De Verdad 01/2002 - SUMARIO

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ENSEñANZA

Enero 2002

Movilizaciones contra la LOU:
Dar respuesta a la enseñanza de los monopolios

Las multitudinarias movilizaciones desatadas en toda España contra la LOU, han levantado a la universidad de un aparente letargo, uniendo por primera vez a rectores, estudiantes y profesores. Es indudable que el primer balance se salda con un rotundo triunfo, paralizando la iniciativa del gobierno del PP. Pero hemos visto muchas movilizacione y, tras una efervescencia inicial, todos los planes de los sucesivos gobiernos para la enseñanza han sido aprobados.

Es momento para redoblar la movilización, pero también para dar consistencia a un movimiento que todavía está en plena etapa de formación. Hacerlo exije dar respuesta a los ataques del contrario, pero tambien ajustar cuentas con las debilidades propias. Es necesario dotarse de una sólida organización que garantice la continuidad más allá de las movilizaciones (esta no es una guerra que se pueda resolver en pocas batallas), y que certifique la independencia ante inevitables injerencias a derecha e izquierda. Es urgente dar respuesta a los problemas actuales de la universidad.

Algunas de las contradicciones que plantea la LOU existen, no basta con criticar la ley, debemos plantear una alternativa progresista. Y, al mismo nivel de importancia de los puntos anteriores, debemos ser conscientes de a qué nos enfrentamos. La LOU no es más que la punta del iceberg de una reforma completa que esconde la adecuación de la enseñanza a los intereses de los grandes centros de poder políticos yeconómicos.

Organizarse o diluirse

Por sus mismas características, la universidad ha sido especialmente sensible a todo tipo de movilizaciones, pero en su historia también podemos comprobar como, una vez calusurada la primera etapa de lucha, las organizaciones surgidas al calor del movimiento se diluían con la misma facilidad con que habían surgido. Abordar esta contradicción es dar respuesta a las razones que han impedido la formación de un movimiento estudiantil sólido y permanente.

Y es uno de los principales motivos de porque, a pesar de haber unido siempre a la inmensa mayoría de estudiantes y haberse ganado el apoyo del conjunto de la sociedad, todas las peleas han acabado, tarde o temprano, con la imposición de los planes del ministerio. Ganar una batalla exige, no sólo movilización, sino sobre todo organización. Las últimas luchas evidencian la energía que alberga el conjunto de la universidad, pero nada se habra avanzado si no existe un cauce que canalice este impulso, si todo se deja en manos de un espotaneismo que siempre acaba reduciendo los protagonistas a unos pocos. Y no es una contradicción con el ministerio, sino sobre todo en el seno del movimiento estudiantil. Conjugar la más amplia democria y participación con una sólida organización debe ser el objetivo.

Todos conocemos multitud de asociaciones de estudiantes que, más pronto o más tarde, acaban transformadas en una estructura burocrática más de la universidad, subvencionada por los presupuestos de cada centro, despegada del conjunto de los estudiantes y manejadas por un pequeño círculo más o menos permanente. Caldo de cultivo para que se difundan las injerencias externas (partidos, rectores,...). Unos pocos acaban representando a muchos, sin tener que rendir cuentas. Ante cada movilización, y esta no ha sido una excepción, surge un movimiento asambleario que, desde la base y más allá de las organizaciones existentes, consigue ampliar el radio de participación y decisión. Pero siempre nace como una solución del momento, sin ninguna vocación de permanencia y consolidación.

Acabadas las movilizaciones, volvemos al mismo panorama de siempre. Darle consistencia y continuidad al movimiento asambleario es una de las tareas más importantes del momento. Si existe esta organización podremos hacer retroceder la LOU y estaremos preparados ante futuros ataques, si no lo conseguimos el ministerio, y los que acechan a derecha e izquierda para manipular hacia sus intereses el movimiento estudiantil, llevarán las de ganar.

¿Qué objetivos persigue la LOU?:
Moldear la universidad

El gobierno defiende que la ley de universidades va a acometer la necesaria reforma de la eneseñanza superior, mientras que los detractores afirman que nos encontramos ante un intento de enterrar la universidad pública. Unos y otros enuncian parte de la verdad, pero el verdadero calado de los actuales planes educativos permanece en la sombra. Es cierto que la universidad debe ser más competitiva y dinámica, pero sabemos por otras reformas lo que significa el término «modernización» enunciado por el gobierno: la reforma laboral perseguía, bajo el epígrafe de dinamizar el mercado laboral, abaratar y docilizar la mano de obra; la «racionalización del espacio eléctrico» entregó un billón a los grandes monopolios del sector.

