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ANÁLISIS
Julio 2001
España:
Entre el tigre y el lobo
Aznar
apoya a Bush en su proyecto de construir un escudo antimisiles.
Y a cambio recibe el compromiso de Bush de reforzar la
cooperación antiterrorista con España. Este es,
en apariencia, el resultado más importante de la reciente
visita de Bush a España. Pero en realidad es sólo
el envoltorio, su aspecto formal y diplomático. La sustancia
es otra.
El
apoyo de Aznar no tiene otra significación que adelantarse
a lo que el resto de líderes europeos harán sin
duda en los próximos meses. Las críticas europeas
a la construcción del escudo antimisiles norteamericano
son más una política de gestos que de hechos.
Las reticencias expresadas por Chirac y Schröder en
el Consejo General de la OTAN no pasan de ser un acto para la
galería. Ambos saben que, si finalmente EEUU decide llevar
adelante el proyecto, no les quedará otra alternativa que
negociar con Bush las condiciones más ventajosas para participar
en él de forma subordinada. No es precisamente la hegemonía
militar yanqui lo que hoy está en discusión en Europa.
Apoyarlo o cuestionarlo no pasa de ser una diferencia más
retórica que real en la política europea.
¿Cuál
es entonces la importancia de que Aznar decida ser el primer mandatario
europeo en dar el paso? ¿Y por qué, apenas 48 horas
después vuelve a ser el primer lider europeo que se atreve
a cuestionar públicamente la voluntad y la sinceridad del
eje franco-alemán en la ampliación europea? ¿Existe
alguna relación entre uno y otro hecho?
Dos
proyectos distintos...
Sobre
España confluyen hoy dos proyectos hegemonistas, diferentes
tanto en su naturaleza y objetivos, como distintos en las consecuencias
y amenazas que uno y otro representan para el futuro inmediato
de nuestro país y de nuestro pueblo.
Mientras
España se mantenga como un peón inactivo en el tablero
mundial, el proyecto norteamericano para nuestro país pasa
por mantener y reforzar los lazos de
dependencia política y militar establecidos desde los acuerdos
de 1953. En tanto no se cuestionen estas relaciones
de dependencia y acatamiento de sus designios, EEUU propiciará
en lo principal la estabilidad de nuestro país, pues es
a través de ella como puede dotar de mayor profundidad
a su dominio. Un dominio que utiliza para ponernos al servicio
de sus objetivos estratégicos. Y uno de ellos, y no de
los menos importantes, debilitar a un rival en Europa, el emergente
hegemonismo alemán, y tratar de frenar su agresivo avance.
Con respecto a Euskadi, pese a convenirle que la herida se mantenga
abierta, que exista un foco de inestabilidad susceptible de ser
utilizado, como ya ha hecho otras veces, de acuerdo a sus necesidades,
no le interesa convertirla en un polvorín
cuya explosión pueda hacer saltar por los aires la unidad
de un país y fragmentar un Estado cuyo alineamiento básico
con Washington es indiscutible.
Sin
embargo, desde la caída del Muro del Berlín y la
aparición en el continente del emergente polo hegemonista
alemán, un nuevo proyecto ha pasado a disputarle a EEUU
el dominio prácticamente omnímodo que ha venido
ejerciendo sobre España en las últimas décadas.
La
burguesía monopolista alemana, y particularmente su sector
más agresivo y aventurero, está empeñada
en una feroz ofensiva que, bajo el diseño de la Europa
de los pueblos, trata de fragmentar Estados
y desgajar países a fin de propiciar y acelerar su hegemonía
sobre Europa.
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La
oligarquía financiera española no ha dudado
en jugar la baza de alinearse más férreamente
tras un hegemonismo, para contener a otro que se dispone a
arrebatarle una parte sustancial y cualitativa de su poder
y de su mercado. |
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El
desgarro yugoslavo, la partición de Checoslovaquia, la
invención de la Padania, el secesionismo valón,
el ascenso de Haider, el giro nazifascista de Arzallus,...
nada de esto que ocurre hoy en Europa es entendible al margen
de centros de poder que actuan como foco difusor desde el que
se extiende la balcanización del
Viejo Continente. Es en la existencia de un proyecto
de esta naturaleza impulsado por este sector de la clase dominante
alemana donde hay que buscar el origen del imparable resurgir
del nacionalismo étnico que amenaza a media Europa.
Un proyecto que, si en cada país se manifiesta con la virulenta
irrupción de fuerzas escisionistas o nacionalistas con
marcado carácter étnico, globalmente encuentra su
acomodo en la nueva distribución de poder entre Bruselas,
los Estados y las regiones que Schröeder y
Fischer, empujados y alentados por el sector más
reaccionario de la derecha alemana, el partido socialcristiano
bávaro, buscan imponer desde la cumbre de Niza.
...
y un peligro inminente
Este
proyecto de la Europa de los pueblos tuvo su primer empuje inmediatamente
después de la caída del Muro de Berlín. La
sangrienta fractura yugoslava, tras el precipitado reconocimiento
berlinés a la independencia de Croacia y Eslovania, fue
su consecuencia inmediata.
