Serial
Ernesto Ladr&oacute;n de Guevara (secretario del Foro de &Eacute;rmua),               <br>              Esteban Ibarra (Movimiento contra la Intolerancia), <br>              Gotzone Mora (miembro de la Ejecutiva del PSE-EE) Mesa redonda:
Valoración elecciones vascas

EUSKADI

Junio 2001

Los orígenes del nacionalismo étnico en Euskadi (II)
Tradicionalismo y democracia orgánica
en el nacionalismo vasco

  Dijimos en la presentación del serial que el PNV surje como respuesta ideológica, política y organizativa de un sector tardío de la burguesía vasca frente al poder de la oligarquía financiera de Neguri y frente a la creciente amenaza de un proletariado cada vez más numeroso, consciente y organizado. Vimos también cómo desde el principio  esta burguesía aparece fragmentada en dos sectores claramente diferenciados: por un lado los jauntxos que han invertido en el desarrollo industrial, convirtiéndose en una burguesía con intereses urbanos;  del otro, los jauntxos que se mantienen como propietarios rurales, pequeña nobleza y rentistas. Cómo cada uno de estos dos sectores se expresa en una línea y un pensamiento distintos para organizar el nacionalismo vasco. Y cómo en esa batalla, Sabino Arana, máximo representante de los segundos se impone sobre los primeros. En este segundo capítulo abordaremos uno de los componentes que Sabino Arana introduce en el nacionalismo vasco: un pensamiento tradicionalista, ultraconservador, retrógado, reaccionario y esencialmente antidemocrático.

  A finales del siglo XIX, el nacionalismo de Arana debe abrirse paso entre los dos grandes bloques que dominan la vida política de Euskadi. Por una parte el bloque caciquil-liberal dominado por la alta burguesía vizcaína. Dentro del sistema oligárquico de la Restauración (sucesión de gobiernos conservadores y liberales), la oligarquía vizcaína, que necesita la libertad de importación y exportación con Inglaterra, se alinea con los liberales en tanto que defensores del librecambismo frente al proteccionismo económico de los conservadores.

En pueblos tan degenerados como el maketo y maketizados, resulta el universal sufragio un verdadero crimen.

Sabino Arana. Bizkaitarra. 1897

  Por el otro, el bloque de carlistas e integristas, sobre todo los primeros, que dominan el interior de Vizcaya. A arrebatarles esa hegemonía en el mundo rural, apropiándose de su base de masas, se dirige desde el primer momento el nacionalismo de Arana. Así lo confirma, entre 1895 y 1897, el propio Arana en sendos artículos:  “(...) del carlismo van desertando sujetos de gran valor para pasarse a nuestro campo, y muchos hay (...) en su seno que van insensiblemente adhiriéndose a nuestras doctrinas, y a medida de esto enfriándose en carlismo (...) esto se va, me refiero al carlismo en Bizcaya (...) El carlismo muere aquí”.  Y los hechos, más de 100 años después, lo corroboran. Basta observar los resultados de las últimas elecciones para comprobar cómo las mayorías nacionalistas coinciden casi miméticamente con las tradicionales zonas de influencia del carlismo.

  Pero, ¿cómo se explica la aparente paradoja de que un movimiento eminentemente urbano, surgido de clases urbanas y dirigido por personas criadas en un ambiente urbano se oriente de esa manera  hacia el mundo rural?

La inmunda villa

  “Bilbao, la inmunda villa de Bizcaya (...) Aquí (...) está el foco de donde irradian todas las pestes que matan a Bizcaya”. (Sabino Arana. Baserritarra, 1897).

  Las continuas manifestaciones de desprecio de Arana hacia Bilbao  son expresión de la impotencia de la burguesía que representa por hacerse con el control de los núcleos urbanos. La rápida industrialización de Vizcaya trae aparejado un notable cambio demográfico. Las concentraciones urbanas vizcaínas crecen al mismo ritmo frenético que la concentración de capital en manos de la alta burguesía minera y siderúrgica. Tan detestable será para Arana ésta como aquéllas. Si frente a la oligarquía financiera vizcaína la burguesía nacionalista se revela como una clase decadente, sin posibilidad de competir económicamente con ella; frente a las ciudades, el nacionalismo, impotente ante la rápida difusión de las ideas liberales, republicanas y socialistas, es incapaz de aspirar a ningún tipo de hegemonía política.

  En el gráfico 2, donde se recogen los resultados de las elecciones municipales en Bilbao de 1901 y 1903, se puede observar esto claramente. El hundimiento político del caciquismo oligárquico liberal tras el fallecimiento del gran industrial Chávarri y la disolución del grupo de presión La Piña , no significa ningún avance para el nacionalismo. Ese voto urbano aprisionado hasta entonces por los métodos corruptos y caciquiles de los liberales se desplaza en masa hacia los republicanos, que representan, frente al sistema de la Restauración, la alternativa de un nuevo régimen de marcado carácter progresista.

