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EUSKADI
Julio 2001
La
xenofobia y el odio a lo español
Los orígenes del nacionalismo
étnico en Euskadi (III)
Si
algún español te pide limosna, levanta los hombros
y contéstale, aunque no sepas euskera: Nik estakit erderaz
(Yo no entiendo el español). Si algún español
recién llegado a Bizcaya te pregunta dónde está
tal pueblo o tal calle, contéstale: Nik estakit erderaz.
Si algún español que estuviera, por ejemplo, ahogándose
en la ría, te pidiese socorro, contéstale: Nik estakit
erderaz. (Sabino Arana. Bizkaitarra n° 29.
30 de junio de 1895).
La
xenofobia y el racismo extremos del fundador del nacionalismo
vasco Sabino Arana, se concentran y adquieren su máxima
expresión en el odio a todo lo español,
que llega a convertirse en uno de los pilares de su obra. Aunque
los actuales herederos de Arana se esfuerzan por callar
y ocultar los orígenes y fundamentos de su pensamiento,
por más que disfracen sus palabras, modernicen sus ideas
o embellezcan sus doctrinas, no pueden evitar que los principios
racistas y xenófobos que subyacen en el fundador del Partido
Nacionalista Vasco reaparezcan permanentemente en sus discursos
y su proyecto. Las afirmaciones de Arzallus de que los
inmigrantes tienen la culpa de que Euskadi no sea independiente,
que han diluido el mal que hizo
Franco o su propuesta de que los
que no quieran adoptar la nacionalidad vasca serán tratados
como los alemanes en Mallorca son el ejemplo
más palmario.
Un
siglo entero de españolismo, de degradación, de
miseria, de ruina, un siglo de aberraciones, de tinieblas; un
siglo de esclavitud De nuestras relaciones políticas
con España procede todo nuestro daño.
(Bizkaitarra. 1893-1894)
El
infausto roce
Aunque
las expresiones más duras de racismo habitualmente utilizadas
en los orígenes del nacionalismo vasco, actualmente nadie
se atreve a sostenerlas públicamente
-Los nómadas de la inmigración servil (...)
con su oleada de detritus étnicos, masa híbrida
de celtas bastardeados, de latinos decadentes y de moros corrompidos
(1901), esos productos íbero-celto-fenicio-griego-godo-árabes
(1902)-, sin embargo, debajo del odio a lo español que
hoy se cultiva abundantemente en los batzokis, en las ikastolas
o en los medios de comunicación del gobierno vasco, subyacen
el racismo y la xenofobia originarios del pensamiento de Sabino
Arana. Es más, este odio a lo español sólo
puede alimentarse desde la inculcación de una serie de
valores ideológicos que establecen la diferencia primero,
y la superioridad después, de lo de aquí
frente a lo de fuera que vendría a imponerse
y destruirlo.
Los
españoles, los chinos de Euskaria
como los denominó Arana, son portadores de unos valores
y atributos de inmoralidad, carácter
irreligioso, costumbres inmorales y criminales, y
con ello se convierten en la fuente principal de todos los males
de Euskadi. El primer deber de todo patriota es, pues, para Arana,
el odio al invasor. Y cuanto más amor a la patria vasca,
más odio debe expresarse hacia el invasor español,
aunque ello lleve, como dice la cita que da comienzo a este artículo,
a dejar que alguno se ahogue en el Nervión. Por eso, el
segundo requisito exigido para ingresar en la Liga de Juventud
Nacionalista (1894) afirma que: Tanto
en el caso de las sociedades profesionales como en el de las religiosas
o benéficas, encarécese al afiliado que a ellas
pertenezca procure se llegue a excluir de su seno a los españoles.
O en los Deberes fundamentales del Nacionalismo Bizkaíno
(1896) se conmina a que todo afiliado trabajará
diligentemente por (...) dificultar la invasión española,
haciéndole aborrecible al español la vida en Bizkaya
mediante el desprecio y el aislamiento.
Todo
esto se justifica en que: El pueblo
español (...) siempre ha permanecido irreligioso e inmoral
y por ello entre el cúmulo
de terribles desgracias que afligen hoy a nuestra amada Patria,
ninguna tan terrible y aflictiva, juzgada en sí misma cada
una de ellas, como el roce de sus hijos con la nación española.
Un roce que provoca que en el solar
de la familia euskariana penetra la española a título
de amiga, y de amiga pasa luego a pariente, y con la confianza
que la amistad y el panteresco inspiran se hablan sin recelos
sus inteligencias, se comunican sus corazones, se compenetran
sus espíritus; y el criterio extraviado vence y ahoga al
buen sentido moral, la malicia a la bondad, a la verdad el error,
la corrupción a la pureza, la vileza a la dignidad, el
vicio a la virtud, el mal al bien; y el mal sienta sus reales
en nuestras poblaciones y desde ellas extiende sin tropiezos sus
conquistas
Así
pues, en Sabino Arana mientras la familia española es sinónimo
de criterio extraviado, malicia, error, corrupción, vileza,
vicio y mal; la familia euskariana, por el contrario, es su opuesto:
buen sentido moral, bondad, verdad, pureza, dignidad, virtud y
bien. De ahí que sea necesario instalar entre ambas la
incomunicación y el recelo. Fomentar el odio que impida
la amistad y el parentesco, que rompa la
compenetración de sus espíritus.
