio de sus derechos cívicos y políticos..». «No hay que olvidar que el voto a favor de opciones no nacionalistas se ha vuelto especialmente arriesgado en las pequeñas aglomeraciones donde los nacionalistas radicales controlan las alcaldías»

Todo esta violencia se desarrolla en un estado de impunidad. El sindicato ERNE afirma la pasividad con la que se ven obligados a actuar por los mandos superiores, en órdenes nunca escritas, así como la ineficacia de su brigada móvil antidisturbios, que para intervenir necesita el permiso del viceconsejero de Interior. «Estas afirmaciones coinciden con una queja que me formuló el presidente de la Universidad del País Vasco que, enfrentado a incidentes violentos en el campus universitario, solicitó por teléfono la intervención de la Ertzaintza. Le pidieron que enviara su solicitud por fax, y tuvo que enviar el fax una segunda vez porque no estaba legible. Naturalmente, cuando llegaron los policías, ya sólo quedaban los vestigios de la acción violenta.» «..ponen de manifiesto un funcionamiento anormal en la policía autónoma vasca en cuanto a la represión y a la investigación de estas conductas delictivas, que afectan gravemente a la vida democrática en la Comunidad Autónoma»

El informe, respaldado unánimemente por el Consejo de Europa, es la radiografía de un País Vasco en estado de excepción crónico y en el que se vislumbran serios síntomas de fractura social. Acerca de esta cuestión, Alvaro Gil Robles diría más tarde «Cuando uno ve que una parte de la población está acosada, perseguida e indefensa y hay otra parte que aparenta cierta indiferencia, ¿qué cree usted que se puede producir?»

El cristal verde

«Un español o un vasco no deben examinar el caso vasco, pues el que ve con cristal verde, ve verde». Estas son las palabras con las que Xabier Arzallus ha recibido el informe del Comisario europeo Una vez más Arzallus afirma que el asesinato, la extorsión y el chantaje es cuestión de punto de vista. Depende de si se es vasco o español. Según él, donde éstos ven coches bomba aquellos ven fuegos artificiales, dónde éstos ven amenazas aquellos ven meras bravuconadas. Una vez más Arzallus dice hablar por los vascos. Por naturaleza propia de los vascos quiere hacer pasar su indiferencia activa. Y por característica autóctona su complicidad. Quiere hacer de mirar al otro lado un principio de la etnia vasca. Su objetivo es criminalizar lo no euskaldun. Todas,  poderosas armas para el enfrentamiento.

Igone Bilbao


¡El fascismo en Euskadi no pasará!

A la alcaldesa de Lasarte-Oria, Ana Urchueguía:

En nombre de la redacción y los trabajadores del De Verdad, periódico de Unificación Comunista de España, queremos expresarle nuestra más enérgica condena y rechazo del vil asesinato de Froilán Elespe, rogarle que transmita nuestro pésame a sus familiares y a toda la corporación que usted preside y manifestar nuestra solidaridad con los socialistas vascos y con todo el pueblo de Euskadi. La cobardía y falta de entrañas de los autores del asesinato solo es comparable a la bajeza moral de quienes los amparan, alientan y justifican. Por eso mismo, por lo negro de sus principios fascistas, jamás podrán imponerse sobre los demócratas y la gente de bien que constituimos la inmensa mayoría del pueblo.

Al Comite Ejecutivo del PSE-PSOE

En nombre de toda la organización de Unificación Comunista de España queremos que hagáis llegar a todos los socialistas vascos nuestra solidaridad por el cobarde asesinato del compañero Froilán Elespe. En estos dolorosos momentos queremos reafirmar y transmitiros   nuestra profunda convicción de que la dictadura de terror y silencio a la que quiere conducir a Euskadi la línea nazi-fascista de Arzallus y ETA nunca  podrá imponerse sobre la voluntad y los deseos de libertad de la inmensa mayoría de los trabajadores y el pueblo vasco. Entre todos conseguiremos derrotar al fascismo en Euskadi.

(Telegramas remitidos por la redacción del De Verdad y UCE al Ayuntamiento de Lasarte-Oria y a la ejecutiva del Partido Socialista  de Euskadi respectivamente)


ANÁLISIS

La Europa de los pueblos:
El diseño hitleriano de Europa

(Introducción)
Son ya infinidad los analistas políticos que han evidenciado que la «globalización» trae consigo el peligro de fragmentación de los Estados nacionales, la revitalización de las aspiraciones nacionalistas en la vieja Europa y el resurgimiento de opciones fundamentalistas en el Tercer Mundo. Para muchos, la base última es la propia superación histórica de unos Estados nacionales obsoletos y que han de ser sustituidos por nuevas formas de organización política, más acorde a los nuevos tiempos; a los tiempos del ALCA o de la Unión Europea; donde la Administración (y el poder) debe trasladarse desde los Estados «hacia arriba» y «hacia abajo», hacia las administraciones regionales y locales. Para otros, la nueva fase «globalizada» en la que, pretenden, está entrando la Humanidad entera, podría ver culminarse las viejas aspiraciones nacionalistas de convertir el Viejo Continente en una comunidad de pueblos y regiones, unida en un supraorganismo común, pero en base a la organización política «natural» de Europa: la «Europa de los Pueblos y de las Regiones».

 

TBA


La Iglesia ante el conflicto vasco
Una intervención bicentenaria

«¿Dónde están los tanques del Papa?» La pregunta, atribuida a Stalin durante la discusión del estatus de Polonia en las negociaciones que culminaron con los acuerdos de Yalta, tendría su contestación, 50 años después, en las revueltas polacas que marcaron el principio del fin del imperio soviético.

No hace falta, sin embargo, irse tan lejos para comprobar cómo los «tanques» del Vaticano aunque en ocasiones no se vean, están. La historia de los dos últimos siglos en España son una constatación práctica de cómo el Vaticano ha dispuesto, y dispone, de un poderoso «brazo armado» para inmiscuirse e intervenir en los asuntos internos de nuestro país. Intervención que llega hasta nuestros días y que se manifiesta en la actitud, no sólo en la muy particular de la Iglesia vasca, sino en la de la propia Conferencia Episcopal española al distanciarse del pacto antiterrorista. Por supuesto nos referimos a la Iglesia como aparato, es decir, no al conjunto de fieles que en su inmensa mayoría ni comparten, ni su conciencia católica jamás les permitiría compartir, por ejemplo, la siempre ambigua, equidistante y muy a menudo indecente posición que reiteradamente adopta la Iglesia ante la situación en Euskadi.

Desde la pérdida de la Inquisición, en la tercera década del siglo XIX, la Iglesia como aparato pasa a constituirse, en lo principal, como el brazo armado de un potencia extranjera, el Vaticano, con múltiples intereses económicos, políticos e ideológicos en nuestro país. Ninguna otra potencia extranjera como el Vaticano ha dispuesto jamás de un servicio secreto tan omnipresente como el que han formado los confesionarios en la España rural. Ninguna otra potencia extranjera como el Vaticano ha dispuesto de forma permanente con la presencia de un cuerpo de intervención militar como las milicias jesuíticas. Jamás ninguna potencia extranjera soñó con poseer la capacidad de obtener información instantánea de los más altos secretos de Estado como la que ha tenido el Vaticano gracias a los confesores personales perpetuamente instalados al lado de las figuras claves del Estado y de la vida política y económica del país. Si durante la segunda mitad del siglo XIX las cancillerías francesa e inglesa se disputaban a dentelladas influir sobre la política exterior de los gobiernos españoles, al Vaticano le bastaba dar instrucciones directas al padre Claret, a sor Patrocinio y a los arzobispos de Toledo y Zaragoza, confesores y asesores espirituales de Isabel II, para dictar la política exterior española durante un cuarto de siglo. Ninguna otra potencia extranjera como el Vaticano ha disfrutado jamás en España de una organización tan extensa que abarcara hasta los últimos rincones del país, ni con su capacidad de establecer focos conspiratorios e insurrectos por doquier cada vez que el empuje transformador de las clases populares ponía en peligro su poder omnímodo.

Contra la desamortización de Mendizábal levantaron y apoyaron al carlismo en una interminable sucesión de guerras que desangraron al país durante todo el siglo XIX. Pero, al mismo tiempo, el sostén material y espiritual que daban al carlismo no les impedía negociar con los gobiernos de Madrid sustanciosas indemnizaciones por los bienes desamortizados. Como decía Quevedo: «cebolla en Valladolid y mermelada en Toledo». Mientras azuzaban el conflicto en el Norte, reforzando una influencia política y un control social que hoy pervive en gran parte todavía, mantenían una relación constante y fluida con las familias y las clases del régimen a quienes los carlistas, con su apoyo, combatían. La ambiguedad y la equidistancia, como se ve, vienen de antiguo.

Desde la instauración de la II República, la actuación del aparato de la Iglesia es la continua conspiración y la incitación permanente a la sublevación contra la legalidad republicana. Había que detener la oleada revolucionaria de los trabajadores socialistas, anarquistas, comunistas,... y ateos. Y por eso no dudaron ni un instante en bautizar al alzamiento fascista como una «santa cruzada», bendecir los fusilamientos en masa o ensalzar la feroz represión desatada por Franco conduciéndolo bajo palio. Y aún estamos esperando que respondan por ello.

Hibridación y mutación

Si hay una imagen que al aparato eclesiástico le venga como anillo al dedo, ésta puede ser la que lo define como un virus mutante híbrido.
Un virus por su capacidad, demostrada históricamente hasta la saciedad, de infiltrarse en las células básicas del cuerpo social y extenderse y apoderarse de sus órganos vitales sobrepasando todos los anticuerpos económicos, sociales o políticos que le salen al paso. La historia de la intervención bicentenaria de la Iglesia como aparato en nuestro país es la historia de un humor orgánico maligno, de un germen patógeno ponzoñoso que, aunque durante períodos de tiempo más o menos largos parece inactivo, en los momentos de crisis, decisivos, en los que está en juego el destino de la sociedad española se activa a una velocidad de vértigo y siempre en dirección contraria a los intereses populares. Decíamos más arriba que todavía estamos esperando que respondan por su apoyo al alzamiento franquista, pero sin irnos tan lejos, los obispos todavía no han dado razones de por qué la noche del 23-F, reunida en asamblea plenaria la Conferencia Episcopal, no emitió ni un solo comunicado, pese a los reiterados llamamientos a que lo hiciera, en contra del intento golpista y a favor de la democracia y la Constitución.

Posiblemente la razón haya que buscarla en ese carácter híbrido tan peculiar que desde tiempos de San Ignacio tiene la Iglesia española. Religiosos pero también laicos. Atendiendo a los asuntos espirituales pero también, con la misma devoción, a los materiales. Sacerdotes y soldados, primados y señores feudales. Príncipes de la Iglesia pero aspirantes también a príncipes terrenales. Mientras la mano derecha no sepa lo que hace la mano izquierda, cualquier cosa estará permitida. «Cebolla en Valladolid y mermelada en Toledo», mientras negocia en Madrid se insurrecciona en Euskadi. Es en este carácter híbrido, fruto del cruce entre lo material y lo espiritual, donde reside la capacidad del aparato eclesiástico español para haberse convertido en el brazo armado del Vaticano durante tantos años.

Pero a ello, además, hay que sumarle una tercera característica: su increíble capacidad de mutación para ser hoy una cosa y reaparecer mañana, sin variar su naturaleza, bajo una forma distinta. La capacidad de adaptación de la alta jerarquía eclesiática en los dos últimos siglos parece no tener límites: «Fernandistas» (absolutistas) en el primer tercio del siglo XIX, carlistas en las décadas centrales, conservadores en el último cuarto de siglo, monárquicos en la República, fascistas en la Guerra Civil, nacional-catolicistas en los años duros del franquismo, aperturistas en los estertores finales del Régimen, partidarios del euskonazismo hoy en Eukadi,... ¿mañana?

Es esa capacidad de mutación la que ha permitido a la Iglesia como aparato seguir manteniendo en España una influencia y poder como en pocos países del mundo y sobrevivir a los modos de producción, a las clases dominantes, a los Estados, a los régimenes políticos más diversos. Y lo que hace que sea tan difícil combatirlo con éxito.

