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Sanidad
Octubre 2001
Multinacionales farmacéuticas:
El
negocio de la muerte
por Jordi Martínez
Precios
desorbitados para los fármacos contra el sida, centenares
de defunciones a causa del Lipobay, filtros defectuosos que convierten
la hemodiálisis en un episodio mortal... Escándalos
que se suman a una larga lista de criminales actuaciones de las
multinacionales farmacéuticas.
Si
usted vive en el Tercer Mundo puede morir por la imposibilidad
de acceder a los medicamentos; si habita en un país desarrollado,
someterse a un tratamiento puede transformarse en una ruleta rusa.
Cuanto
mayores son los beneficios y el poder del pequeño puñado
de grandes conglomerados farmacéuticos, más se amplía
el peligro para la mayoría.
La
conversión de la salud en un negocio multimillonario se
cobra un precio macabro. El sometimiento de la sanidad al interés
más restringidamente privado nos había introducido
en el mundo del tanto tienes, tanto vives. Ahora se
ha producido otra vuelta de tuerca: no es que nuestra salud sea
una mercancía, es que nos hemos convertido en material
desechable, en simples números cuya vida no tiene ningún
valor si hay millones en juego.
No
se trata únicamente del peligro al que somos expuestos,
la indefensión es el sentimiento abrumador. ¿De
qué mecanismos de control y respuesta disponemos? ¿Qué
precio va a pagar Bayer por preparar de forma consciente un asesinato
en masa?
Ya
está bien que nuestra salud se encuentre en manos que anteponen
el beneficio a cualquier otra consideración. Hay que pararles
los pies, hay que poner coto a la voracidad monopolista en sectores
vitales como la sanidad.
El mercado
farmacéutico:
Voracidad criminal
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Principales
multinacionales farmacéuticas
Ingresos anuales
(en millones
de Ptas) |
Bayer (Alemania)
Novartis (Suiza)
Merck (EEUU)
Pzifer (EEUU)
Roche (Suiza)
Glaxo (Reino Unido) |
5.303.490
3.778.580
3.485.000
3.166.000
2.892.720
1.897.280
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Total 6 principales multinacionales 20.523.320
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Total de ventas del sector farmacéutico
54.000.000
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170.000
millones de dólares, 54 billones de pesetas. Este es el
volumen de ventas que anualmente mueve el mercado farmacéutico.
Un montante superior a las ganancias que proporcionan las
telecomunicaciones o la venta de armas.
Una
bolsa enorme y muy rentable. Por cada dólar invertido en
la fabricación de un fármaco se obtienen mil en
el mercado.
Este
es el enorme terreno de un juego seguro. Si usted necesita una
medicina, no escatimará dinero para comprarla.
Como
sucede en todos los ámbitos del capitalismo, cuanto mayor
es el pastel a repartir, menores son los comensales que pueden
aspirar al banquete. El farmacéutico es uno de los mercados
más monopolizados del planeta. Tan sólo 25 corporaciones
copan el 50% del total de ventas, porcentaje que se eleva al 60%
u 80% en los segmentos más rentables. Las seis principales
firmas del sector suman unos ingresos anuales de 20 billones de
pesetas. Y hay que añadir más, puesto que todos
los grandes grupos farmacéuticos son también potencias
de la industria química, biotecnológica o agroquímica.
Dominio
que se extiende hasta todos los rincones del proceso. Ellos son
los únicos que pueden invertir enormes sumas en investigación,
el sistema de patentes hace depender a cualquier pequeño
laboratorio de los grandes, las sustancias químicas necesarias
para la fabricación sólo pueden ser proporcionadas
por los principales monopolios. Condiciones que crean una pirámide
donde, aunque pueden surgir pequeñas industrias, todos
los integrantes del sector deben someterse a las condiciones que
impone un pequeño puñado.
Grandes
colosos peleándose por un botín enorme. Imagínese
usted la virulencia de la batalla. Lo que está en juego
es la salud de todos nosotros. Imagínese las consecuencias.
Es
evidente que hay que poner límites a la voracidad monopolista,
es de justicia que se establezcan sanciones para los que cometan
una actuación criminal. Pero las palabras de la directora
de la OMS son claras: la salud y los intereses de la propiedad
son irreconciliables.
Si la Ford es capaz de hacer cualquier cosa por acrecentar los
beneficios o desplazar a un competidor, ¿por qué
la Bayer o Novartis no van a hacer lo mismo? ¿acaso no
se rigen por las mismas leyes, las que consagran el máximo
beneficio como única norma moral?
