De Verdad 21/2001 - SUMARIO
NACIONAL
Diciembre 2001
Aussaresses:
Un
servidor del Estado
No son las miserias de un torturador, sino el material primigenio de que se nutre el Estado francés
Todos los aficionados a las películas judiciales esperan que, cuando aparece un culpable excesivamente evidente y fácil, éste no sea más que la tapadera que esconde otra pieza mayor.
Esta filosofía puede aplicarse al caso de tortura que estos días preocupa a la sociedad francesa. El general Paul Ausaresses se enfrenta a un tribunal por la publicación de un libro donde detalla y defiende las torturas que llevó a cabo durante su estancia en Argelia. Hasta aquí deberíamos felicitarnos de la salud de la democracia gala.
Quizá nos puede extrañar que el delito del que se acusa al anciano militar no sea el de haber efectuado la tortura, de imposible enjuiciamiento por haber prescrito, sino el de hacer apología de ella. Lo punible no es el asesinato, sino su difusión. Pero es más inquietante que monseieur Ausaresses haya podido culminar, con crímenes tan espantosos a sus espaldas, una afamada carrera militar laureada conel rango de general y la más alta condecoración nacional, la Legión de Honor.
La firmeza con que defendió la rentabilidad de la tortura como arma política no puede provenir sólamente de convicciones individuales, sino de una prolongada formación en un ámbito de valores que consideraba el crimen, no sólo aceptable, sino incluso honorable. A veces condenar a uno es la mejor forma de no remover a cientos. Podemos recordar una docena de casos (la actuación de los Panzer en el Sahara, el hundimiento del Raimbow Warrior...) que explicitan como la tortura y el asesinato son métodos tácitamente aceptados para defender los intereses franceses en el mundo.
Aussier ha cometido el delito de publicarlo. Todavía hay elementos más interesantes en este caso. En su declaración, el general francés reconoció que el entonces ministro Fran¨ois Mitterrand, era informado a diario de los crímenes. Es curioso que quien aprobaba las torturas y ejecuciones sumarísimas desde su despacho, y que arrastraba el lastre de haber colaborado con el r;egimen pronazi de Vichy, pudiera convertirse en cabeza de la izquierda gala. En verdad, Mitterrand era mucho más retorcido y peligroso que Aussareses.
Algunos piensan que nos hemos topado con un torturador, que la justicia funciona, que condenarle es ajustar cuentas conel pasado y prevenir el futuro... Excesivamente tranquilizador. Aussaresses se define a sí mismo como un servidor del Estado. Y en verdad lo es, utilizando el término con la mayor propiedad. Todos sus crímenes fueron cometidos en nombre del Estado, haciendo uso del poder que le había concedido, obedeciendo sus órdenes y siguiendo la filosofía aprendida en los regazos del Estado. El militar francés, al defender sus crímenes de una forma tan abierta, nos espeta sorprendido «pues claro que el Estado tortura, ¿pero qué se habían creído ustedes que era un Estado». No estamos contemplando las miserias de un individuo, sino el material primigenio del que se nutre el Estado de la rancia burguesía francesa.
Francesc Ten