Editorial
Entrevista con
Mario Onaindía

NACIONAL

Junio 2001

¡Es el momento de redoblar la “rebelión democrática” y organizarse!

La nueva correlación de fuerzas creada tras las elecciones permite y exige avanzar mucho más de lo conseguido hasta ahora. Es el momento de persistir en lo que ha permitido este avance redoblando la contraofensiva democrática

  “Esperar a ver qué medidas toma Ibarretxe”. Esta consigna, que parece estar en boca de todos, constituye hoy el centro de las maniobras del nazifascismo para tratar de recuperar la iniciativa que las urnas le han arrebatado, recomponer sus filas y, sobre todo, paralizar la contraofensiva de la rebelión democrática. Es también, por otra parte, la conclusión equivocada a la que está conduciendo a algunos protagonistas de la rebelión democrática una errónea lectura de los resultados electorales. Los resultados de las pasadas elecciones en Euskadi, como los cuadros políticamente más perspicaces del movimiento ciudadano (Azurmendi, Onaindía,...) han advertido de inmediato, han decretado la muerte de Estella, el centro político desde el que se ha querido desplegar la ofensiva nazifascista en los dos últimos años. Toda la estrategia de Arzallus de empujar al PNV hacia la formación de un frente político con el ala nazi de EH ( en el que el brazo “militar” de la kale borroka y ETA serían los encargados de extender la estrategia del terror) desde el que aislar y excluir al sector de la sociedad que presenta una resistencia activa a su proyecto ha saltado por los aires. Ha quedado inoperante en tanto que la inmensa mayoría del electorado vasco, incluidos los nacionalistas, han dicho en las urnas que por ese camino no. Esta ofensiva ha sido la gran derrotada en las pasadas elecciones.

  Y no sólo porque el bloque formado por PSE-PP haya subido dos puntos desde las elecciones del 98 mientras PNV-EA-EH descendían el 1Í7%. Ni porque en las grandes ciudades –donde hay menos miedo, menos control y el voto es más libre– que representan más de la mitad del electorado PP y PSE hayan superado ampliamente el voto nacionalista. Ni siquiera porque las distancias se hayan acortado hasta sus niveles mínimos desde 1980, obteniendo la suma de los partidos nacionalistas los peores resultados de su historia, creando una situación en la que los electores de las fuerzas que se han presentado con un mensaje unitario clara y radicalmente antifascista son más, pesan proporcionalmente más en el conjunto de la sociedad vasca y son mayoría en las grandes urbes.

  Sino, sobre todo por el significativo cambio que la rebelión democrática ha forzado en la correlación de fuerzas interna del voto nacionalista. La ultraconcentración de votos en el PNV sólo ha sido posible arrinconando y debilitando la ofensiva nazifascista de Arzallus. Hasta el punto de que él mismo se ha visto obligado a permanecer encerrado en el armario durante la campaña. Y ellos son los primeros que lo saben. Si a esto le sumamos el auténtico descalabro electoral y político del ala nazi de EH, tendremos un cuadro bastante aproximado del cualitativo avance obtenido por la rebelión social democrática y el profundo retroceso de las posiciones de la línea nazifascista.

  Y los Arzallus, Eguibar y compañía lo saben perfectamente. Aunque jueguen públicamente a celebrar el triunfo son conscientes de su retroceso. Y no pueden evitar que en todas sus declaraciones se manifieste. Están a la defensiva y se les nota.

  Y no sólo eso. Son conscientes, también, de dónde está la causa de su retroceso: el imparable avance de la rebelión ciudadana por la libertad. Las recientes declaraciones de Anasagasti, ratificadas 24 horas después por Arzallus, indican claramente cual es su objetivo inmediato: tratar de paralizar, de frenar, de desactivar la contraofensiva antifascista, iniciada hace escasamente un par de años y que tan extraordinarios resultados ha conseguido en tan poco tiempo. Obedeciendo a una única consigna, todos los portavoces del nazifacismo se han puesto de acuerdo en que es el momento de proceder “al desarme verbal”, de que se necesita –más exactamente, son ellos quienes lo necesitan– “un nuevo tiempo político” caracterizado por “la distensión”, de que ha llegado el momento de “desactivar el enfrentamiento” y de “no correr más de lo que se puede”.

  Ellos sí han tomado buena nota de que lo ocurrido en este corto espacio de tiempo es un auténtico movimiento tectónico en Euskadi. La rebelión social democrática se está convirtiendo en una marea incontenible que demanda, cada vez más y más rápido, una alternativa, un cauce que permita expresar toda su potencialidad.

