|
NACIONAL
Septiembre 2001
Botín
da un golpe de mano en el BSCH:
El pez chico se comió
a los grandes
Emilio
Botín, presidente de BSCH ha obligado a dimitir al copresidente
J.Mª Amusátegui, rompiendo los acuerdos para la fusión
entre los bancos Santander y Central-Hispano. ¿Cómo
es posible que Amusátegui y el resto de antiguos propietarios
del BCH no hayan reaccionado mientras Botín se queda con
todo el poder? ¿Es que se resuelven sin mancharse el traje
las disputas entre los diferentes sectores de la clase dominante
para hacerse con la propiedad y la gestión de los grandes
grupos financieros de la décima potencia mundial?
Amusátegui
era ya sólo un espectro. La pretendida fusión Santander-BCH
fue una absorción en toda regla: los accionistas del Santander
se quedaron con 15 de los 27 asientos del consejo de administración,
y el 64% del capital (se canjearon 3 acciones del BS por 5 del
BCH).
La
eliminación destemplada de Amusátegui, cierra una
guerra en la que un grupo de tecnócratas y financieros
de mediano tamaño, durante los 80 y con el apoyo del PSOE
aspiraron a formar parte de la oligarquía española
y sucumbieron en el intento. Eso sí, arrastrando en la
caída a su contrincante: al sector de la clase dominante
que sobre un modelo de capitalismo con fuertes rasgos parasitarios
había crecido con el proteccionismo franquista.
Condenados a extinguirse
 |
Los
rasgos de dependencia y raquitismo de los grupos financieros
españoles, y su carácter especulativo y parasitario
se vieron acentuados por su acomodación durante la
autarquía franquista |
 |
Al
fin del franquismo, llegan buena parte de los banqueros y grandes
industriales arrastrando una debilidad que les iba a sumir en
una profunda crisis.
En
España, no existió en sus orígenes un capitalismo
autónomo. Este creció bien dependiente del capital
extranjero, bien con el sostén estatal. Tampoco se formaron
grandes monopolios industriales lo que primó al capital
bancario sobre el industrial en la posterior fusión entre
ambos. Los rasgos de dependencia y raquitismo de los grupos financieros
españoles, y su carácter especulativo y parasitario
se vieron acentuados por su acomodación durante la autarquía
franquista.
Central,
Banesto o Hispano, concentraban esos rasgos. Poseían además
un accionariado muy repartido y unos propietarios que orientan
su participación en el banco como respaldo a sus negocios
y no colocando en primer plano los objetivos mercantiles de la
entidad.
Con
esas debilidades para competir en un mercado abierto, el cambio
de régimen a la caída del franquismo coincide con
un boom económico mundial (expansión norteamericana
para financiar la guerra de la galaxias), y el nuevo aparato político
en el gobierno les resulta esta vez ajeno.
Están
dadas las condiciones para que se desate una lucha a muerte por
el control del sistema financiero español, de la que saldrán
beneficiados los que se quedaron inicialmente en un segundo plano:
B.Bilbao, B.Santander, que presentan un núcleo de propietarios
claramente jerarquizado en torno a una familia (Ybarra y Botín)
y con su dirección concentrada en muy pocas manos, que
ostentan la propiedad de un paquete de acciones suficiente para
garantizarse el control del banco. Además, son bancos acostumbrados
a crecer sin haber sido los más favorecidos por las grandes
concesiones de las obras públicas del franquismo.
Los aspirantes
En
el objetivo de tomar los tres buques insignia de la oligarquía
-Banesto, Hispano y Central- se conformará un núcleo
de asaltantes conocido como labeautiful people formada
por nuevos ricos, tecnócratas del estado y altos
cargos del PSOE que para mantenerse como una fuerza política
imprescindible en el nuevo régimen buscan dotarse de un
potente entramado financiero.
Entre
esos nuevos ricos figura Sánchez Asiaín un
economista que sin ser propietario, dirigirá el Banco de
Bilbao durante los 80, E. Sarasola, o los Albertos,
que hacen su fortuna tras casarse ambos con las hermanas Koplowitz,
sobrinas de Ramón Areces (El Corte Inglés) y cederles
éste Construciones y Contratas.
Los
tecnócratas son un grupo selecto de cuadros directivos
del enorme grupo de empresas estatales (Instituto Nacional de
Industria INI) cuya gestión ostentan desde el franquismo
y que encontraron en el modelo de gestión burocrática-estatal
del PSOE su mejor aliado: López de Letona, ministro franquista
y presidente del INI desde 1969; Claudio Boada, vicepresidente
del INI con Franco y presidente de Altos Hornos con el PSOE; J.Mª
Amusátegui vicepresidente del INI en 1970 y presidente
de Campsa en 1982.
Tela de araña
En
el gobierno González de 1982, C. Solchaga quien trabajó
durante diez años en el Bilbao a las órdenes de
Asiaín ocupa el Ministerio de Economía; Mariano
Rubio subgobernador del Banco de España desde 1977 asciende
a gobernador; y M. Boyer formado por Claudio Boada en el INI es
ministro de Hacienda.
La
expropiación del holding Rumasa en febrero de 1983, marca
el inicio de la ofensiva.
El
banco Zaragozano pieza clave de Rumasa, es entregado a los Albertos
que lo convertirán en su plataforma. Crean la sociedad
Cartera Central y enriquecidos con la especulación inmobiliaria,
a la sombra del PSOE y con el respaldo del grupo Kuwaití
KIO, en pocos meses tienen el 2% de Banesto y el 5% del Central,
con derecho a sentarse en el consejo de administración.
