Salud
Tertulia con Caballero Bonald
en el Ateneo Madrid XXI

ESPAÑA / SOCIEDAD

Mayo 2001

El síndrome tóxico, 20 años después
...la salud pública en España sigue siendo una bomba de relojería.

Entrevista a Manuel Henares y Pilar Pans÷
(Presidente y vicepresidenta de Fuentox, asociación de afectados por el síndrome tóxico)

  Hablamos con dos de los protagonistas del movimiento ciudadano que se organizó a raíz del síndrome tóxico, el envenenamiento que causó en 1981  más de 1000 muertos y veinticinco mil afectados con secuelas discapacitantes. La explicación oficial, emitida de forma inesperada tan sólo seis semanas después de que empezara la epidemia, afirmaba que aceite de colza importado para fines industriales adulterado con anilina, después renaturalizado para el consumo humano y vendido en venta ambulante como aceite de oliva sería la causa que habría hecho enfermar a miles de españoles. Fuentox, la asociación de Fuenlabrada que presiden Manuel y Pilar, ambos afectados, es una de las ocho existentes que siguen, veinte años después, reclamando los derechos que la ley les otorga. Sin embargo, es la única en España que jamás aceptó la tesis oficial.

De Verdad: El grupo popular en el Senado ha rechazado recientemente una moción que pretendía acelerar la tramitación de los expedientes de los afectados por el síndrome tóxico. Esto va a significar que muchos afectados van a tener que esperar tres o cuatro años más hasta que puedan recibir la indemnización que legalmente les corresponde, y eso si llegan a cobrarlas dado que muchos de los que resultaron afectados ya han fallecido o pueden morir mientras siguen esperando. ¿Qué está pasando?

Manuel: Los 70 millones a los que tenías derecho según la oficina de gestión del síndrome tóxico se convierten en 25 millones por obra y gracia de un forense. Yo creo que debería haber un forense por parte de la administración y otro por parte del afectado. Deberían hacernos un estudio, un análisis y unas pruebas completas, más luego leer los informes desde el año 81 hasta hoy.  Entonces sería un dictamen justo. Si sólo está el forense de la administración lo único que hace es ahorrarle al Estado la indemnización a costa de nuestros derechos. Este es el caso del 99 % de los afectados.

Pilar: De esos veinticinco millones nos han hecho devolver diez que hemos cobrado ya en concepto de pensión por invalidez. O sea que yo cobré a primeros de mayo unos quince millones. Acto seguido el tribunal médico y la comisión clínica del síndrome tóxico me dan la razón, y me dicen que tengo derecho a dicha pensión por invalidez total. Pero como ya he sido indemnizada me dicen que me busque la vida, que no tengo derecho a cobrar. Esto es lo que tenemos recurrido en el Tribunal Constitucional.

DV: ¿En qué hechos os basáis para afirmar que el aceite no fue el causante?

Pilar: Primero, aclararte que siempre hemos reconocido que el aceite en cuestión estaba adulterado. En el 81 ¿qué no lo estaba? Lo estaba el aceite, lo estaba el agua, el vino, lo estaba todo. Precisamente a raíz del síndrome tóxico salen nuevas leyes para el control de lo que comemos. Sin embargo, nadie ha probado experimentalmente que las anilinas ni cualquier otra sustancia de los aceites adulterados producen nada parecido al síndrome tóxico.
Mira, yo entonces era trabajadora del hospital militar del aire. En el hospital  se consumía el aceite de colza y sin embargo  no había ningún afectado. Segundo, en mi casa enfermamos sólo la mitad de la familia y el primero fue mi hijo de diez años, que resulta que era diabético. Por esta razón  tenía prohibido cualquier aceite que no fuera de maíz. No tomó jamás el aceite adulterado que lo compramos como si fuera de oliva. Cuando a mi hijo le toman declaración, el juez le advierte que tiene que decir que ha tomado el aceite adulterado porque si no perderá el derecho de cobrar las indemnizaciones. Yo como madre puse el grito en el cielo, era una coacción. Tercero, decían que al ser aceite barato sólo estaba afectada gente obrera humilde pero  a finales de 1980 ya había enfermado una abogada que afirmaba haber consumido sólo las mejores marcas de aceite. La autopsia de 1982 confirmó el diagnóstico.  También en 1981 tuvieron que ser hospitalizados varios militares de la base de Zaragoza por síndrome tóxico bajo un secreto absoluto después de unas maniobras. La administración nunca lo ha querido admitir. Algo se les fue de las manos.

Manuel: Cuando acudimos a los juicios de la Casa de Campo, aquello fue una guerra campal. Los abogados se limitaron a decir a los afectados: ăcuando entréis en la sala a declarar tenéis que decir todos que es el aceite porque sino no cobraréis las indemnizaciones y sabéis lo que os estáis jugandoä Los enfrentaron a los que decíamos que no era el aceite. Todo eso te hace sospechar que ya se ocupó muy bien el partido socialista de dividirnos a los afectados. Yo le pedí entonces  permiso al juez para explicar lo que yo pienso del síndrome tóxico, pero me calló la boca diciendo que lo único que tenía que hacer era remitirme a las preguntas de unos abogados que sólo querían saber dónde compré el aceite ¡Pero si mi aceite era apto para el consumo humano! Todavía hoy tenemos prueba documental y material para poder demostrarlo. La sentencia fue vergonzosa. Aún no habiéndose encontrado ninguna prueba definitiva culpan al aceite.

