De Verdad 21/2001 - SUMARIO

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EDITORIAL

Diciembre 2001

De Lima a Washington

¿Dónde vive el mayor activo político de España: en Washington o en Lima?
¿Dónde la posibilidad de desarrollar un proyecto independiente?

No existe mejor termómetro para valorar los movimientos en la graduación mundial que el carácter de las relaciones con la primera potencia. Chirac y Schröeder, representantes del eje decisorio europeo durante las últimas décadas, saldaron su estancia en Washington con escasa trascendencia y con una ejemplificadora degradación.

El encuentro entre Aznar y Bush ha constituido la antítesis. El contenido y las formas revelan una minuciosa intención, no sólo por parte española, en conceder a esta visita un rango diferenciador. Aznar se ha entrevistado con las principales autoridades norteamericanas: desde las cabezas del gobierno hasta el presidente de la Reserva Federal, desde el consejo del Washington Post hasta la máxima autoridad en materia antiterrorista. Las deferencias estadounidenses y la diferencia con similares encuentros del pasado no son baladís: se corresponde con otra colocación de España en el tablero mundial.

Bush no solo ha despachado con una provincia subordinada, sino con un país que interesa mantener como socio privilegiado. ¿Cuáles son los motivos de este cambio? ¿Tan bien va España como para que el imperio se haya visto obligado a cambiar su valoración? Las motivaciones exceden el ámbito nacional. La profunda reestructuración mundial que ha supuesto el once de septiembre afecta de lleno al continente europeo. De segundo actor mundial ha pasado, en apenas unos días, a quedar relegado de la zona decisiva, desplazada ahora hacia Asia.

Las relaciones de poder establecidas en Europa, y que se encaminaban a construir un polo nucleado en torno a Alemania y capaz de competir con EEUU, se han dinamitado. En su lugar se levantan otras jerarquías dominadas por el criterio de cercanía a Washington. Blair ocupa el centro de la política europea en virtud de su calidad como virrey estadounidense. Aznar aspira a ocupar el segundo escalón, como materialización de un eje Londres- Madrid- Roma que coloque la política europea en manos de los Estados más vinculados a Washington. Este, y no otro, es el factor decisivo que posibilita una sorprendente elevación de España en la escalera mundial.

Como confirmación, uno de los puntos tratados entre Aznar y Bush ha sido el fortalecimiento, durante el inminente acceso de España a la presidencia europea, de la «agenda trasantlántica» (eufemismo que designa los principales lazos de dependencia que EEUU mantiene sobre Europa). Pero nada es gratuito si se negocia con un imperio. Aznar ha asegurado que «estaré con EEUU hasta el final, hasta las últimas consecuencias».

Detrás de esta alardeada sentencia, pasaporte necesario para redimensionar el papel español en el mundo, se esconden peligros latentes. A nadie se le escapa que los nuevos proyectos de expansión norteamericanos suponen una vuelta de tuerca contra la paz y la democracia en el planeta. Afganistán ha sido la primera etapa, pero el calado de los planes del imperio exigirán nuevas aventuras. Aznar pretende encadenar el destino de España, las posibilidades de expansión mundiales, al carro todavía humenate de Washington. ¿Qué nivel de participación en las agresiones contra otros pueblos exigirá el nuevo papel que Bush y Aznar reservan para España? ¿Hasta dónde llegará el aumento de la histórica dependencia con respecto a EEUU?

La inestabilidad de la situación internacional, y el aventurerismo que anida en algunos sectores norteamericanos, supone que los compañeros de viaje del imperio comparten beneficios pero también riesgos. Y cuanto más cerca de Washington, mayores peligros potenciales.

Los nuevos galones evidencian las debilidades históricas: a pesar de haberse dotado de monopolios capaces de hacerse un hueco en importantes sectores del mercado mundial, la clase dominante española precisa, para hacer valer un mayor peso político en el mundo, de cobijarse bajo el manto de alguna gran potencia. Aznar aterrizó en Wasington procedente de Lima. Acababa de asistir a la Cumbre Iberoamericana. ¿Dónde vive el mayor activo político de España: en Washington o en Lima? ¿Dónde la posibilidad de desarrollar un proyecto independiente? No se trata de conveniencias políticas.

Auparse encima de la silla que proporciona el fortalecimiento de la relación con Washington implica un proyecto troquelado desde unas determinadas bases morales. Encabezar la unidad de los pueblos y naciones hispanas, recogiendo las tradiciones de pluralidad, diversidad y libertad existentes en el mundo hispano, es la base para entregar una contribución a la humanidad. Aznar ha elegido su camino. Nosotros, los pueblos que habitan desde la península hasta Tierra de Fuego, también debemos manifestarnos.