Análisis / opinión
Ernesto Ladr&oacute;n de Guevara (secretario del Foro de &Eacute;rmua),               <br>              Esteban Ibarra (Movimiento contra la Intolerancia), <br>              Gotzone Mora (miembro de la Ejecutiva del PSE-EE) Mesa redonda:
Valoración elecciones vascas

EUSKADI

Junio 2001

La batalla de Euskadi

  Hay situaciones en la historia en que las circunstancias se articulan de tal forma que convierten una batalla política en decisiva, en tanto que de su resultado depende el futuro inmediato y venidero de un país. La batalla entre el nazifascismo y la democracia que hoy se libra en Euskadi es una de esas batallas; de su resultado va a depender el destino, no sólo de Euskadi sino de toda España por décadas. Comprender el carácter y las condiciones de esta batalla es de vital importancia para darla.

  España se ha convertido en uno de los centros donde se dirime el control de los hegemonismos sobre Europa. Y Euskadi es uno de los puntos sensibles de esa disputa. Mientras, como desde hace al menos 30 años, los EEUU siguen interesados en que la herida vasca continue abierta como vía de debilitamiento de nuestro país y de intervención suya; la línea más dura y agresiva del hegemonismo emergente alemán, el “sector bávaro” de la burguesía monopolista alemana, a través del proyecto de la Europa de los pueblos alienta y sirve de sostén a la línea nazifascista impuesta por Arzallus para fragmentar España. La batalla de contra el nazifascismo en Euskadi ha pasado a ser la batalla de toda España contra el hegemonismo por la libertad y la paz. Pero no sólo eso, por primera vez desde la Transición estamos ante una batalla que el pueblo y las fuerzas democráticas antihegemonistas podemos ganar. ¿Por qué y cómo?

La rebelión democrática

En la lucha por la libertad en Euskadi ha estallado una auténtica rebelión democrática en cuyo seno se está gestando un movimiento social doblemente valioso.

  Como diría Marx al establecer la primera lectura de las elecciones “la sociedad (vasca) parece haber retrocedido más allá de su punto de partida”; cuando en realidad lo que ocurre es que tienen que empezar por crearse la situación, las relaciones y las condiciones sin las cuales no puede adquirir un carácter serio la lucha. Hay una lectura fundamental de las elecciones del pasado 13-M: en la lucha por la libertad en Euskadi ha estallado una auténtica rebelión democrática en cuyo seno se está gestando un movimiento social doblemente valioso. Por un lado los 600.000 antifascistas son votos consecuentes, políticamente radicalizados contra el terror nazi y democráticamente militantes. Por otro, amplios sectores del movimiento están reclamando dirección y organización para llevar adelante la lucha. Lo que hoy son pequeños núcleos activos y en unos pocos sitios puede pasar a convertirse en un movimiento organizado en cada barrio, pueblo, centro de trabajo o estudio.

  Pero no sólo hay una rebelión popular democrática. A diferencia de otras batallas de la transición, el avance en la fascistización de una parte de la sociedad vasca afecta directamente no ya a la conciencia, sino a la vida, los intereses cotidianos y los sentimientos de la gente. Los coches bomba, el tiro en la nuca, la diana sobre quienes no se declaran abiertamente afectos al régimen abertzale, las amenazas a familiares y amigos, la dictadura del terror sobre la libertad de expresión, la implacable actividad de los delatores de ETA y sus escuadrones nazis de la kale borroka... han sembrado el terror pero también la rebelión contra los asesinos y sus dirigentes. La vida y la libertad aparecen en Euskadi de nuevo indisolublemente unidas, lo que le da al movimiento democrático una fuerza como hace 25 años no tenía ninguna lucha en España. Sin libertad no se puede vivir y sin acabar con el nazifascismo es imposible la libertad, he aquí uno de los pilares de la lucha.

El frente amplio antifascista

No sólo se enfrentan amplios sectores prooligárquicos sino que se refuerzan los rasgos nacionales, antihegemonistas y democráticos de las fuerzas derechistas

  Como hemos señalado al comienzo, sobre España hay dos proyectos hegemonistas enfrentados: el norteamericano y el emergente de la burguesía monopolista alemana. Este un rasgo que diferencia la situación de la vivida en la transición, cuando sobre nuestro país no existía un proyecto agresivo diferente y enfrentado al del hegemonismo norteamericano. Esta contradicción, a su vez, conlleva un elemento fundamental de la situación actual: el fraccionamiento de la oligarquía española y de las fuerzas que la representan. Ante la virulencia del proyecto hegemonista “bávaro” que ampara la división de una parte de España, mientras alienta la emergencia de las tendencias secesionistas en fuerzas políticas de las otras nacionalidades, no sólo se enfrentan amplios sectores prooligárquicos sino que se refuerzan los rasgos nacionales, antihegemonistas y democráticos de las fuerzas derechistas, empujados por la fuerza de los acontecimientos a oponerse al proyecto hegemonista más agresivo y colocarse, en esta batalla, al lado del pueblo. Este movimiento no sólo se circunscribe al PP del País Vasco, sino al conjunto de España.