DV: Vosotros afirmáis que lo que envenenó España en 1981 fue un pesticida organofosforado para matar gusanos  de la marca Bayer, con el que se trató experimentalmente una partida de tomates que se cultivó en Roquetas de Mar, Almería, y que fueron vendidos en mercadillos ambulantes. ¿En qué os basáis?

Pilar: En informes y estudios hechos por especialistas y profesionales que explican perfectamente los hechos. El alma del Síndrome Tóxico ha sido sin duda el doctor Antonio Muro, entonces director del Hospital del Rey en Madrid. Realizó desde un principio un estudio epidemiológico serio, investigando mercadillos y plantaciones para llegar a esa conclusión. Era militante del PSOE. Su propio partido lo trató de loco, el ministerio de sanidad lo cesó y le trasladaron al centro de investigación de Majadahonda, recluido a un cuarto de dos por dos metros. El doctor Muro nos invitó, a Fuentox, a hacer una experimentación que consistía simplemente en que un grupo de personas iban a consumir aceite del  presuntamente tóxico y otro grupo iba a experimentar con tomates tratados con productos organofosforados para los que hay un antídoto conocido, la atropina. Íbamos a utilizarlo como prueba en el juicio. Justo después de notificar la prueba a Carmen Salanueva, directora del Plan Nacional, el concejal de sanidad del ayuntamiento de Fuenlabrada junto a dos policías municipales realizan un robo en la asociación y destruyen la prueba. Los pillamos con las manos en la masa, eso sí, tal y como consta en una denuncia formulada en el juzgado de Leganés, y su respuesta fue que mientras no cambiáramos y dijéramos que era el aceite nos iban a hacer la vida imposible.

DV: Pero, ¿cómo es posible que los agricultores almerienses experimentaran con productos tan peligrosos?

Manuel: Ciertos abogados y periodistas denuncian que fue un avión americano el que realizó una experimentación en Roquetas de Mar lanzando el pesticida el día 18 de febrero de 1981. Dicho avión se dirige posteriormente a la base de Zaragoza, de ahí le remiten a Torrejón de Ardoz y de ahí  los militares que iban pilotando el avión son trasladados a un hospital de VienBaden, Alemania, donde son tratados con un antídoto y el nombre de los pilotos desaparece. Inmediatamente indagamos para confirmar o desmentir tan graves hechos. En una reunión en Roquetas de Mar fuimos sin más acusados por el alcalde de pretender hundir la agricultura de Almería, entonces a punto de convertirse en la huerta de Europa. Como ni el gobierno ni la justicia tampoco responden, entonces nos empeñamos en saber más allá: ¿Por qué el plan contra el síndrome tóxico es subvencionado por los americanos? ¿Qué representa el informe de la casa Bayer desmintiendo que hubiera sido su pesticida el causante cuando no había todavía una sola prueba firme que apuntara a que había sido una cosa u otra? Si hubieran sido los aceites, lo lógico es que la Bayer no diera ni un solo duro. Pero lo dio, y no sólo para ayudas a afectados sino también para acallar a los que acusaban a sus pesticidas. Esto lo podría explicar José Oneto, entonces Director de Cambio 16. En tan sólo quince días su revista pasó de acusar a la multinacional a retractarse públicamente sin mediar prueba alguna.


El montaje del sindrome tóxico

  El 22 de febrero de 1988, el exdelegado de zona de Bayer, Andrés Valverde Alcoverro, declaró en la sala del juicio:

Valverde:
Los ensayos (...) se solían hacer en campos de clientes o amigos (...) no había campos propios de la empresa, siempre se hacían en campos de los clientes.

Abogado: ¿Clientes que estaban dispuestos a dejarlo sin saber exactamente cuál era el producto que se estaba experimentando?

Valverde: Bueno, tampoco no pedían unas explicaciones digamos amplias o profundas , sino se fiaban de la amistad. En fín, esas cosas se hacen un poco sin analizar mucho.

Abogado: ¿Y se destruían las cosechas o... o los frutos que se recolectaban en estos campos después de practicarse estos ensayos o se comercializaban también?

Valverde: Sí, sí, se comercializaban.

Abogado: ¿Se comercializaban? ¿No se le advertía al agricultor que podía resultar tóxico, o Vdes. Tenían la seguridad que ese producto que estaban ensayando de ninguna forma podía resultar tóxico?

Valverde: Bueno (...) desgraciadamente hasta hace muy poco tiempo esto no ha sido mucho tenido en cuenta (...). Actualmente es cuando empieza a haber una conciencia real en muchos agricultores sobre este tema, ¿no? Pero hace unos años, cuando yo trabajaba, o sea cuando yo estuve con Bayer, esto, la había muy poca esta conciencia (...) Se hicieron ensayos con la mezcla de Nemacur y Oftanol (todavía hoy no autorizada en España) y realmente se aplicarían sin decir lo que realmente era esa mezcla.

 

(del libro "El montaje del síndrome tóxico" de Gudrun Greunke)
Jordi Martínez

 


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