Pero,
¿por qué es necesario que se produzca esa ruptura?
¿Por qué debe haber incomunicación y recelo
entre maketos y euskarianos? ¿Por qué hay que fomentar
el odio entre ellos?
Inmunda
Maketania
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De
ahí que sea necesario instalar entre maketos y euskarianos
la incomunicación y el recelo. Fomentar el odio que
impida la amistad y el parentesco, que rompa la compenetración
de sus espíritus |
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Suele
colocar Sabino Arana en el centro de sus argumentaciones para
incitar el odio y el desprecio a lo español consideraciones
de orden religioso. Bizcaya, dependiente
de España, no puede dirigirse a Dios, no puede ser católica
en la práctica. En las denuncias de la invasión
maketa destaca permanentemente la
blasfemia, inmoralidad e irreligiosidad que traen
los españoles y cómo ello tiende a disolver la
firme e inquebrantable adhesión a las enseñanzas
de la Iglesia que han tenido desde siempre los
euskarianos de blusa, los verdaderos hijos de nuestra raza.
Sin embargo, y pese a que en efecto el integrismo y el fundamentalismo
religioso de Arana es uno de los pilares en que se asienta toda
su concepción del nacionalismo, no es posible explicar
el racismo y la xenofobia extremas que destila su doctrina desde
él.
Aunque
revestidos de una elevada retórica espiritual, racismo,
xenofobia y odio a lo español van a jugar desde la aparición
del nacionalismo sabiniano un papel muy material. Pues de la misma
forma que, como dice Marx, no podemos juzgar a un individuo por
la conciencia que él tiene de sí mismo sino por
las condiciones materiales de existencia en que desarrolla su
actividad, las corrientes ideológicas no se explican tampoco
por el discurso que ellas hacen de sí mismas, sino por
el papel objetivo que cumplen en cada período histórico
en una formación social concreta.
El antimaketismo sabiniano, tanto el originario como el de nuestros
días, juega un papel preciso en el desarrollo de la lucha
de clases en Euskadi en el último siglo.
Así,
por un lado, permite aglutinar a importantes sectores de las masas
(el mundo rural, la clase obrera autóctona, la pequeña
burguesía,...) tras el proyecto de una burguesía
que se ha quedado fuera del nuevo poder
del Estado español, ejercido en exclusividad
por la oligarquía financiera y terrateniente, la nueva
clase hegemónica surgida en el último cuarto del
siglo XIX tras la fusión de la alta burguesia con la aristocracia
terrateniente. Debilitar el poder de esa clase y de su Estado
pasa a ser condición de existencia para esta tardía
y decadente burguesía nacionalista. Cuando Arana habla
de un siglo de degradación, de miseria, de ruina no está
hablando, por supuesto, de Euskadi, que justamente en ese siglo
ha pasado de ser una región media a convertirse en una
de las más, sino la que más, prósperas, industrializadas
y ricas de España, sino de su propia clase que sí,
en efecto, ha perdido una posición privilegiada en la sociedad
vasca a manos de la oligarquía industrial y financiera.
Y
que al mismo tiempo ve amenazada también su posición
de clase intermedia por la irrupción de un proletariado,
mayoritariamente inmigrante, maketo, cada vez más numeroso,
pero también cada vez más consciente de sus intereses
de clase y por ello más organizado. Todo el discurso antimaketo,
toda la xenofobia, todo el odio a lo español no es, en
última instancia, sino consecuencia de la cerrada lucha
que esta burguesía debe mantener por salvaguardar su condición
de clase explotadora.
Y
tanto más radical se torna el discurso, cuanto mayor es
la amenaza que el capital monopolista y el proletariado organizado
significan para la realización de sus plusvalías.
Cuanto mayor sea el odio a lo español
entre las masas encuadradas por el nacionalismo sabiniano, más
dificultades tendrá la oligarquía financiera española
para imponer su poder en Euskadi y más amenazado y sumiso
estará el obrero inmigrante. Cuanto más se separe
a éste, que es el grueso principal del proletariado en
Euskadi, del obrero autóctono, mejores condiciones para
la explotación de unos y otros. Por eso, para Arana y sus
seguidores, socialismo y maketismo son lo mismo, y los buenos
euskaldunes deben separarse tanto de uno como de otro. Entre
el genio vasco y el socialismo media repulsión absoluta
e irreductible. Así se explica que los propagandistas,
los fautores, los secuaces de esas ideas, oprobio de Bizkaya,
sean los advenedizos, los nómadas de la inmigración
servil. (1901)
A. Beloki
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