El
mismo control del mercado farmacéutico por parte de un
restringido puñado de enormes monopolios se convierte en
sí mismo en un peligro. Quien no sea capaz de crecer será
borrado del mapa, obligado a macrofusiones para alcanzar el tamaño
necesario. Y la misma magnitud alcanzada empuja a copar nuevos
mercados, a adoptar tácticas más agresivas, más
aventureras, con el fin de vender más y más barato
que su rival. La criminal actuación de Bayer con Lipobay
obedece a esta necesidad. Para encontrar un hueco en el mercado
de los medicamentos contra el colesterol, copado por multinacionales
americanas, distribuyó un medicamento sin comprobar, y
que multiplicaba su eficacia gracias a una peligrosa concentración.
Para
abaratar costes de producción se puede hacer cualquier
cosa: distribuir medicamentos perniciosos, elevar los precios
restringiendo el acceso de media humanidad a fármacos vitales,...
Cosechan sus beneficios con una guadaña que siega diariamente
muchas vidas.
Los cadáveres de la
globalización
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Precio real de los medicamentos antisida
50.000 Pts
Precio impuesto por las multinacionales
2 millones de pts
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El ejemplo de Sudáfrica
no puede extenderse,
sería perder mucho dinero,
no podemos hacer eso
con nuestros
accionistas.
(Presidente de Bayer)
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Bayer
admite que comercializó Lipobay conociendo que el riesgo
de reacciones adversas graves era del 0,1%. Seis millones consumen
este fármaco, lo que significa que, en un solo movimiento,
Bayer ha vendido un veneno mortal a 6.000 personas.
Sabiendo
que esta es la práctica habitual de los grandes grupos
farmacéuticos, ¿cuántos muertos cabría
adjudicarles?
El
grado de distorsión del orden natural de las cosas que
introduce el capitalismo es tal que las actividades humanas ancladas
en los sentimientos más nobles, como las relacionadas con
la medicina, se transforman en sus manos en un gélido mausoleo,
en una tétrica bolsa de valores.
Todas
las prácticas monopolistas de las grandes farmacéuticas
se enfrentan antagónicamente a los intereses, cuanto no
a la vida, de la inmensa mayoría.
El
acuerdo de la Organización Mundial del Comercio (OMC) sobre
Derechos de Propiedad Intelectual Relacionados con el Comercio
(TRIPS en sus siglas inglesas) establece que los países
miembros deben otorgar derechos exclusivos de comercialización
durante un periodo mínimo de 20 años a los propietarios
de las patentes de productos farmacéuticos.
Tal
y como declara Manuel Patarroyo, inventor de la vacuna contra
la malaria y Premio Príncipe de Asturias, no creo
que siendo el conocimiento universal, alguien tenga que apropiarse
de él para su beneficio particular, como las multinacionales
farmacéuticas. Pero el sistema legal defiende con
uñas y dientes que lo que pertenece a toda la humanidad
sólo pueda administrarse atendiendo al interés de
los grandes conglomerados, que, en una carrera frenética,
se apresuran a colocar su marca de propiedad a todo el planeta.
No
sólo se patentan los medicamentos, sino también
los genes o plantas que pueden suministrarlos. Varias tribus del
Amazonas, resistentes a enfermedades, han visto como multinacionales
patentaban su material genético. El 80% de las plantas
del planeta pertenecen a tan sólo 14 compañías.
Esta situación de monopolización absoluta se enfrenta
furibundamente a las normas de libre mercado que los dirigentes
de la globalización tanto aclaman. El precio de los medicamentos
es, como media, quince veces superior al que se situaría
en una situación de competencia.
El
propio Patarroyo afirma la vacuna para un adulto cuesta
unas 60 pesetas y la mitad para un niño. El costo ya no
sería el mismo cuando esté en manos privadas. Ese
es el dilema que tenemos nosotros, porque luego sería inaccesible
para algunos grupos que no disponen de esos medios.
Once millones de personas mueren cada año por enfermedades
infecciosas que podrían evitarse si los medicamentos más
básicos fueran de acceso universal.