Nazismo apostólico

El desarrollo de ese virus mutante híbrido ha dado como resultado, en nuestros días, la aparición de lo que no puede calificarse sino como un verdadero nazismo apostólico de carácter jesuítico en Euskadi. Setién es sólo su cara más visible, pero el entramado que lo sostiene es mucho más amplio. La Iglesia vasca, o su sector mayoritario, o, precisando todavía más, la línea dominante dentro de ella, si en el pasado fue el sostén material y espiritual del reaccionario absolutismo carlista, hoy ha tomado en sus manos el papel de activo apostolado militante, difusor y defensor, del fascismo étnico e ideológico que, bajo la bandera de un nacionalismo reaccionario, trata de apoderarse de Euskadi. El vivero de cuadros que este proyecto promete asegurar a la Iglesia ha creado esta alianza de hierro entre un sector del empresariado vasco y la milicia jesuítica que dirige la Iglesia vasca, alianza que, de una u otra manera, se extiende al conjunto de la jerarquía eclesiástica española y al Vaticano, que sólo recientísimamente, y ya veremos con qué grado de consecuencia, ha empezado a demarcarse de ella.

Dice García Lorca en uno de sus poemas que «San Ignacio degolló un conejo, y sus alaridos resuenan por todos los campanarios».
Hoy, en Euskadi, «se degüellan conejos» todos los días con el tiro en la nuca o el coche bomba y la sangre de los maketos derramada corre por el coto de caza que ha decretado el euskonazismo. Pero la Iglesia vasca, con su actitud, hace lo posible y lo imposible para que cueste mucho escuchar sus alaridos. Tarde o temprano tendrán que responder también, ante la sociedad española y en primer lugar ante sus propios fieles, por su responsabilidad en este asunto.

A. Lozano


¡Papeles para todos!
Encierro de inmigrantes en Orcasitas, Madrid:
«Este encierro se ha gestado por iniciativa propia de la comunidad cristiana del barrio»

Orcasitas es un barrio del extrarradio madrileño nacido para alojar a la inmigración que llegaba huyendo de la miseria de otras tierras de España para cubrir los puestos de trabajo del desarrollo industrial en Madrid. Por su concentración obrera, fue durante los años de la Transición uno de los barrios más combativos de Madrid. Aquí, las primeras comisiones obreras asamblearias, los movimientos de base cristianos, el partido comunista y muchos partidos a la izquierda del PCE, (mayoritariamente extinguidos), tuvieron un vivero de cuadros y luchadores. Todo aquello, como en tantos otros lugares de España, tuvo su final con el desencanto de los años 80.

Pero hoy, la lucha de los inmigrantes sin papeles está provocando, en cierta medida, que Orcasitas vuelva a rememorar su historia, a reencontrarse con un pasado de lucha y solidaridad que pese al trabajo hecho desde arriba por liquidarlo y desorganizarlo sigue vivo, aunque dormido, en muchos de sus habitantes. Una inmigrante colombiana, participante en el encierro de la Parroquia de la Sangre Preciosa nos lo ha resaltado:

«Este encierro es muy diferente a los demás que conocemos, fue una iniciativa del mismo barrio, desde ahí comienza todo; nosotros no tuvimos que ir por ahí buscando un lugar, eso es lo primero. Lo segundo, las reuniones que se hacen para hablar con la gente, con los jóvenes, con las madres de los niños que vienen a la catequesis, a los scouts, a muchas cosas... Y les estamos dando la otra cara de los inmigrantes, no la que da la prensa o la televisión, sino la dignidad de por qué uno esta aquí... Nosotros aquí estamos recibiendo apoyo moral, amor,... nos traen comida, nos hacen sentir como en nuestra casa, hacen cosas para que nosotros participemos, nos apoyan en todo...»

Miguel Ángel es uno de los portavoces, también de nacionalidad colombiana.
DV.- ¿Qué valoración tenéis de lo que ha conseguido hasta ahora el movimiento de los inmigrantes?
M.A.- A través de los encierros se ha logrado avanzar en la calidad y capacidad de respuesta, la unión para poder enfrentarnos al gobierno de una manera eficaz y la capacidad de ser reconocidos en la calle.

DV.- Pero el gobierno quiere presentar que está todo solucionado: repatriaciones, encierros que se dejan...
M.A.- El gobierno está intentando crear un sofisma de distracción ante la opinión pública pero realmente los inmigrantes estamos en la misma situación que antes. Estamos reclamando unos derechos fundamentales, reconocidos en la carta magna de los derechos humanos.

DV.- Pero los inmigrantes sois un grupo de trabajadores cada vez más numeroso y necesario ¿no crees que vuestro movimiento ha de poner esto de manifiesto?
M.A.- La reivindicación de los derechos de los inmigrantes como personas está teniendo una buena acogida por parte de la sociedad española. Lo que no ha comprendido el gobierno español es lo que hemos hecho los inmigrantes por el estado español. Los inmigrantes no somos, como nos quieren presentar, una fuente de inseguridad, vinimos a contribuir con el desarrollo de España, muchas regiones han prosperado porque los inmigrantes han dejado su trabajo ahí. Si no existiera la deuda externa, la presión de la globalización... podíamos haber salido adelante, nuestros países no son pobres, son países empobrecidos.

D.V.- Aunque ahora urja la lucha por los papeles, ¿no crees que debéis de hacer coincidir vuestras reivindicaciones con las de los trabajadores españoles?
M.A.- Si, es importante fortalecer la unidad. Concienciar al colectivo de inmigrantes de que sin la clase obrera de España no somos nada; nos tenemos que unir con los trabajadores españoles para reivindicar nuestros derechos porque son los mismos. No se puede pedir en casa ajena lo que no le dan ni al propio de la casa. Unirnos para reivindicar unos derechos y hacer unas exigencias al Estado, formar un colectivo grande y fuerte con capacidad de respuesta. Yo creo que con el apoyo de los españoles es como vamos a salir adelante, somos una misma clase obrera.

D.V.- ¿Cómo tenéis organizado el encierro?
M.A.- El encierro a diferencia de otros muchos se ha gestado por iniciativa propia de la comunidad cristiana de este barrio. Reaccionó de inmediato, sentando un precedente para las comunidades cristianas y diciéndoles que había que tomar una iniciativa ante una problemática de carácter humanitario. Y está dando ejemplo de lucha y ejemplo de respaldo a los inmigrantes por tratar de cambiar en todos sus aspectos la injusticia. Además de ser una acogida real, es una puesta en práctica del Evangelio.

Hablamos también con uno de los vecinos del barrio que tomaron la iniciativa del encierro.
D.V.- De cara al futuro del encierro y de la lucha general de los inmigrantes, ¿por dónde seguir?.
R.- La postura que se está tomando desde Orcasitas es que hay que recuperar a todos los agentes sociales (sindicatos, partidos, asociaciones...) que hagan de interlocutores llevando las propuestas de los inmigrantes, porque sino no, no hay nada que hacer. Hay que trabajar por ahí, recuperar todo lo que es el tejido social para que sea posible la negociación, una negociación directa con el gobierno no es realista y no va a salir, hay que recuperar a los agentes sociales, porque actualmente están desmovilizados por posturas excesivamente radicales que se han tomado desde el propio movimiento de los ‘sin papeles’. ¿Que los sindicatos están en contra de la ley de extranjería?, ¿que están intentando opositar a la ideología de la patronal?..., pues vamos a intentar recuperar todo ese movimiento de cambio a través de los inmigrantes para activar todo lo que es ese tejido social, porque esta lucha no puede conseguirse si no hay unidad. No se puede radicalizar. No hay unidad, y si no la hay no va a haber negociación y los que van a perder son los inmigrantes que no tienen papeles.

D.V.- ¿No crees que la lucha de los inmigrantes ya está revitalizando una tradición de lucha que estaba dormida?
R.- Sí, hoy no hay conciencia obrera, hoy la gente está desmovilizada y los inmigrantes están demostrando que hay que unirse y movilizarse si queremos que las cosas cambien.

D.V.- ¿Que valoración tenéis de cómo van las cosas hasta ahora?
R.- Yo creo que a nivel de los encierros del Estado estamos trabajando mucho por establecer criterios comunes, tener conciencia de que tenemos que estar unidos y que hay que estar al tanto de los agentes sociales, yo creo que estamos en ese momento ahora. Creo que ahora es un momento privilegiado para tomar partido por todo esto, el PSOE ha recurrido la ley, el gobierno ha tenido diálogos con los sindicatos y la patronal y no han llegado a ningún acuerdo y parece que los sindicatos están por opositar ahí con fuerza... Yo creo que se puede llegar a conseguir algo.
Además esta ley no sólo es inconstitucional, sino que no tiene lógica, porque a los inmigrantes los necesitamos y el gobierno debe de regular. Hoy por hoy necesitamos al inmigrante como trabajador para construir España, el país ha estado construido por la inmigración, hay que tener memoria histórica y hay que seguir adelante porque esta lucha es de todos.

D.V.- ¿Quieres resaltar alguna cosa más?
R.- Que el encierro de Orcasitas va a seguir adelante, en la coordinadora estatal intentando unificar, fortaleciendo la unidad y no dejando manipular por ningún encierro, que muchas veces los problemas que estamos teniendo en la coordinadora estatal precisamente es porque hay algún encierro que está intentando una manipulación que promueve la división; además el gobierno lo que quiere es que no estemos unidos, todo lo que han intentado es desmovilizar y dividir; las últimas decisiones políticas, el retorno voluntario a Ecuador..., todo ha sido un querer desmovilizar y dividir y separarnos de los agentes sociales. No vamos a caer en la misma trampa.
Sabiendo lo que queremos hacer y teniendo los criterios claros, hemos de abrirnos a los agentes sociales y hacer una presión conjunta, eso es lo importante... Y que yo estoy muy contento de estar en esto.


Marcha sobre Madrid:
¡Española o extranjera una misma clase obrera!

Del 15 al 21 de Marzo, Madrid fue testigo de la marcha de inmigrantes que recorrió varias de las ciudades del extrarradio y que tuvo su punto álgido en una manifestación por las calles de la capital. Inmigrantes y españoles provenientes de muchas localidades donde se mantienen los encierros de los ‘sin papeles’, confluyeron en una manifestación unitaria que reclamó el derecho de las decenas de miles de trabajadores inmigrantes que siguen exigiendo: ¡Papeles para todos! La Coordinadora Estatal de Inmigrantes con y sin papeles fue la fuerza convocante.
Como broche de la marcha, un acto festivo en el que participaron varios artistas como Almodóvar, Natalia Dicenta, Juan Diego Botto, Alberto Sanjuán... y en el que éstos se autoinculparon como desobedientes de una Ley de Extranjería que cercena los derechos de los trabajadores inmigrantes.

Y una anécdota que desde De Verdad queremos resaltar: una agrupación de las Juventudes del Partido Comunista decidió acudir a la manifestación con la consigna: «Española o extranjera una misma clase obrera», consigna que desde nuestras portadas y páginas hemos contribuido a popularizar. Nos dijeron que habían visto el bloque de Unificación Comunista de España (UCE) en la anterior manifestación celebrada en Madrid y que habían considerado su justeza, por lo que habían decidido acudir a esta segunda manifestación portando una pancarta con esta consigna y juntarse con el bloque de UCE para reforzar este contenido.

Nos alegramos doblemente, por un lado de que nuestras consignas acierten con justeza en el corazón del problema, pero aún más de que entre los compañeros de lucha prime la unidad entorno a lo que es justo en lugar de la división y rencillas que tantas veces debilitan y hacen fracasar los movimientos unitarios.
¡Salud camaradas, la unidad hace la fuerza!

Joan Arnau y Beatriz Muñoz


MOVIMIENTO OBRERO

Juventud trabajadora
Carne de reforma laboral

Los jóvenes actuales pueden estar rompiendo la máxima que establece que una generación siempre debe vivir mejor que la anterior. Evidentemente hoy disfrutamos de comodidades que hace treinta años no existían, y podremos disfrutar de adelantos que nuestros padres no conocerán. Pero, en todas las familias, los padres observan como sus hijos  no se pueden plantear opciones que ellos si eligieron (independizarse, comprarse un piso...). Carecen de la estabilidad laboral y económica necesaria. ¿Por qué se ha producido esta fractura?

