De Verdad 21/2001 - SUMARIO

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EDITORIAL NTERNACIONAL

Diciembre 2001

A pedir de boca

La Conferencia de Paz sobre Afganistán se celebró en la antigua capital germana de Bonn. Pero este detalle no simboliza la recuperación del papel de Alemania como gran potencia, sino el proseguir de la humillación a que está siendo sometida por EEUU desde el 11 de septiembre. EEUU sume a Afganistán en la edad de piedra mientras Europa debe hacerse cargo de costear su reconstrucción.

En particular, ha sido anunciado que Alemania y Japón serán las naciones que más dinero aporten en la ayuda humanitaria y las tareas de reconstrucción. Esto es lo que queda encomendado a los gigantes económicos, enanos político y gusanos militares, definición que miembros del gobierno alemán admiten de sí mismos: Estados Unidos se ocupa de lo importante. Como nadie dudaba, el objetivo verdadero de los bombardeos no era Afganistán. El secretario de defensa estadounidense Donald Rumsfeld -«No se trata de una invasión ni de una ocupación»- y el subsecretario Paul Wolfowitz -«nuestra misión no es apoderarnos de Afganistán»-, lo han hecho explícito. Hay que invertir demasiado dinero para hacer de ese país un botín rentable en su explotación.

Berlín se ha quedado ocupado de recomponer diplomáticamente lo que ha sido desguazado por años de intervención norteamericana y semanas las explosiones, pero incluso la solución pactada lo es de acuerdo a los intereses de Washington de que no sea el Frente unido (Alianza del Norte) quien se quede con todo el poder político, por tratarse de un incómodo aliado, reacio a la presencia de tropas extranjeras e incapaz de ofrecer estabilidad por no representar al 40% de la población Pasthun.

Y mientras Alemania se enfrasca en «convencer» a base de marcos a la amalgama de señores de la guerra, representantes de tribus, sectores monárquicos de Afganistán, Bush profundiza en el quebrantamiento de la cadena de mando de la Unión Europea: Ante la amenaza estadounidense de atacar Irak si no permite la entrada de inspectores de la ONU, Berlín y París se apresuraron a clamar que de ningún modo debía extenderse la guerra. La respuesta imperial fue escueta. Esa noche aviones estadounidenses bombardearon el sur de Irak Y Gran Bretaña participó en el ataque. Casi simultáneamente Aznar se declaraba dispuesto a ir hasta el final en su apoyo a Washington. Y Tony Blair se reunía en una cumbre anlgo-francesa para pactar la aportación militar gala, al margen de cualquier consenso europeo, o postura común franco-alemana.

Todo se desarrolla a pedir de boca del Pentágono y Washington sigue tensando la cuerda: Estados Unidos está instalando bases militares en el territorio afgano y en los países vecinos de Kirguizistán y Uzbekistán. No han desplazado cientos de aviones y miles de soldados solo para el ataque a uno de los países más pobres de la tierra. Han ido para quedarse. La guerra contra el terrorismo en suelo afgano es sólo la cobertura para instalarse en esa vasta región asiática en la que el Imperio no estaba presente. Y Bush declaró que la decisión difícil viene ahora: escoger cuál será el siguiente estado rebelde sobre el comenzará una escala de presión que posiblemente sea el comienzo de una nueva guerra.