  Esta imposibilidad de control del mundo urbano es la base material que empuja al discurso nacionalista hacia el ruralismo. Y lo que  permite que el pensamiento de Sabino Arana, impregnado de un fuerte contenido tradicionalista, antiurbano y de exaltación del mundo baserritarra, aldeano, se haga hegemónico dentro del nacionalismo. Condición necesaria para que éste, a su vez, pueda hacerse hegemónico en un mundo rural donde los efectos del desarrollo capitalista han hecho entrar en crisis a las fuerzas políticas del Viejo Régimen.

  “El carlismo se muere aquí”.  La apreciación de Sabino Arana es tan exacta como eficaz es su rancio y retrógrado discurso para atraerse a las fuerzas vivas del tradicionalismo y el carlismo. “Del carlismo van desertando sujetos de gran valor”, es decir, no hay un desplazamiento en masa, sino, en primer lugar, la atracción y captación de los notables y caciques del carlismo hacia las filas del nacionalismo. Y esto ocurre, según Sabino Arana, porque muchos de ellos “van insensiblemente adhiriéndose a nuestras doctrinas”, esto es, no es necesaria una ruptura ideológica ni política para dar el paso del carlismo al nacionalismo sabiniano, pues éste recoge en su doctrina los valores ultrareaccionarios de aquél.

La funesta manía de pensar

  “En pueblos tan degenerados como el maketo y maketizados, resulta el universal sufragio un verdadero crimen”. (Sabino Arana. Bizkaitarra. 1897)

  Para Sabino Arana, el modelo surgido de la revolución francesa, el régimen de libertades políticas de reunión, de expresión, de asociación, sufragio universal, división de poderes, etc, es “esencialmente antibizcaíno”  pues, según él, “los principios de nuestro Fuero y los del liberalismo son diametralmente antitéticos, absolutamente incompatibles” . Querer aplicar “a nuestra patria la Constitución española de Cádiz”  sólo puede ser obra de “algunos malos bizcaínos”. En consecuencia con ello afirma que “los españoles, y los bizcaínos españoles y liberales: tales son los enemigos de mi Patria”.  La aversión de Sabino Arana al sistema liberal de libertades políticas es extremo: “¿Queréis conocer la moral del liberalismo? Revisad las cárceles, los garitos y los lupanares: siempre los encontraréis concurridos de liberales”.  La crítica desaforada del nacionalismo sabiniano a la democracia moderna descansa en una pretendida superioridad de la democracia tradicional y orgánica. Para ello se hace necesario tanto una lectura idealizada y falsa de la tradición histórica de Euskadi como la apelación a los valores eternos y superiores de una inexistente raza de hombres: los euzkos.

  Para Arana y los posteriores historiadores del nacionalismo, en Euskadi nunca hubo feudalismo, todos los vascos fueron originariamente nobles y “en Bizkaya, aún menos que en los otros Estados vascos, no hubo distinción de clases”. Por ello, en la Constitución y organización del Estado bizkayno bajo el lema Jaungoikoa eta Legi Zarra, primer diseño  del modelo de organización política y social hecho por el Bizcaya Buru Batzar entre 1895 y 1896 se sostiene que el poder del nuevo Estado independiente al que aspiran los nacionalistas descansa en las “Juntas Generales compuestas por los representantes de las anteiglesias, valles, consejos, villas y ciudad de Vizcaya, atribuyéndose un voto a cada uno de ellos”. Es decir, idéntico diseño a la Udalbitza que propone hoy Arzallus y compañía, y gracias a la cual, de consumarse alguna vez, 4.400 votantes de 38 aldeas de Euskadi tendrían más poder que los 850.000 votantes de los 37 principales núcleos de población. En Arana y sus seguidores, reconstruir  instituciones y sistemas de representación antidemocráticos propios del Antiguo Régimen aparece como la alternativa para conservar las heredades de los “propietarios del caserío”, amenazadas por la “invasión de los maketos”. La fórmula de los sabinianos para detener esta invasión se explica con absoluta claridad en el siguiente párrafo de El Correo Vasco de 1899: “Procúrese dar a los obreros vaskos los empleos en las fábricas, suprimiendo a esa gente extraña que trae las malas ideas y corrompe a la gente del país. Suprímanse los periódicos impíos y liberales, desde la empecatada Lucha de Clases hasta el frívolo Noticiero Bilbaíno; constrúyanse capillas en las fábricas, ejercítense en ellas en la santificación de las fiestas, impóngase el silencio a esos cuatro improvisados oradores de caras patibularias que arengan en medio de las turbas, y los talleres se convertirán en una colonia de honrados y pacíficos obreros”.  Eliminar a los que “no son de aquí” que además traen las malas ideas, suprimir “la prensa tendenciosa”, “desarmar verbalmente” a quienes arengan a las turbas,... Y todo ello con la bendición eclesiástica. ¿Les suena este programa?

A. Beloki

 


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“Necesitamos una rebelión democrática que sea capaz de organizarse y extenderse hasta el último rincón”
   –Ernesto Ladrón de Guevara (secretario del Foro de Érmua),
   –Esteban Ibarra (Movimiento contra la Intolerancia),
   –Gotzone Mora (miembro de la Ejecutiva del PSE-EE)

(En otros números)

  Serial: Los orígenes del nacionalismo étnico en Euskadi


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