Las generaciones menores de treinta años son el producto perfecto de la operación que, una reforma laboral tras otra, ha ejercido la cirugía en las condiciones laborales del pueblo trabajador. Hoy, la tasa de temporalidad afecta ya al 33% de la mano de obra. El 91% de los nuevos contratos firmados son en precario. Esta es una realidad mantenida durante más de diez años. La juventud se ha incorporado a su vida laboral en estas condiciones, no conoce otra situación. La tasa de temporalidad entre los jóvenes alcanza cifras que llegan hasta el 60%. Quien tiene un puesto de trabajo fijo es un privilegiado. El recorrido laboral de cualquier joven oscila entre el paro y el empleo precario. Un 30% carece de empleo, la mayor cifra de la UE.

Sin embargo, con ser sangrante esta cifra, la realidad laboral de los jóvenes se acerca más a un carrusel en permanente movimiento.
Una biografía típica de un trabajador joven puede moverse, en el lapsus de un año, entre el margen mínimo de cinco o seis contratos, y el máximo de .... normalmente en diferentes empresas. Se crea la paradoja de que sí hay trabajo, pero sometido a unas insoportables condiciones de temporalidad. Sí existen fuentes de dinero, pero bajo una permanente inestabilidad. No hay posibilidades materiales de gozar de una perspectiva laboral amplia. Tener la seguridad de donde vas a trabajar dentro de un año se ha convertido en un lujo.

La brutal reestructuración de la clase obrera y el pueblo trabajador que hemos padecido en los últimos años, ha creado una especie de jornaleros urbanos, que cada tres o cuatro meses deben empezar a buscar trabajo de nuevo. La temporalidad trae aparejada la pérdida de derechos que antes eran normales y hoy se consideran exóticos. La super explotación radica en la base de una precariedad que se ha impuesto como regla.
Aznar difunde las cifras de reducción del paro como la demostración del éxito económico, y es una verdad sólo a medias. Es cierto que hoy se genera más empleo, pero debajo de los números de nuevos contratos bailan las mismas personas que no saben qué nuevo puesto de trabajo ocuparán en la próxima encuesta que difunda el gobierno.

Y en una absoluta soledad para enfrentar esta situación. Abandonados por unos sindicatos cada vez más transformados en aparatos de gestión que sólo se dirigen a un sector muy reducido de los trabajadores, los que disponen de estabilidad, en el que los jóvenes sólo entran con cuentagotas. Sin ninguna referencia en las luchas y tradiciones sindicales, hoy enterradas. Y sumidos en condiciones que dificultan enormemente, no ya la organización, sino la comunicación y el conocimiento en común. Cada vez se hace más urgente dar una respuesta que provenga de un cauce organizativo propio, independiente, y pegado a un terreno a veces demasiado movedizo.

N. I.


Descerebramiento programado

 

(Introducción)
¿Cómo es posible que las generaciones que han nacido y se han educado en democracia estén, en su conciencia, a años luz de las generaciones anteriores? La práctica totalidad de las referencias sociales, históricas y de lucha, del pasado incluso más inmediato, han desaparecido de la cabeza de la mayoría de jóvenes. La fractura generacional que se aprecia en las condiciones laborales se eleva de grado cuando nos detenemos en la barrera que separa la sensibilidad y la forma de entender el mundo de los jóvenes.

N. I.


La educación como lastre

(Introducción)
La función de la educación es formar, proporcionar los elementos que permitan a cada individuo abrirse camino en la vida. Paradójicamente, la actual línea imperante en la enseñanza lleva camino de convertirse en un lastre para cada uno de los jóvenes que loa sufren. Pero no principalmente, aunque sea un elemento importante, por los contenidos de la docencia, sino por las mismas condiciones materiales en que se imparte la enseñanza. Un acendrado clasismo se está imponiendo en los diferentes niveles del sistema educativo, que va conduciendo a cada alumno según el papel social que le va a corresponder.

Francesc Ten


Vacas locas
El mercado de la alimentación:
Demasiado en juego

Cuando usted se refiere a los principales mercados del planeta, aquellos por los que se pelean a dentelladas enormes tiburones, los que provocan seísmos que socavan gobiernos, pensará en... ¿el petróleo? ¿las nuevas tecnologías? No. La alimentación es el segundo mercado mundial, y mueve anualmente un billón de dólares. Un montante mayor que el presupuesto de la mayoría de Estados del mundo.

El brutal y sorprendente encadenamiento de epidemias y desastres (vacas locas, fiebre aftosa...) quizá sea mucho más transparente si comprobamos los extraordinarios beneficios que hay en juego en la industria alimentaria. La naturaleza nunca había acumulado tantos despropósitos. Hay demasiadas preguntas sin respuesta, demasiados interrogantes y enigmas ante los que la población europea no tiene ninguna explicación contundente.

Sabemos, por experiencia, de lo que son capaces las grandes multinacionales cuando se trata de defender los beneficios. Por eso la hipótesis de que el actual Apocalipsis que sufre Europa está provocado por una guerra a muerte entre los grandes conglomerados de la alimentación, se va abriendo paso, no sólo entre la conciencia popular, sino también en algunas instancias científicas. Antes de descartar esta posibilidad, deberíamos remitirnos a los hechos, a la realidad de uno de los mercados más valiosos y disputados del mundo.


El mercado del billón de dólares

Un billón de dólares en juego. El 18% del comercio mundial de mercancias. Mucho más beneficios a repartir que los generados por la informática y las telecomunicaciones, casi el  doble de los que revierte el petróleo, las industrias químicas o el mercado automotriz. Al fin y al cabo, es un mercado seguro. Uno puede prescindir de un ordenador o un coche, pero no puede dejar de comer. Traficar con las necesidades básicas se ha convertido en un negocio muy rentable, y en la fuente de poder que significa poseer la llave del abasteciemiento de amplias zonas del planeta.

Gigantescos oligopolios como Du Pont-Piooner, Monsanto, Novartis, Nestlee, Carreofur, etc, que figuran entre las principales empresas mundiales, controlan férreamente la producción y distribución. Imponen las reglas, y acumulan un enorme poder para hacerlas cumplir.

Esta es una  realidad  en permanente expansión. La introducción de la ingeniería genética significa un enoprme impulso tecnológico, una revolución de la producción, y abre la puerta a una operación que, en un proceso paralelo, multiplicará los beneficios y reducirá las privilegiadas manos que tienen acceso a ellos.


Los contrincantes

Como se puede comprobar, los principales centros de exportación alimentaria coinciden, casi milimétricamente con los grandes núcleos de poder mundiales. Enormes Estados que defienden con uñas y dientes la cuota de mercado y beneficios de un puñado de multinacionales. Gigantescos aparatos capaces de cualquier cosa por conquistar sus objetivos.

Empieza a dibujarse [vr cuadro] una contradicción de fondo pero explosiva. EE UU ocupa el primer lugar, pero la perspectiva de una UE convertida en un bloque haría irrumpir un competidor con verdadera capacidad de acaparar el mercado.



Europa: La pieza más codiciada

Europa Occidental no sólo es el principal mercado alimentario del mundo. La circulación de mercancías relacionadas con la alimentación supera al montante que se acumula en el resto del mundo. Un bocado demasiado apetecible. Pero, al mismo tiempo es el mercado más hermético del planeta, controlado por la UE, protegido por los Estados y gobiernos, reglamentado hasta la saciedad. Impermeable a los competidores, por muy dinámicos que sean.
Una contradicción demasiado explosiva.

En el territorio de la UE se reconcentra de forma especialmente aguda una disputa que se manifiesta políticamente en las encarnizadas negociaciones que en materia alimentaria se han mantenido en el seno de la Organización Mundial del Comercio... pero que inevitablemente, por el montante de lo que se encuentra en juego, adquirirá también formas menos civilizadas.

Ha sido justamente en esta zona donde han aparecido, concentradas en el tiempo y el espacio, todas las plagas imaginables. La consecuencia objetiva está siendo la aniquilación casi sistemática de toda la cabaña, primero bovina, y progresivamente dando el salto a otras especies. Como declaraba el ministro de agricultura francés «estamos ante la peor crisis ganadera de los últimos treinta años».

Junto al desastre material, se hunde también la principal palanca política que ha mantenido el mercado europeo: la PAC.
Inevitablemente, el río revuelto propicia la ganancia de pescadores, sobre todo de los grandes patronos.


¿Guerra bacteriológica entre monopolios?
Una hipótesis pensable

Como podemos comprobar, la bucólica imagen de una agricultura o ganadería integrada por pequeños productores se ha desvanecido. Si alguna virtud se le puede adjudicar a la actual crisis es abrirnos los ojos a la realidad de un mercado, la alimentación, equiparable en su volumen y entramado con otros mucho más visibles, como el del petróleo o telecomunicaciones.

Y la primera equiparación consiste en la aguda disputa existente por su control y disfrute. Las rondas de negociación del GATT, la OMC y otros acuerdos comerciales, tienen invariablemente un punto espinoso en el orden del día: el mercado alimentario. Las discusiones sobre tasas arancelarias, subvenciones, liberalización, consume eternas reuniones. Es el índice de la magnitud de beneficios que adquiriría el que consiguiera monopolizar el comercio alimentario. Pero, por experiencia, sabemos que los grandes monopolios nunca circunscriben su actividad de presión a la esfera legal. Ésta es sólo uno de los instrumentos de que disponen. Cuanto más agudizada se encuentra la contienda política, más contundentes deben ser los movimientos subterráneos que en apoyo de ésta se desarrollen.

El origen último de las epidemias de vacas locas o fiebre aftosa sigue siendo, a día de hoy, un enigma sin resolver. La permanente publicidad ofrecida a los piensos cárnicos, adjudicándoles la culpabilidad de todos los males, esconde que ésta es solamente una de las posibles hipótesis que los científicos se han atrevido a formular.

Por debajo existe una absoluta indeterminación, y un horizonte de sospechas queda permanentemente abierto. ¿Es posible una concatenación tan simultánea y virulenta de desastres naturales? ¿Cómo puede haberse producido en la UE, el mercado que, con enorme diferencia ofrece más garantías sanitarias de todo el planeta? El espectáculo de padecer en la desarrollada Europa enfermedades como la fiebre aftosa, erradicadas desde hace décadas ofrece demasiadas sombras.
Si a esto le unimos que Europa se constituye en el centro mundial de un mercado alimentario en continua expansión, la posibilidad de que los sucesos no obedezcan sólo a causas naturales encuentra visos de realidad.

La confrontación entre La UE y EE UU por mantener o usurpar el control del mercado europeo es empíricamente comprobable. EE UU posee, sin ninguna duda, el sector alimentario más competitivo y dinámico del mundo, pero observa como el mayor trozo del pastel, Europa, está vedado para sus ambiciones. Europa mantiene cerrada a cal y canto su parcela. Menos competitiva que los norteamericanos, ha desarrollado un riguroso sistema de controles y cuotas que dificulta enormemente la entrada de nuevas mercancias. La PAC (Política Agrícola Común) se ha transformado en un enorme aparato cuya principal finalidad es mantener, aunque sea de forma artificial, el control del mercado europeo.
La bandera a la que fírmemente se aferra EEUU, la liberalización absoluta del comercio, no persigue otra cosa que desarbolar este entramado defensivo construido en torno a las instituciones europeas.

Pero, lógicamente, Europa dispone de la fortaleza, y en este caso de la voluntad política, para hacer frente a las presiones norteamericanas. Años de esfuerzos estadounidenses tan sólo han conseguido introducir, de manera masiva, un producto como la soja. Vista la imposibilidad de ganar la batalla por medios «legales», adquiere inquietantes rasgos de verosimilitud la hipótesis de que las novedosas epidemias que hoy sufrimos, no son más que un nuevo episodio de una implacable guerra entre monopolios por el control de los mercados.

La posibilidad de encontrarse ante un envenenamiento programado del mercado europeo no está solamente cimentado en la disputa por un enorme botín, se encuentra incardinada en la más negra tradición de las grandes coorporaciones norteamericanas. Aquellas a las que no les importa promover golpes de Estado o invasiones, utilizar la población del Tercer Mundo (o incluso la de su propio país) como conejillos de indias para probar nuevos productos que luego desencadenan implacables consecuencias, o comercializar con plena consciencia productos altamente nocivos.


Cada vez menos y más voraces

Como en cualquier otro segmento de la producción, en el sector alimentario, el desarrollo del capitalismo y la necesidad de competir provoca la inevitable concentración en cada vez menos manos.

