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EUSKADI
Junio 2001
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De
Verdad abre sus página a la colaboración sistemática
de los que se han convertido en protagonistas de la rebelión
democrática en Euskadi. La inauguración
le corresponde a este artículo de Ernesto
Ladrón de Guevara, secretario de Foro
de Ermua.
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Y tras las elecciones... ¿qué?
Han pasado ya las elecciones autonómicas
en el País Vasco. Las expectativas de cambio y de libertad,
las posibilidades de que la Ertzaina fuera una policía
al servicio del pueblo y no de un partido o de una estrategia,
la creencia de que estas elecciones iban a posibilitar erradicar
las actitudes de un sector de los vascos que se creen en posesión
de la pata negra para actuar como señoritos
del cortijo y arrinconar nada menos que a la mitad de la sociedad
olvidando que la carta de ciudadanía da a todos los miembros
de la sociedad igualdad de derechos y de obligaciones, ... han
quedado defraudadas. Sin embargo son muchos los indicadores
objetivos que descalifican los cantos de derrota que han expresado
muchos de nuestros políticos y medios de comunicación
que sólo miden la política desde una visión
cortoplacista de los resultados o desde la obtención de
estatus de poder inmediato. La brecha en número de
votos entre los ciudadanos que luchan por la libertad, por el
respeto a las personas en su valor de ciudadanos, y por la igualdad
real no sólo jurídica y los que están
anclados en una visión feudal de la sociedad vasca cada
vez es más estrecha. Los procesos de cambio nunca
se producen en ciclos de menos de diez años y no hay razones
para la desesperanza.
Ahora bien..., ¿qué
es lo que hay que hacer tras las elecciones?
Las actitudes de unos invitan al derrotismo y a la
fuga ante la realidad, lo cual es lo más inmaduro e infantil
que hay en la política.
Otros aprovechan que no se ha conseguido poder político
(a eso llaman ganar o perder lo cual puede interpretarse
en términos de lucro económico), para sus
particulares revanchas internas o para sus operaciones particulares
en la recomposición de fuerzas en el seno de algún
partido político. También dentro de esta categoría
los hay que intentan justificar sus propios errores pasados en
la atribución de culpas mediante la atribución de
la supuesta derrota a aquellos que han intentado la corrección
de dichos errores.
Los hay que en lugar de persistir en la línea
correcta desisten ante la inseguridad generada, en una actitud
claramente escapista. Y también hay quienes se afianzan
en su mediocridad e intereses personales sobre lo que debiera
ser la defensa del bien general.
Hay, por otra parte, quienes, desde el ángulo
social, ante la evidencia descarnada de tener ante sí otro
periodo de lucha con lo que ello conlleva de riesgo personal,
inestabilidad e incomodidad prefieren autojustificarse y vestir
su dejación de responsabilidad ante sí y ante las
cosas como vamos a dar un margen de confianza
al nacionalismo.
Sobre todas estas actitudes, y alguna más
que no se señala por falta de espacio, hay que poner el
dedo recriminador, el dedo acusador, para denunciar la falta de
responsabilidad y compromiso cívico y político,
pues quien así actúa se convierte por omisión
y muchas veces con dolo en cómplice del totalitarismo,
de la exclusión y de la vulneración más elemental
de los derechos humanos.
Sin duda no caben ni abandonos de la escena de lucha
a favor de las libertades, ni los paños calientes, ni los
márgenes de confianza. El Gobierno nacionalista salido
de las urnas tiene alguna legitimidad democrática, pero
no toda, habida cuenta de las condiciones de ausencia de garantías
y de libertad con las que han transcurrido las elecciones vascas.
No hay más que ver en la pantalla televisiva en qué
condiciones votaron Iturgaiz, Redondo Terreros
o Vidal de Nicolás, por no decir lo que no
se vio que es que en las pequeñas poblaciones los comisarios
políticos actuaron a sus anchas impidiendo la libertad
de voto. Por si alguien tiene duda no hay más que
comprobar que en poblaciones mayores de 20.000 habitantes la relación
entre el voto constitucionalista y el nacionalista es de 6 a 4
sobre 10 y en las de menos de 10.000 habitantes de 7 contra 3
a favor de los nacionalistas. Hay que preguntarse, desde un mero
análisis de rigor sobre las razones sociológicas
o de presión psicosocial que provocan estos fenómenos
tan atípicos, muy parecidos a los de la sociedad caciquil
de los tiempos de Canovas.
