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EUSKADI
Junio 2001
Los orígenes del nacionalismo
étnico en Euskadi (II)
Tradicionalismo y democracia
orgánica
en el nacionalismo vasco
Dijimos en la presentación del serial que
el PNV surje como respuesta ideológica,
política y organizativa de un sector tardío de la
burguesía vasca frente al poder de la oligarquía
financiera de Neguri y frente a la creciente amenaza de
un proletariado cada vez más numeroso, consciente y organizado.
Vimos también cómo desde el principio esta
burguesía aparece fragmentada en dos sectores claramente
diferenciados: por un lado los jauntxos
que han invertido en el desarrollo industrial, convirtiéndose
en una burguesía con intereses urbanos; del otro,
los jauntxos que se mantienen
como propietarios rurales, pequeña nobleza y rentistas.
Cómo cada uno de estos dos sectores se expresa en una línea
y un pensamiento distintos para organizar el nacionalismo vasco.
Y cómo en esa batalla, Sabino
Arana, máximo representante de los segundos
se impone sobre los primeros. En este segundo capítulo
abordaremos uno de los componentes que Sabino
Arana introduce en el nacionalismo vasco: un
pensamiento tradicionalista, ultraconservador, retrógado,
reaccionario y esencialmente antidemocrático.
A finales del siglo XIX, el nacionalismo de Arana
debe abrirse paso entre los dos grandes bloques que dominan la
vida política de Euskadi. Por una parte el bloque caciquil-liberal
dominado por la alta burguesía vizcaína. Dentro
del sistema oligárquico de la Restauración (sucesión
de gobiernos conservadores y liberales), la oligarquía
vizcaína, que necesita la libertad de importación
y exportación con Inglaterra, se alinea con los liberales
en tanto que defensores del librecambismo frente al proteccionismo
económico de los conservadores.
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En
pueblos tan degenerados como el maketo y maketizados, resulta
el universal sufragio un verdadero crimen.
Sabino Arana. Bizkaitarra. 1897
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Por el otro, el bloque de carlistas e integristas,
sobre todo los primeros, que dominan el interior de Vizcaya. A
arrebatarles esa hegemonía en el mundo rural, apropiándose
de su base de masas, se dirige desde el primer momento el nacionalismo
de Arana. Así lo confirma, entre 1895 y 1897, el propio
Arana en sendos artículos: (...)
del carlismo van desertando sujetos de gran valor para pasarse
a nuestro campo, y muchos hay (...) en su seno que van insensiblemente
adhiriéndose a nuestras doctrinas, y a medida de esto enfriándose
en carlismo (...) esto se va, me refiero al carlismo en Bizcaya
(...) El carlismo muere aquí.
Y los hechos, más de 100 años después, lo
corroboran. Basta observar los resultados de las últimas
elecciones para comprobar cómo las mayorías nacionalistas
coinciden casi miméticamente con las tradicionales zonas
de influencia del carlismo.
Pero, ¿cómo se explica la aparente
paradoja de que un movimiento eminentemente urbano, surgido de
clases urbanas y dirigido por personas criadas en un ambiente
urbano se oriente de esa manera hacia el mundo rural?
La inmunda
villa
Bilbao, la inmunda
villa de Bizcaya (...) Aquí (...) está el foco de
donde irradian todas las pestes que matan a Bizcaya.
(Sabino Arana. Baserritarra, 1897).
Las continuas manifestaciones de desprecio de Arana
hacia Bilbao son expresión de la impotencia de la
burguesía que representa por hacerse con el control de
los núcleos urbanos. La rápida industrialización
de Vizcaya trae aparejado un notable cambio demográfico.
Las concentraciones urbanas vizcaínas crecen al mismo ritmo
frenético que la concentración de capital en manos
de la alta burguesía minera y siderúrgica. Tan detestable
será para Arana ésta como aquéllas.
Si frente a la oligarquía financiera vizcaína la
burguesía nacionalista se revela como una clase decadente,
sin posibilidad de competir económicamente con ella; frente
a las ciudades, el nacionalismo, impotente ante la rápida
difusión de las ideas liberales, republicanas y socialistas,
es incapaz de aspirar a ningún tipo de hegemonía
política.
En el gráfico 2, donde se recogen los resultados
de las elecciones municipales en Bilbao de 1901 y 1903, se puede
observar esto claramente. El hundimiento político del caciquismo
oligárquico liberal tras el fallecimiento del gran industrial
Chávarri y la disolución del grupo
de presión La Piña , no significa ningún
avance para el nacionalismo. Ese voto urbano aprisionado hasta
entonces por los métodos corruptos y caciquiles de los
liberales se desplaza en masa hacia los republicanos, que representan,
frente al sistema de la Restauración, la alternativa de
un nuevo régimen de marcado carácter progresista.
Esta imposibilidad de control del mundo urbano es
la base material que empuja al discurso nacionalista hacia el
ruralismo. Y lo que permite que el pensamiento de Sabino
Arana, impregnado de un fuerte contenido tradicionalista,
antiurbano y de exaltación del mundo baserritarra,
aldeano, se haga hegemónico dentro del nacionalismo. Condición
necesaria para que éste, a su vez, pueda hacerse hegemónico
en un mundo rural donde los efectos del desarrollo capitalista
han hecho entrar en crisis a las fuerzas políticas del
Viejo Régimen.