Por citar un solo ejemplo, Carreofur domina el 51% de la cuota de la industria de transformación alimentaria en España.
No es una excepción, aunque existe una amplia red de pequeños productores, éstos no pueden hacer otra cosa que someterse a las condiciones que imponen los grandes, si quieren que sus productos tengan cabida en el mercado.
Hoy, nos encontramos a las puertas de un inevitable salto en la concentración de la propiedad y en el poder de los grandes monopolios sobre todos los circuitos.

La introducción de la ingeniería genética y los productos transgénicos ha significado el desembarco de los grandes mastodontes de la industria agroquímica y biotecnología. Los Dupont- Piooner, Monsanto o Novartis llevan camino de transformarse en los verdaderos patrones del mercado alimentario. La increible revolución productiva que suponen las nuevas tecnologías tiene, como contrapartida, aparejada, una mayor monopolización. La investigación y producción de nuevas especies (más resistentes y productivas, y por tanto destinadas a imponerse) sólo está al alcance de unos pocos.

Los mecanismos desarrollados suponen un encadenamiento cada vez mayor. Hay que comprar las semillas de Monsanto porque son mejores, pero están diseñadas para un herbicida que produce la misma marca, que cambia las semillas año a año, manteniendo amarrados en corto a los pequeños productores. EE UU ha sido el terreno apropiado donde se han desarrollado. El nivel de concentración y dinamismo adquirido es inasequible, por razones sociales e incluso históricas, para sus rivales europeos. El peso social de los pequeños productores impide las contracciones de propiedad que periódicamente se realizan en Washington.

Y a mayor concentración, mayor voracidad. Rentabilizar las enormes inversiones exige inevitablemente conquistar nuevos mercados al precio que sea y usando todos los medios posibles. Para las grandes corporaciones norteamericanas se ha convertido en un paso imprescindible la conquista del suculento mercado europeo. Hace años que todos los movimientos apuntan en esta dirección. Y, la cada vez mayor urgencia de esa necesidad, empuja a emplear con mayor frecuencia métodos que se alejan de la «legalidad». La capacidad de los grandes monopolios transgénicos, vinculados a las grandes industrias químicas, parece estar empeñada en la destrucción de un mercado, el europeo, que no puede adquirir por otros medios.

Joan Arnau


CORRESPONSALÍAS

Comunidad valenciana:
Paterna lucha por sus Institutos

(Introducción)
Paterna, una de las ciudades más importantes del cinturón industrial de Valencia, no tiene instituto de enseñanza secundaria. Alumnado y profesorado tienen que soportar las pésimas condiciones que supone enfrentarse día a día a unas aulas prefabricadas mientras se pospone, también día a día, la construcción del nuevo Instituto.

R. P.

Móviles: peligros en los tejados

(Introducción)
Las movilizaciones de los vecinos en pueblos de la Comunidad Valenciana como Alaquás, Torrente, Carcaixent y Orihuela han obligado a sus ayuntamientos a decretar la paralización de nuevas instalaciones de repetidores de telefonía móvil en las terrazas de sus casas.

Nuria A. Roig


Madrid:
Carabanchel exije el hospital

(Introducción)
Mientras el hospital Gómez Ulla está infrautilizado, Madrid está a la cabeza en cuanto a las listas de espera del Insalud En efecto, en esta región existen 46.000 enfermos en lista de espera para operarse sobre un total de 160.000 en todo el territorio Insalud, según una respuesta parlamentaria del gobierno al PSOE.

Florián Muñoz


Minit: trabajadores por sus derechos

(Introducción)
A menudo, cuando los trabajadores hablamos de los derechos que hemos perdido estos últimos años, no somos conscientes del calado que esto tiene hasta que no nos enfrentamos a una situación de abuso por parte de la empresa (despidos, impagos, etc,...). Cuando esto sucede estamos realmente desprotegidos. Sin embargo, la unidad de los trabajadores y la movilización son nuestras armas para hacer valer derechos que en la práctica no nos reconocen. Ejemplo de ello es la huelga que los trbajadores de «Minit» hemos hecho este mes de Marzo.

Lorenzo Guzmán (Trabajador de Minit)


REPORTAJE HISTÓRICO

España en el siglo XX
La última amputación

Lord Salisbury, primer ministro inglés, afirmó en uno de sus discursos que existían «naciones vivas» y «naciones moribundas». Aunque se refería a una de las guerras en China, él mismo se encargó de certificar cómo España, que acababa de perder Cuba, Puerto Rico y Filipinas a manos del naciente gigante norteamericano, se encontraba en la segunda categoría.

Las «naciones vivas» correspondían a los nuevos imperialismos que, en una carrera desenfrenada, se repartían el conjunto del planeta. El resto pasaba al rango de «naciones moribundas», aquellas que, de una u otra manera, pasaban inevitablemente a sufrir un grado de dependencia con respecto a las grandes potencias. España inaugura esta nueva época de la humanidad sufriendo la amputación de varios miembros. El 98 es algo más que una cita histórica, significa la culminación de la progresiva pendiente de subordinación y debilidad que supuso todo el siglo XIX. La desmembración de las dos orillas del mundo hispano se finiquitaba. Si antes fue el imperialismo inglés quien empuñó la navaja, ahora sería la potencia norteamericana quien efectuaría el corte.

La principal plataforma de presencia de España en el mundo quedaba inevitablemente fracturada. Durante el ochocientos, se articulan todos los mecanismos mediante los cuales las principales potencias copan las fuentes de riqueza y los resortes políticos del país. La siguiente centuria certificará este proceso. Con una oligarquía que ya ha culminado su proceso de formación y que es incapaz de subsistir sin el manto del imperialismo de turno. La irrupción de la clase obrera organizada como fuerza revolucionaria no hara sino agudizar el carácter entreguista y vendepatrias de la clase dominante española. Ese cataclismo se percibe de forma palmaria durante el 98. La acelerada decadencia española y el clima asfixiante de la restauración impulsarán un movimiento regenerador que se planteará de forma honda los males de España. Sin embargo, los Costa o Unamuno apuntarán sus baterías contra el caciquismo, la corrupción o el poder  impune de una casta política, y, perpetuando la ceguera de las fuerzas progresistas, mantendrán los ojos cerrados ante el problema principal.

Entre las  muchas causas esgrimidas para explicar el atraso secular español, aparecía escondido el factor principal: la dependencia e injerencia del imperialismo. Que durante el siglo XX exprimirá económicamente, controlará la política, amenazará la unidad nacional, no ya usurpando los restos del mundo hispano, sino también en el interior de la península, promoverá golpes de Estado, guerras... A los tradicionales nombres de Inglaterra y Francia, se les unirán las dos nuevas potencias: Alemania y EEUU. Todavía hoy padecemos sus maniobras.

Este serial, que enlaza con el anterior «España en el siglo XIX», pretende contribuir a despejar este mal endémico de las fuerzas de izquierdas y progresistas en España: luchar contra los poderes locales, arremeter contra las caducas estructuras de una oligarquía, pero sin divisar, salvo en muy contadas excepciones, que sólo serán posibles transformaciones profundas en España si se señala a las grandes potencias que constituyen el verdadero entramado de poder del país.

Centro de agresión

Entre la segregación de la gran mayoría del continente, acaecida a principios del dieciocho, y el episodio noventayochesco hay diferencias significativas que evidencian el profundo cambio en la colocación de España en el concierto mundial. Inglaterra necesitó décadas de intervención para propiciar la independencia americana. Sólo cuando el territorio español estaba ocupado por las tropas napoleónicas hubo oportunidad de consumar la escisión. España pudo incluso lanzar diversos contragolpes militares. En el 98 bastaron menos de diez años para ejecutar la amputación de los pocos restos que unían España al tronco común del mundo hispano. Todo el dominio colonial se diluyó como un azucarillo ante el empuje de las potencias más fuertes.

España sufrió, en la última década de la centuria, una implacable presión para arrebatarle porciones de su territorio.
Los grandes imperialismos habían madurado, hasta el punto de completar el reparto del mundo con el cuarteamiento de África en la Conferencia de Berlín en 1884. Sin embargo, la necesidad de copar nuevos mercados se hacía más latente, sobre todo para jóvenes y poderosos imperios, como Alemania o EE UU. Las posesiones ultramarinas de algunas «naciones moribundas», como España o Portugal, significaban el primer y más fácil escalón en esta carrera. El reparto se hizo efectivo: Alemania e Inglaterra se encargarían de Portugal y EE UU de España.

Sin embargo, la primera amenaza para España, vino desde el país teutón. Las islas que España todavía conservaba en el Pacífico (Las Carolinas, Marianas, Palaos), significaban el ideal anclaje para la expansión asiática que proyectaba el gigante germano. En 1875, el embajador alemán en Madrid comunicó al gobierno español que se disponían a ocupar Las Carolinas. Efectivamente, una flota germana ocupó la isla de Yap, para luego reclamar el territorio. La débil reacción española sólo consiguió que, bajo el arbitraje internacional, se estableciera una solución que hacía compartir la soberanía y concedía entera libertad comercial a alemanes e ingleses.

Hispanoamérica para EE UU

El enorme crecimiento de EE UU hacía que, a finales del XIX, las fronteras nacionales se quedaran estrechas. La formulación de la Doctrina Monroe en 1823 («América para los americanos») anunciaba ya los proyectos de expansión estadounidenses. La actuación de la flota nortemaericana, enmendando la plana a la mismisima Inglaterra en un litigio fronterizo entre Venezuela y la Guayana británica, certificaba quién era la única potencia capaz de sentar su doctrina en el continente. Cuba y Puerto Rico, todavía españolas, estaban, por su riqueza y posición estratégica, en el punto de mira yanqui.

En 1885, los estrategas norteamericanos expusieron un plan que se cumplió milimétricamente. La construcción de un canal transoceánico que impulsara el comercio hacia Asia aparecía como un objetivo de primer orden, el control del Caribe, y por tanto de Cuba, una premisa para su cumplimiento. Desde 1823 las ofertas norteamericanas de compra se habían repetido con Adams, Polk, Buchanan y Grant, pero la negativa fue la respuesta del gobierno español a todas ellas.
La presión diplomática se intensificó, materializada en numerosas peticiones del embajador estadounidense en España dirigidas a proyectar un plan hacia la independencia de la isla donde EEUU sería el principal director. En vista de las escasas posibilidades de obtener la victoria por vías pacíficas, los jingoes (equivalentes a los actuales halcones) pusieron en marcha el plan B.

La autoritaria política del sector más reaccionario de la oligarquía y el Estado, con el apoyo de la burguesía textil catalana que tenía en las Antillas un mercado cautivo, empujó, por la vía de la represión, hacia la independencia a sectores isleños que habrían aceptado un grado de autonomía amplio. Cuando se quiso transitar esta vía, era ya demasiado tarde. La agudización del enfrentamiento estaba en un grado demasiado elevado, y sobre todo Washington había decidido ejercer la opción de la fuerza. El anuncio de una incipiente autonomía no hizo sino acelerar los planes norteamericanos. Los telegramas del embajador yanqui en La Habana conminaban a bombardearla por todos los medios, creando un clima de enfrentamiento que propiciara la intervención armada.

Hacía falta actuar rápido, antes que la nueva política española pudiera cuajar, y evitando que la independencia pudiera llegar desde una victoria de los movimientos independentistas que, aunque tenían su principal sede en EEUU, hacian gala de ciertas veleidades soberanistas demasiado peligrosas para Washington. La solución llegó con el hundimiento del acorazado nortemaricano «Maine», fondeado en aguas de La Habana. Inaugurando la peculiar moral del imperio, a Washington no le importó propiciar la muerte de centenares de sus hombres para encontrar una justificación.
Un mes antes de este episodio, el futuro presidente Roosvelt anunciaba que se podían poner en marcha los preparativos de la intervención militar, «hemos reunido una flota que arrasará el Caribe». La desigual batalla acabó con la capitulación española, que, además de Cuba, entregó a EEUU, Puerto Rico y Filipinas. El último puente en el mundo hispano se había roto por el ataque del que va a convertirse en el primer enemigo de ambas orillas.

Tal y como escribió el General en jefe del Ejército Libertador de Cuba: «Tristes se han ido ellos y tristes nos hemos quedado nosotros; porque un poder extranjero los ha sustituido. Yo soñaba la Paz con España, yo esperaba despedir con respeto a los valientes soldados españoles, con los que siempre nos encontramos frente a frente en el campo de batalla. Pero la palabra, Paz y Libertad no debía inspirar más que concordia entre los encarnizados contendientes de la víspera. Pero los norteamericanos lo han amargado todo con su tutela impuesta por la fuerza»

Juan Martínez


EDITORIAL INTERNACIONAL

Los Balcanes se encienden en Macedonia:
Reabrir la herida

¿Cómo es posible que una nueva guerrilla surja de la nada atacando a un gobierno democrático cuando permaneció callada ante las atrocidades de Milosevic? ¿Qué lógica tiene elegir Macedonia como centro de las reivindicaciones kosovares?

