De Verdad 01/2002 - SUMARIO

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EDITORIAL INTERNACIONAL

Enero 2002

Crisis en Argentina:
Traducir la unidad en acción

Cada uno de los acontecimientos que hoy convulsionan Argentina son sentidos como propios por el pueblo español. Nada de lo que ocurra entre Tierra de Fuego y el Río Grande nos puede resultar ajeno. Sin embargo, Rodrigo Rato, ha manifestado que «estamos ante un asunto interno de Argentina, el gobierno apoya el plan del Fondo Monetario Internacional como única salida a la crisis». El ministro aporta una aséptica explicación política a lo que la mayoría sólo podemos percibir desde los lazos que unifican en una sola pulsión a todo el mundo hispano.

Rato ofrece como único camino a un país hermano lo que no es otra cosa que el principal instrumento de saqueo y rapiña imperialista sobre las inmensas riquezas de Argentina. El dogal de una deuda externa que asciende a 32 billones de pesetas y que absorve el 40% del PIB; la losa que impone pagar, en apenas dos meses y sólo en concepto de intereses, una cifra cercana al billón; la sangría que ha establecido la prioridad del pago de la deuda y, con la calderilla sobrante, hacer frente a los gastos en sanidad, educación, pensiones, salarios... Este es el plan del FMI, esta es la alternativa de Rato para Argentina.

El robo prolongado que ha transformado una nación que a principios de siglo acumulaba la mitad del PIB hispanoamericano en un solar donde el 50% de la población está condenada a la pobreza extrema. Aznar manifiesta «preocupación» por la situación argentina. Su interés, aunque no lo manifieste publicamente, se alimenta de la rentabilidad a extraer de los 7,5 billones de pesetas que Repsol, Telefónica, BSCh o BBVA mantienen invertidos en el país albiceleste.

A nosotros, el pueblo español, sólo nos cabe acoger como propios cada uno de los gritos que en las numerosas manifestaciones, en Buenos Aires o en Córdoba, exigen dignidad e independencia. Participar de la explosión de rabia de un pueblo que ha dicho basta. Sentir el dolor por los 25 muertos provocados la represión de las movilizaciones. Hay dos mundos detrás de estas dos reacciones. La que sólo observa un mercado para extraer beneficios, y la que está recorrida por la profunda unidad que, ante cada acontecimiento, se manifiesta entre todo el mundo hispano. Fidel Castro afirmó en una de las cumbres iberoamericanas que «uno a uno nos devoran, pero con todos juntos no pueden». Estas palabras resuenan en el corazón de 400 millones de personas. Hispanoamérica no soporta ni un segundo más el peso de la explotación imperial, el fardo que condena a la miseria y al ostracismo a una tierra inmensamente rica.

Desde la península no podemos permanecer indiferentes. La independencia y el desarrollo para España están indisolublemente unidas al destino de todo el mundo hispano. Como se preguntaba el escritor mexicano Carlos Fuentes: «¿puede España ser sin nosotros?, ¿podemos nosotros ser sin España?». Abanderar la unidad del mundo hispano es, moral y políticamente, la principal tarea de España en el mundo. No podemos permitir que, como pretende Aznar, la política exterior española se subordine al papel de socio privilegiado de Washington, mientras vuelve la espalda a nuestra comunidad natural.

Sería un flagrante y escandaloso episodio de traición. No se puede estar al mismo tiempo con las víctimas y los verdugos. Los acontecimientos en Argentina reflejan la energía y las barreras que recorren el mundo hispano. De un lado la fuerza que expresa la tenaz unidad de sentimiento y voluntad entre los pueblos. Del otro la mayoría de élites políticas, entregadas a primar el servilismo hacia lo ajeno ante el apoyo a lo propio. La postración política dominante no se corresponde ni con las tradiciones ni con las enormes potencialidades del mundo hispano.