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SALUD
Julio 2001
La
primera parte de esta entrevista nos introdujo en el terreno hipotético
de intereses militares en el origen de la epidemia, basado en
la implicación del CESID en la investigación, el
reconocimiento de los síntomas por médicos militares,
síntomas que se corresponden con una mezcla compleja de
pesticidas prohibida en el uso agrícola, pesticidas usados
también como armas químicas. Pero sobre todo en
las condiciones concretas en las que ocurrió y se desarrolló:
que ocurriera el mismo año que el 23-F y la integración
de España en la OTAN y el esfuerzo extraordinario desplegado
en ocultarlo. Dicho esfuerzo será tema de esta segunda
parte de la entrevista. ¿Cómo se implicó
el aceite contra toda evidencia científica? El que ningún
laboratorio ha conseguido probar con experimentación animal
la relación causal entre la toxicidad de anilinas del aceite
y el síndrome tóxico dejaba sin base la teoría
del aceite. Sólo una adecuada reconducción
de los resultados en el terreno de la epidemiología logró
sustentar la condena judicial a los aceiteros.
El síndrome tóxico,
veinte años después... (V)
Segunda
parte de la entrevista a
María Jesús Clavera, epidemióloga, y
Gudrun Greunke, periodista, co-autora del libro El montaje
del síndrome tóxico
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Era
una prueba definitiva epidemiológicamente hablando.
La venta de tomates antecede a la perfección a la epidemia |
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Los
estudios epidemiológicos del Dr Muro le llevan en mayo
de 1981 a afirmar que la epidemia tiene relación directa
con alguno de los ingredientes de la ensalada y con pesticidas
organofosforados. Inmediatamente después es fulminantemente
cesado de su puesto en el Hospital de Madrid, y el gobierno lanza
la teoría del aceite adulterado. Llegan a España
investigadores de los CDC de EEUU para hacerse cargo de estudios
oficiales, los primeros en implicar directamente al aceite. Muro
llega a la conclusión de que el nexo entre epidemia
y ensalada reside en los tomates provenientes de los invernaderos
de Almería. Para coordinar las investigaciones sobre la
intoxicación, el Gobierno español creó el
Plan Nacional del Síndrome Tóxico (PNST). Reunió
epidemiólogos para conseguir datos que diesen carta de
presentación científica a la teoría del aceite.
En 1983 la OMS recomienda a la Administración española
que lleve a término una revisión de todos sus estudios,
lo cual se hace en Madrid, trayendo para ello científicos
de Barcelona Entre estos había el matrimonio de médicos
María Jesús Clavera y Javier Martínez.
De
Verdad: ¿Vuestro trabajo os llevó sólo
a desmentir la teoría del aceite o aportasteis pruebas
que apuntaban a otro lado?
María
Jesús: La primera parte de mi trabajo fue revisar
los trabajos epidemiológicos oficiales. Resulta que los
estudios llamados caso-control demostraban que era el consumo
de ensalada y no de aceite lo que permitía distinguir enfermos
de sanos. Además, los circuitos de distribución
del aceite no explicaban ni por asomo la distribución geográfica
de la epidemia. Sin embargo, mi trabajo principal fue rehacer
los trabajos del Doctor Muro, entonces ya fallecido. Cogimos la
gran cantidad de datos, encuestas, albaranes, etc que Muro había
recogido a lo largo de un minucioso estudio que, siguiendo la
pista de los tomates, le llevó del afectado a los mercadillos
de venta ambulante y de éstos a los distribuidores y productores
de tomates almerienses. Lo metimos todo en el ordenador y éste
acotó el origen a una alhóndiga almeriense que agrupaba
ocho agricultores. Bueno, Muro había llegado a identificar
al que presumiblemente vendió los tomates tóxicos.
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La
coincidencia en el tiempo de la epidemia del síndrome
tóxico con el juicio a los golpistas del 23-F y la
solicitud del ingreso de España en la OTAN, sumado
a la implicación del CESID en la investigación,
ha provocado que numerosos científicos y periodistas
se introduzcan en el terreno hipotético de intereses
militares en el origen de la epidemia |
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Luego,
nos centramos en las tres alhóndigas investigadas por Muro.
Metimos en el ordenador datos de todo lo que se vendió
durante tres meses, día a día, agricultor por agricultor.
Ocurrió algo sorprendente. La curva de cantidad de
tomates diaria vendidos tenía idéntica forma que
la curva de la epidemia. Tenía incluso un bache en medio.
Con tantos miles de enfermos, que la curva haga un bache tenía
que indicar un suceso importante y no había ninguno que
explicara un corte en el consumo de aceite. La explicación
del misterio era que la alhóndiga cerró durante
uno o dos días esa semana por no sé qué fiesta.
