De Verdad 20/2001 - SUMARIO
NACIONAL
Noviembre 2001
La guerra es suya, los muertos son nuestros
Hoy son 800, mañana 1.000, pasado mañana 2.000 y al final ya se verá. Como si se tratara deÊunaÊpartidaÊde póker,ÊelÊGobierno baraja cifras, sube sus apuestas «en función del desarrollo de las operaciones militares». Según ha dicho Trillo la oferta de «paquetes de capacidades militares se va adaptando a los distintos teatros de operaciones».
HablanÊdeÊcifras, como si se tratara de mercancía, para recoger las ganancias que les reportará la participación en las agresiones norteamericanas contra otros pueblos Alemania pone 3.900, Italia 2.700 y Holanda 1.400. Aznar, ahora te toca hablar ¿Qué pones tú? Esto podría ser, en resumen, el toque de atención que le dió Berlusconi a Aznar en la Cumbre hispano-italiana de Granada. A partir de ahí el baile de cifras, las informaciones confusas de Trillo, y los adelantos que nos filtró, para todos los españoles, el ministro italiano de Defensa, Antonio Martino.
Que están dispuestos a dar lo que se les pida desde Washington ya lo han aclarado repetidamente, pero a la hora de concretar les entra el pánico. Están viendo los problemas que genera la participación en la guerra a los gobiernos de Blair, Schoroeder y el mismo Berlusconi, e intentan retrasar el estallido de la opinión pública. Que nos llegara antes la información por boca del ministro italiano que por la del propio Trillo es una buena prueba de ello. El pueblo sí se preocupa de lo que le pasa a los suyos. El militar que representa a España en el centro militar de Tampa (EEUU) afirma que «ésta es nuestra guerra», pero para el pueblo todos los muertos inocentes son suyos: las víctimas de las Torres Gemelas, los que se han llevado los bombardeos en Afganistán, y los muchos que morirán de hambre y frío por el éxodo hacia Paquistán.
Pero también recordamos la masacre de Kosovo, en la que participaron pilotos españoles. Ante cada ataque hacia cualquier pueblo hay un resorte que hace saltar el rechazo y la condena de un amplio sector de nuestra gente, además de una exigencia rotunda de no participar en modo alguno en los planes bélicos de EEUU o de cualquier otra potencia. Nuestro pueblo no quiere ser utilizado de ninguna manera para avalar su sumisión al Imperio, y así lo está expresando. Con la guerra de Yugoslavia vimos de qué son capaces. Es hora de elevar el tono de la protesta. Que se convierta en marea imparable, que se oiga como una sola voz. Va en ello nuestra independencia y libertad como pueblo.
J. Espill