De Verdad 20/2001 - SUMARIO

 


MOVIMIENTO OBRERO

Noviembre 2001

El enemigo está en casa

Se trata de si la clase obrera se va a dotar de un instrumento de lucha realmente propio

«Hay que fomentar la flexibilidad laboral frente a la crisis con el fin de obtener una mayor estabilidad en el empleo». Adivine en menos de cinco segundos quien afirmó esta sentencia, síntesis del pensamiento neoliberal. ¿Cuevas?ÊNo.Ê¿Rato? Tampoco. El propietario de esta frase es el secretario general de CCOO, José María Fidalgo.

¿Mayor flexibilidad laboral? El señorÊFidalgo podríaÊdepartir sobre este interesante punto con los jóvenes que, en porcentajes mayores al 90%, deben aceptar un contrato temporal por semanas, días, o incluso horas. Fidalgo continúa: «la estabilidad no significa trabajar toda una vida en el mismo sitio o en el mismo lugar». ¿Pero de quién habla usted? ¿De los que han trabajado en veinte sitios en el último año?

Y nuestro hombre persiste: «debe mezclarse con la flexibilidad, que es un factor de desarrolloÊdelÊempleoÊestable». Flexibilidad, o sea máximo poder para que el patrón imponga sus condiciones al obrero. Y eso para Fidalgo es un buen elemento para una mezcla. «Las cosas no pintan bien, por lo que habrá despidos». ¿Pero no esÊustedÊunÊsindicalista? ¿Entonces cuál es su labor, movilizar a los trabajadores para evitar los despidos, o anunciarlos advirtiendo que, como las cosas no pintan bien y los despidos son inevitables, es mejor aceptarlos como un hecho consumado y negociar algunas migajas a cambio?

Pero la pieza mayor, la que mejor define el carácter de las actuales cúpulas sindicales, viene cuando Fidalgo espeta «la prevalencia de la organización sindical frente al comité de empresa, ya que la federación de un sindicato tiene más visión de sector». ¿No se llama comisiones su sindicato? ¿No estableció como principio fundacional la preminencia de la asamblea de trabajadores sobre cualquier otro órgano? Cuando define el sindicalismo, Fidalgo afirma que es «poder y responsabilidad».

Los mineros de La Camocha, los que fundaron lasÊcomisiones obreras,Êseguro que hubieran utilizado otras palabras, otro mensaje de clase. No son la derecha y la globalización los culpables del actualÊretroceso delÊmovimiento obrero.

No es el fortalecimiento de la patronal la causa de los males de la clase obrera. Hace unos años, se fijó el objetivo de partir el espinazo al movimiento obrero. El principal instrumento para conseguirlo ha sido la línea dominante en los sindicatos mayoritarios, sostenida por las actuales cúpulas dirigentes. Cuando se publican las encuestas donde la población valora a las diferentes organizaciones, los sindicatos aparecen catalogados como «organización estatal», y para econtrarlos debemos emezar por la cola, muy cerca de la iglesia o el ejército.

No es que los trabajadores no se sientan representados en los actuales sindicatos, es que los consideran algo ajeno. Y no les falta razón. Todas las tradiciones de lucha del movimiento obrero han sido subvertidas una a una. Todos los principios y enseñanzas acumuladas durante décadas de batallas de clase han sido liquidadas.

Levantar el movimiento obrero significa en primer lugar defenestrar la actual línea dominante en los sindicatos. Y para ello es imprescindible un rearme ideológico, teórico y organizativo. Es necesaria la movilización de los miles de sindicalistas honrados y luchadores que existen en CCOO. No se trata de qué se va a sacar en el próximo convenio o negociación, sino de si la clase obrera se va a dotar de un instrumento de lucha propio para defender los intereses que, como clase explotada, le corresponden.

Francesc Ten