Por otra parte nadie duda a la luz del análisis
de la Historia que legitimidad democrática no es lo mismo
que legitimidad moral, de la misma manera que no podemos afirmar,
como todo el mundo acepta, que Hitler pudiera hacer lo que le
viniera en gana simplemente por haber ganado en las urnas, por
cierto con métodos muy similares a los que denunciamos
en el País Vasco.
Además hay que prever que el recorte de libertades
va a ser progresivo gracias a la leal contribución de ETA.
En el momento de redactar estas líneas se ha producido
un terrible atentado en Logroño que podía haber
provocado muchas víctimas a la luz de los efectos sobre
bienes inmuebles y vehículos.
Pero, sin embargo, me interrumpe una llamada telefónica.
Se trata de una persona que con la natural indignación
me solicita militar en las organizaciones encuadradas en la Plataforma
Libertad, lo que, también han hecho otras personas
después de las elecciones.
Y yo me pregunto: ¿cómo vamos a defraudar
a tantos y tantos ciudadanos que acuden a nuestras manifestaciones
y concentraciones? ¿cómo vamos a defraudar
a tantísimas personas que confían en el poder movilizador
de las organizaciones cívicas para hacer frente al terror
y al poder oligárquico nacionalista, cómplice?
No cabe ni el escapismo ni el abandonismo
aunque sólo sea por responsabilidad ante los valores que
han hecho progresar la humanidad. Pero tampoco cabe la supuesta
ingenuidad de pensar que el nacionalismo étnico va a cambiar
y de repente se va a convertir en bueno y democrático.
El nacionalismo de Arzallus y los suyos por sus
propias esencias y por la inspiración ideológica
que contiene no es democrático. Por tanto, con este nacionalismo
no caben contemplaciones. Hay que combatirlo con las armas democráticas
y con la movilización de masas.
No cabe dar márgenes de confianza
a los nacionalistas que firman Lizarra. Hay que articular la movilización
popular desde el día siguiente a las elecciones para desarmar
una estrategia de construcción nacional sobre la base de
la exclusión, de la coacción y del miedo, y para
frenar la limpieza política que pretenden mediante
una constante diáspora que va allanando el camino a una
futura autodeterminación con efectos de independencia,
sin oposición, al estilo de los plebiscitos franquistas.
La imagen de Vergara (el pueblo guipuzcoano)
asaltado por los nuevos carlistas de EH y arrasado con toda impunidad
sin que aparecieran más de seis ertzainas lo dice todo.
Quien no quiera verlo o es ciego o mentiroso
o tonto.
Por ello no cabe otra alternativa que
la movilización desde ya. No cabe otro mecanismo de cambio
que el que se adopta desde el primer momento y el que se soporta
sobre la constancia y el empecinamiento. El que más resiste
es siempre el que vence, además de el que tiene más
razón y mejores argumentos.
Ernesto Ladrón de Guevara.
Secretario del Foro Ermua.
ARTÍCULOS RELACIONADOS:
(En este De Verdad)
Ofensiva ciudadana,
retroceso nazifascista
Los orígenes del nacionalismo étnico
en Euskadi (II):
Tradicionalismo y democracia
orgánica en el nacionalismo vasco
Análisis / opinión: La
batalla de Euskadi
Mesa redonda de valoración de la elecciones
vascas:
Necesitamos una
rebelión democrática que sea capaz de organizarse
y extenderse hasta el último rincón
Ernesto Ladrón
de Guevara (secretario del Foro de Érmua),
Esteban Ibarra
(Movimiento contra la Intolerancia),
Gotzone Mora
(miembro de la Ejecutiva del PSE-EE)
(En otros números)
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