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EUSKADI
Junio 2001
Manifestaciones
a la defensiva
La falsa ilusión óptica
de creer que en tan corto espacio de tiempo se podía derribar
el régimen, está provocando entre los protagonistas
de la rebelión democrática tanto una errónea
lectura de los resultados electorales como una falta de comprensión
de la nueva correlación de fuerzas creada.
Como dice Mario Onaindía,
presidente del PSE-EE de Alava, en estas mismas páginas:
la coyuntura política hoy en Euskadi es mucho más
favorable que hace una semana.
Pero la paradoja de la situación
reside en que quienes una correcta lectura de los datos situa
como vencedores, las plataformas de rebelión social democrática,
no son conscientes de ello. Mientras que por el contrario, aquellos
que han salido más aislados y débiles -la línea
nazifascista de Arzallus- sí han hecho una lectura adecuada,
se han dado cuenta de su retroceso y tratan por todos los medios
de que los protagonistas del avance antifascista se mantengan
en el error.
Pese a que los Arzallus, Ibarretxe
o Anasagasti quieren aparecer como los grandes triunfadores
de la batalla electoral, sus propias manifestaciones los desmienten.
¿Por qué, si se creen vencedores han pasado a desarrollar
un discurso abiertamente a la defensiva? ¿Por qué,
si han avanzado, retroceden en las propuestas que no hace ni dos
meses defendían? ¿Cómo es posible que una
línea que se proclama triunfadora, reclame al mismo tiempo
unos meses para ofrecer sus propuestas concretas?
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Reflejan
la inquietud de alguien que comprende muy bien que la situación
ha cambiado, pero en un sentido desfavorable para sus posiciones
y por ello se ve obligado a ganar tiempo, a rebajar la tensión,
a maniobrar bajo cuerda, a no dar ningún paso en falso |
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Al finalizar la ronda de conversaciones
previas con todas las fuerzas parlamentarias, Ibarretxe
afirmaba la necesidad de proceder a un trabajo
discreto para conseguir la
distensión política antes de proponer
ningún acuerdo. Según su criterio, no es ahora el
momento de correr alocadamente,
ni más de lo que se puede sino que son
necesarias muchas horas de conversaciones
y de tener mucho cuidado con los
movimientos que hacemos.
Distensión, discreción,
no correr, no ser alocado, conversar mucho, cuidado,... ¿pueden
considerarse expresiones de alguien que se siente victorioso,
que considera estar más fortalecido que antes?
Más bien al contrario, reflejan la
inquietud de alguien que comprende muy bien que la situación
ha cambiado, pero en un sentido desfavorable para sus posiciones
y por ello se ve obligado a ganar tiempo, a rebajar la tensión,
a maniobrar bajo cuerda, a no dar ningún paso en falso.
Pero no es sólo Ibarretxe.
Las declaraciones de Anasagasti a una televisión
mexicana afirmando que es necesario
proceder a un desarme verbal para poder avanzar
en la pacificación van en el mismo sentido.
Dejemos de lado el aspecto miserable
y mezquino de sus insinuaciones acerca de que las asociaciones
de las víctimas y las plataformas antifascistas deben su
existencia al dinero de los fondos reservados del Ministerio del
Interior. Aparquemos también la contestación que
se merece de que quienes deben proceder al desarme, y no precisamente
verbal -que las palabras no matan mientras las pistolas y los
coches bombas sí-, son aquellos de quien su jefe de filas
afirma compartir fines aunque no medios. Y vayamos a la sustancia
de lo que quiere decir Anasagasti. Y de por qué
lo dice.
¿Por qué hay que proceder
al desarme verbal? ¿Y por qué, sobre todo, deben
hacerlo las organizaciones cívicas de rebelión ciudadana?
Anasagasti lo tiene claro: lo más importante
ahora mismo para ellos es desactivar
la estrategia de la confrontación, acabar
con un lenguaje de trinchera
que amenaza, según el propio diputado peneuvista, con terminar
provocando un cambio de régimen.
Este es todo el centro de la cuestión y Anasagasti
lo revela con una claridad insuperable. El rearme
-que él llama verbal, pero que en realidad es ideólogico,
político y moral- de la sociedad vasca que ha provocado
la rebelión social desatada por las plataformas antifascistas
lleva camino, si no se le detiene, de acabar con el régimen
desde el que la línea nazifascista trata de fraccionar
España. La estrategia de
la confrontación, el lenguaje de trinchera,
los dioses de la guerra (como Arzallus
denominó a Savater tras el magnífico
acto del Kursaal), la intolerancia,...
esta es la línea que, ellos sí, han detectado como
el principal peligro. Desactivar la actuación organizada
de las iniciativas ciudadanas, detener este rearme social democrático
antes de que su avance acabe con ellos. Esto es lo que han visto
clarísimo los Anasagasti y compañía,
y en ello van a concentrar su actividad en los próximos
meses. Mientras sectores del frente antifascista permanecen dubitativos
y paralizados, ellos han reaccionado al instante dirigiendo todas
sus baterías, incluso las moderadas
como Anasagasti, hacia la paralización de
la confrontación a toda costa. Lo que indica que, probablemente,
el daño que les hemos causado es todavía mucho mayor
de lo que nos imaginamos.
Por ello mismo una de las tareas más
urgentes del momento actual es, en el seno mismo de las fuerzas
del frente antifascista y de las organizaciones ciudadanas,
llevar adelante un amplio debate sobre los resultados electorales,
descendiendo a buscar la verdad en los hechos y en los datos,
quién gana y quién pierde, cuánto y dónde
lo hace y, por tanto, que nueva correlación de fuerzas
se ha creado el 13 de mayo. Sólo desde ahí es
posible combatir el derrotismo, la visión distorsionada
que los Ibarretxe, Arzallus y Anasagasti
están ofreciendo, desenmascarar la impostura de que quienes
se saben en retroceso jueguen a presentarse como los vencedores
y, sobre todo, persistir en el camino iniciado y que tan extraordinarios
resultados ha provocado en tan corto espacio de tiempo.
A. Lozano
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-Adiós, Lizarra, adiós
(Xavier Vidal-Folch) El País, 1-6-2001
-Tres dirigentes del PNV piden la destitución
de Egibar como portavoz (Carlos Etxeberri) El Mundo, 30-5-2001
-Complejo, confusión y oportunismo
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