ANÁLISIS
La «Europa de los pueblos»: El
diseño hitleriano de Europa
La relación de lo nacional y lo socialista
en el partido nazi
En el capítulo anterior vimos cómo la derrota de Alemania en la Iª Guerra Mundial se debió, antes que a ninguna otra causa, al empuje revolucionario de la clase obrera; y cómo ante la amenaza que, al igual que en Rusia, el proletariado alemán conquistara el poder, se unieron las potencias imperialistas beligerantes. Abordaremos en esta parte la unión del aspecto nacional y del aspecto socialista en la formación del instrumento fundamental del ascenso del nazismo alemán: el propio partido nacionalsocialista. Tanto en sus bases materiales como en las leyes generales de su gestación y desarrollo.
Alemania tras la derrota
La derrota de Alemania abre una nueva situación rubricada en el Tratado de Versalles. Las potencias vencedoras, que cierran filas con la burguesía germana frente al auge revolucionario, le imponen sin embargo unas durísimas condiciones . Básicamente, se afectúa la desmembración completa del Imperio austro-húngaro, se restituyen a Francia Alsacia y Lorena, Eupen y Malmédy a Bégica, el condado de Schleswig a Dinamarca y parte de la Prusia Oriental a Polonia. Memel y Danzig son declaradas ciudades libres y se prohíbe la unión entre Alemania y Austria (Anschluss). En el terreno económico, las reparaciones de guerra suponen una cantidad astronómica que hipotecarían la hacienda alemana durante décadas. En el terreno militar, se impone la reducción del ejército a 100.000 hombres reclutados por 12 años, la prohibición de un Estado Mayor, de la aviación y se ordena la entrega de la Marina de guerra. En el terreno diplomático y moral se hace responsable de la guerra a Alemania y se le prohibe su participación en los organismos internacionales. Todo esto fomentará el victimismo pangermanista y la apreciación del Tratado como un «dictado» impuesto por los vencedores sobre el pueblo alemán.
El partido nacionalsocialista
Durante los meses de la represión del movimiento espartaquista, la persecución de los comunistas y el asesinato de sus máximos dirigentes, entre 1919-1921, se forma el Partido Obrero Alemán (DAP) en Munich. Su manifiesto-programa de 1920, redactado por Hitler, es una síntesis de sus ejes básicos: Antisemitismo: Los judíos (el enemigo interno), responsables del sometimiento de Alemania y de la corrupción de la raza, e inspiradores del comunismo, deben ser expulsados o eliminados. Superioridad racial: La raza aria, la raza superior, está destinada a regir los destinos de la Humanidad y someter a los pueblos inferiores (judíos, semitas, negros, etc.) Espacio Vital: La raza superior tiene el derecho (y el deber) de apropiarse del espacio vital necesario para desarrollar su misión histórica. Raza, lengua y territorio serán una unidad en el discurso nazi y sostendrán las reivindicaciones de recuperación de los condados daneses, los Sudetes, la Alta Silesia, la Prusia Oriental y Alsacia-Lorena, entre otros, así como la unión con Austria. En su misma constitución, el DAP, que pasaría a llamarse Partido Nacional Socialista de los Trabajadores de Alemania (NSDAP), se proclama visceralmente anticomunista. Hitler afirma: «he detestado desde el primer día la sucia revolución de 1918, como traición de la parte menos estimable de nuestro pueblo hacia la parte fuerte, no deteriorada, que en 1914 se había puesto en pie porque podía y quería tener un provenir». Para él, incluso el marxismo forma parte de la conspiración judía.
El partido nacional...
El aspecto «nacional» del partido nazi siempre ha sido hegemónico sobre sus reivindicaciones «socialistas». Racismo, antisemintismo y expansionismo han sido sus rasgos principales, que un eficaz victimismo patriótico contribuyó a extender entre el pueblo alemán. En 1921, el VDA de Streseman reclama la recuperación de los territorios arrebatados bajo la consigna de que «Alemania es toda región donde viven alemanes». Su lema: «Sangre y territorio». Dividen la población entre «Alemanes de sangre», «alemanes de lengua», «alemanes de voluntad», «ciudadanos (o pueblos) germanizados», y «ciudadanos desgermanizados». Los judíos no son alemanes bajo ningún concepto. Esta asociación cuenta con más de dos millones de adheridos y llegará a percibir hasta 150 millones de marcos anuales en subvenciones.
En 1922, el NSDAP, tiene unos 6.000 afiliados y edita un periódico con 22.000 ejemplares. Pero la crisis del Ruhr en 1923 (la ocupación de la cuenca minera por parte de Francia, que necesita imperiosamente las indemnizaciones de guerra para hacer frente a sus propias deudas) empuja a un sector de la clase dominante germana a apoyar a quienes se oponen decididamente al «dictado» de Versalles. Gigantes industriales como Krupp, Bayerishe Anilin, Thyssen o Bayer (incluso empresas extranjeras como la Royal Dutsch-Shell) son grandes corporaciones que auparán al nazismo al poder, primero con apoyo económico y protección política, y finalmente facilitando el control del ejército por parte de las SS. Pero a mediados de los años 20 el apoyo popular aún es mínimo.
...y el partido socialista
Si el contenido antisemita y patriótico del partido nazi recaba la simpatía y el apoyo de los grandes industriales, de las clases medias empobrecidas, de la pequeña burguesía y de algunos sectores de la intelectualidad nacional-patriótica, su incidencia sobre la clase obrera es mínima. En 1920 Hitler forma las SA, (Sturmabteilung). Aunque su cometido declarado es el de proteger a los cuadros dirigentes del partido, son los protagonistas de los altercados callejeros, la violencia contra progresistas e intelectuales, y especialmente de la represión y los atentados contra socialistas, comunistas y judíos. Muy rápidamente, las SA aglutinan a los sectores más radicalizados y combativos de la pequeña burguesía, de la juventud (son los encargados del adoctrinamiento de las juventudes hitlerianas) y de cada vez más obreros descontentos. Especialmente importante es el papel de los ex-combatientes de la Primera Guerra Mundial.