Macedonia acogió durante la pasada guerra a más de 250.000 kosovares, un partido albanés mantiene seis ministros en el gobierno y otro encabeza la oposición, existen universidades albanesas y recientemente el primer ministro macedonio anunció un plan para relanzar la autonomía y personalidad de la minoría albanesa residente en la república.
Este inusual ejemplo de integración, a los ojos del autodenominado Ejército de Liberación Nacional, merece la condena de las armas. Cada vez aparece de forma más evidente que la actividad de las guerrillas poco tiene que ver con la justa lucha del pueblo kosovar. Todos los partidos albaneses presentes en los Balcanes, desde los que actùan en Macedonia hasta la totalidad de las fuerzas políticas de Kosovo, han lanzado en sendas declaraciones públicas un llamamiento al cese inmediato de la violencia.

¿Por qué ahora que Milosevic está a punto de ser entregado a un tribunal internacional la herida de los Balcanes se extiende? ¿No era considerado unánimemente el único responsable? El primer ministro macedonio apunta en una dirección clara: «EE UU sabe quiénes son los jefes de las guerrillas, está creando a los talibán europeos». Numerosos hechos demuestran ya la estrecha relación, como sucedió con el ELK, entre Washington y las «espontáneas» guerrillas albanesas. Sus bases de operaciones y las rutas de entrada a Macedonia se encuentran  en el sector de Kosovo bajo administración norteamericana. ¿Es concebible que algo se mueva en un territorio controlado por la primera potencia mundial sin su permiso y beneplácito? El principal líder de la nueva organización armada ha sido durante años negociador directo con la OTAN, y fuentes de la BBC y The Observer alertan sobre la financiación y adiestramiento norteamericano hacia las milicias albanesas.

Históricamente, los Balcanes han sido una pieza inestable del tablero europeo, un lugar que, por su enorme complejidad, necesita sólo una leve chispa para incendiarse. Es cierto que existen contradicciones explosivas inherentes a la propia estructura de los Balcanes, pero, tal y como señala el Washington Post, la actuación de EEUU «contribuyó a inflamar la guerra». Las tropas norteamericanas se negaron a intervenir cuando la ONU lo reclamaba, cuando una intervención internacional podía haber frenado en seco la tragedia. Y, en cambió, lanzó un ataque que partió en dos la legalidad internacional, cuya consecuencia más significativa ha sido el aumento de la presencia militar directa estadounidense en pleno corazón europeo.

Los analistas norteamericanos establecen, como ellos mismos afirman, la necesidad, para mantener su hegemonia, de diseñar planes a varias décadas. La caída del Muro de Berlín significó la irrupción de la Europa nucleada en torno a Alemania como un polo de poder con capacidad de maniobra independiente y un proyecto hegemonista a largo plazo. Washington ya había puesto sus ojos, varios años antes, en los Balcanes como la llave que desbarataría la estabilidad del continente. Inmediatamente después de la muerte de Tito, los círculos más vinculados a Washington empezaron a advertir que la unidad de Yugoslavia no estaba garantizada.

La política de EE UU se ha correspondido milimétricamente con este diseño: azuzar al máximo las contradicciones que encendieran el avispero balcánico e imposibilitaran el normal desarrollo de un posible competidor europeo. La actual crisis que sufre Macedonia no es más que una nueva edición de una herida que amenaza gangrenarse, creando un conflicto que no pueda cicatrizar sino con el paso de varias generaciones. Bush anunció en su campaña que EE UU retiraría sus tropas de los Balcanes. No se trata de una política no intervencionista, sino la enésima vez que Washington enciende la mecha del continente con una mano, y practica la pasividad con la otra hasta que el incendio haya alcanzado las proporciones adecuadas. La paz y la estabilidad europeas exige, en primer lugar, impedir que EE UU siga dosificando en su beneficio la herida balcánica.


Selección de prensa

«El ejército bastardo de la CIA se desmelenó apoyando a los extremistas de los Balcanes»

Los EE UU ayudaron secretamente a los extremistas albano kosovares que están ahora detrás de las insurgencias en Macedonia y el sur de Serbia. La CIA animó a los  anteriores guerrilleros del Ejército de Liberación de Kosovo a que emprendieran una rebelión en el sur de Serbia en un esfuerzo por socavar al entonces presidente yugoslavo Slobodan Milosevic, de acuerdo con fuentes de oficiales europeos que sirvieron en la fuerza de pacificación internacional en Kosovo, así como de oficiales macedonios.

Acusan a las Fuerzas Armadas norteamericanas de la Kfor de hacer deliberadamente caso omiso del tráfico masivo de hombres y armas por las fronteras de Kosovo. Las acusaciones están hechas en una serie de entrevistas concedidas a The Observer. Ellos pusieron de relieve como EE UU se ha visto obligada a un rápido viraje en apoyo a extremistas albaneses que buscan formar un Gran Kosovo que incluiría comunidades albanesas serbias y macedonias.

En la semana pasada las guerrillas albanesas han intensificado su campaña de ataques en las dos áreas, amenazando con una nueva guerra que ponga en línea de fuego, por primera vez, a las tropas norteamericanas. Las acusaciones han conducido a la tensión en la K-For entre los europeos y las misiones del ejército de EE UU. Los oficiales europeos están furiosos porque los norteamericanos han dejado entrar en su sector a miembros de la guerrilla para entrenarse y pasar de contrabando contingentes de armas y efectos militares a través de las dos fronteras internacionales. Un comandante europeo del batallón de la Kfor declaró a The Observer que «la CIA ha tenido permiso de desmelenarse en Kosovo con un ejército privado diseñado para derrocar a Milosevic. Ahora que se ha ido, no parecen dispuestos a frenar a su ejército bastardo» Agregó también que «la mayor parte del año pasado hubo una frustración creciente por el apoyo norteamericano hacia los albaneses radicales. La policía estadounidense actuó y sigue actuando de forma paralela del resto de aliados de la OTAN»

La protesta fue avalada por oficiales macedonios en la capital, Skopje. «Lo que ha estado sucediendo con el Ejército de Liberación Nacional (que ha sido responsable de una serie de actuaciones en la frontera con Macedonia) y con el UCPMB (su organización hermana en el sur de Serbia) es muy similar a lo que sucedió con el surgimiento del UCK en 1995-96». «Sólo diré esto: las agencias d inteligencia americanas no han sido honestas aquí» Un oficial del Departamento de Estado norteamericano culpó al anterior gobierno, declarando que sólo existía «un cambio de énfasis»

The Observer, 20 de marzo


«Pasividad norteamericana»

Una vez más una pequeña nación de los Balcanes está a punto de sumirse en una guerra étnica total; una vez más EE UU está evitando verse involucrado. (...) En 1991, la primera Administración Bush eludió el problema de la desintegración de la entonces Yugoslavia; en 1993, la Administración Clinton consideró que Bosnia era un problema europeo; en 1998, de nuevo evitó reaccionar ante el estallido de la sangrienta campaña serbia contra los albaneses en Kosovo. En cada caso, la pasividad contribuyó a inflamar una guerra. Una vez más, la Administración Bush parece que va a cometer el mismo error.

Macedonia (...) es diferente de sus vecinos Serbia o Kosovo. Está dirigida por un Gobierno democrático que ha sido un aliado occidental, y la minoría albanesa está representada en su Parlamento. Pero la mecha es la misma: un grupo armado, esta vez compuesto por albaneses, ha declarado la guerra étnica contra la mayoría, en este caso macedonios eslavos. (...)

Washington Post, 21-3-2001


INTERNACIONAL

Argentina:
¿Dónde está la plata?

«En la huelga, como en el amor, vale todo. Así que, compañeros, a cortar las rutas, a cortar los accesos, a hacer todo lo que sea necesario. Los vamos a arrinconar hasta que abandonen esta política de hambre». El llamamiento de los sindicalistas «disidentes» (no controlados por los gordos, la cúpula del aparato sindical) llegó hasta los últimos rincones de Argentina. Las principales ciudades se paralizaron por completo: transporte, fábricas, escuelas, universidades, bancos,... En el interior del país la huelga tuvo aún, si cabe, más fuerza. La clase obrera y el pueblo trabajador argentino respondieron con una sola voz a los planes del nuevo superministro Cavallo, fiel ejecutor de los dictados del FMI y de las principales burguesías monopolistas del planeta.

Después de una década de haber malvendido y entregado las principales fuentes de producción de riqueza del país a la voracidad de los monopolios extranjeros, Argentina se encuentra con una deuda externa a la que no puede hacer frente sino es sobre la base de dar una nueva vuelta de tuerca a las ya depauperadas condiciones de vida de las clases populares.

Mientras la deuda crece y el pueblo se empobrece, las multinacionales están entregadas a un auténtico festín: el saqueo y el expolio creciente de los enormes recursos de un país cuatro veces más extenso que España. Mientras Argentina lleva 33 meses de recesión continuada, mientras las pensiones, desde su privatización, se han reducido en un 60%, mientras el número de gente que vive bajo el umbral de la pobreza llega ya al 40%, la multinacional española Repsol ha aumentado sus beneficios el pasado año en un 400%. ¿El secreto de su éxito? Haber comprado, a precio de ganga, la principal empresa productora de petróleo argentina, YPF.

Beneficios sin medida para unos pocos, hambre para los más. Poner fin a esta situación ha sido el grito unánime del pueblo argentino en lo que ya es la segunda huelga general que paraliza el país en apenas 3 meses. Argentina se desangra por la acción de una clase dominante depredadora, corrupta e ineficiente. Pero también por que desde el fin de la dictadura militar es objeto de una de las más feroces disputas que se dan hoy en ningún país del mundo. Los dos grandes centros de poder mundial, EEUU y la UE, la han convertido en un campo de batalla por aumentar su control y dominio sobre ella. El gobierno del radical Alfonsín, a mediados de la decáda de los 80 viró la política de alianzas hacia la UE. Fueron los primeros balbuceos de la oligarquía financiera española de lo que luego sería su desembarco a gran escala en Iberoamérica.

La «entete cordiale» entre Alfonsín y Felipe González fue el puente por el que no sólo fluyeron hacia Argentina los capitales europeos, sino que se estableció una sólida alianza política y comercial entre el gigante del Cono Sur y la entonces CEE. Pero, lógicamente, el hegemonismo norteamericano no iba a permanecer impasible ante la deriva de uno de los «tres grandes» del continente iberoamericano. La victoria del peronista Menem les abrió la posibilidad de contraatacar y alcanzar un grado de penetración e intervención como no habían tenido nunca antes, ni siquiera con las Juntas Militares. Hasta el punto de que, no sólo fue el único país iberoamericano en participar con tropas en la Guerra del Golfo, sino que, en su delirio proyanqui, Menem llegó a solicitar que la OTAN ampliara su teatro de operaciones al Atlántico Sur para que Argentina pudiera ingresar como socio. La pasada victoria electoral de De la Rúa volvía a poner la hegemonía política en manos de los sectores proeuropeos. O al menos eso pensaban ellos.

En un sólo día, la acción combinada de las agencias de calificación norteamericanas elevando la cuota de riesgo de la economía argentina y la masiva retirada de capitales de los fondos de inversión yanquis (200.000 millones de pesetas en apenas 24 horas) provocaron el caos político, económico y social, gestando así las condiciones que han permitido ahora imponer un plan de ajuste draconiano e introducir como superministro de economía al que fue el hombre fuerte de Menem en la pasada década. Los dos grandes centros de poder mundial han clavado sus garras en Argentina y ninguno está dispuesto a soltar la presa. Pero, como siempre, no han contado en sus planes con la capacidad de lucha y organización de un pueblo que no está dispuesto a que la política del hambre dictada por ellos se adueñe del país y de sus habitantes.

