De Verdad 21/2001 - SUMARIO

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COMUNICACIóN

Diciembre 2001

Entrevista a Sergio Ramírez,
escritor y ex-vicepresidente de Nicaragua:
«Hay que partir de la independencia»

Escritor y ex-vicepresidente del gobierno sandinista de Nicaragua. Sergio Ramírez, escritor nicaragŸense, ha estado en nuestro país presentando su último libro de relatos «CATALINA Y CATALINA», un libro donde el protagonismo lo tienen las pequeñas tragedias que a diario forman parte de las páginas de sucesos de la prensa de su país. Conversamos con él durante su estancia en Madrid, no sólo como escritor, sino también como protagonista excepcional, que fue de la revolución Sandinista y vicepresidente del primer gobierno de Daniel Ortega.

El cerebro humano ha avanzado en conocimiento, pero las pasiones siguen siendo las mismas: el odio, el amor excesivo, la pasión por el poder, los celos, la envidia; eso nos hace conocer un texto literario a través de los siglos.

DV-En «Catalina y Catalina» lo que quieres es centrar la mirada en las pequeñas tragedias personales. Aquellas que pasan inadvertidas o condensadas en fríos titulares de páginas de sucesos.
Sergio Ramírez- En los periódicos de Nicaragua la nota roja, la nota policíaca tiene una relevancia muy grande, es como un espejo para el público donde éste quiere y no quiere verse, pero acaba viéndose. A mí estas tragedias me interesan mucho como narrado porque puedo entrar en la vida de estos pequeños seres Ð como decía Chejov- seres sin nombre que salen en un momento a la publicidad comprometidos en un suceso de sangre, y vuelven a la penumbra inmediatamente, sólo refulgen por un instante, y yo tomo esa refulgencia para trasladarla a la página literaria.

DV- En tus libros aparece la historia pública determinando la privada, planteas que hasta en la alcoba resuenan los ecos de alguna revolución o de algún golpe de Estado.
S. R.- Para nosotros la Historia de América Latina es un presente sin fin. Cualquier historia o narración que yo quisiera escribir basada en una Historia Pública, con mayúsculas, no podría ponerle presente. Cualquier sujeto presente, del presente en América Latina, habría que contarlo teniendo como trasfondo la situación pública. Si yo voy a contar una historia de alcoba en Brasil, sé que abajo están los niños en la calle, si lo hago en Argentina, sé que tengo miles de familias emigrando al interior, a Buenos Aires, o tratando de volver a Italia de dónde vinieron sus padres. Es una convulsión permanente la que se vive en América Latina. Entonces en América Latina la historia privada, a menos que se sitúe en una posición de soledad absoluta, va a estar teñida de lo que pase fuera. Tratar esto es imprescindible. Son temas insoslayables.

D.V.- En una conferencia declarabas que los temas de la narración son semillas envenenadas que pasan de generación para que de ellas florezca la pasión y que se pueden reducir a dos: amor y muerte. Estos dos temas están presentes en algunas de las mejores obras de hispanoamérica.
S.R. Horacio Quiroga situaba tres elementos: amor, locura y muerte; Gabriel García Márquez usa dos: amor y muerte. A mí me gusta utilizar cuatro: amor, muerte, locura y poder. El poder me resulta un elemento fascinante como material literario y está ligado a los otros tres. Estos elementos han jugado siempre un papel muy importante en la literatura desde el origen de los tiempos, porque como dice Noam Chomski, el cerebro humano ha avanzado en conocimiento, en tecnología, pero las pasiones siguen siendo las mismas: el odio, el amor excesivo, la pasión por el poder, los celos, la envidia; eso nos hace conocer un texto literario a través de los siglos.

D. V.- Rubén Darío afirmaba «¿Tantos millones de personas hablaremos inglés, seremos entregados a los bárbaros fieros?» ¿Cómo contemplas tú décadas después la situación de la cultura hispana en una época en la que se agudiza la hegemonía del inglés?
S. R.- Yo creo que estamos abriendo un ciclo donde es posible diferenciar entre poderío económico y poderío cultural o lingŸístico. El idioma español tiene un enorme vigor. Nosotros no hablamos la lengua del poderío económico, el inglés es la lengua de la tecnología, pero es muy extraño que una lengua que no domina el potencial económico financiero esté entre las cuatro lenguas capitales del siglo XXI. Es una lengua en expansión. Quienes emigran de América Latina a EEUU no van llevando conocimiento, tecnología punta, pero llevan una lengua muy viva que se expande hasta el hecho de que en EEUU se habla el 20% e la población.

D.V.- Borges defendía que desde Tierra de Fuego hasta Jalisco hay una misma identidad. (Elementos comunes) ¿ Cuales serían esas señas de identidad?
S. R.- La lengua hispana es una seña de identidad muy fuerte, muy poderosa. La identidad es la búsqueda misma de la identidad, nos seguimos buscando en un territorio vasto, geográficamentee tan diverso, pero alguien que viva en Caracas, en Managua, en Canarias, encontrará que su seña de identidad es la lengua, ni siquiera la mezcla racial, que es un elemento muy importante también.

El dogmatismo proviene de la visión del monopolio del poder político, se seguía creyendo que dar cotas de poder, aunque fuese al campesino con tierras era crear caldo de cultivo para el fortalecimiento de la pequeña burguesía rural.