Tras el «putsch» de Munich y el encarcelamiento de Hitler (condenado a 5 años, saldría antes de cumplir el año «para no convertirlo en mártir»), las SA, originarias «camisas pardas», son encomendadas en 1925 a un antiguo capitán de la 1ª Guerra, E. Röhm y a Gregor Strasser, quien, con su hermano Otto, lidera el ala «izquierdista» del partido nazi. Defienden un programa de corte anticapitalista, abanderando las reivindicaciones económicas más sentidas de la pequeña burguesía pauperizada y de la clase obrera en crisis. Para ellos, la grandeza de Alemania no podrá alcanzarse sin un orden social justo. Casa y trabajo digno es un derecho de todo alemán, y aunque establecen como enemigo a marxistas y judíos, durante la crisis de 1930-1932 se convierten en un elemento de preocupación para la gran burguesía alemana, que ve con desagrado cómo, con la onda expansiva de la Gran Depresión, la ruina de la pequeña burguesía y el hundimiento de la clase obrera (el paro pasaría de unas decenas de miles a más de 6 millones en apenas un año), las SA, que contaban con unos 10.000 militantes en el «putsch de Munich (1923) pasan a más de 3 millones en 1933 y encuadran amplios sectores de la clase obrera y de la juventud radical justamente por sus proclamas anticapitalistas y se constituyen en el elemento aglutinador del apoyo obrero y popular a la causa del expansionismo imperialista alemán, sin el cual el irresistible ascenso político y social del nazismo no es posible.
La noche de los cuchillos largos
Pero conqiistado el poder del Estado, sometida la sociedad, eliminada la democracia parlamentaria y masacrada la oposición, la burguesía monopolista exige la neutralización de los sectores «socialistas» del nazismo. La noche del 30 de junio de 1934, conocida como la «noche de los cuchillos largos», 600 dirigentes de las SA son asesinados; entre ellos sus máximos dirigentes, y éstas son disueltas en las SS (Schutz-Staffel o «Escuadrones de Protección» del Führer.
Donde manda capitán no manda marinero
Es históricamente comprobable el sometimiento de los elementos «socialistas» a la dirección «nacional» en todos los procesos de gestación del fascismo o del nazismo. En Italia, es el propio Mussolini, proveniente de una familia humilde y de extracción obrera, quien encauza la propia transformación del elemento sindicalista (con fuerte implantación de los ex-combatientes) hacia el nacionalismo reaccionario e imperialista. En España, son los sectores falangistas de Hedilla, o las JONS de Ramiro Ledesma, «sacrificados» a la causa del nacionalcatolicismo y digeridas sus organizaciones en la FET-JONS, depuradas sus direcciones y amputado su programa social. Este inexorable proceso histórico es tan inevitable como la necesidad, para el gran capital, de contar en un principio con ese componente «socialista» del nazismo.
TBA
¿Un partido nazi en euskadi?
Cada vez es más evidente el avance del fascismo en Euskadi. Sin embargo, la condición de primer plano para que esto ocurra, la existencia de un partido nazi, no parece darse.
En Euskadi, por una serie de condicionamientos históricos, no es posible la unión en un solo partido del movimiento «nacional», racista y expansionista ligado al gran capital (nacional o extranjero), con los sectores «socialistas», obreros, intelectuales nacional-patrióticos y la juventud radical. Los sectores nazi-fascistas del PNV, capitaneados por Arzallus, son incapaces de ganarse la dirección del abertzalismo radical. Lo impide el fuerte componente antiestatal y anticapitalista de sus bases, el apoyo obrero y la resistencia contra el franquismo. Incluso hace extremadamente dificultoso el «giro soberanista» entre amplios sectores cercanos a EH-HB si esto supone relegar sus reivindicaciones de clase.
Pero la separación orgánica del nazi-fascismo rampante en Euskadi, en las direcciones de dos organizaciones diferenciadas, no debe llevarnos a engaño: también aquí se cumplen, punto por punto, las leyes generales que se extraen del ascenso del nazismo alemán. El racismo: La preponderancia del elemento racista sobre cualquier otro. El enemigo interno: los trabajadores inmigrantes que «españolizan» y corrompen la sociedad vasca. El expansionismo: La anexión de Navarra y las provincias francesas en la Gran Euskal Herria, basada en la Etnia y la Sangre (la Raza), la Lengua y el Territorio.
También aquí el sector «nacional», fomenta el victimismo y con el apoyo de la jerarquía católica y del sector bávaro de la burguesía monopolista alemana (pues ni en sus más delirantes sueños puede aspirar Arzallus a la independencia real de Euskadi, sino a formar parte de la «Gran Europa Alemana de los Pueblos»).
Al mismo tiempo, en esta fase el papel de las Secciones de Asalto, mamporreros, perros de presa represores del movimiento antifascista y de los «judíos-españoles» lo desempeñan los sectores más desclasados de la pequeña burguesía y la juventud radical anticapitalista adoctrinada en el desprecio a las libertades democráticas y en una visión reaccionaria y deformada de su propia historia y sociedad. Y, como en la Alemania nazi, también es una ley universal que, en todo momento, este sector está sometido a la dirección «nacional». Que el capitán del barco es el nazi-fascismo de Arzallus quien alienta, sostiene y «recoge los frutos» de la planificada estrategia del miedo.
TBA