A. Beloki


Afganistan: Denuncia internacional hacia los talibanes
Demonios alimentados

La demolición anunciada por parte de los talibanes afganos de un conjunto de estatuas budistas ha provocado la indignación y la airada reacción internacional. Desde la ONU a la UNESCO se han movilizado para evitar la destrucción de un tesoro artístico declarado patrimonio de la humanidad. La sensibilidad de la comunidad internacional, ayer sorda ante el sufrimiento de la población afgana, sometida a un verdadero régimen fascista feudal, hoy se dispara ante la defensa del patrimonio artístico. ¿Por qué esa diferencia? ¿No debería ser, por muy legítimas que sean las pretensiones culturales, la defensa del bienestar de las personas el primer objetivo de toda acción política?

El régimen impuesto por los talibanes representa, sin duda, uno de los eslabones más retrógrados del planeta. Afganistan se encuentra sometido a la dictadura fascista de un reducido grupo de caciques, auténticos señores de la guerra reconvertidos en reyezuelos tiránicos. La corrupción y el saqueo son tónica general y, bajo el paraguas religioso, han instaurado un asfixiante fascismo sobre la población. Las ejecuciones públicas son sólo la punta del iceberg de un omnipresente control social, ejercido por brigadas de barbudos que patrullan por las calles con absoluta impunidad. Si además se tiene la mala suerte de ser mujer, las condiciones de existencia se retrotraen a la Edad Media.

Continuamente se nos intenta ofrecer, como la causa principal del salvajismo talibán, los ingredientes de fanatismo religioso vinculado a los aspectos más negros del Islam. Indudablemente, existe una base que apunta en ese sentido, pero la trayectoria de los talibanes, el por qué han llegado a ser lo que son, está indisociablemente ligada a la actuación de la primera potencia mundial: EE UU. Son, en definitiva, un típico producto de la guerra fría, un muñeco diabólico engendrado desde las entrañas norteamericanas.

La invasión soviética de Afganistán significó una agudización de la disputa entre las dos superpotencias. En los hechos, la URSS se atrevía a desafiar los límites del reparto del mundo fijados en Yalta tras la Segunda Guerra Mundial, y que habían permanecido prácticamente inalterables durante décadas. El país asiático paso a convertirse en un punto clave de la esfera internacional. Frenar el avance soviético y acabar con el gobierno títere impuesto por la URSS pasó a ser un objetivo prioritario para Washington. EE UU apoyó a todos los movimientos de oposición, entre ellos los talibanes. Durante años, los talibanes se han armado con material norteamericano, recibido adiestramiento militar de asesores estadounidenses, y aupado en lomos del aparato político más poderoso del planeta.

Washington fortaleció, hasta límites imposibles de alcanzar por sí mismos, el poder de los fanáticos barbudos. Es falso que los talibanes representaran a un sector de la sociedad afgana, simplemente se encontraron con la capacidad, convenientemente suministrada por EEUU, para imponer sus delirios fascistas. Así, los que hoy son considerados como demonios, eran presentados en los círculos internacionales como luchadores frente a la tiranía soviética. Washington eligió para concentrar su apoyo la fuerza más reaccionaria que existía.

Esta es la moral del Imperio: no importa la catadura de los amigos, si pueden cumplir algún papel en la estrategia imperial deben ser apoyados, aún a costa de estar alimentando un monstruo. Los talibanes son uno más de los muñecos diabólicos que Washington ha utilizado a lo largo de sus décadas de experiencia como superpotencia. Como Sadam Hussein en Irak o, en su tiempo, Noriega en Panamá. Si rastreamos el cordón umbilical de todos estos monstruos vemos que van a parar a la misma caverna: los negros sótanos de la Casa Blanca. Washington les prestó su cobertura porque eran los que más ferozmente luchaban contra su enemigo. Pero, una vez alcanzado el grado de poder que les otorgaba el apoyo de una gran potencia, el carácter extremadamente reaccionario de grupos como los talibanes les impulsa a empujar su voracidad más allá de los planes del Imperio.

Una vez cumplido el trabajo encomendado, EE UU precisa, no de un régimen de terror, que genera inevitablemente rebelión, sino otras formas que doten de mayor estabilidad a su dominio. Esta, y no la defensa de los derechos humanos, es la bases de las contradicciones que Washington mantiene con los muchos monstruos que él mismo ha creado.

Francesc Ten


La marcha zapatista:
Una necesidad urgente

El zapatismo ha levantado, desde su misma aparición, una oleada de simpatía que se ha materializado en multitud de comités de apoyo esparcidos por todo el planeta. Pero también se les reconoce unánimemente como una alternativa que permite avanzar en la revolución, rompiendo con los errores y vicios de la vieja izquierda. La actual desorientación en el campo revolucionario hace que, más allá de la solidaridad que en todos los revolucionarios recaba el EZLN, es de suma importancia analizar en que consiste una alternativa que se está convirtiendo en una propuesta de línea para la izquierda, sobre todo en los aspectos novedosos.

Los zapatistas han centrado el contenido de la marcha en las reivindicaciones indígenas, situando, en los hechos, como sujeto revolucionario al conjunto de pueblos indios. Los indígenas corresponden, sin duda, al sector más oprimido de la sociedad mexicana, sumido en condiciones de extrema pobreza y sistemáticamente marginado en su personalidad política y cultural. ¿Pero por qué sólo los indígenas? Tal y como declaraba el propio Marcos «de una u otra forma, a cada paso de la marcha, surge no sólo la escucha de ese grito, el de los millones de explotados y marginados, sino la tentación de hacerle eco».

En México existen 26 millones de pobres, y sólo diez son indígenas. Y, sobre todo, la clase obrera se ha multiplicado y radicalizado, al calor de la entrada masiva de inversiones norteamericanas, cristalizadas en las tristemente famosas máquilas donde, a lo largo de la frontera, se ejerce la más absoluta sobreexplotación. Es justo reivindicar la integración y dignidad de los indígenas, ¿pero no es la clase obrera la única que, como ya demostró Marx hace más de un siglo de forma  científica e irrevocable, está en condiciones, por su colocación objetiva en el modo de producción capitalista, de dirigir consecuentemente la transformación de mundo? Renunciar al conocimiento del mundo que ofrece la teoría revolucionaria, a la organización de clase del proletariado y al papel dirigente de éste en el proceso de transformación revolucionaria es, quiérase o no, renunciar a cambiar el mundo de base. Contentarse con reformarlo para conseguir mejoras, muchas o pocas según las condiciones, pero dejando intactos los fundamentos de la explotación capitalista que constituyen, en definitiva, la base de la opresión de los indígenas o de cualquier otro sector popular.

Este es uno de los grandes temas de fondo: qué tipo de revolución se persigue, una reordenación progresista que permita el reconocimiento de todos los derechos, o cambiar el mundo de base. Otro de los elementos que permanentemente se escuchan en los discursos zapatistas es la renuncia explícita a la toma del poder. El objetivo para la Revolución ha cambiado, ahora se concreta en potenciar una nueva relación social más democrática y participativa, que surja desde la base. ¿Pero no es una realidad objetiva que la burguesía mundial sí está preocupada por mantener y acrecentar  su poder? ¿Qué la época del imperialismo, y en particular el nuevo fenómeno del hegemonismo, ha dado lugar a una concentración de poder económico, político y militar jamás visto en la historia de la humanidad? ¿Y en estas condiciones se propone que la clase obrera, los pueblos y países del mundo renuncien a crear su propio poder? ¿Se puede materializar de forma plena una transformación radical de la sociedad sin conquistar el poder por parte de la clase obrera y el pueblo? ¿Existe otra forma de acometer los profundos cambios que esto significa?

Si afrontamos el contenido de la línea que propone el EZLN observamos la sorprendente paradoja de que quienes han adoptado una posición más revolucionaria y consecuente, a riesgo muchas veces de su propia vida, enlazan, al mismo tiempo, una renuncia tras otra a lo que han sido históricamente los fustes esenciales que han permitido levantar una alternativa revolucionaria. ¿Por qué esta, aparentemente inexplicable, contradicción?

El problema principal que paraliza actualmente, no ya el desarrollo sino el planteamiento, de un proyecto de transformación social radica en la imperiosa necesidad de afrontar la enorme catarata de subversiones que, en nombre de ese objetivo, han anegado buena parte de la historia reciente. El contenido fascista y reaccionario que, desde la URSS, se hizo pasar como comunista (y se asumió como tal, en mayor o menor medida, por una buena parte de la izquierda) son una losa que impide a muchos revolucionarios reconocerse en la bandera roja, y que, objetivamente, conduce a sustituir el objetivo de cambiar el mundo de base por el de una reforma más o menos profunda. Los zapatistas sí han desarrollado elementos, en los hechos, que atajan algunas de estas subversiones. El «mandar obedeciendo» es una respuesta a la vanguardia que se encuentra en posesión de la verdad y que, por eso, debe imponerla sobre la población.

Es cierto que los que se han conocido como Estados proletarios han desplegado una caterva de errores, horrores y subversiones. Pero es problema radica en como enfrentarlo. Renunciar, en base a lo ocurrido en el pasado, a la toma del poder es, objetivamente, condenar a los pueblos del mundo a la perpetuación del capitalismo y la explotación. Que el proletariado renuncie a arrebatarle el poder es un sueño largamente perseguido por la burguesía.  La respuesta que nos corresponde como revolucionarios es desarrollar sobre que bases ideológicas y políticas debe desarrollarse ese poder obrero y popular. Recogiendo las experiencias y enseñanzas que 150 años de lucha revolucionaria nos aportan. Lo contrario es renunciar a las herramientas imprescindibles para afrontar cualquier proyecto de transformación. La falta, en los hechos, de un proceso que afronte el conjunto de errores y subversiones que empantanan el campo revolucionario, ha impuesto para una buena parte de la izquierda, incluso los movimientos que como los zapatistas luchan con las armas en la mano, que es mejor mirar hacia otro lado, dejar de hablar de la clase obrera o la toma del poder, para buscar otro tipo de alternativas, como el indigenismo o el ecologismo.

La teoría y la práctica revolucionaria debe, en todo momento, dar respuesta a los nuevos fenómenos y situaciones que la lucha de clases nos presenta. Es un cuerpo en permanente desarrollo. Pero avanzar no significa establecer una tabla rasa, sino precisamente partir de ese nivel de desarrollo, que cristaliza muchos años de combate, para dar una alternativa actual. La realidad es muy tozuda, y esta es una tarea que, por pendiente, no deja de ser imprescindible. Afrontar con valentía estas contradicciones permitirá, no sólo encontrar el rumbo perdido, sino fortalecer y ampliar el horizonte. Eludirla sólo puede conducir, independientemente de la voluntad revolucionaria, a un camino reformista. Esta es la responsabilidad, no únicamente para los zapatistas, sino que tenemos el conjunto de revolucionarios del mundo.

Jon Arza


La marcha zapatista:
Un éxito labrado

El balance de la marcha zapatista, que ha recorrido México de punta a punta, sólo puede considerarse, independientemente de su resolución final, como un rotundo éxito. Los que hace apenas unos años eran sometidos a campañas de asedio militar, hoy protagonizan el principal evento político del país. El apoyo y solidez que se ha forjado en torno a la Selva Lacandona ha obligado a un cambio de rumbo  en la actitud del Estado mexicano. El flamante presidente Fox, ha abandonado la política de represión que caracterizaba a Zedillo. Para un sector de la oligarquía mexicana, y sobre todo para EEUU, es urgente desactivar lo que significa una bomba en pleno corazón del país. Aun a costa de ofrecer sustanciosas concesiones.

El verdadero objetivo de la flexibilidad de Fox es integrar al EZLN como una fuerza más dentro del concierto político, asumiendo los límites que marca el Estado. Pero, la posición de los zapatistas ha demostrado unir firmeza y cintura. Firmeza en exigir unas condiciones mínimas antes de sentarse en una mesa, evitando los múltiples engaños que el gobierno ha ofrecido en otras rondas negociadoras. Y cintura al recoger el apoyo de todos los sectores posibles, incluido el Congreso.

Ante el abrazo del oso que significa la oferta negociadora de Fox, los zapatistas han dado la única respuesta posible: la movilización popular. Pero, más allá de la coyuntura actual, el éxito de la marcha se ha forjado durante muchos años, los más de veinte que llevan los zapatistas en Chiapas. Partiendo de la nada, y desde la más absoluta independencia, se ha construido, en un momento donde la tónica general era la desmovilización de todos los grupos revolucionarios, un movimiento de lucha a escasos centenares de kilómetros de las fronteras del imperio.