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Once
millones de personas mueren anualmente a causa de enfermedades
infecciosas por no poder costearse los medicamentos necesarios |
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La
contradicción aparece de forma descarnada al contemplar
las acciones judiciales emprendidas por las grandes corporaciones
farmacéuticas contra Sudáfrica o Brasil. Estos dos
países se atrevieron a fabricar medicamentos genéricos
contra el SIDA, que infecta sólo en Sudáfrica a
4 millones. El precio del tratamiento contra el sida puede bajar
de los dos millones anuales impuesto por las grandes multinacionales
a tan sólo 50.000 pesetas. La respuesta del director de
la Bayer fue contundente: sería perder mucho dinero,
no podemos hacer eso con nuestros accionistas.
Es
lógica la acusación de uno de los dirigentes del
Congreso Nacional Africano, el partido de Nelson Mandela, quienes
se aprovechan del sida son peores que el virus. Provocan
muchas más muertes que la propia enfermedad.
La
mano llega también a los países más desarrollados.
Todavía está por esclarecer el episodio del aceite
de colza, que causó la muerte de 1.000 personas. Investigaciones
solventes, silenciadas y boicoteadas por la administración,
han revelado la endeblez científica de la hipótesis
oficial, que adjudicaba la causa a las anilinas. Señalan
como culpable a un pesticida organofosforado para matar gusanos
de la marca Bayer, con el que se trató experimentalmente
una partida de tomates en Roquetas de Mar, Almería, y que
luego fueron vendidos en mercadillos.
Esta
es la punta del iceberg más sangrante de un negocio mortal,
pero no hay que confundirse, lo excepcional se convierte en habitual.
Multitud
de fármacos son entregados al mercado sin conocer sus efectos.
En el caso del Lipobay, la constatación de sus mortales
consecuencias fue resultado de un estudio sobre 12.000 pacientes
una vez que el medicamento estaba en circulación. Lo más
grave es que esta no es la desaprensiva excepción sino
la criminal norma que convierte a la población en cobayas
forzosas de sus experimentos.
Las
doce principales revistas médicas del mundo han denunciado
que las investigaciones independientes, decisivas para certificar
la seguridad de un medicamento o establecer políticas samitarias,
han sido sustituidas por CRO (siglas en inglés de Organizaciones
bajo contrato), financiadas por multinacionales, donde los investigadores
pueden tener una intervención escasa o nula en el diseño
del ensayo, carecer del acceso a los datos completos y participar
limitadamente en su interpretación. Para colmo, los
resultados de un ensayo son enterrados si no son favorables al
fármaco de su patrocinador.
¿Cuántos
fármacos así estaremos consumiendo? ¿Cuántos
lipobay habrá en nuestro botiquín?
Indefensión absoluta
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¿Cómo
va a condenar a la Bayer el gobierno alemán si 400
parlamentarios son ex altos cargos de la compañía
que se reúnen mensualmente con la dirección
de la multinacional? |
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Si
usted sabe, o como mínimo tiene sospechas, de que una playa
es peligrosa con toda seguridad optará por no bañarse
en ella. Tenemos pruebas feacientes de la capacidad de envenenamiento
de los monopolios farmacéuticos, sin embargo no podemos
dejar de consumir ninguno de sus productos. Debemos someternos
a una amenaza que, dados los métodos empleados, es indiscriminada.
Esta
trampa mortal aparece agigantada por la impunidad con la que actúan
unos pocos y la indefensión en la que estamos instalados
la mayoría.
Bayer
ha reconocido que lanzó al mercado el Lipobay con plena
conciencia de sus efectos, ¿va a responder penalmente de
las víctimas causadas? ¿no debería considerarse
también un crimen contra la humanidad?
La
sideral distancia que separa los prestigiosos bufetes que pueden
costear las grandes compañías de la modesta acción
judicial a que tienen acceso los afectados es un escollo insalvable.
A
pesar de estar en peligro nuestra salud, e incluso nuestra vida,
¿de qué instrumentos de respuesta disponemos?, ¿de
qué mecanismos de control y marcaje hacia los grandes conglomerados
del sector?
Ellos,
en cambio, sí disponen de una amplísima telaraña
que los enmadeja a todos los aparatos de poder.
Las
multinacionales farmacéuticas forman parte destacada de
la Mesa Redonda Europea de Industrias, que se reúne periódicamente
con altos consejeros de la UE para despachar las líneas
generales de cada sector.
Sólo
la Bayer dispone de 400 ex altos cargos que ahora son parlamentarios
nacionales o regionales y que la multinacional reúne cada
mes para presionarlos y tenerlos controlados.