  No es necesario ser un genio de la estrategia para saber que cuando el enemigo presenta síntomas de debilidad, inicia un proceso de replegamiento y acusa el golpe recibido, es el momento de redoblar la ofensiva, no de paralizarla.

No es el momento de esperar

  Mientras la rebelión democrática conquista nuevas posiciones, incluso en el campo del electorado nacionalista, obligando a Ibarretxe a demarcarse del nazifascismo haciendo que su portavoz diga, por primera vez en 2 años, que su gobierno utilizará todos los medios para combatir a los violentos. Mientras la línea de Arzallus retrocede posiciones hasta el punto de que aparece públicamente cuestionado su liderazgo sobre el PNV y se ve obligado a desmentir que la figura de su fiel escudero Egibar haya sido puesta en entredicho en la dirección del PNV; entre las fuerzas antifascistas y el movimiento cívico se extiende, paradójicamente, la idea de que hay que “saber esperar”, de que es el momento de iniciar “un compás de espera” hasta ver lo que hace Ibarretxe. Nada más contrario a los intereses de la lucha por la libertad en Euskadi.

Las elecciones han puesto de manifiesto que el frente antifascista tiene una enorme y creciente base de masas. Es el momento de pasar a organizarla. De convertir los votos en fuerza organizada

  La nueva correlación de fuerzas creada tras las elecciones permite y exige avanzar mucho más de lo conseguido hasta ahora. Es el momento de redoblar la contraofensiva democrática, de persistir en el camino que ha permitido este enorme avance. Todo lo que se ha ganado ha sido sobre la base de denunciar y aislar todas y cada una de las actuaciones nazifascistas, todas y cada una de las provocadoras proclamas de sus representantes, todas y cada una de las omisiones de quienes tenían la obligación de combatirlas.

Si hasta ahora el movimiento cívico se ha limitado a reclamar libertad, ahora es el momento de empezar a ejecerla. Si los grandes núcleos de población han demostrado la existencia de una amplia mayoría antifascista, ¿por qué permitir que las calles sigan en manos de los fascistas de la kale borroka? Las plataformas ciudadanas han demostrado, y la elecciones lo han corroborado, cual es el punto más vulnerable de Arzallus: la necesidad de que exista el horror para poder imponer su proyecto por la fuerza sobre la mayoría de la población. Para lo cual necesita, imperiosamente, alimentar al sector nazi de EH, a ETA y a la kale borroka. Pero cuanto más creía haber avanzado en sus objetivos, más resistencia ha encontrado entre las masas, más fuerzas se han sumado a la lucha por la libertad, más en retroceso se encuentra.

El movimiento de rebelión democrática les ha golpeado y ellos ya no pueden actuar como hasta ahora. Es el momento de redoblar los golpes para seguir haciéndoles retroceder. Decretar un compás de espera o, lo que es lo mismo, frenar y desactivar la rebelión ciudadana es hoy el mayor error que las fuerzas antifascistas podemos cometer y el mejor regalo para que Arzallus se tome el tiempo necesario para tratar de recuperar lo que ha perdido en las urnas. Hay que desterrar todas las ideas erróneas acerca de la necesidad de “levantar el pie del acelerador”, fruto de una visión distorsionada de los resultados electorales y de una auténtica operación de psicología jesuítica criminal que está haciendo creer a los vencedores que han salido derrotados.Y de que además son ellos mismos los culpables de su derrota por haber presionado demasiado, provocando una reacción contraria. No podemos permitirnos ninguna dilación en el movimiento antifascista que hoy puede dar un salto cualitativo (y que lo dará hoy con toda seguridad) y que mañana (si no lo hace) correrá el riesgo de perder mucho.

  Las elecciones han puesto de manifiesto que el frente antifascista tiene una enorme y creciente base de masas. Es el momento de pasar a organizarla. De convertir los votos en fuerza organizada. Arzallus y su línea nazifascista no va a renunciar a conseguir sus objetivos, pero hoy está más debil y se encuentra con muchas más dificultades que hace sólo un par de semanas. Por eso, antes de poder dar ningún nuevo paso está dirigiendo todos sus esfuerzos a desactivar la contraofensiva democrática. Nosotros debemos proceder exactamente al contrario. Redoblar la ofensiva contra el fascismo, incrementar la presión hasta conseguir que, como en la campaña electoral, Arzallus se vea obligado a esconderse en el armario, multiplicar la iniciativa... Y dar un salto cualitativo creando la organización que permita dar cauce a todo el inmenso caudal antifascista revelado en las pasadas elecciones. Las condiciones son hoy más favorables que nunca. De nosotros depende aprovecharlas para avanzar mucho más en aislar, derrotar y liquidar el nazifascismo en Euskadi.


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