DV- Conocemos las maneras y formas que ha tenido la intervención norteamericana en América Latina. ¿Cómo piensas que se da esta intervención en la cultura?
. S.R. Se trata de una influencia permanente que permea la cultura latinoamericana a través de distintos signos, el más poderoso de todos es el consumo, porque tiene su propia representación. En este mundo global donde los símbolos son muy importantes, lo norteamericano domina toda esa simbología en el segundo mundo, y ya no digamos en el tercero. Yo lo fijaría en la música, la comida, la ropa, ciertos hábitos lingŸísticos, la manera de ver el mundo. Claro que esto es un asunto de ida y vuelta; porque cuando los hispanos van a EEUU llevan su lengua y llevan su música.

DV- Participaste en una tarea hermosa y fundamental, como tú mismo dices. Era una tarea en la que estabais empeñados en derrocar una dictadura obscena y lo conseguisteis. Has planteado que no lo cambiarías por nada, pero a la vez tu obligación como revolucionario y de honradez con tu pueblo, te ha llevado a hacer una valoración de todo esto.
S.R. Las revoluciones son procesos sociales y políticos que no vuelven a repetirse. Hay que tomarlos como se dan. La revolución nicaragŸense se puede ver más por entero porque tuvo principio y fin a los ojos de la misma generación que la hizo. La revolución nicaragŸense fueron 10 años, uno puede hacer un juicio, pero es algo que terminó, eso indica un fracaso. Fue concebida para ser un hecho permanente de transformación, guiado por un partido o por un grupo de vanguardia, quizá ahí está el fallo, el no ver que no deben existir fenómenos permanentes que implican sacrificio de la libertad, de la democracia. El mayor éxito político de la revolución ( si nos lo hubieran planteado al principio no lo hubiéramos aceptado) es el relevo, tener libertad de elegir. En Nicaragua hay libertades democráticas, a nadie se le ocurre que se va a cerrar un periódico, todo eso son avances conquistados por una lucha popular muy sangrienta, no fue un regalo de nadie.

DV- Nosotros consideramos que el no alineamiento, ni con EEUU, ni con URSS, es una cuestión de principios, no de valoración política.
S.R. En la revolución nicaragŸense vivimos atrapados en la guerra fría. Recibimos apoyo estratégico, económico y armas de la URSS. Cuando la guerra terminó los EEUU y la URSS, sin ni si quiera contar con el gobierno sandinista decidieron que había que lograr un acuerdo entre la contra y la guerrilla sandinista. Quisiéramos o no nosotros estábamos en el negocio de la guerra fría, por lo tanta el fin de la revolución se conseguía con el aflojamiento de los grandes tornillos de la URSS.

DV- ¿Pero hay que partir de las propias fuerza?
S.R. Si, yo estoy de acuerdo, hay que partir de la independencia. Una de las grandes carencias de la izquierda es que no tiene propuesta económica.

DV-¿Qué alternativa debe plantear la izquierda al modelo económico del neoliberalismo?¿La estatalización?. En Nicaragua en lugar de entregar la tierra a los campesinos, se estatalizó. Ahí hay una posición de principios ante el pueblo y una visión profundamente dogmática que impide el desarrollo de la producción.
S.R. Claro, pero el dogmatismo proviene de la visión del monopolio del poder político, se seguía creyendo que dar cotas de poder, aunque fuese al campesino con tierras era crear caldo de cultivo para el fortalecimiento de la pequeña burguesía rural que al final defendería intereses políticos desafiando el poder de la revolución. Ese dogmatismo fue fatal en Nicaragua, impidió el desarrollo de un modelo de múltiples fuerzas que pudieran crear riqueza económica y darle fuerza a los sectores populares que pudieran crear riqueza económica, mas bien se les descabezó. Lo que quedó fue un gran aparato burocrático insostenible que quería administrar todo desde el Estado y nunca pudo hacerlo.

DV- ¿No se sientan las bases para reproducir lo peor del capitalismo?.
S.R.- La planificación estatal ya demostró que fue totalmente ineficaz en la URSS, podían mandar hombres a la luna, pero no podían alimentar a su propia gente teniendo una cantidad de recursos enormes.

DV- Nosotros defendemos que una vez hecha la revolución y tomado el poder debe mantenerse el sufragio universal.
S.R. Si un partido creado para construir el socialismo no logra convencer a la sociedad, tiene que ser la gente la que decida. Uno de los mayores errores de la izquierda en América Latina fue no hacerse con el prestigio de la democracia y volverse sospechosa para estar en democracia. No han podido entonces legitimarse frente a distintos sectores de la población que tienen diferente forma de pensar.

DV- ¿Tu crees que todos estos errores de principios están en la base de que la izquierda haya fracasado?
S.R. La propuesta de la izquierda, ni armada ni desarmada logró ser atractiva para la gente. El dogmatismo ayudó mucho para la desconfianza en la izquierda, ese sigue siendo un problema, porque muchos partidos de izquierdas en América Latina no han roto con eso, sino que con la «businería» política están repitiendo lo mismo, en este caso sin sinceridad, como el populismo.

DV- Tu participaste en una revolución que tenía como objetivo cambiar el mundo de base. ¿No te parece que hay que empezar de nuevo?.
S.R.. Siempre hay que empezar de nuevo, yo no sabría cómo, eso le corresponde a las nuevas generaciones. Depende de la propia izquierda de si sus ideas pueden tener poder o no.

Pastora Fernández.