El carlismo se muere
aquí. La apreciación de Sabino
Arana es tan exacta como eficaz es su rancio y retrógrado
discurso para atraerse a las fuerzas vivas del tradicionalismo
y el carlismo. Del carlismo van
desertando sujetos de gran valor, es decir, no
hay un desplazamiento en masa, sino, en primer lugar, la atracción
y captación de los notables y caciques del carlismo hacia
las filas del nacionalismo. Y esto ocurre, según Sabino
Arana, porque muchos de ellos van
insensiblemente adhiriéndose a nuestras doctrinas,
esto es, no es necesaria una ruptura ideológica ni política
para dar el paso del carlismo al nacionalismo sabiniano, pues
éste recoge en su doctrina los valores ultrareaccionarios
de aquél.
La funesta manía de
pensar
En pueblos tan
degenerados como el maketo y maketizados, resulta el universal
sufragio un verdadero crimen. (Sabino Arana. Bizkaitarra.
1897)
Para Sabino Arana, el modelo surgido
de la revolución francesa, el régimen de libertades
políticas de reunión, de expresión, de asociación,
sufragio universal, división de poderes, etc, es esencialmente
antibizcaíno pues, según
él, los principios de nuestro
Fuero y los del liberalismo son diametralmente antitéticos,
absolutamente incompatibles . Querer aplicar
a nuestra patria la Constitución
española de Cádiz sólo
puede ser obra de algunos malos
bizcaínos. En consecuencia con ello afirma
que los españoles, y los
bizcaínos españoles y liberales: tales son los enemigos
de mi Patria. La aversión de Sabino
Arana al sistema liberal de libertades políticas
es extremo: ¿Queréis
conocer la moral del liberalismo? Revisad las cárceles,
los garitos y los lupanares: siempre los encontraréis concurridos
de liberales. La crítica desaforada
del nacionalismo sabiniano a la democracia moderna descansa en
una pretendida superioridad de la democracia tradicional y orgánica.
Para ello se hace necesario tanto una lectura idealizada y falsa
de la tradición histórica de Euskadi como la apelación
a los valores eternos y superiores de una inexistente raza de
hombres: los euzkos.
Para Arana y los posteriores historiadores
del nacionalismo, en Euskadi nunca hubo feudalismo, todos
los vascos fueron originariamente nobles y en
Bizkaya, aún menos que en los otros Estados vascos, no
hubo distinción de clases. Por ello, en
la Constitución y organización del Estado bizkayno
bajo el lema Jaungoikoa eta Legi Zarra,
primer diseño del modelo de organización política
y social hecho por el Bizcaya Buru Batzar entre
1895 y 1896 se sostiene que el poder del nuevo Estado independiente
al que aspiran los nacionalistas descansa en las Juntas
Generales compuestas por los representantes de las anteiglesias,
valles, consejos, villas y ciudad de Vizcaya, atribuyéndose
un voto a cada uno de ellos. Es decir, idéntico
diseño a la Udalbitza que propone hoy Arzallus
y compañía, y gracias a la cual, de consumarse alguna
vez, 4.400 votantes de 38 aldeas de Euskadi tendrían más
poder que los 850.000 votantes de los 37 principales núcleos
de población. En Arana y sus seguidores,
reconstruir instituciones y sistemas de representación
antidemocráticos propios del Antiguo Régimen
aparece como la alternativa para conservar las heredades de los
propietarios del caserío, amenazadas
por la invasión de los maketos.
La fórmula de los sabinianos para detener esta invasión
se explica con absoluta claridad en el siguiente párrafo
de El Correo Vasco de 1899: Procúrese
dar a los obreros vaskos los empleos en las fábricas, suprimiendo
a esa gente extraña que trae las malas ideas y corrompe
a la gente del país. Suprímanse los periódicos
impíos y liberales, desde la empecatada Lucha de Clases
hasta el frívolo Noticiero Bilbaíno; constrúyanse
capillas en las fábricas, ejercítense en ellas en
la santificación de las fiestas, impóngase el silencio
a esos cuatro improvisados oradores de caras patibularias que
arengan en medio de las turbas, y los talleres se convertirán
en una colonia de honrados y pacíficos obreros.
Eliminar a los que no son de aquí
que además traen las malas ideas, suprimir la
prensa tendenciosa, desarmar verbalmente
a quienes arengan a las turbas,... Y todo ello con la bendición
eclesiástica. ¿Les suena este programa?
A. Beloki
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vascas:
Necesitamos una
rebelión democrática que sea capaz de organizarse
y extenderse hasta el último rincón
Ernesto Ladrón
de Guevara (secretario del Foro de Érmua),
Esteban Ibarra
(Movimiento contra la Intolerancia),
Gotzone Mora
(miembro de la Ejecutiva del PSE-EE)
(En otros números)
Serial: Los
orígenes del nacionalismo étnico en Euskadi
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