De Verdad 21/2001 - SUMARIO
EDITORIAL
Diciembre 2001
¡Que se juzgue a Arzallus ya!
Es necesario sacar a la luz y cortocircuitar todos y cada uno de los hilos desde donde, con la impunidad que proporciona el poder, Arzallus ha difundido el nazifascismo.
Las pistolas de ETA han segado la vida de dos ertzainas... pero otros son los responsables últimos de este doble asesinato.
Las declaraciones de los sindicatos de la policía autónoma vasca no ofrecen lugar a dudas: «tenemos rabia por no poder combatir a ETA y la kale borroka como es debido. Tenemos claro que nuestra misión es detenerlos, pero no nos dejan (...) Lamentamos que la Consejería de Interior emplee el mismo lenguaje que el entorno de ETA... no pueden mirar a un ertzaina a la cara».
Las medidas adoptadas por la consejería de interior, bajo la fuerza de la indignación social, no deben diluir que la máxima responsabilidad pertenece a la política instaurada desde los círculos más negros del nacionalismo étnico. La que ha reiterado que no era conveniente la derrota de ETA, estableciendo órdenes concretas para que no se detenga a los responsables de instaurar el terror en las calles de Euskadi. La que deniega a los ertzainas amenazados el uso del chaleco antibalas «por razones estéticas».
¿No deben de responder de esto Arzallus, Ibarretxe y Balza? Las razones de este comportamiento no se encuentran en la tibieza frente al terror, sino en la necesidad política. Arzallus ha proclamado reiteradamente que la soñada Euskadi independiente se convertiría en una negra pesadilla donde más de la mitad de la sociedad vasca carecería de los más elementales derechos democráticos. Aceptar este inmenso campo de concentración implica torcer demasiadas voluntades. La amenaza directa hacia la vida, el ostigamiento y la coacción cotidiana se transforman en indispensables armas políticas.
Cada día es más evidente. Cada día más sectores sociales, incluyendo los que pertenecen al mundo nacionalista, lo denuncian. Pero no basta con esto. Es necesario que Arzallus, como cabeza visible del terror, responda de la larga lista de crímenes que se han realizado en su nombre. ¿Habríamos permitido que el juicio a Pinochet se saldara con el encausamiento de los pistoleros bajo la excusa de que el dictador chileno no ha pegado un solo tiro? Enjuiciar a Arzallus es una exigencia moral ineludible, y la llave para desentrañar la trama de terror urdida durante décadas en Euskadi.
Una red negra que inunda todos los rincones de la sociedad vasca: desde las escuelas a los medios de comuncación, desde la política hasta las actividades más cotidianas. Y este es el momento. La oleada del 13-M cristalizó la marea de rebelión que alienta en la mayoría de los vascos. Arzallus tuvo que enclaustrarse, e incluso entre sectores abertzales se rechazó tajantemente la utilización del terror como arma política.
Pero no es suficiente. Anuque enjuiciar a Arzallus parezca hoy una meta óptima, sólo es el primer, pero ineludible paso. Colocar a Pinochet ante un horizonte judicial no supuso cerrar nada, sino más bien abrir la posibilidad de llegar hasta el final de las tramas que construyeron la dictadura. Y detrás del fascismo de Pinochet, como ha ocurrido con el resto de dictadores enjuiciados, apareció el despacho desde dnde kissinger prestaba el apoyo necesario. Evitar la aparición de nuevos Pinochets tiene su elemento clave en cortar los hilos desde donde EEUU puede intervenir en Chile.
¿Por qué el nazifascismo de Arzallus debe ser el único terror local que no disponga de padrinos foráneos? Que Arzallus comparezca ante la justicia y que aparezcan todas las conexiones que han dado sustento a su proyecto totalitario. éste es el único camino para extirpar la amenaza nazifascisa sobre Euskadi.