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EEUU:
Octubre 2001
Palomas,
halcones y quebrantahuesos
Las
diferencias surgidas dentro del gobierno y el Estado mayor norteamericano
acerca de cómo gestionar esta crisis se concentran
en si el alcance de su ofensiva debe guiarse por el máximo
de objetivos alcanzables, sin límites, o si éstos
deben moderarse de algún modo.
Para
unos, los objetivos que EEUU se marque deben condicionarse a la
amplitud y cohesión de una coalición internacional.
Colin Powell, secretario [ministro] de estado y general
del ejército, es la cabeza visible de esta tesis.
En
frente estarían el número dos del departamento
de defensa (Paul Wolfowitz), el vicepresidente DicK Cheney,
y el secretario de defensa Donald Rumsfeld, para quienes EEUU
debe lanzarse a por todas sin condicionar su acción al
respaldo internacional, muy al contrario: los vacilantes
también deben ser sancionados.
Si
el escándalo del fraude electoral hace apenas unos meses
ya demostró el calado de la fisura en el seno de la clase
dominante norteamericana, y hasta dónde estaba dispuesto
a llegar el sector más duro, la fisura que aparece ahora
se da en el seno mismo del bloque que apoyó a Bush.
Frente
a la línea Clinton que de acuerdo a los intereses de un
sector de la burguesía monopolista norteamericana, propugnaba
un dominio mundial basado en la hegemonía consensuada con
sus aliados, en una relativa consulta y negociación de
acuerdos, ha ido tomando el mando otra línea cuya
esencia es que la hegemonía debe basarse en la imposición
de sus intereses, rompiendo cualquier tratado internacional si
ello lo exige.
Esta
línea dura, detrás de la cual estaría el
complejo militar industrial, la industria de alta tecnología,
el lobby judío y los petroleros, ya quebró a Clinton
en la guerra de Yugoslavia imponiendo su política aventurera.
Es el bloque que no cejó hasta investir el primer presidente
elegido sin ser el candidato más votado.
Ahora,
ostentado el poder político, con el otro sector de la clase
dominante descabezado y sin iniciativa y con la mayoría
de la población encuadrada tras el atentado en torno al
interés nacional, es cuando se ha desatado
la tormenta en el nido de los halcones.
Disputa
que apunta a que los más decididamente aventureros serían
la expresión política de los petroleros, el complejo
militar industrial y el influyente sector duro judío que
ya demuestra en Israel la voluntad de imponer sus intereses a
cualquier precio. La vacilación vendría de los intereses
cruzados de la industria de alta tecnología, necesitada
de las altas inversiones estatales en investigación bajo
programas militares, pero cuyas ganancias finales dependen de
un mercado mundial abierto.
Por
sus actuaciones anteriores todo apunta a que esta diferencia se
resuelva por un método más o menos expeditivo y
que la correlación de fuerzas resultante en el seno mismo
del sector duro de la clase dominante yanqui tendrá consecuencias
inmediatas para todo el mundo.
L.G.
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