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OPINIÓN
Junio 2001
El ruido y la furia:
La rebelión está
activada, señor Anasagasti
Iñaki Anasagasti,
diputado peneuvista en el parlamento español, expuso a
un diario mexicano que puede haber
un diálogo verbal en Euskadi pero antes tiene que haber
otro tipo de desarme. Hombre, por fin algún
dirigente del PNV parece adquirir la sensatez de que para hablar
antes tienen que callar las pistolas y recuperar la libertad.
Pero, acto seguido, el señor Anasagasti especifica
que hay que desactivar algunas
cosas que se han activado, ¿los coches
bomba, explosivos, tiros en la nuca?. No, para el señor
Anasagasti hay que desactivar ¡los colectivos
de apoyo a las víctimas del terrorismo!
El diputado peneuvista ha colocado el
blanco: lo que impide el entendimiento y el diálogo son
las organizaciones como Covite, AVT, Basta Ya o Foro de Érmua
que proliferan como setas.
Al señor Anasagasti no sólo le extraña,
sino que incluso le indigna que las víctimas se organicen
para defender sus derechos. Añora los tiempos donde había
que enterrar a los muertos en silencio, sacarlos por la puerta
de atrás y luego soportar las humillaciones.
Desactivar la rebelión
ciudadana. No se ha expresado una definición más
precisa y sintética del contenido y carácter del
proyecto que alberga la caverna de los Arzallus.
Igual que los nazis necesitaron antes
exterminar la revolución, el proyecto nazifascista impulsado
por la parte más reaccionaria de la dirección del
PNV necesita eliminar la rebelión ciudadana. La sustancia
autoritaria y antidemocrática de sus planes lo exige como
una condición indispensable. Lo que para cualquiera es
signo de vitalidad popular para ellos es un peligro.
Se han pasado mucho tiempo cultivando
el espeso clima de miedo cotidiano, las justificaciones hacia
el terror, la degeneración de aceptar lo inaceptable y
mirar hacia otro lado mientras otros perdían los derechos
más básicos. Ahora comprueban como una parte cada
vez más amplia de esa sociedad que creían envenenada
se levanta y grita, se organiza y pelea. Y a eso le llaman intolerancia
y confrontación.
No tienen más que miedo. Saben
que la sociedad vasca está cambiando en dirección
contraria de donde miran sus pesadillas sabinianas, e intentan
resistirse. Golpean ahora a lo que es la expresión más
palpable de ese cambio, y lo hacen con la ciega furia de los que
se saben derrotados.
Joan Arnau
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