Esos días el agricultor no pudo vender los tomates tóxicos.
Pudo volver a hacerlo dos días después cuando la
alhóndiga reabrió y por tanto la epidemia se expandió
en proporción, de ahí el bache. Vamos, era una prueba
definitiva epidemiológicamente hablando. La venta de tomates
antecede a la perfección a la epidemia. Era espectacular.
Lo explicamos en el juicio pero ni caso.
Al
tiempo que María Jesús es expulsada, en septiembre
de 1984, el PNST y el Centro para el Control de Enfermedades
(CDC), agencia federal de los Estados Unidos dependiente
directamente de su presidente, firmaron un contrato por
el que el Dr. Edwin M. Kilbourne pasa a «colaborar en un
estudio epidemiológico-toxicológico con el fin de
encontrar en el aceite la sustancia química o las substancias
más estrechamente asociadas con la enfermedad». Es
decir: el Dr. Kilbourne no tenía que investigar ningún
alimento que no fuera el aceite de colza.
DV:
¿En qué medida fue la colaboración
de los epidemiólogos norteamericanos decisiva para que
los jueces acabaran culpando al aceite contra toda evidencia?
MJ:
En enero del 1985 la OMS encarga una revisión de todos
los estudios epidemiológicos existentes sobre el aceite
de colza al epidemiólogo británico Sir Richard Doll.
Parecía honesto, incluso nos entrevistó a los que
habíamos sido expulsados y elaboró un informe, muy
esperado pero que misteriosamente no vio la luz hasta un año
después. En él admitía demasiadas lagunas
para poder afirmar que el aceite era el causante. Killbourne
del CDC resolvió las lagunas. Presentó su estudio
cuya principal conclusión era que a más anilinas
en el aceite, más número de afectados en una familia.
Una correlación un tanto rara obtenida estudiando tan solo
noventa y cuatro casos en que el aceite y las familias afectadas
cumplían determinados requisitos, si no eran rechazados.
Por ejemplo, si un aceite adulterado no había producido
enfermedad no entraba en el estudio. Era insostenible, no demostraba
que el aceite fuera la causa, pero era lo único que tenían
y lo rentabilizaron...
Grudung:
En mayo de 1987 Kilbourne hace una visita a Doll en Oxford un
mes antes de que el británico declare en el juicio en Madrid.
Los frutos de esta entrevista son espectaculares. El informe de
Doll aparece con un añadido de última hora. Se acabaron
las lagunas. El Dr. Doll declara por primera vez por escrito y
oralmente que existen nuevas evidencias epidemiológicas
(refiriéndose al estudio de Kilbourne) para considerar
definitivamente al aceite tóxico como responsable del síndrome.
Ha sido la única persona que ha hecho una afirmación
así. Kilbourne logró eludir su citación
al juicio. El gobierno norteamericano le otorgó muy oportunamente
un cargo diplomático que le eximía. Los aceiteros
fueron condenados.
Jordi Martínez
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Recapitulación
y conclusiones
Queremos
adelantar aquí el próximo y último
capítulo de este serial el síndrome
tóxico, veinte años después.
Como ocurre en tantos otros temas, haber oído directamente
los gritos de las víctimas nos ha permitido empezar
a conocer la verdad de una terrible epidemia ocurrida en
un período crítico para la formación
de la democracia española. Salta a la vista que la
exigencia de que se repita un juicio justo y de una indemnización
y atención digna a los afectados del síndrome
tóxico va indisolublemente ligada a que sea ejecutada
por personalidades independientes. El Estado español
es parte interesada desde la acusación de los afectados.
Los principales protagonistas del pacto de silencio
que rodea el síndrome tóxico han ocupado u
ocupan hoy puestos de poder político y judicial.
Pero,
a la vez, contamos hoy con recursos que hacen posible concebir
que prevalezca la verdad sobre el pasado y que cambien injusticias
presentes. Precedentes de juicios injustos repetidos
con sus sentencias revocadas (caso reciente de Joaquín
José) o de intocables como Pinochet acorralados por
la justicia cuando ya parecían escapar impunes se
suman a que un puñado de investigadores y afectados
obligaron a los Estado español y norteamericano
a realizar medidas excepcionales que lo pusieron en evidencia:
tuvieron que manipular todo tipo de reglamentos judiciales,
sanitarios, científicos para ocultar la verdad. Medidas
que todavía hoy repercuten sobre el tipo de sanidad
actual (un ministerio de sanidad castrado, incapaz de afrontar
intereses ajenos a la salud de los españoles) y la
vulnerabilidad de un sistema agroalimentario español
que es motivo de serias amenazas para el país (vacas
locas, orujo...).
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