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EUSKADI
Junio 2001
La batalla de Euskadi
Hay situaciones en la historia en que las circunstancias
se articulan de tal forma que convierten una batalla política
en decisiva, en tanto que de su resultado depende el futuro inmediato
y venidero de un país. La batalla entre el nazifascismo
y la democracia que hoy se libra en Euskadi es una de esas batallas;
de su resultado va a depender el destino, no sólo de Euskadi
sino de toda España por décadas. Comprender el carácter
y las condiciones de esta batalla es de vital importancia para
darla.
España se ha convertido en uno de los centros
donde se dirime el control de los hegemonismos sobre Europa. Y
Euskadi es uno de los puntos sensibles de esa disputa. Mientras,
como desde hace al menos 30 años, los EEUU siguen
interesados en que la herida vasca continue abierta como vía
de debilitamiento de nuestro país y de intervención
suya; la línea más dura y agresiva del hegemonismo
emergente alemán, el sector bávaro de
la burguesía monopolista alemana, a través del proyecto
de la Europa de los pueblos alienta y sirve de sostén a
la línea nazifascista impuesta por Arzallus para fragmentar
España. La batalla de contra el nazifascismo en
Euskadi ha pasado a ser la batalla de toda España contra
el hegemonismo por la libertad y la paz. Pero no sólo eso,
por primera vez desde la Transición estamos ante una batalla
que el pueblo y las fuerzas democráticas antihegemonistas
podemos ganar. ¿Por qué y cómo?
La rebelión democrática
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En
la lucha por la libertad en Euskadi ha estallado una auténtica
rebelión democrática en cuyo seno se está
gestando un movimiento social doblemente valioso. |
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Como diría Marx al establecer
la primera lectura de las elecciones la
sociedad (vasca) parece haber retrocedido más allá
de su punto de partida; cuando en realidad lo
que ocurre es que tienen que empezar por crearse la situación,
las relaciones y las condiciones sin las cuales no puede adquirir
un carácter serio la lucha. Hay una lectura fundamental
de las elecciones del pasado 13-M: en la lucha por la libertad
en Euskadi ha estallado una auténtica rebelión democrática
en cuyo seno se está gestando un movimiento social doblemente
valioso. Por un lado los 600.000 antifascistas son votos consecuentes,
políticamente radicalizados contra el terror nazi y democráticamente
militantes. Por otro, amplios sectores del movimiento están
reclamando dirección y organización para llevar
adelante la lucha. Lo que hoy son pequeños núcleos
activos y en unos pocos sitios puede pasar a convertirse en un
movimiento organizado en cada barrio, pueblo, centro de trabajo
o estudio.
Pero no sólo hay una rebelión popular
democrática. A diferencia de otras batallas de la transición,
el avance en la fascistización de una parte de la sociedad
vasca afecta directamente no ya a la conciencia, sino a la vida,
los intereses cotidianos y los sentimientos de la gente. Los coches
bomba, el tiro en la nuca, la diana sobre quienes no se declaran
abiertamente afectos al régimen abertzale, las amenazas
a familiares y amigos, la dictadura del terror sobre la libertad
de expresión, la implacable actividad de los delatores
de ETA y sus escuadrones nazis de la kale borroka... han sembrado
el terror pero también la rebelión contra los asesinos
y sus dirigentes. La vida y la libertad aparecen en Euskadi de
nuevo indisolublemente unidas, lo que le da al movimiento democrático
una fuerza como hace 25 años no tenía ninguna lucha
en España. Sin libertad no se puede vivir y sin acabar
con el nazifascismo es imposible la libertad, he aquí uno
de los pilares de la lucha.
El frente amplio antifascista
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No
sólo se enfrentan amplios sectores prooligárquicos
sino que se refuerzan los rasgos nacionales, antihegemonistas
y democráticos de las fuerzas derechistas |
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Como hemos señalado al comienzo, sobre España
hay dos proyectos hegemonistas enfrentados: el norteamericano
y el emergente de la burguesía monopolista alemana.
Este un rasgo que diferencia la situación de la vivida
en la transición, cuando sobre nuestro país no existía
un proyecto agresivo diferente y enfrentado al del hegemonismo
norteamericano. Esta contradicción, a su vez, conlleva
un elemento fundamental de la situación actual: el fraccionamiento
de la oligarquía española y de las fuerzas que la
representan. Ante la virulencia del proyecto hegemonista bávaro
que ampara la división de una parte de España, mientras
alienta la emergencia de las tendencias secesionistas en fuerzas
políticas de las otras nacionalidades, no sólo se
enfrentan amplios sectores prooligárquicos sino que se
refuerzan los rasgos nacionales, antihegemonistas y democráticos
de las fuerzas derechistas, empujados por la fuerza de los acontecimientos
a oponerse al proyecto hegemonista más agresivo y colocarse,
en esta batalla, al lado del pueblo. Este movimiento no sólo
se circunscribe al PP del País Vasco, sino al conjunto
de España.
