La voz de la rebelión
Ernesto Ladr&oacute;n de Guevara (secretario del Foro de &Eacute;rmua),               <br>              Esteban Ibarra (Movimiento contra la Intolerancia), <br>              Gotzone Mora (miembro de la Ejecutiva del PSE-EE) Mesa redonda:
Valoración elecciones vascas

EUSKADI

Junio 2001

De Verdad abre sus página a la colaboración sistemática de los que se han convertido en protagonistas de la rebelión democrática en Euskadi. La inauguración le corresponde a este artículo de Ernesto Ladrón de Guevara, secretario de Foro de Ermua.


Y tras las elecciones... ¿qué?

  Han pasado ya las elecciones autonómicas en el País Vasco. Las expectativas de cambio y de libertad, las posibilidades de que la Ertzaina fuera una policía al servicio del pueblo y no  de un partido o de una estrategia, la creencia de que estas elecciones iban a posibilitar erradicar las actitudes de un sector de los vascos que se creen en posesión de la “pata negra” para actuar como señoritos del cortijo y arrinconar nada menos que a la mitad de la sociedad olvidando que la carta de ciudadanía da a todos los miembros de la sociedad igualdad de derechos y de obligaciones, ... han quedado defraudadas.  Sin embargo son muchos los indicadores objetivos que descalifican los cantos de derrota que han expresado muchos de nuestros políticos y medios de comunicación que sólo miden la política desde una visión cortoplacista de los resultados o desde la obtención de estatus de poder inmediato.  La brecha en número de votos entre los ciudadanos que luchan por la libertad, por el respeto a las personas en su valor de ciudadanos, y por la igualdad real –no sólo jurídica– y los que están anclados en una visión feudal de la sociedad vasca cada vez es más estrecha.  Los procesos de cambio nunca se producen en ciclos de menos de diez años y no hay razones para la desesperanza.

Ahora bien..., ¿qué es lo que hay que hacer tras las elecciones?

  Las actitudes de unos invitan al derrotismo y a la fuga ante la realidad, lo cual es lo más inmaduro e infantil que hay en la política.

  Otros aprovechan que no se ha conseguido poder político (a eso llaman ganar o perder –lo cual puede interpretarse en términos de lucro económico–), para sus particulares revanchas internas o para sus operaciones particulares en la recomposición de fuerzas en el seno de algún partido político. También dentro de esta categoría los hay que intentan justificar sus propios errores pasados en la atribución de culpas mediante la atribución de la supuesta derrota a aquellos que han intentado la corrección de dichos errores.

  Los hay que en lugar de persistir en la línea correcta desisten ante la inseguridad generada, en una actitud claramente escapista. Y también hay quienes se afianzan en su mediocridad e intereses personales sobre lo que debiera  ser la defensa del bien general.

  Hay, por otra parte, quienes, desde el ángulo social, ante la evidencia descarnada de tener ante sí otro periodo de lucha con lo que ello conlleva de riesgo personal, inestabilidad e incomodidad prefieren autojustificarse y vestir su dejación de responsabilidad ante sí y ante las cosas como “vamos a dar un margen de confianza” al nacionalismo.

  Sobre todas estas actitudes, y alguna más que no se señala por falta de espacio, hay que poner el dedo recriminador, el dedo acusador, para denunciar la falta de responsabilidad y compromiso cívico y político, pues quien así actúa se convierte por omisión y muchas veces con dolo en cómplice del totalitarismo, de la exclusión y de la vulneración más elemental de los derechos humanos.