No es anormal que luego los gobiernos absuelvan de toda responsabilidad,
dicten normas que les favorezcan o financien con fondos públicos
investigaciones que luego generarán beneficios privados.
No es que permitan, es que los gobiernos son la parte subsidiaria
de sus consejos de administración.
En
España, la Agencia Nacional de Medicamentos declaró
que el balance entre riesgos y beneficios en los medicamentos
con cervistatina es favorable. La Asociación Nacional
del Paciente declara que han muerto 24 personas, frente a los
seis ofrecidos por las cifras oficiales, 56 afectados graves,
cifras que previsiblemente aumentarán dados los 200.000
consumidores de Lipobay en España.
En
las reuniones donde se investiga la muerte de 13 pacientes al
realizarse una hemodiálisis participa, y parece ser que
tienen la voz cantante, la multinacional Baxter, fabricante del
filtro A-18, sobre el que recaen las principales sospechas.
El
gobierno alemán ha exculpado a Bayer de toda responsabilidad,
negándose a iniciar ninguna acción jurídica,
a pesar de que existen contundentes pruebas en su contra.
Si
los mecanismos políticos habituales no funcionan,
se ponen en marcha otros planes. Germán Velásquez,
directos del programa mundial de medicamentos de la OMS, se atrevió
a publicar un estudio donde se recomendaba la elaboración
de genéricos y la eliminación de las patentes. Vive
bajo amenazas de muerte. Atacado en Río recibió
este mensaje: esperamos que haya aprendido la lección
y deje de criticar a la industria farmacéutica.
¡Hay que detener a los
criminales!
El
conocimiento debe servir a los intereses colectivos, no a los
intereses privados... Llegó la hora de que los países
en vías de desarrollo se unan contra el boicot de las multinacionales
a la fabricación de genéricos. (Manuel
Patarroyo)
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Si
la acción popular ha puesto a Pinochet o Videla en
el banquillo, ¿por qué no va a ser posible con
Bayer o Novartis? |
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La
victoria judicial en Sudáfrica contra 39 multinacionales,
imitada en Brasil, ha demostrado que, con unidad y presión
social, David puede derrotar a Goliat.
Hasta
la OMS y la ONU han apoyado a los gobiernos sudafricano y brasileño,
estableciendo como doctrina internacional el derecho de los países
a fabricar medicamentos genéricos a bajo precio.
La
eliminación de sistema de patentes y el establecimiento
de un límite de precios para los medicamentos debe ser
una exigencia internacional. Un sector como la sanidad, del que
dependen millones de vidas, no puede estar sujeto a las infernales
leyes que impone la monopolización.
Pero
la solución no puede recaer en la acción gubernamental,
atendiendo a los estrechos vínculos que unen a muchos de
los gabinetes con los consejos de administración de las
farmacéuticas.
La
acción ciudadana, como de hecho ha ocurrido en Sudáfrica,
debe ser el motor principal. Sólo las víctimas y
los directamente interesados pueden dar una respuesta justa y
consecuente.
La
unidad entre los pacientes (enfrentados a una amenaza permanente),
una buena parte de médicos (que optaron por esta profesión
como una opción vocacional) y un enorme número de
abogados independientes debe ser el corazón de un movimiento
capaz de romper la impunidad y las prácticas criminales
de los gigantescos monopolios del sector.
La
indignante permisividad de los gobiernos debe contrarrestarse
con una persistente actividad judicial de los afectados. Quien
la hace la paga, y que el próximo sepa cuales son las consecuencias.
Millones
de personas separadas son elementos indefensos ante grandes conglomerados,
pero la capacidad que proporciona la acción colectiva puede
cambiar el color. Existen elementos jurídicos para hacerlo,
solo es necesario romper la tela de araña que los mantiene
al margen de la ley. Quien piense que es imposible debe recordar
la visión de Pinochet o Videla sometidos a procesos judiciales.
Una
unidad que pueda levantar mecanismos de control eficaces, donde
expertos independientes puedan investigar cada medicamento y certificar
su seguridad como condición para su entrada en el mercado.
Y
que trabaje con el objetivo de poner a disposición de todos
el conjunto de conocimientos y desarrollos prácticos disponibles.
Que nunca más nadie pueda verse afectado por males para
los que la humanidad ha encontrado ya un ramedio, pero que permanece
atrapado en la maraña de números de las acciones
de Bayer, Novartis, Roche...
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