De Verdad 02/2002 - SUMARIO
PERFIL
Enero 2002
Ramón Jáuregui
Jáuregui es el hombre elegido... para torcer la voluntad mayoritaria de combate al fascismo
¿Quién es Jáuregui?¿Por qué ha sido elegido para conducir al PSE-EE en un momento crucial? ¿Qué misión tiene encomendada? Un repaso a su trayectoria nos proporciona algunas pistas.
De entrada, lleva varios años sin vivir en Euskadi. La batalla contra el fascismo la han librado otros. El nombre de Jáuregui en Euskadi está ligado, de una u otra forma, a los hechos que condujeron al PSOE a la debácle. Fue gobernador civil de Guipuzcoa, jefe máximo de las fuerzas de seguridad, durante las andadas de los GAL, y simboliza, como vicelhendakari de unos de los gobiernos de coalición con el PNV, la etapa de sumisión socialista al nacionalismo étnico.
No parece esta la mejor carta de presentación. ¿Entonces qué méritos ha contra’do? La misión que tiene encomendada nos la desvelan sus propias palabras: «no hay peligro de división, salvo que ese sector del partido que está literalmente harto del nacionalismo y ha llegado a la conclusión de que la limpieza étnico-ideológica de ETA se soporta también indirectamente en el PNV, se estructure con un liderazgo fuerte. Pero pretendo evitarlo. Porque me parece fatal y porque tengo el encargo de la Ejecutiva Federal de actuar sin contemplaciones contra esta hipótesis». No hace precisamente profesión de neutralidad quien alardea de querer impedir la organización de la voluntad que ganó el anterior congreso y se manifiesta mayoritaria entre las bases del PSE. Precisamente la que no se doblega ante el totalitarismo y no claudica ante Arzallus.
Por el contrario, para Jáuregui «hay que tener claro que la épica de la libertad y la rebelión democrática contra el nacionalismo, que es un discurso presente en la sociedad vasca, animado por una intelectualidad brillant’sima y que nos conmueve a todos, no puede convertirse en estrategia pol’tica junto al PP». Para ello propone una l’nea que «no busque un congreso de definición ideológica y clarificación tan taxativa que lleve a un enfrentamiento», estableciendo como «un éxito estratégico», «una estrategia más difusa pero asumida por todos».
¿No hay que definirse ideológica y rotundamente contra el fascismo que algunos pretenden imponer? ¿Se puede ser «difuso» ante el totalitarismo? «En Zumárraga no tenemos concejales por el acoso de ETA. Algunos dicen: hagamos una lista con el PP. Y yo digo: exigámosle al PNV que haga una lista de unidad democrática con nosotros». ¿Tienen que aceptar los socialistas de Zumárraga la «unidad democrática» con quienes, como Arzallus, los señalan como maquetos y ciudadanos de segunda categor’a?
Pero no es de extrañar que Jáuregui pretenda acercarse al PNV, considera que «quiero construir el Pa’s Vasco con el PNV, porque su representatividad es tan grande que que cualquier otra cosa ser’a una fractura». Otra vez la vieja tesis de que sin el PNV nada es posible, y que por tanto hay que ceder a los continuos chantages de Arzallus. Todas las posiciones de Jáuregui son antagónicas con la l’nea de firmeza ante el fascismo que representa Redondo... todas están demasiado ligadas a la conocida alternativa de «no demonizar a Arzallus».
Efectivamente, Jáuregui es el hombre elegido... para torcer la voluntad mayoritaria de combate al fascismo, de denuncia a Arzallus, que hierve en las bases del PSE. Es curioso que el camino que ha conducido al PSE a cosechar el 13 de mayo su techo de votos en Euskadi vaya a conducir al socialismo vasco al abismo, y que la salvación provenga de alguien que ejemplifica los males que condujeron el PSE a un papel de mera comparsa.
Joan Arnau