López
de Letona es colocado como vicepresidente del Banesto. Y Claudio
Boada será impuesto en la presidencia del Hispanoamericano
a cambio de la ayuda financiera del Estado para su saneamiento.
Boyer
ha dejado de ser ministro para dirigir Cartera Central y el Banco
Exterior.
A
finales de 1986 todo está dispuesto para tomar el control
de las tres entidades. Ese año Manuel de la Concha ex
presidente de la Bolsa de Madrid y Jaime Soto ejecutivo
del banco Hispano constituyen la sociedad Ibercorp. López
de Letona, ya al frente del Banesto, les venderá el Banco
Tréllez para que Ibercorp pueda constituirse como entidad
bancaria. Cuando unos años más tarde se haga pública
la lista de sus principales titulares aparecerán Mariano
Rubio, Isabel Presley, Miguel Boyer,... Con el uso de información
privilegiada Ibercorp fue utilizado por este núcleo para
la compra de acciones del Hispano antes de su fusión con
el Central.
A
finales de 1987 el BB lanza una OPA hostil sobre el Banesto, en
la que participó De la Concha (Ibercorp), maniobra favorecida
desde dentro por López de Letona; pero el resto del consejo
de administración de Banesto la rechaza. Sin darles respiro,
desde Cartera Central los Albertos intentan quedarse con ambos
Bancos en una fusión Central-Banesto pero los consejeros
de éste se han reorganizado en torno a un advenedizo Mario
Conde que emerge frustrando el asalto.
El
BB el más autónomo de los implicados en la operación
cambió de rumbo y absorbió al Vizcaya.
El
siguiente intento de asalto llega dos años más tarde.
En 1990 Boada dejará a Amusátegui como sucesor el
frente del Hispano, y en 1991 el Hispano se hace con el Central
muy debilitado por las luchas internas.
Ese
año el PSOE crea Corporación Bancaria España
Argentaria formando un holding público que
encamina hacia su privatización.
Mario
Conde forma Corporación Industrial Banesto en un intento
de sanear las cuentas separando los resultados de las empresas
de los del banco. No llega a tiempo. Con la excusa de la
falta de solvencia del banco, expropian al personaje que se cruzó
en su camino: Conde es encarcelado y Banesto se entrega para su
gestión provisional a Asiaín.
Pero
el PSOE ya camina hacia su debacle y unos meses más tarde
la reasignación al Santander del Banesto coloca en superficie
el movimiento de fondo.
Cambio de frente
 |
Para
salir en la foto hay que moverse y nosotros lo hemos
hecho (Emilio Botín, 1999) |
 |
Tras
una década de lucha sin cuartel la batalla principal pasó
a darse entre dos modelos antagónicos de crecimiento del
capital financiero en España. El Santander supone la irrupción
de un banco que pasa a ser en lo esencial un negocio financiero.
Adquiere numerosos pequeños bancos pequeños y venderá
la mayoría de industrias y compañías
que se han ido quedando al absorber su matriz. Y dado que la rentabilidad
de la especulación financiera es más alta que los
beneficios empresariales: mientras Banesto, Central e Hispano
con enormes grupos industriales, ganaban durante la década
de los 80, de un 8%, a un 10%, el Santander alcanzó el
33% de rentabilidad para sus inversiones. Esto le permitió
a Botín disponer de enormes plusvalías para reventar
el mercado bancario con las supercuentas (1989) y la guerra de
los créditos hipotecarios.
Morir de éxito
El
PSOE, embriagado por el éxito electoral del 93, con la
autonomía que le otorgaban las urnas, conseguida
ya la toma de los tres bancos perseguidos, y arrastrado por la
vinculación orgánica establecida desde sus orígenes
de Suresnes con la socialdemocracia alemana, iniciaba un giro
proeuropeísta que empujó a Washington a reconducir
la situación provocando una guerra de dosieres aireados
en la prensa y que utilizando la corrupción en la que se
hallaban hundidos hasta las cejas desangró al PSOE, defenestró
a altos cargos del Estado y dispersó a la Beautiful people.
Así,
aunque al expropiar Banesto en 1993 le otorgaron la gestión
a Asiaín este acabará su carrera cuando el Santander
impuso a los pocos meses primero la subasta pública de
la pieza cobrada y más tarde quedarse con la propiedad
de Banesto. En un intento desesperado de mantener el pulso el
gobierno le adjudicó aún un porcentaje no
mayoritario -48%- del Banesto.
Pero
el BBV y Santander habían sentado ya unas bases económicas
nuevas para el capitalismo español y la correlación
de fuerzas política también estaba profundamente
alterada: sólo faltaban las elecciones (1996) para poner
fin a la década socialista.
Con
el cambio de Gobierno, el hegemonismo americano se dotaba de un
gestor político que cortaba el deslizamiento de sus intereses.
Y el sector más dinámico de la clase dominante española
tiene en el liberalismo económico del PP su expresión
política. En marzo del 98 el Santander lanzó una
OPA sobre el 51,89% que todavía no poseía de Banesto,
en 1999 se dinamitó el grupo público creado por
el PSOE y Argentaria fue entregada al Bilbao de Ybarra. Finalmente
Botín se quedó con el Central Hispano; la eliminación
de su presidente Amusátegui simboliza el fin de una guerra
en la que hace tiempo que solo queda un ejército en pie.
Alberto
Pastor
|