De Verdad 20/2001 - SUMARIO
MOVIMIENTO OBRERO
Noviembre 2001
Oleada de despidos... cascada de ajustes
Sólo en EEUU, y únicamente en el mes de septiembre, los principales grupos económicos anunciaron 248.332 despidos. El 81% de ellos saltaron a la palestra días después del atentado sobre las Torres Gemelas. Para algunos analistas son desgraciadas pero imprescindibles medidas, como consecuencias de la situación bélica que vivimos. Para otros, el ataque terrorista no ha hecho sino acelerar lo que muchos preveían por la crisis económica.
Efectivamente, en los cuatro primeros meses del año, ya se anunciaron más de medio millón de despidos. ¿Realmente es la mala racha de la economía mundial la culpable de esta oleada de despidos? ¿Son ajustes inevitables si no queremos caer en la recesión? General Electric, la empresa más grande del mundo, obtuvo el año pasado 12.300 millones de dólares de beneficios, y comenzó este año con 435 millones de superávit en el primer trimestre. No parece estar en crisis. Sin embargo va a despedir a 75.000 trabajadores. Du pont, el segundo grupo químico mundial, sólo ganó durante el 2000 unos 567 millones de dólares. Despedirá a 5.000 personas. Entre los cinco sectores más afectados, figuran telecomunicaciones y tecnología, dos de los más rentables. Son las empresas más grandes y con mayores beneficios las que acometen los despidos más elevados.
La clave nos la proporciona la siguiente frase del Wall Street Journal: «No hay que ganar. Hay que ganar más». Ganar más que el año, el semestre y la semana anterior, pero sobre todo ganar más que la cifra conseguida por los competidores. La voracidad alimenta la voracidad, y la competencia exige más competencia. Son los monopolios más competitivos los obligados a realizar ajustes más severos. Las condiciones del mercado mundial obligan a alcanzar un tamaño gigantesco para tener posibilidades de competir, pero cuanto mayor es el tamaño y más elevada la inversión a realizar, más se agudiza también la necesidad de conquistar nuevos mercados. Como todo el planeta está ocpado, sólo se puede avanzar desplazando a un competidor.
Esta es la carrera sin fin del capitalismo monopolista. La que, en palabras del propietario de Ford, implica que «todo está sujeto a revisión» y que «carezca de sentido mantener las operaciones que no sean rentables». La clase obrera ocupa, para los propietarios del capital, el papel de la fuerza de trabajo, un instrumento de producción más, sujeto a las mismas reglas que los otros. Renovar la maquinaria es una forma de mejorar la rentabilidad del trabajo; «organizar la producción», eufemismo para denominar a los despidos, no es más que otra manera de aumentar la productividad. Y a mayor cantidad de despidos, más competencia entre la mano de obra. Y mejores condiciones para imponer las condiciones que el capital precisa. Ford o Microsoft, entre otros grandes monopolios, utilizan el sistema de selección denominado «ranking forzoso».
El objetivo es aislar al 10% de los trabajadores «prescindibles», los de menor rendimiento, que reciben el nombre de grupo C. Cada año, deben elegir entre renunciar a una parte de sus derechos, incluido el sueldo, o salir despedidos. Otras corporaciones han ido más lejos: Du Pont, McDonalds, Nike o Adidas, han prohibido los sindicatos en sus fábricas. Intel o Motorola exigieron al gobierno de Malaisia que proclamara al sector tecnológico «libre de sindicatos», como condición previa para invertir en el país.
Aunque no hace falta irse tan lejos. La dirección de SEAT ha aceptado una propuesta, increiblemente planteada por CCOO y UGT, que jubila anticipadamente a 7.000 trabajadores. Ocuparán su puesto obreros jóvenes con salarios del convenio provincial del metal, un 30% más bajos que los que cobraban sus predecesores. Se renuevan los instrumentos de trabajo por otros más nuevos y rentables. Hace unos años, patronal y gobierno invocaban la flexibilización del despido como única vía para generar empleo. Hoy se demuestra lo evidente: si quieren el despido más barato es para poder despedir cuando les convenga.
La actual oleada de despidos no responde a ninguna crisis económica, simplemente a un axioma del capitalismo: la voracidad de los monopolios aumenta con sus beneficios. Hoy despiden a un millón de trabajadores en todo el mundo para cuadrar su saldo de beneficios, y mañana exigirán otra nueva vuelta de tuerca en las condiciones de trabajo y salario... porque siempre «hay que ganar más». No puede haber un sólo despido más en una empresa que genere beneficios.
No podemos permitir un nuevo recorte. Ya está bien que los que lo producimos todo, los que generamos toda la riqueza, seamos los primeros sacrificados No es verdad que los despidos y recortes sean fruto del curso natural de las leyes del mercado. Responden únicamente a los intereses de clase de los propietarios del capital. Son producto de un hecho antinatural: que los que nada hacen lo posean todo y decidan sobre los que mueven el mundo con su trabajo. No podemos tragar ni un segundo más con ruedas de molino.
Francesc Ten