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Los voceros del Imperio:

Octubre 2001

“Saludables consecuencias”

  Francis Fukuyama, quien se hiciera famoso por su libro  El Fin de la Historia  vuelve a la carga con un artículo de prensa para demostrar que el atentado del 11 de septiembre ha tenido consecuencias bondadosas.

  ¿Qué clase de gente es capaz de ver un lado bueno en la masacre de miles de personas? ¿Qué intereses representan, tan antagónicos con la vida misma, quienes son capaces de alardear del  beneficio que han obtenido de la tragedia?

  Tras la firma de Fukuyama se encuentra el equipo de planificación política del Departamento de Estado norteamericano, del que el autor fue director para asuntos europeos. Por tanto, su artículo no hace más que concentrar los deseos e intereses de un sector de la burguesía monopolista norteamericana. Y lo hace de un modo tan abierto y descarado como amenazante.

La miserable retaguardia

El terror es bienvenido si sirve para doblegar a un pueblo y atemorizar a Europa

  Según la burguesía yanqui, el pueblo norteamericano es una retaguardia miserable porque no está dispuesto a cerrar filas con las sucesivas masacres que su gobierno debe provocar en el mundo para sostener su imperio y mantener la bonanza de su economía. Por eso la muerte de miles de compatriotas en Nueva York debe ser celebrada si supone el fin de tanto escrúpulo a ver morir inocentes y marines en algún rincón del planeta.

  Según Fukuyama: “... los ataques del martes a Wall Street representaron una lección de lo más saludable. La falta de peso de la Nueva Economía no va a proteger a nadie del cemento que le caiga encima;... Microsoft o Godman Sachs no van a enviar al Golfo Pérsico portaaviones o bombarderos F.16 para localizar el paradero de Osama Bin Laden; lo hará el ejército, y nadie más”.

  Si algo debe quedar claro para el ciudadano es que la estabilidad del modo de vida americano reposa en última instancia en la detonación de sus misiles más que en la rentabilidad de su industria. Y que nadie se engañe: la cuestión esencial es mantener la hegemonía mundial al precio que sea.

  “La larga etapa de bonanza económica de la administración  Clinton y la facilidad con que EEUU ha dominado la política mundial han dado lugar a que los estadounidenses se dejen llevar por comportamientos tan cortos de miras como los escándalos políticos  (...) las cuestiones esenciales se han ido reduciendo cada vez más”.

  Y para corregir rápidamente esta arraigada falta de patriotismo y la escasa disposición al sacrificio entre la retaguardia, nada mejor que la guerra:

  “La paz y prosperidad, por el contrario, fomentan las preocupaciones de la gente por las intrascendentes nimiedades de cada uno... las guerras de Golfo Pérsico y de Kosovo fueron absolutamente asépticas y generaron la ilusión, de que EEUU podía manejar a su gusto los acontecimientos  mundiales sin que costaran vidas a su propia ciudadanía. Eso es lo que ha cambiado ahora.”

  No debe existir pues, más interés que el de Estado, y más voluntad entre el pueblo que la de estar dispuesto a morir por el común interés del imperialismo.
Pero entregado a combatir el idealismo de sus compatriotas, Fukuyama desvela el materialismo de la invocada acción patriótica:

  “Antes del pasado martes, [11 de septiembre] había serias discusiones sobre si EEUU se encontraba en condiciones de financiar un irrisorio aumento de 18.000 millones de dólares (3,2 billones de pesetas) del presupuesto de Defensa; lo que está en juego ahora son unas sumas de dinero mucho mayores”

Leva forzosa en Europa

Según Fukuyama, la bondad de la masacre reside en que ahora los norteamericanos no se opondrán a la ofensiva imperial aunque cueste vidas a su propia ciudadanía

  Si su propio pueblo debe ser doblegado con el terror para que calle ante las atrocidades que cometa la burguesía monopolista norteamericana, Europa simplemente debe alistarse o atenerse a las consecuencias. Y si Europa teme el aventurero destino en que le embarca Washington, más debe temer su cólera: “Lo que más temores despierta en Europa es que  EE.UU  arremeta ciegamente, contra los que crean que son sus enemigos, lo que, a los ojos de los europeos, resultaría torpe y contraproducente... que tal cosa llegue a ocurrir depende, de cómo interpreten lo sucedido EE.UU y la propia Europa y de cómo actúen al respecto ...”

  Y de la amenaza velada  a la amenaza abierta: “Es más, se van a producir grandes problemas entre EE.UU y Europa si los europeos minusvaloran lo encolerizados que ahora mismo se sienten los ciudadanos de este país o si interpretan con demasiada cicatería el alcance de la amenaza terrorista. La declaración de apoyo a EEUU emitida por la  OTAN es un signo muy esperanzador, pero todavía queda por ver cuál habrá de ser la forma concreta en que vaya a plasmarse esa ayuda de los países aliados en los próximos meses.”

  “Ayuda” que concreta en la exigencia del envío de soldados europeos al frente: “una operación de este tipo no se puede realizar mediante ataques con misiles de crucero, llevados a cabo desde el santuario del territorio estadounidense, sino que va a exigir prolongadas operaciones militares en partes del mundo que están muy alejadas.”

  Valorar fríamente la parte “saludable”  del asesinato masivo de sus conciudadanos, calcular el monto del negocio que de ello se deriva, amenazar con el terrorismo a Europa, advertir a la humanidad de que si no se plega sufrirá “prolongadas operaciones militares”...

  Fukuyama está ejerciendo como portavoz del sector más aventurero de la clase dominante yanqui, emplazándose a no desaprovechar esta oportunidad ahora que las aspiraciones de democracia y paz de su pueblo han sido neutralizados con un shock y ahora que el otro sector de la Burguesía monopolista (desplazado por el pucherazo electoral) se encuentra sin apoyo popular. Fukuyama llama a dejar la filosofía y coger las armas para que “en estos momentos, y en el futuro más o menos previsible, [en que] el aislacionismo ha quedado descartado” EEUU garantice su hegemonía por largas décadas imponiendo el estado de guerra.

  Exigen el sometimiento del planeta entero. Y si una masacre en Nueva York es una lección saludable, ¿cómo pretenden aleccionar al mundo? Hay que pararles.

Albert Sagrera

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