De Verdad 21/2001 - SUMARIO

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EDITORIAL NTERNACIONAL

Diciembre 2001

Sangre fácil

La matanza de 450 prisioneros en el fuerte-prisión de Mazar-i-Sharif es la mayor atrocidad conocida de cuantas ha cometido el ejército norteamericano en lo que va de guerra. El motín de los encarcelados fue ahogado en sangre. El enviado especial del diario La Vanguardia definió la escena final resultante como ver «el Guernica de Picasso», y acerca del ataque describía cómo con los bombardeos «las llamas de aquel infierno inequívocamente dirigido a exterminar, las vimos a más de diez kilómetros»

El Frente Unido (Alianza del Norte) había retrocedido ante el amotinamiento y mantenía cercado el recinto. Fue la aviación norteamericana la que pulverizó la prisión mientras agentes de la CIA (uno de ellos muerto en el tiroteo previo) con soldados de EEUU y Reino Unido encabezaron el asalto para rematar a los supervivientes. No quedó nadie con vida. El último preso, arrinconado por centenares de hombres armados, fue masacrado con una granada. En una conversación telefónica -reproducida en la prensa- entre el redactor de Times y su corresponsal en la zona, se puede leer: Ð Hay británicos y estadounidenses (...) pero son los estadounidenses los que llevan la batuta. Ð ¿Cómo que tienen la batuta? Ð Sí, son los que coordinan desde el interior del fuerte los bombardeos.

También dan la señal de ataque a los combatientes de la Alianza. Ð ¿El resultado? Ð Parece que de momento han muerto 300 ó 400 talibanes. La misión de los estadounidenses y de los británicos es ahora matarles a todos. Esta es su justicia infinita: Una masacre como no se conocía desde que miles de iraquíes fueron enterrados vivos por gigantescas escavadoras blindadas que arrastraron sobre las trincheras toneladas de arena del desierto. Como detonante de la revuelta de los presos, rebelión que sin posibilidad alguna de escapatoria les llevaba a su segura inmolación, se apuntan dos desencadenantes: una reacción de ira ante la presencia de agentes norteamericanos en la cárcel; y la perspectiva de que su único destino era una condena a muerte.

¿La presencia de un estadounidense subleva hasta el límite de arriesgar su vida a 500 presos? El Pentágono reconoció que el agente de la CIA muerto en la prisión tenía como misión «interrogar a los prisioneros», y, ¿quién duda a estas alturas que esto implicaba crueles torturas?. No sería pues la sola presencia de un agente yanqui uno de los motivos de la revuelta, sino sus «interrogatorios». Y en cuanto al temor a ser fusilados, ese está siendo el final de los prisioneros extranjeros (árabes, pakistaníes...) que son separados de los talibanes afganos y sistemáticamente aniquilados. Eso era el fuerte de Mazar-i-Sharif: un campo de concentración de prisioneros no afganos para su exterminio.

Así está descrito por los periodistas que fueron testigos. Los principales medios de comunicación, siguiendo celosamente las directrices que imparte la CNN, se cuidaron de colocar junto a la noticia de la masacre norteamericana, las fotos que nos muestran a un soldado afgano arrancando un diente de oro a uno de los asesinados en el fuerte. Pero aunque nos distraigan momentáneamente las imágenes de estos «aliados» afganos que se ha echado la Casa Blanca, bárbaros y dados al pillaje, no pueden hacer olvidar que lo «especial» de las fuerzas especiales americanas y británicas radica en lo preparados que están para actuaciones sanguinarias. Están entrenados para ello. Y en cuanto olfatean sangre el salvajismo inculcado no se refrena. Eso es lo que les pide el cuerpo a los marines,... y a sus altos mandos. Así les arengó el secretario de defensa D. Rumsfeld: «Queremos a los de Al Qaeda muertos o presos».

No es esta la línea (por innecesaria para sus objetivos) que el ministro de exteriores ÐPowell- ha impuesto en la actuación norteamericana. Al contrario, intentan contener a la bestia y practicar una discreta barbarie. Una barbarie que lleva en su haber más de dos mil crímenes entre la población civil víctima de los bombardeos, pero discreta porque ha evitado el bombardeo indiscriminado de núcleos urbanos, además de imponer una censura férrea que no mostrase imagen alguna del sufrimiento de los afganos. Sin embargo, la matanza de Mazar-i-Sharif ha sido alardeada y obscenamente mostrada por las cámaras; porque aunque esta no sea la línea que lleva la dirección de cómo se tiene que hacer esta guerra, ni siquiera los intentos de un sector de la burguesía monopolista americana por mostrar un comportamiento más democrático con el que contener el rechazo de los pueblos, puede reprimir el aspecto más depredador del imperio.