La fuerza demostrada en la marcha está cimentada en la solidez de una organización popular que se ha desarrollado durante todos estos años en Chiapas. Las comunidades indígenas han desarrollado instituciones propias que, enfrentadas al poder de un estado personificado en una permanente ocupación militar, se encargan de dirigir la sociedad.
Políticamente, tomando decisiones desde abajo. Pero también en el terreno económico, desarrollando empresas propias con un criterio de rentabilidad y gestionadas por los trabajadores. Es esta organización forjada en el transcurso de la lucha lo que ha permitido alcanzar los objetivos de la marcha.

Jon Arza


CULTURA

Semana Santa en España:
Las Diosas vírgenes de la fertilidad

Ningún país del mundo, ni aun los más fervientemente católicos (Polonia, Irlanda,...) ni los más controlados por el Vaticano (Italia,...) pueden exhibir entre sus tradiciones populares una Semana Santa con esa mezcla de emocionado fervor, intensa pasión y exuberante arrebato tan arraigados que posee la Semana Santa en España. Suele atribuirse este genuino y devoto entusiasmo por la pasión y muerte de Jesús al poderoso ascendiente de la iglesia católica en nuestro país durante siglos, al secular influjo del catolicismo en España. Sin embargo, la realidad es muy otra. La Semana Santa española,  sólo revestida en sus ropajes formales por la liturgia católica, es, en su sustancia, una de las más altas manifestaciones de la imaginería y el simbolismo del paganismo precristiano. La expresión viva, asimilada sólo en las formas externas por el catolicismo, de la pervivencia de los ancestrales cultos a la Diosa de la Fertilidad.

La coincidencia de la celebración de la Semana Santa con el inicio de la primavera no es  en absoluto casual. Para las primitivas culturas agrícolas que están en el origen de la civilización el año comienza con la siembra, es decir, con la llegada de la primavera. Es el momento de impetrar a la Diosa Tierra (madre de todas las cosas, deidad omnipotente y primordial desde el momento que se inicia con la revolución neolítica el dominio de las técnicas de la agricultura) que use de su poder para hacer que de la muerte, representada por el enterramiento de la semilla, germine nuevamente la vida y ofrezca sus frutos en el tiempo de la recolección.

Un poder que, en su condición de Diosa del Universo, abarca todos los fenómenos de los que depende el ciclo agrícola en sus distintas etapas desde que la semilla es enterrada en su útero: la lluvia, el sol, el buen tiempo, la ausencia de catástrofes climáticas,... Pero el poder generador y fecundo de esta Diosa necesita previamente de la muerte: sin enterramiento (la siembra) no es posible la germinación (recolección). La Semana Santa no es sino la herencia de las ceremonias sagradas con que las civilizaciones agrícolas mediterráneas acompañaban y celebraban la necesaria muerte del paredro («el que está al lado») de la Diosa. Son fiestas de duelo porque se celebra, y se incita, la tristeza de la Diosa por la muerte de su paredro, que según las distintas variantes culturales puede ser el hijo, la hija, el esposo o el amante de la Diosa. En cualquier caso, y sea cual sea el lazo que le une con ella, debe morir para ser enterrado y que la tristeza de la Diosa, reflejada en sus lágrimas (metáfora de la lluvia benefactora), riegue la tierra. Su muerte da lugar a la Pascua (del griego «páscha», tránsito) de resurrección, es decir, inicia el camino por el que la vida resucitará bajo nuevas formas. En las antiguas civilizaciones agrícolas mediterráneas, los paredros de la Diosa se presentan bajo innumerables formas y nombres, pero siempre con la misma característica de tener que morir para provocar el poder germinativo de la Diosa Madre: Osiris, Tammuz, Baal, Adonis. El sincretismo cristiano adoptó esta figura en la imagen de Jesús.

En la Semana Santa católica se conmemora aparentemente la pasión y muerte de Jesús, pero, en realidad, cualquiera que acuda a los actos religiosos populares descubrirá inmediatamente que la verdadera protagonista de la celebración es su madre: una diosa  de la fertilidad con muchos apelativos distintos pero con una naturaleza idéntica. Un somero repaso a los nombres de algunas de las Vírgenes que protagonizan cofradías y pasos reafirmará lo dicho hasta ahora: Virgen de los Dolores, de la Amargura, de las Lágrimas, del Rocío, de las Angustias, de la Soledad, de la Piedad, del Desconsuelo, de la Consolación, de la Misericordia, de la Esperanza,... Y es que aunque las invasiones de indoeuropeos y semitas imponen, muchos siglos antes del nacimiento de Cristo, un orden patriarcal en la civilización europea y occidental, las viejas creencias y jerarquías propias de las sociedades agrícolas matriarcales mantienen, y en la península ibérica más que en ningún otro sitio, un vigor que obliga a los nuevos credos llegados muy posteriormente, como en este caso al cristianismo, a integrarlos de algún modo so riesgo de perder su hegemonía religiosa.

A pesar de los miles de años transcurridos desde la desaparición de esta religión matriarcal, todavía hoy encontramos multitud de elementos vivos en nuestra sociedad que no son sino continuación directa, adaptados a las condiciones materiales y espirituales dominantes, de los ancestrales ritos y liturgias que los remotos habitantes de la península desplegaban hacia ATEAN JUNE, la Diosa Madre de los íberos, al inicio de la primavera. Así, estas fiestas religiosas mistéricas duraban varios días y se iniciaban con la inmolación de un animal vivo. Posiblemente, y a tenor de algunas imágenes del arte rupestre neolítico cantábrico y levantino, en sus orígenes una hembra embarazada (bisontes, vacas, cerdas, ciervas,...) ofrecida como víctima propiciatoria en representación terrenal y simbólica del poder genitivo de la Diosa Madre. Sólo posteriormente, tras el tránsito al régimen patriarcal, el animal se convertiría en macho, llegando hasta nuestros días en la forma que hoy conocemos de la tauromaquia. De hecho, la temporada taurina comienza todavía en la actualidad al inicio de la primavera y culmina con la última recolección (la vendimia), cuando ya el otoño se encamina hacia los fríos del invierno.

Se iba en procesión (del latín pro-cess-o: «en favor de dar o dejar voluntariamente a otro el disfrute de cierta cosa privándose de ella») a los campos mientras las plañideras lloraban por la muerte del paredro del que la Diosa se privaba hasta su resurección, buscando, en un acto de asociación mimética, provocar el llanto de la Diosa, esto es, la lluvia. Costumbre que desconozco si todavía se mantiene en algún rincón de nuestra geografía, pero que hasta hace sólo unos pocos años pervivía en «les ploraores» (mujeres retribuidas por los familiares del difunto para que acompañaran a éste con sus llantos) de Sagunto, históricamente una de las principales ciudades íberas de todos los tiempos. Se tocaban instrumentos musicales, cuyo fundamento remoto era reproducir los sonidos de las tormentas primaverales que habían de traer la lluvia. Los tambores de Calanda o de Tobarra, entre otros lugares, todavía lo conservan en su pureza originaria. Basta acercarse a cualquiera de ellos durante la madrugada del Jueves al Viernes Santo para tener la impresión de que el cielo está a punto de abrirse para descargar las lágrimas de la Diosa Madre.

Se cantaban himnos satíricos, se lanzaban groserías de carácter sagrado, coplas verbales que, entre otros, recibían el nombre de saetas, designación con el que hoy conocemos a uno de los más sublimes palos del cante jondo que se canta, exclusivamente, en las procesiones de la Semana Santa. Un nombre que está asociado, por un lado, al orto crepuscular, la aparición en el horizonte, de la constelación de Sagitario (del latín sagitta: saeta) en el inicio de la primavera, pues todos los ritos sagrados de las fiestas mistéricas agrícolas tenían un estricto fundamento astronómico. Es decir, cada uno de ellos tenía una correspondencia exacta con constelaciones precisas y buscaban así propiciar los fenómenos naturales benéficos coincidentes con la presencia de esas constelaciones en determinada posición. Y, por otro, al hecho de que a la imagen del paredro se le lanzaban dardos y flechas (la lanza en el costado, el sagrado corazón de Jesús,...) con el fin de acentuar el dolor y la tristeza de la Diosa Madre para que ésta, finalmente, se dejara convencer y se sacrificase en acompañar a su paredro muerto al mundo subterráneo donde su poder fecundador haría posible la resurrección-germinación del paredro-semilla.

Es imposible, por razones de espacio, seguir extendiéndonos en las ancestrales raíces abiertamente paganas de las celebraciones de la Semana Santa española. Sólo añadir, como conclusión, las palabras con que cerrábamos unos de los capítulos del serial «Lorca, el enigma sin fin», publicado entre los meses de junio y diciembre de 2000 (y que se puede leer completo en la edición digital del De Verdad): «allí donde todos reconocemos, aunque durante miles de años haya estado dormida o sepultada, el poder de esta Diosa Madre del Universo, (...) para hacernos llegar que todavía vive, que todavía podemos sentir su hálito y su presencia...» La Semana Santa española es, sin duda, uno de esos momentos mágicos en que podemos sentirlo.

A. Lozano


Cine:
Amores Perros

Cada año, la fábrica universal de los sueños pone al menos una obra que rompe los moldes establecidos, sorprende las miradas agotadas, abre una brecha nueva en la dura coraza de la impenetrable realidad, y como un volcán despierto nos escupe a la cara fragmentos incandescentes de las entrañas más profundas del mundo, reconciliándonos así, una y otra vez, con el cine, más allá de la adormecedora borrachera de imágenes vácuas, facilonas y repetitivas con que Hollywood prostituye año tras año este noble arte.

Una seria y rigurosa candidata a ocupar este año ese papel es, sin duda, la ópera prima del director méjicano Alejandro González Iñarruti, «Amores Perros», una inmersión sobrecogedora en las entrañas vivas y palpitantes de ese monstruo de límites inconcebibles que es la Ciudad de México, D.F. (la mayor urbe del planeta, con casi 25 millones de habitantes), hecha con esa difícil alquimia de pasión y verdad que constituye la auténtica esencia del cine en su estado puro.

Cimentada en un guión laboriosamente trabajado hasta convertirlo en un perfecto mecanismo de relojería narrativa (fue reescrito 37 veces antes del rodaje), la película discurre en el cruce accidental (?) de tres historias, cada una de las cuales sostiene por sí misma, al tiempo que complementa y diversifica la amplitud y complejidad de la mirada, haciendo más rica la aproximación temática a esos microcosmos particulares, donde el amor, la pasión, la violencia y los perros se entretejen para ofrecernos un haz de historias tan turbias como luminosas.

Iñarruti delinea con trazos precisos, veraces y contundentes el escenario atroz de esas historias, la ciudad-monstruo, surcada por abismos tan rotundos y contradicciones tan brutales, que parecen abocar indefectiblemente a todos a un destino trágico. Sobrevivir ahí, para millones de personas, exige un patrón especial, superlativo, abrirse paso a puñetazos... o a tiros, para no ser devorado. La violencia no es un adorno superficial o la expresión abstracta de la maldad o la crueldad humana (como acontece en las películas «made in USA» de Tarantino, a quien algunos descerebrados consideran el mentor de Iñarruti), sino casi una exigencia vital, que como un magma o lava volcánica indetenible acaba impregnando todas las vidas y todas las relaciones. Nunca la violencia nos parecerá menos gratuita que aquí.

Pero no es la violencia lo que Iñarruti quiere ante todo mostrarnos y de lo que quiere hacer una demostración visual impactante. Lo que él quiere es meter la cámara hasta lo más profundo de los corazones, allí donde palpita la vida y el fuego interno que mueve a los habitantes de este infierno: llegar hasta el fondo de la pasión desenfrenada y tórrida que empuja al joven Octavio hacia la mujer de su hermano; hurgar en el desquiciado camino que ha de recorrer el ex guerrillero y el ex presidiario, «El Chivo», convertido en sicario, para mantener viva la llama que le consume de su amor por una hija que abandonó a los dos años; escudriñar en ese idilio que parece de puro culebrón rosa, pero que se retuerce y amarga hasta exigir prueba suprema de la veracidad de los sentimientos.