La reforma de la universidad no es una excepción: su objetivo es moldear, troquelar y encuadrar definitivamente bajo los parámetros de los principales monopolios un sector social que, por diferentes motivos, permanecía todavía con un márgen de autonomía excesivo. No se trata de una reforma parcial, sino de remover las actuales estructuras de poder internas de la universidad y construir sobre sus cenizas un nuevo modelo. Es una ilusión pensar en la universidad como un centro dedicado a la difusión del saber.

De la universidad sale el 70% de la producción científico técnica nacional, en ella se forman los futuros cuadros que van a acupar los consejos de administración y los puestos más destacados del Estado. Controlar la universidad significa poder, y un grado de influencia social que trasciende el campo de la enseñanza. Para las grandes multinacionales españolas es una necesidad que la universidad acompase su marcha a los pasos dados por estas en los últimos años. El salto efectuado por los grandes conglomerados económicos exije otro tipo de universidad. Cuando los gigantes españoles eran monoppolios que sólo podían subsistir bajo el manto protector del Estado, bastaban unas pocas universidades privadas, controladas por la iglesia, para satisfacer sus necesidades.

Los gestores que lo precisaran podían acudir a centros en el extranjero. Ahora Telefónica, Repsol, BSCH o BBVA compiten con relativo éxito en el mercado mundial. Su colocación ha pasado de entidades raquíticas y protegidas a tiburones que se parestan a cercer devorando a sus competidores. Toda la sociedad se debe ajustar a esta nueva realidad... también la universidad. Es necesaria una universidad «más dinámica», donde se eliminen «las estructuras rígidas y arcaicas»... es decir más moldeable para los grandes monopolios.

No es causal que el modelo americano sea el elegido. En él la vinculación de los grandes monopolios con la enseñanza superior es consustancial al sistema: cada conglomerado posee su propia red de uiversidades, prestas a acoplar su estructura a las necesidades de los mecenas. Los ingentes recursos del Estado no se dirigen a garantizar unas universidades públicas prácticamente inexistentes, sino a proporcionar estabilidad a una red educativa privada, en el sentido más restringido del término.

Las características españolas impiden la importación literal del modelo, pero todos los movimientos apuntan hacia este camino. La denunciada discriminación entre «universidades de primera y de segunda» significa un paso más en esta dirección. Unos pocos centros, plenamente encuadrados para cumplir las exigencias de los grandes monopolios, gozarán del prestigio social y disfrutarán de la mayoría de inversiones. La mayoría de los centros públicos languidecerán en un ostracismo deliberado. Construir implica primero destruir, y a esa labor se ha entregado el gobierno del PP.

El afán de la ministra por convertir en tierra quemada la actual estructura de la uiversidad no ocupa el primer lugar el combate a la endogamia o la falta de dinamismo, sino desarticular las resistencias históricas que la universidad como institución ha presentado a todos los «plens de modernización». Que la universidad fuera uno de os centros claves de la lucha antifranquista ha dejado un poso que, aunque se haya amordazado en gran medida su potencial revolucionario, impide que su estructura de dirección pueda pasar a manos de los representantes más ligados a los grandes grupos económicos.

Un breve repaso, no sólo a las asociaciones de estudiantes dominantes, sino incluso a los claustros o rectores, nos da como resultado una inequívoca mayoría progresista. La misma vida interna universitaria, aún cuando de como resultado consecuencias que se deben eliminar, está construida sobre una celosa ambición de autonomía, profundamente arraigada en la misma definición de la institución. «Modernizar la universidad» de acuerdo a los patrones que interesan a Telefónica, BSCH, etc, implica desmontar piedra sobre piedra toda esta estructura, que supone un freno al sometimiento pleno de la universidad a los intereses monopolistas.

