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LITERATURA
Mayo 2001
Tertulia con Caballero
Bonald en el Ateneo Madrid XXI:
"En todas mis novelas yo he luchado siempre contra los que
pretenden una historia sin culpables, los que pretenden decretar
la amnesia histórica"
El pasado 11 de mayo ATENEO XXI contó con
la inestimable presencia de uno de los poetas más importantes
de la segunda mitad del siglo XX. José Manuel Caballero
Bonald (Jerez de la Frontera, 1926) Un superviviente, como el
mismo se define, de aquella generación de los 50 marcada
por dos obsesiones. La obsesión por el lenguaje, por la
estructura de las palabras y la composición, y la necesidad
de escribir y de expresarse como un mecanismo de defensa contra
la vida y las injusticias de las que el escritor es testigo activo.
De todo eso y más sale la técnica y el sentimiento
de una poesía que lucha contra el olvido y contra la injusticia.
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Los
contenidos que hay detrás del flamenco... cuando son
casi una sentencia filosófica... son auténtica
poesía |
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"Yo casi nunca me presto con satisfacción
a la lectura de poesía, porque es un ejercicio que me desasola,
que me intimida; porque es como repetir en voz alta una serie
de experiencias que ya están mas o menos empolvadas por
el tiempo, que el tiempo ha pasado sobre ellas y uno se queda
ya un poco al margen de ese personaje que aparece por los poemas.
Yo escribo poesía para justificarme a mi mismo.
Si no escribiera poesía me sentiría incómodo
conmigo mismo, como en desacuerdo. La escribo para conocerme mejor
y para conocer mejor también a los demás. Para explicarme
mejor la vida, el mundo y para defenderme de cosas con las que
no estoy de acuerdo. Sobre todo esto último es fundamental.
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Yo
nunca me presto con satisfacción a la lectura de la
poesía, porque es un sentimiento que me desola, me
intimida |
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Yo siempre he escrito, en la época de Franco,
en la época de la poesía social, precisamente, a
sabiendas de que tenía, a través de mi poesía,
que defenderme de las ofensas de la vida. Eso siempre lo he tenido
muy presente. En la época de la clandestinidad, de la lucha
antifranquista, esa poesía me servía para tranquilizar
mi ánimo y para tener la sensación, un poco ilusoria,
un poco ingenua, de que estaba cambiando la sociedad desde la
poesía. En aquellos años, cuando, en las mejores
condiciones, de un libro de poesía se vendía mil
ejemplares, o mil quinientos,...pues cambiar la sociedad con mil
quinientos ejemplares era un poco excesivo.
A mi me parece que la inspiración es tener
buena salud, o como decía Baudelaire, trabajar todos los
días. Que la inspiración te coja trabajando.
Lo que realmente define al poema, su grandeza, es que las palabras
estén unidas, funcionando de alguna forma que te convence
y te abren un camino nuevo. Si el lector descubre un nuevo camino
en lo que está leyendo, un nuevo conocimiento de su sensibilidad,
entonces creo que la poesía ha cumplido su destino.
Ahora estamos viviendo tiempos
duros. ¿Qué papel tiene la poesía?
Yo creo que el mismo de siempre. No creo que haya
cambiado esa fuerza que pueda tener la poesía, como dije
antes, para enriquecer la sensibilidad de alguien. Tal vez alguien
abre un libro y encuentra ahí un posibilidad de viajar,
de hacerse mejor, de ennoblecer su cultura. Eso basta y siempre
será así.ä
La búsqueda de nuestras
raíces
Una de las principales armas del cante jondo no es
solamente su musicalidad sino también su contenido.
Los contenidos que hay detrás del flamenco,...
cuando ese contenido es prácticamente una sentencia filosófica,
que la hay en muchos casos,... eso es verdadera poesía.
Hay una soleá antigua que José Ángel Valente
la cita al principio de un libro suyo y su letra dice así:
Fui piedra y perdí mi centro
y llegué rodando al mar
y después de tanto tiempo
mi centro vine a encontrar.
Misteriosa ¿no?. Valente la cogió para
el título de un libro.
Luego hay cosas de expresión y sabiduría
popular como esta:
Sentadita en la escalera
esperando el porvenir
y el porvenir
nunca llega.
Algo que a mí me parece maravilloso. Que el
porvenir es lo que nunca llega.
Luego hay otras como esta:
Cuando de noche me acuerdo
que me tengo que morir,
hecho la manta en el suelo
y me "jarto" de dormir.
Contra el olvido.
Dicho con suficiente honestidad, yo no he abandonado
casi nunca la función del escritor como testigo. En todas
mis novelas yo he luchado siempre contra los que pretenden una
historia sin culpables, los que pretenden decretar la amnesia
histórica.
Esto cada vez está mas extendido. Se hizo
en la transición y cada vez está más extendido.
Es lo que decimos de eso que conocemos como pensamiento plano,
o pensamiento cero, que decía Saramago, el pensamiento
único. Contra eso, el escritor tiene que poner de su parte
todas las armas que estén a su alcance, que no son sólo
su obra sino su compromiso personal. Porque son dos cosas que
se pueden separar. Se puede estar en las barricadas y luego escribir
poemas de amor".
Santiago Casal
La botella vacía se parece
a mi alma
Solícito el silencio se desliza
por la mesa
nocturna, rebasa el irrisorio contenido del vaso.
No beberé ya más hasta tan tarde:
otra vez soy el tiempo que me queda.
Detrás de la penumbra yace un
cuerpo desnudo
y hay un chorro de música hedionda
dilatando las burbujas del vidrio.
Tan distante como mi juventud, pernocta
entre los muebles el amorfo, el tenaz
y oxidado material del deseo.
Qué aviso más penúltimo
amagando
en las puertas, los grifos, las cortinas.
Qué terror de repente de los timbres.
La botella vacía se parece a mi alma.
De "Laberinto de
Fortuna" (1981-1984, José Manuel Caballero Bonald)
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