  Sin duda no caben ni abandonos de la escena de lucha a favor de las libertades, ni los paños calientes, ni los márgenes de confianza.  El Gobierno nacionalista salido de las urnas tiene alguna legitimidad democrática, pero no toda, habida cuenta de las condiciones de ausencia de garantías y de libertad con las que han transcurrido las elecciones vascas. No hay más que ver en la pantalla televisiva en qué condiciones votaron Iturgaiz, Redondo Terreros o Vidal de Nicolás, por no decir lo que no se vio que es que en las pequeñas poblaciones los comisarios políticos actuaron a sus anchas impidiendo la libertad de voto.  Por si alguien tiene duda no hay más que comprobar que en poblaciones mayores de 20.000 habitantes la relación entre el voto constitucionalista y el nacionalista es de 6 a 4 sobre 10 y en las de menos de 10.000 habitantes de 7 contra 3 a favor de los nacionalistas. Hay que preguntarse, desde un mero análisis de rigor sobre las razones sociológicas o de presión psicosocial que provocan estos fenómenos tan atípicos, muy parecidos a los de la sociedad caciquil de los tiempos de Canovas.

  Por otra parte nadie duda a la luz del análisis de la Historia que legitimidad democrática no es lo mismo que legitimidad moral, de la misma manera que no podemos afirmar, como todo el mundo acepta, que Hitler pudiera hacer lo que le viniera en gana simplemente por haber ganado en las urnas, por cierto con métodos muy similares a los que denunciamos en el País Vasco.

  Además hay que prever que el recorte de libertades va a ser progresivo gracias a la leal contribución de ETA.  En el momento de redactar estas líneas se ha producido un terrible atentado en Logroño que podía haber provocado muchas víctimas a la luz de los efectos sobre bienes inmuebles y vehículos.

  Pero, sin embargo, me interrumpe una llamada telefónica. Se trata de una persona que con la natural indignación me solicita militar en las organizaciones encuadradas en la Plataforma Libertad, lo que, también han hecho otras  personas después de las elecciones.

Y yo me pregunto: ¿cómo vamos a defraudar a tantos y tantos ciudadanos que acuden a nuestras manifestaciones y concentraciones?  ¿cómo vamos a defraudar a tantísimas personas que confían en el poder movilizador de las organizaciones cívicas para hacer frente al terror y al poder oligárquico nacionalista, cómplice?

  No cabe ni el escapismo ni el abandonismo aunque sólo sea por responsabilidad ante los valores que han hecho progresar la humanidad. Pero tampoco cabe la supuesta ingenuidad de pensar que el nacionalismo étnico va a cambiar y de repente se va a convertir en bueno y democrático.  El nacionalismo de Arzallus y los suyos por sus propias esencias y por la inspiración ideológica que contiene no es democrático. Por tanto, con este nacionalismo no caben contemplaciones. Hay que combatirlo con las armas democráticas y con la movilización de masas.

  No cabe dar márgenes de confianza a los nacionalistas que firman Lizarra. Hay que articular la movilización popular desde el día siguiente a las elecciones para desarmar una estrategia de construcción nacional sobre la base de la exclusión, de la coacción y del miedo, y para frenar la limpieza política que pretenden  mediante una constante diáspora que va allanando el camino a una futura autodeterminación con efectos de independencia, sin oposición, al estilo de los plebiscitos franquistas.

  La imagen de Vergara (el pueblo guipuzcoano) asaltado por los nuevos carlistas de EH y arrasado con toda impunidad sin que aparecieran más de seis ertzainas lo dice todo.

  Quien no quiera verlo o es ciego o mentiroso o tonto.

  Por ello no cabe otra alternativa que la movilización desde ya. No cabe otro mecanismo de cambio que el que se adopta desde el primer momento y el que se soporta sobre la constancia y el empecinamiento. El que más resiste es siempre el que vence, además de el que tiene más razón y mejores argumentos.

Ernesto Ladrón de Guevara.
Secretario del Foro Ermua.

 


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  Análisis / opinión: La batalla de Euskadi

  Mesa redonda de valoración de la elecciones vascas:
  
“Necesitamos una rebelión democrática que sea capaz de organizarse y extenderse hasta el último rincón”
   –Ernesto Ladrón de Guevara (secretario del Foro de Érmua),
   –Esteban Ibarra (Movimiento contra la Intolerancia),
   –Gotzone Mora (miembro de la Ejecutiva del PSE-EE)

(En otros números)


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