Brecha de clase

Los resultados del programa Pisa, efectuado por la OCDE entre alumnos de 15 a–os de varios pa’ses europeos, arroja para Espa–a un resultado desolador. Colocada en los œltimos escalones de la clasificaci—n, un 20% de los alumnos espa–oles no posee siquiera los conocimientos b‡sicos de matem‡ticas, y s—lo un 9% destacan. El porcentaje de excelencia se reduce al 4% en el cap’tulo de comprensi—n de textos exritos, y hasta un 44% resultan muy deficientes. Para el ex-directos del Instituto Nacional de Calidad y Evaluaci—n, Òlo preocupante es la alta mediocridad, que los resultados de los espa–oles sean en general mediocres y que muy pocos obtengan los mejoresÓ.

Con tan sólo 14 años se decide el itinerario educativo dependiendo del lugar social que se vaya a ocupar

ÀC—mo es posible que durante los a–os donde se ha hecho universal la educaci—n, el nivel de la ense–anza haya descendido hasta cotas vergonzantes? La respuesta a este enigma la tenemos en la nueva Ley de Calidad de la ense–anza que pretende aprobar el gobierno del PP.

En ella se establece untriple itinerario desde los 14 a–os: unos cursar‡n un bachillerato que culminar‡ en su acceso a la universidad, otros emprender‡n una formaci—n destinada a comletarse en la formaci—nprofesional, y el resto permanecer‡ dos a–os m‡s en un sistema educativo cuya œnica finalidad es que se puedan incorporar al mercado laboral a los 16 a–os.

Con tan s—lo 14 a–os se decide, sin posibilidad de marcha atr‡s, el futuro de un ni–o. Los mismos resultados del estudio cuestionan la conveniencia de una separaci—n tan temprana del alumnado, recordando Òla influencia de los factores socioecon—micos en el resultado de los alumnos. Es veros’mil suponer que una separaci—n de los alumnos por rendimiento al inicio de la adolescencia recortar‡ aœn m‡s la posibilidad de que la ense–anza misma sea un factor que palie los efectos de las diferencias sociales en su formaci—nÓ.

Una brecha de clase abierta desde la m‡s temprana etapa. Los que sirven para estudiar entrar‡n en el circuito acadŽmico superior, los que vayan a ser tŽcnicos m‡s o menos especializados se orientar‡n desde elprincipio hacia la formaci—n profesional, y los que estŽn destinados a suscribir un contrato basura recibir‡n la educaci—n necesaria para desempe–ar su trabajo, es decir ninguna.

Una mentalidad de empresa aplicada a la educaci—n: optimizar los recursos, racionalizar la roducci—n y distribuir eficazmente la mano de obra. Quien ocupe los escalafones m‡s bajos del mundo laboral no merece recibir una educaci—n tan amplia como el que estŽ destinado a sentarse en un sill—n de gestor. El mito burguŽs de la educaci—n como un elemento de progreso social se desvanece, y aparece la cruda realidad: no es m‡s que una manera de formar a la futura mano de obra que, llevado al extremo por el gobierno Aznar, se convierte en una losa que coloca a cada uno en el lugar social que le corresponde.

Esta es la raz—n que se esconde detr‡s de la devaluaci—n de la ense–anza. La LOGSE sent— las bases, y el PP se apresta a desarrollarlas. Hoy, cualquier padre sabe que, si quiere que su hijo reciba una educaci—n de calidad, debe matricular a su hijo en una escuela privada. Las pœblicas languidecen entre la falta de financiaci—n (un quarto por debajo de la media europea) y la irracionalidad de unos planes de estudio cuyo resultado es la formaci—n de analfabetos de 15 a–os. La desmotivaci—n en el estudio que son el caldo de cultivo de las enrarecidas y violentas relaciones de los alumnos en cada istituto no son un problema individual.

ÀC—mo va a sentirse motivado un alumno que sabe que a los 14 a–os ya est‡ condenado sin remisi—n? Es cierto que la nueva reforma educativa establece filtros de clase en el acceso a la ense–anza. Pero, con ser importantes, los principales escollos no se encuentran en la reimplantaci—n de las rev‡lidas para el bachillerato o en la instauraci—n de una prueba de selectividad espec’fica para cada universidad.

El rastrillo se pasa cuando existen menos defensas. En etapas que son todav’a de formaci—n, se establece la verdadera clasificaci—n. Hace unos a–os se gritaba que el hijo del obrero deb’a ir a la universidad. Hoy tenemos que pelear para que los ni–os de las clases m‡s populares reciban una educaci—n b‡sica digna. Misterios de la globalizaci—n.

Juan Martínez