Es una galería de relaciones hacia el límite, pasiones al borde mismo del acantilado, fogonazos en medio de la noche, mediados –en la metáfora que está en la base de esta espléndida fábula– por la relación de los personajes con los perros.
El resultado es una película viva, dura, apasionante, arriesgada, que no ha merecido el premio de los adocenados magnates de Hollywood (que ya bastantes riesgos corrieron el año pasado premiando a Almodóvar), pero que merece verse, porque sobresale varios palmos por encima de todo el universo descafeinado de cartón piedra que la Meca del cine es capaz de ofrecernos en su momento de ocaso, ¡ojalá!, final.

Juanjo Albacete


España:
¿Madre patria o madrastra despiadada?

Un grupo de escritores y artistas colombianos, encabezados por el premio Nobel Gabriel García Márquez, y entre los que figuran el novelista Alvaro Mutis y el pintor y escultor Fernando Botero, dirigieron el pasado 17 de marzo una carta abierta al Presidente del Gobierno español, José María Aznar, en la que consideran un «despropósito» que, a partir del próximo 1 de abril, se les exija a ellos y a todos los colombianos un visado para poder entrar en España y manifiestan su decisión de no viajar a la Península ibérica mientras tal requisito se mantenga. «Con la dignidad que aprendimos de España ­afirman los 7 firmantes- no volveremos a ella mientras se nos someta a la humillación de presentar un permiso para poder visitar lo que nunca hemos considerado ajeno».

El pasado jueves 15 de marzo, los ministros de Justicia e Interior de la Unión Europea aprobaban en Bruselas, gracias a la abstención de los representantes españoles, una decisión por la cual a partir del próximo 1 de abril los ciudadanos colombianos que deseen viajar a uno cualquiera de los Estados de la Europa de los Quince (entre ellos, España) habrán de ir provistos del correspondiente visado, o serán automáticamente devueltos a Colombia.

Como movidos por un resorte de indignación automática, sólo dos días después, con pulso firme, argumentos de peso y exquisita diplomacia, un puñado de colombianos universales, acaudillados por García Márquez, manifestaba públicamente su repulsa y oposición a esta medida y exigían se dé vuelta atrás inmediata a esta decisión discriminatoria, porque, entre otras razones, los colombianos «no somos unos forasteros más», sino hijos, nietos o biznietos de España con los que existe un deber de solidaridad ineludible.

La espléndida carta, en que se manifiesta, asimismo, la decisión de los firmantes de no viajar a la península hasta que el Gobierno español rectifique, tiene varios niveles, varias lecturas y una significación de enorme calado que por los conceptos que utiliza, los argumentos que baraja y las tesis de fondo en que se sustenta, va más allá del hecho coyuntural al que responde y plantea en términos muy vivos, claros y rotundos un dilema esencial de la España del presente.

Por una parte, y en lo que se refiere al problema inmediato, la carta emplaza al gobierno Aznar a definirse entre una posición de principios en relación a Iberoamérica (mantener la solidaridad con los países y pueblos hispanoamericanos por encima de cualquier otra actitud motivada por la fidelidad o la sumisión a terceros) o bien sacrificarla y actuar a remolque de exigencias externas o puros intereses económicos, que es, hasta el momento, lo que ha hecho Aznar.

Pero más allá de ese requerimiento justo, que apoyamos incondicionalmente, la carta se adentra en cuestiones de mucho más fondo y calado, y al esforzarse en exponer, con pasión y verdad, las razones y motivaciones que la impulsan, saca a la palestra los fustes mismos de cuestiones que obligan a una reflexión y definición más detenida, ya que en su esencia minan y socavan las ideas, posiciones y tesis que, en el fondo, vienen sosteniendo tanto la izquierda como la derecha oficiales en España en relación con el tema iberoamericano.

Lo que la carta plantea abiertamente es la naturaleza de la relación esencial e indisoluble de España e Iberoamérica. Esta relación viene determinada no por el hecho de que las naciones iberoamericanas sean los restos desgajados de un imperio colonial finiquitado hace dos siglos con más pena que gloria, sino porque España ha sido y sigue siendo la «Madre Patria» de las naciones y pueblos hispanoamericanos. Este concepto, como veremos, es algo más que una metáfora, pero como metáfora expresa con toda rotundidad que la relación que describe es tan íntima y próxima como indisoluble: madre e hijos –por independizados que éstos estén– no pueden nunca dejar de serlo. Es la relación más estrecha e indestructible que cabe concebir

¿En qué se cimenta objetiva y subjetivamente esta relación materno-filial? Los firmantes desglosan uno a uno los nexos que la configuran. Partiendo de constatar que existe una «honda conciencia colectiva» en Iberoamérica de que España no les es algo ajeno, sino propio (y que ilustran con las célebres palabras de un escritor colombiano: «Al entrar en España no tengo la impresión de llegar, sino de volver»), cimentan esa conciencia, y el sentimiento que la respalda, en una verdadera comunidad de vida y experiencia, que ni siquiera la independencia de las naciones iberoamericanas ha roto en un ápice: nuestra imaginación, nuestra lengua, nuestros referentes culturales más importantes, nuestros nombres y apellidos, nuestros sueños de justicia, nuestros clásicos, nuestros antepasados verdaderos o inventados... todo esto –afirman– viene y nos es común con España.

Somos hijos, nietos o biznietos de españoles... y no hemos renegado de ello, ni podemos hacerlo. ¡Hasta nuestras virtudes y defectos –dicen– son una herencia española: desde nuestras furias de sangre y nuestros fanatismos hasta nuestros «anticuados pundonores de hidalgos»! Hay una auténtica comunidad de sangre, de cultura, de historia, de vida y de sueños entre España e Iberoamérica. Esa es la esencia de la relación entre ambas. ¡No es una relación entre colonizadores y colonizados, ni entre vecinos, ni entre extraños! Por eso ningún hispanoamericano puede ser extranjero en España, ni ningún español extranjero en Iberoamérica.

Formulado así, en toda su verdad, sin ambigüedades, sin remilgos, sin concesiones, la idea de la auténtica relación de España e Hispanoamérica es un puñetazo a la retórica vacía, a las fórmulas desvaídas e inconcretas, a las mentiras, ocultaciones y falsedades que la derecha y la izquierda oficiales mantienen sobre esta cuestión.

La derecha no se cansa de repetir que Iberoamérica «es prioritaria». Pura retórica. Washington y Berlín (Europa) pesan cien veces más en cada decisión, como ha vuelto a demostrar el caso del «visado» a los colombianos. En realidad, Iberoamérica se reduce para ellos a un campo donde ampliar y extender el tamaño y los beneficios de sus bancos y monopolios, y en una reserva infinita de mano de obra barata.

Lo de la izquierda es, si cabe, aún peor. Aquí se combinan las tesis más nefastas con las más estúpidas. Para la socialdemocracia lo prioritario es Europa, estar en Europa. Iberoamérica es el Tercer Mundo al que no queremos pertenecer. Como mucho, la tarea de España es aprovechar los lazos históricos para actuar como «puente» entre ambos continentes. Toda idea de que España tenga «algo más» que ver con ella es retórica colonial, viejas ideas imperiales, «franquismo».

En cuanto a la otra izquierda, a la «radical», el ala más importante es la que cree con total seguridad y convicción que España no tiene ningún papel que jugar allí ni nada que hacer porque ya hizo bastante daño con su aventura imperial. España, en todo caso, es el enemigo natural y secular de aquello. Y se adhiere a una «línea indigenista» que, después de dos siglos de independencia y otros tantos de dominio y saqueo de los imperios anglosajones, aún cree que España es la causa de todos los males de Hispanoamérica.

Hoy prácticamente nadie en España se atreve a utilizar el concepto de «Madre patria». Muchos lo consideran un concepto casi de la extrema derecha. Pero sólo un ignorante o un loco puede considerar a García Márquez y a los otros firmantes como elementos de extrema derecha. Al contrario, lo cierto es que representa un pensamiento de izquierdas, bastante a la izquierda de lo que se reconoce hoy como «izquierda» en el espectro político español.

Más allá, pues, del inequívoco e incondicional apoyo que merece la demanda formulada en esta carta, lo que ésta plantea y nos plantea a todos es la necesidad de definir con cabal consecuencia si España debe y está dispuesta a asumir su consustancial e ineludible papel de Madre patria en relación a todo lo que concierne a Hispanoamérica o, como tantas veces, opta por comportarse como una madrastra despiadada, interesada sólo en explotar a sus hijos, darles la espalda por indigentes o autoconvencerse, contra toda evidencia, que siempre ha sido y no puede ser otra cosa que eso: una madrastra despiadada.

J. Albacete


Carta de escritores e intelectuales colombianos al gobierno de España

Señor Presidente:

Queremos explicarle, con el mayor respeto, por qué nos parece un despropósito que su gobierno nos quiera exigir un visado para pisar España, y por qué, en caso de que se tome esta determinación, y mientras esté vigente, no volveremos a visitar la Península ibérica.

Un novelista colombiano escribió alguna vez: «Al entrar en España no tengo la impresión de llegar, sino la de volver.» Quizás a muchos españoles les resulte extraño este sentimiento, pero les aseguramos que esa sensación es la típica del criollo, la del indiano, la del colono o del colonizado nacido en esos territorios de lo que fue el antiguo imperio de España. Si nos atrevemos a hacerle un reclamo a esa gran nación que nos enseñaron a considerar, con razón o sin ella, como nuestra Madre Patria, es por el hondo convencimiento que tenemos de no ser ajenos a España.

Aunque las guerras de independencia hayan cortado el cordón umbilical que nos unía políticamente a la Península, los colombianos no hemos dejado de sentir, porque sabemos que es cierto, que nuestra imaginación, nuestra lengua mayoritaria, nuestros referentes culturales más importantes provienen de España. Aquí nos mezclamos con otros riquísimos aportes de la humanidad, en especial con el indígena y el negro, pero nunca hemos renegado, ni podríamos hacerlo, de nuestro pasado español. Nuestros clásicos son los clásicos  de España, nuestros nombres y apellidos se originaron allí casi todos, nuestros sueños de justicia, y hasta algunas de nuestras furias de sangre y fanatismo, por no hablar de nuestros anticuados pundonores de hidalgo, son una herencia española.

La solidaridad cultural de las naciones hispanas y americanas, no puede ser simplemente un asunto retórico. Nosotros queremos poder entrar a España no digamos como Pedro por su casa, pero sí como los hijos viajeros que de vez en cuando vuelven a deshacer sus pasos por los caminos de unos antepasados reales o inventados. Los hispanoamericanos no podemos ser tratados por España como unos forasteros más. Aquí hay brazos y cerebros que ustedes necesitan. Somos hijos, o si no hijos, al menos nietos o biznietos de España. Y cuando no nos une un nexo de sangre, nos une una deuda de servicio: somos los hijos o los nietos de los esclavos y los siervos injustamente sometidos por España. No se nos puede sumar a la hora de resaltar la importancia de nuestra lengua y de nuestra cultura para luego restarnos cuando en Europa les conviene.

Explíquenles a sus socios europeos que ustedes tienen con nosotros una obligación y un compromiso históricos a los que no pueden dar la espalda. La rueda de la riqueza de las naciones se parece a la rueda de la fortuna; no es conveniente que en los días de opulencia se les cierre en las narices la puerta a los parientes pobres. Quizá un día nosotros (en ese riquísimo territorio donde ustedes y nosotros hemos trabajado, sufrido y gozado) tengamos también que abrirles a los hijos de España las puertas, como tantas otras veces ha ocurrido en el pasado.
Mucho se habla en España y en todo el primer mundo de las bondades de la globalización. Pero si ésta no quiere ser una mera estratagema para abrir los mercados, la globalizacipón no podrá ser un proceso unidireccional e injusto por el cual los bancos y las grandes compañías tecnológicas o de alimentos atraviesen las fronteras como el viento, mientras a las personas se les ponen más trabas, cuarentenas y cuotas que a los apestados medievales.

Señor Presidente: en sus manos está una decisión de unión o desunión con los pueblos hispanoamericanos. La Madre Patria podrá portarse como tal, y no darnos la espalda en uno de los momentos más duros de nuestra historia, o podrá también portarse como una madastra despiadada. Con la dignidad que aprendimos de España, no volveremos a ella mientras se nos someta a la humillación de presentar un permiso para poder visitar lo que nunca hemos considerado ajeno.

Con nuestra consideración y aprecio.

Gabriel García Márquez
Fernando Botero
Alvaro Mutis
Fernando Vallejo
William Ospina
Darío Jaramillo Agudelo
Héctor Abad Faciolince.


De Verdad
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