Al mismo tiempo que se amplian las fuerzas antifascistas,
se reducen y aislan los aparatos y fuerzas que de una u otra forma
se alinean junto a los representantes de la línea nazifascista.
Así los González del amigo
Arzallus, los grupos mediáticos como Polanco
y ciertos sectores del clero aparecen cada vez más aislados
en sus propios medios y fuerzas políticas.
Son estas condiciones extremadamente favorables
las que permiten llevar adelante la formación de un fente
amplio antigemonista democrático en el que converjan desde
todos los sectores y clases sociales hasta todos los demócratas
y antifascistas. La implacable actuación del nacionalismo
étnico y el terror etarra empuja a que todas las vacilaciones,
tanto a derecha como a izquierda, sean vencidas.
El papel de la izquierda
Uno de los factores determinantes de cualquier batalla
viene dado por las fuerzas en presencia; y dentro
de ellas por la situación y la dirección de una
izquierda consecuentemente antihegemonista. Tanto en la articulación
del frente amplio como en la organización y movilización
de las masas populares, la izquierda, y especialmente los comunistas,
ha jugado siempre un papel fundamental, actuando como catalizadores
del movimiento popular.
Volviendo de nuevo a la comparación con la
Transición y la batalla de la OTAN, en la batalla de Euskadi
los que actuaron de catalizadores entonces ahora no están
presentes. Ni el PCE de entonces, ni la Izquierda Unida de ahora,
ni el viejo aparato del PSOE, ni los dirigentes sindicales de
CCOO y UGT están en la dirección del movimiento
de rebelión democrática. La dirección impuesta
en las batallas de la transición por los dirigentes de
una izquierda prohegemonista fue la clave de cómo se resolvieron:
primero hacia el desencanto de los sectores más combativos
de las masas a consecuencia de sus traiciones y claudicaciones,
y luego hacia la derrota (referéndum OTAN, reconversión
industrial, reforma laboral,...) La profundización de sus
posiciones prohegemonistas, el aislamiento de las masas, unidos
a su debilidad organizativa y la falta de una línea capaz
de dar respuestas a la situación las hace incapaces de
dirigir esta batalla.
Para la izquierda antihegemonista, y especialmente
para los comunistas, es todo un reto el que esta situación
nos plantea. Es la oportunidad histórica para, retomando
las mejores tradiciones del movimiento socialista y comunista
en la lucha antifascista de nuestro país, convertirnos
en el catalizador de este movimiento social en Euskadi y en toda
España. Catalizador que transforme la rebelión en
organización de masas y haga cristalizar en un frente amplio
antifascista la unidad de todas las fuerzas y sectores antihegemonistas.
En las trágicas circunstancias que vive el
pueblo de Euskadi, no sólo es un reto, sino un deber moral.
Y tenemos en los sectores adelantados de la rebelión democrática
nuestros principales aliados. La mutua corriente de reconocimiento
y simpatía establecida, desde la más completa independencia,
en los últimos meses entre buena parte de los dirigentes
del movimiento de rebelión social democrática y
las posiciones defendidas por nuestro periódico y nuestro
partido, son el primer ejemplo esperanzador de que la integración
de la izquierda consecuentemente antihegemonista con el movimiento
de masas puede ser la clave para la victoria sobre el nazifascismo.
Volviendo a Marx, el análisis
de los rasgos en que se da la batalla de Euskadi -confrontación
de los hegemonismos en España y enfrentamiento de un sector
de la oligarquía con el proyecto más agresivo; rebelión
democrática, incapacidad de los aparatos de la izquierda
prohegemonista para dirigir y situación favorable para
la dirección de la izquierda antihegemonista- nos confirma
que estamos en condiciones de crear ese punto de partida. Punto
de partida no sólo para derrotar al nazifascismo en Euskadi,
sino para que de esta batalla salgan fortalecidas todas las fuerzas
antihegemonistas y revolucionarias para llevar adelante la lucha
contra los enemigos del pueblo de las nacionalidades de España
en todo el país.
Ferrán Huertas
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vascas:
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Ernesto Ladrón
de Guevara (secretario del Foro de Érmua),
Esteban Ibarra
(Movimiento contra la Intolerancia),
Gotzone Mora (miembro
de la Ejecutiva del PSE-EE)
(En otros números)
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