  Al mismo tiempo que se amplian las fuerzas antifascistas, se reducen y aislan los aparatos y fuerzas que de una u otra forma se alinean junto a los representantes de la línea nazifascista. Así los González del “amigo Arzallus”, los grupos mediáticos como Polanco y ciertos sectores del clero aparecen cada vez más aislados en sus propios medios y fuerzas políticas.

  Son estas condiciones extremadamente favorables las que permiten llevar adelante la formación de un fente amplio antigemonista democrático en el que converjan desde todos los sectores y clases sociales hasta todos los demócratas y antifascistas. La implacable actuación del nacionalismo étnico y el terror etarra empuja a que todas las vacilaciones, tanto a derecha como a izquierda, sean vencidas.

El papel de la izquierda

  Uno de los factores determinantes de cualquier batalla viene dado por las fuerzas en presencia; y dentro de ellas por la situación y la dirección de una izquierda consecuentemente antihegemonista. Tanto en la articulación del frente amplio como en la organización y movilización de las masas populares, la izquierda, y especialmente los comunistas, ha jugado siempre un papel fundamental, actuando como catalizadores del movimiento popular.

  Volviendo de nuevo a la comparación con la Transición y la batalla de la OTAN, en la batalla de Euskadi los que actuaron de catalizadores entonces ahora no están presentes. Ni el PCE de entonces, ni la Izquierda Unida de ahora, ni el viejo aparato del PSOE, ni los dirigentes sindicales de CCOO y UGT están en la dirección del movimiento de rebelión democrática. La dirección impuesta en las batallas de la transición por los dirigentes de una izquierda prohegemonista fue la clave de cómo se resolvieron: primero hacia el desencanto de los sectores más combativos de las masas a consecuencia de sus traiciones y claudicaciones, y luego hacia la derrota (referéndum OTAN, reconversión industrial, reforma laboral,...) La profundización de sus posiciones prohegemonistas, el aislamiento de las masas, unidos a su debilidad organizativa y la falta de una línea capaz de dar respuestas a la situación las hace incapaces de dirigir esta batalla.

  Para la izquierda antihegemonista, y especialmente para los comunistas, es todo un reto el que esta situación nos plantea. Es la oportunidad histórica para, retomando las mejores tradiciones del movimiento socialista y comunista en la lucha antifascista de nuestro país, convertirnos en el catalizador de este movimiento social en Euskadi y en toda España. Catalizador que transforme la rebelión en organización de masas y haga cristalizar en un frente amplio antifascista la unidad de todas las fuerzas y sectores  antihegemonistas.

  En las trágicas circunstancias que vive el pueblo de Euskadi, no sólo es un reto, sino un deber moral. Y tenemos en los sectores adelantados de la rebelión democrática nuestros principales aliados. La mutua corriente de reconocimiento y simpatía establecida, desde la más completa independencia, en los últimos meses entre buena parte de los dirigentes del movimiento de rebelión social democrática y las posiciones defendidas por nuestro periódico y nuestro partido, son el primer ejemplo esperanzador de que la integración de la izquierda consecuentemente antihegemonista con el movimiento de masas puede ser la clave para la victoria sobre el nazifascismo.

  Volviendo a Marx, el análisis de los rasgos en que se da la batalla de Euskadi -confrontación de los hegemonismos en España y enfrentamiento de un sector de la oligarquía con el proyecto más agresivo; rebelión democrática, incapacidad de los aparatos de la izquierda prohegemonista para dirigir y situación favorable para la dirección de la izquierda antihegemonista- nos confirma que estamos en condiciones de crear ese punto de partida. Punto de partida no sólo para derrotar al nazifascismo en Euskadi, sino para que de esta batalla salgan fortalecidas todas las fuerzas antihegemonistas y revolucionarias para llevar adelante la lucha contra los enemigos del pueblo de las nacionalidades de España en todo el país.

Ferrán Huertas

 


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  –Ernesto Ladrón de Guevara (secretario del Foro de Érmua),
  –Esteban Ibarra (Movimiento contra la Intolerancia),
  –Gotzone Mora (miembro de la Ejecutiva del PSE-EE)

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