Serial
Entrevista con
Mario Onaindía

REPORTAJE HISTÓRICO

Junio 2001

España en el siglo XX (III)
Dependencia sellada

  La importancia de la batalla que se estaba dilucidando en las elecciones vascas ha roto durante dos números la continuidad de esta serie de reportajes históricos. Queremos reanudarlos, pero no sin antes destacar es la misma actualidad política la que nos obliga a la necesidad de volver la vista atrás.

  Comprender y poder transformar la realidad de hoy implica acabar con la amnesia colectiva sobre nuestro pasado, en especial sobre la importancia vital de la intervención exterior sobre el desarrollo de los principales acontecimientos de los últimos 200 años de nuestra historia.

  Durante mucho tiempo las fuerzas progresistas, y en general todo el país, hemos estado ciegos: combatiendo el poder de las élites locales pero sin observar cómo éstas debían su poder al amparo y la alianza con los principales centros de poder imperialistas; analizando los acontecimientos en base a supuestos demonios familiares sin comprender que España había pasado a ser un país subordinado, donde el fundamental centro decisorio y de poder radicaba en fuerzas e intereses alojados fuera de nuestras fronteras.

  La sustancia de los últimos dos siglos en España consiste en la intervención de las principales potencias imperialistas por reconducir la situación en función de sus intereses, aprovechando y azuzando las contradicciones internas, creando líneas de fractura, división y enfrentamiento que debilitaran el país y lo hicieran más dominable.

  No entender que éste ha sido, y continua siendo el principal rasgo estructural de la formación social española nos imposibilita transformar el presente.

  Hoy esta ceguera ha evolucionado hacia un grado extremo de gravedad. En buena parte gracias a la intervención de fuerzas que, bajo banderas progresistas, han difundido la idea de que el mantenimiento de la independencia nacional correspondía al pasado y que el progreso o la emancipación sólo podían venir de la mano de las potencias de turno, tengan éstas un color u otro.

  Por tanto, no estamos ante una batalla académica, sino ante una de las piedras angulares sobre la que reconstruir el pensamiento de la izquierda.


  Al penetrar en el umbral del siglo XX, puede afirmarse que están ya plenamente configurados los rasgos estructurales que, subterráneamente van a determinar el desarrollo de la formación social española.

  La oligarquía que surge de la fusión de las élites financieras y terratenientes se configura como clase dominante, pero su debilidad congénita le impide hacer frente a las transformaciones económicas y políticas que la época requiere. Sólo bajo el imperialismo será capaz de asentar su poder.

  La penetración de las potencias extranjeras, fundamentalmente Inglaterra y Francia, es reatreable en todos los órdenes.

  La falta de capitales nacionales deja la puerta abierta a la infiltración foránea en las grandes obras que empuja el nuevo capitalismo.

  Las minas, que triplicaron su valor entre 1860 y 1900, entran con el nuevo siglo en un periodo de expansión dirigido por el capital extranjero. En 1920 se contabilizan 667 millones de capital extranjero frente a 605 de procedencia nacional. Grandes empresas como la belga Real Asturiana de minas, la francesa Peñarroya o las inglesas Orconera, Tharsis o Riotinto se adjudican la propiedad del sector, desarrollando sobre todo la exportación de productos en bruto, que resultaba económica gracias a la mano de obra barata. El país apenas disfruto de esta fuente de riqueza.

  El nacimiento de la industria pesada calcó la misma estructura entre 1910 y 1920. Barcelona Traction y Power and Light CÈ (La Canadiense) apadrinan el trust de las grandes empresas eléctricas, marcando la penetración del capital extranjero que se confirmó con la creación de otros trust bajo dirección foránea: Pirelli, IG Farben, potasas de Suria... La misma formación de la oligarquía financiera está marcada por los lazos de alianza y dependencia del capital financiero internacional.

  A finales del XIX y principios del XX nacen los grandes bancos que van a detentar el vértice del poder. El Crédito Mobiliario, base del posterior Banesto, opera en un principio con capital francés de los Periere, y el Banco de Bilbao conseguirá la primera acumulación de capital en estrecha colaboración con las inversiones inglesas. La posterior fundación del Vizcaya, Hispanoamericano, Urquijo y Central conforman el grupo de los seis grandes, que durante el primer tercio del siglo acometen una concentración que certifica su posición hegemónica en el sector financiero. Todos ellos aparecen desde el principios ligados, y respaldados por capitales fóraneos, estableciendo vínculos de dependencia y alianza que no harán sino reforzarse con el tiempo.

La emergencia del proletariado revolucionario

  Pero, sobre todo lo anterior, hay un nuevo factor que precipita los acontecimientos. Desde el último cuarto del siglo XIX, el proletariado revolucionario hace su aparición como un elemento activo.

  En el campo andaluz, la aplastante presencia latifundista, unida a una amplia masa de jornaleros que adquieren características de proletariado rural, determinan la sucesiva irrupciùn de explosiones sociales en demanda de la ansiada reforma agraria, que culminan en el llamado trienio bolchevique.

  Las movilizaciones de la clase obrera industrial adquieren su plena expresión en Barcelona, dirigidas por la CNT.

  Son momentos donde aparecen las primeras organizaciones de clase: la UGT, el PSOE, la CNT y, en 1921, el PCE.

  Tal y como plantea Pierre Villar: “desde el siglo XIX la clase obrera española ha desempeñado un papel sensible. En el siglo XX, se hablarà de España “anarquista”, “socialista” o “marxista”: generalizaciones abusivas pero significativas; el proletariado español ha sido histùricamente mÃs importante de lo que su d¶bil número hacía preveer. ¿No recuerda esto, precisamente, el análisis de Lenin sobre la sociedad rusa? En un país predominantemente agrãcola, donde se acentÿa la crisis agraria, donde un sistema se resquebraja en medio de las catÃstrofes polãticas ¿no basta con algunos núcleos proletarios, superexplotados por un capital frecuentemente extranjero, tome valor decisivo de dirección?”

  La irrupción del proletariado como fuerza organizada agudizarà la debilidad de la oligarquía, incapaz de imponer un modelo de dominio estable y de asumir la más mínima reivindicación. El temor de la clase dominante a la revoluciùn, precipitará su entrega a las grandes potencias de turno, las únicas con capacidad real para hacer frente al oleaje revolucionario que se estaba gestando. La experiencia de la guerra civil será el ejemplo más doloroso.

  Por tanto, es durante estos años donde la entrega de los principales resortes económicos y políticos del país a las grandes potencias imperialistas aparece sellado. Cambiarán los nombres, pero las relaciones de dependencia se mantendrán hasta hoy como un rasgo estructural de la formación social española.

Joan Arnau


ARTÍCULOS RELACIONADOS:

(En este De Verdad)

(En otros números)

  Serial España en el Siglo XX:
  I.- La última amputación (De Verdad N¹ 7 - 2.001)
  II.- La irrupción de la República (De Verdad N¹ 8 - 2.001)

  Serial España en el Siglo XIX:
  I.- La grieta carlista (De Verdad N¹ 22 - 2.000)
  II.- La gestación del nuevo orden imperialista (De Verdad N¹ 23 - 2.000)
  III.- El botín de los nuevos emperadores (De Verdad N¹ 1 - 2.001)
  IV.- Convertidos en área de influencia (De Verdad N¹ 2 - 2.001)


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