De Verdad 20/2001 - SUMARIO

CONTRAPORTADA
¡NO A LA GUERRA!
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en Yakarta...
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Apacibles cañonazos
Hace ya más de una década que la población norteamericana no ve ningún cadáver de los miles que ha ido dejando su ejército, a pesar de que es ya muy larga la lista de invasiones y bombardeos desatados contra otros países en este tiempo.
En la guerra del Golfo solo se vieron estelas que iluminaban la noche de Bagdag. Cualquier atentado con explosivos de ETA causa mayores desastres que toda la destrucción mostrada de Afgansitán, donde los efectos de cientos de toneladas de bombas han sido reducidos a columnas de humo en mitad de zonas desérticas.
¿Quién ignora que esa no es la realidad? Pero mientras el televisor no la meta en casa... La molesta presencia de testigos, las cámaras de la televisión Al Jazira, fue resuelta en EEUU mediante la imposición de la censura, y para el resto del mundo con la destrucción de su emisora en Kabul. Los televidentes solo están autorizados a presenciar el júbilo desatado entre los habitantes de la capital afgana celebrando su liberación. No fue permitido presenciar ni un llanto por las víctimas de los bombardeos.
Los refugiados de Kosovo fueron lanzados al estrellato porque entonces eran el argumento para la intervención. Los refugiados afganos a pesar de multiplicar por seis el número de los kosovares en campamentos fuera de su país, son mera anécdota en los noticiarios. Las víctimas civiles de los bombardeos se presentan valoradas en términos empresariales de relación entre coste y ganancia: matar a unos pocos para salvar a muchos.
Un crimen presentado como éticamente aceptable, para quien en el primer y segundo mundo esté dispuesto a asumir que el mal necesario sustituya a lo que es justo para los pueblos, como criterio moral. El mismo argumento con el que se aniquiló a la población de Hirosima y Nagasaki.
Alberto Pastor