De Verdad 01/2002 - SUMARIO
MOVIMIENTO OBRERO
Enero 2002
Pacto
social :
Atado
y bien atado
Las cúpulas de UGT
y CCOO ya no pueden mirar a los ojos a sus afiliados...
Los sindicatos mayoritarios, UGT y CCOO, han aceptado un tope inamovible para la subida salarial del 2002: un 2%, que corresponde a la tasa de inflación prevista para ese periodo. A cambio han obtenido el compromiso verbal de la CEOE de mantener el empleo y la inversión.
Que los sindicatos acepten un compromiso verbal a cambio de fijar la subida máxima del sueldo de los trabajadores puede parecer una ingenuidad. Pero, sin duda, saben muy bien lo que están haciendo, y porque lo hacen. Por un lado, aceptan un compromiso de la Patronal que no tiene ningún valor efectivo.
Justamente, en los días en que se firmó el pacto se ha hecho público el Barómetro de Empresas (estudio estadístico de la situación económica y expectativas de las empresas), que refleja una clara tendencia general: aumentan ventas y beneficios en el 2¼ semestre de este año (66% de las empresas consultadas), y la previsión para el 1¼ semestre de 2002 es que siga esta tendencia. Por el contrario, la creación de empleo no está garantizada a pesar de las buenas expectativas; sólo el 35% tiene previsto incrementar plantilla, y casi el 20% la piensan reducir.
Adiós al compromiso de la Patronal. Sin embargo, el tope del 2% de incremento salarial está atado, y bien atado. Una vez fijado el tope, la subida definitiva se negociará en los distintos convenios colectivos. Serán más de 4.000 los convenios, que contendrán sus respectivas cláusulas de revisión. Un bocado nada despreciable para las élites burocráticas de estos dos sindicatos, que se han preparado el terreno para jugárselo todo en las negociaciones colectivas y asegurarse de que van a tener algo que hacer el próximo año. O sea que se van a fotografiar varias veces con representantes de la Patronal, fingiendo grandes conquistas para la clase trabajadora.
Las características de este acuerdo indican que se trata de una mordaza a las reivindicaciones salariales de los trabajadores, aceptada por los propios sindicatos en su nombre y a sus espaldas. El sector crítico de CCOO ha denunciado que este pacto se ha realizado «clandestinamente», sin dar la más mínima información ni promover ningún debate entre los trabajadores.
A duras penas se encuentra alguna noticia en los medios de comunicación. ¿A qué viene tanto secretismo? Las cúpulas de UGT y CCOO ya no pueden mirar a los ojos a sus afiliados, ni a ningún trabajador de los que dicen representar. Saben que en el ánimo de la gente ocupan un lugar parecido al del Ejército o la Iglesia, porque se lo han ganado día a día. El futuro que proponen es inaceptable. Supone un progresivo desmembramiento de los trabajadores en sectores cada vez más atomizados; una política de negociación burocrática y formal que conduce a empeorar la situación laboral y las condiciones de vida de la inmensa mayoría. Los sectores críticos de los dos sindicatos mayoritarios, y el resto de agrupaciones de trabajadores existentes en España deben denunciar esta situación y a sus causantes.
No basta con quejarse de que no informan, hay quitarles la careta y que se vea claramente que, si se sientan en la misma mesa que Cuevas y Rato, no es para defender a los trabajadores de los abusos de Gobierno y Patronal, sino porque tienen el mismo color de clase.
José Espill