De Verdad 01/2002 - SUMARIO
EDITORIAL INTERNACIONAL
Enero 2002
Ofensiva
norteamericana global:
De
Kandahar a Caracas
La imposición de un nuevo orden mundial por EEUU tiene su centro en Asia pero sus efectos se sienten en todo el planeta
La guerra en Afganistán es el punto donde la ofensiva norteamericana se manifiesta con mayor violencia. Pero su operación «libertad perdurable» (disponer de libertad para ejercer duraderamente el dominio del planeta) tiene más frentes abiertos contra otros pueblos y naciones. Y cuanto menor es la oposición que el Pentágono encuentra a su avance en el frente militar, político y diplomático, más se convierte su actuación en un peligro para la paz mundial.
Las bombas de racimo que EEUU lanza sobre las montañas de Tora Bora se esparcen ya hasta alcanzar Cisjordania; las «cortadoras de margaritas» que deforestan Afganistán, talan al tiempo las tierras del Amazonas que Chávez entrega a los campesinos sin tierra; y los comandos especiales de los que nos cuentan cómo dirigen los bombardeos con haces de láser, iluminan ya Somalia.
La alteración del orden mundial que EEUU está acometiendo es un terremoto con epicentro en Afganistán pero cuyos efectos devastadores se sienten en todo el planeta. La subordinación del triunvirato de poder EEUU-China-Rusia, se mantiene en una relación de acuerdo impuesto.
El secretario de exteriores Powell acudió a Moscú para negociar la anulación del Tratado de Misiles Antibalísticos (ABM); pero ante la falta de acuerdo y a pesar de la oposición de Rusia («los EEUU cometen una equivocación», declaró Putin) la Casa Blanca ha roto ese tratado y se lanza a una nueva carrera de armamentos que le garantice una distancia sideral -en primer lugar en el potencial militar- respecto al resto de competidores.
A China ya le ha recordado el Pentágono quien tiene el bastón de mando negándole la extradicción de los talibanes capturados por los marines originarios del Xingjiang, acusados por Pekín de numerosos actos de terrorismo con cientos de asesinatos a sus espaldas, bajo el insólito argumento de que «hay que tener en cuenta las numerosas reivindicaciones sociales y culturales de la región».
Y con el tercer actor principal de la obra, la India, un oportuno atentado le lleva al borde de la guerra con Pakistán, justo en el momento que Musarraf se encuentra en Pekín declarando que «la alianza con China es la piedra angular de nuestra política exterior».
Simultáneamente la desplazada Europa ha sido humillada en la conferencia de Laeken. Presentar -intento desesperado de algunos presidentes y medios de comunicación- como un gesto de poder de la UE el envío de una fuerza de 5.000 soldados a Afganistán es un intento inútil de ocultar la evidencia de que Europa ha cedido a todas las exigencias norteamericanas. Lo que asumirá la UE, esto sí con total autonomía, es abonar 83.000 millones de pesetas para reconstruir los destrozos causados por la aviación norteamericana en las ciudades afganas. Con esa Santa Alianza arrastrada sin fisuras a la cruzada contra los rebeldes del Tercer Mundo, EEUU se dispone a seguir golpeando más países.
Si la intervención simultánea de EEUU en varios puntos del planeta es una característica de un poder hegemónico que aspira a mantener su dominio global, el avance sin contratiempos de su ofensiva convierte su intervención en cada vez más virulenta para los pueblos: La Venezuela independiente de Chávez ya sufrió el primer aviso de lo que podría proseguir como una escalada de desestabilización que acabase en un golpe militar. Una vez estabilizado el frente abierto en Afganistán y neutralizada la contestación árabe-musulmana, Washington ha soltado la cadena con que contenía momentáneamente a Sharon.
EEUU vetó el 15 de diciembre la resolución de la ONU de condena a la agresión de Israel que se ve así con carta blanca para proseguir el genocidio del pueblo palestino. Y bastó que los comandantes de la Alianza del Norte se negaran a continuar la caza de talibanes para que EEUU anuncie que militares norteamericanos se encuentren en Somalia reclutando para una nueva guerra al llamado Ejército de Resistencia de Rahanwein.
El argumento de la lucha antiterrorista servirá también para esta agresión anunciada. El calado de la ofensiva norteamericana y lo ambicioso de sus objetivos, la debilidad de la oposición encontrada tanto en el frente interno de su opinión pública como en el político y diplomático del exterior, y la dureza de la línea que ha tomado el control de la superpotencia, anuncia un largo período de amenaza para la paz, para la voluntad de independencia de las naciones, y una condena al sufrimiento para muchos pueblos.