Desde
hace al menos dos años, cada día toma más
cuerpo la hipótesis de que España lleva camino de
convertirse, si no lo es ya, en el segundo
gran laboratorio donde ensayar la fórmula
germana. Sus condiciones son las adecuadas para un ensayo de este
tipo: un país grande de la UE, pero
sin la fortaleza material y política de los otros grandes;
con fuertes tendencias centrífugas y una compleja y difícil
articulación nacional nunca definitivamente resuelta; unas
burguesías periféricas fuertemente enfrentadas al
poder del Estado central e históricamente proclives a buscar
apoyos externos para su enfrentamiento con Madrid; una memoria
histórica y una conciencia de identidad nacional excepcionalmente
adormecidas y debilitadas tras 14 años de gobierno de una
socialdemocracia que, en lo ideológico y lo cultural, ha
creado el caldo de cultivo propicio para que la disolución
de España en la UE aparezca a los ojos de muchos
como un desenlace natural y deseable de la modernización
del país.
Arzallus
y su línea nazifascista han tomado la delantera en este
proceso de fragmentación de España y landerización
de sus nacionalidades. Pero no son los únicos embarcados
en este proyecto. La calculada ambigüedad de Pujol camina
en la misma dirección. Y Felipe González, a la cabeza
de lo que el profesor Gustavo Bueno llamó el papanatismo
europeísta, abandera las tesis que propugnan
el suicidio dulce, la
aceptación de la disolución ambicionada por el paquidermo
germánico a cambio de conseguir un lugar relativamente
privilegiado en el círculo de asteroides que cortejan al
astro rey alemán.
El
avance de este proyecto es hoy mayor de lo que parece. Y no sólo
por la sostenida ofensiva lanzada para desgajar Euskadi. Sino
también porque, enmascarado tras el proyecto europeo, no
existe en la sociedad española conciencia ni de la naturaleza
del enemigo al que nos enfrentamos, ni de la inminencia del peligro
que su proyecto representa. Lo que a su vez también permite
a sus más activos representantes permanecer ocultos tras
el supuesto progresismo del discurso europeísta enfrentado
al retrógrado
discurso nacionalista español.
Fortalecer
para confrontar
Es
desde la existencia de estos dos proyectos desde donde hay que
leer los resultados de la visita de Bush.
En
ella, no es tanto la búsqueda de medidas concretas lo que
pretendía Aznar, sino el fortalecimiento
de las relaciones con un hegemonismo, Washington, para tener más
fuerza en su enfrentamiento con el proyecto del otro, Berlín,
que representa una amenaza mayor y un peligro más inminente
para sus intereses. La consecuencia inmediata ha sido su actuación
en Gotemburgo: hoy, en Europa, sólo se atreven a criticar
abierta y públicamente a Schröeder quienes,
como los ingleses, defendiendo el proyecto norteamericano para
Europa frente al alemán, se saben respaldados por Washington.
Las recientes amenazas de Schröeder
-Aznar me las va a pagar todas, una por una-
pierden buena parte de su valor cuando detrás del amenazado
se encuentra el amigo americano.
La oligarquía financiera española, de la que Aznar
no es sino su representante político, consciente de su
debilidad material y política, no ha dudado en jugar la
baza de alinearse más férreamente tras un hegemonismo,
para contener a otro que se dispone a arrebatarle una parte sustancial
y cualitativa de su poder y de su mercado.
Entre
el tigre y el lobo
¿Es
esta la línea que sirve a los intereses populares y nacionales?
Por
un lado, no cabe ninguna duda que el mayor peligro y el más
inminente para los intereses nacionales lo constituye la ofensiva
del hegemonismo alemán. No porque sea la potencia más
poderosa, tampoco porque su ofensiva, como en la primera mitad
de siglo, se libre hoy ni en un futuro previsible en el terreno
militar; sino porque está firmemente decidido a dividir
y romper, utilizando todos los medios a su alcance para que su
ofensiva política, cultural e ideológica culmine
en el más breve plazo de tiempo en la fragmentación
de España. De consumarse su objetivo, el pueblo de las
nacionalidades de España saldría enormemente debilitado
para hacer frente a los proyectos de sus enemigos, y al mismo
tiempo una amputación de esta naturaleza implica
un extremado grado de violencia y desgarro -como estamos sufriendo
ya en Euskadi- para separar lo que está unido por múltiples
y profundos lazos, por innumerables raíces comunes entretejidas
a lo largo de los siglos. No es el problema de qué fiera,
si el tigre o el lobo, es la más grande y poderosa, sino
de cual es la que tiene los colmillos más cerca del vientre
y está más dispuesta a dar la dentellada.
Hacer
frente a esta amenaza, unir todo lo susceptible de ser unido contra
este peligro inminente de convertir a España en una segunda
etapa del ensayo balcánico, es la tarea principal y más
urgente del momento.
Sin
embargo, desde los intereses populares, luchar contra el proyecto
de quienes pretenden kosovizar Euskadi para
balcanizar España sólo puede llevarse adelante
de una forma cabal y consecuente luchando al mismo tiempo por
la plena independencia de nuestro país, por crear las condiciones
que permitan construir un futuro de acuerdo con nuestros intereses,
libre de la dependencia y el sometimiento a los designios de ningún
hegemonismo. Creando, en la lucha por echar al lobo, las condiciones
de conciencia y organización popular que permitan también
poner fin a la amenaza del tigre.
A. Lozano
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