De Verdad 02/2002 - SUMARIO
EDITORIAL
Enero 2002
Arzallus
y González:
Doble
ofensiva
Arzallus y González confluyen en las fidelidades y vasallajes
Dos hechos, sin conexión aparente, han confluido en el tiempo sobre Euskadi: el enfrentamiento abierto por la renovación del Concierto económico y la dimisión de Redondo. Hay, sin embargo, un hilo que los une: ambos nutren la ofensiva que pretende hacer avanzar el proyecto totalitario del nacionalismo étnico, quebrando la resistencia de la rebelión democrática. Detrás de esta doble embestida encontramos a dos cabezas, unidas otra vez en la práctica: Arzallus y González.
Es fácil seguir la pista de Arzallus en el enrocamiento del gobierno vasco durante la negociación del Concierto, destinada a estirar la cuerda del enfrentamiento. Es imposible no reconocer los poderosos resortes que todavía conserva el ex-presidente en el PSOE en la génesis de los movimientos que han declarado la guerra a la línea de firmeza antifascista en el PSE, alentando los sectores más proclives a pactar con el PNV.
El 13 de mayo debilitó, pero no hizo desaparecer, los planes y objetivos del nacionalismo étnico. Desde entonces hemos asistido a una calculada estrategia encaminada a ocultar el varapalo sufrido, y sobre todo a reducir el avance de una rebelión democrática que había alcanzado una magnitud impensable. En este camino, Arzallus ha tenido siempre a su lado los pasos de González: enarbolando la bandera-trampa del diálogo, conminando a "no demonizar a Arzallus", colocando el "inmovilismo de Aznar" como el peligro principal... y ahora, prestando el mayor servicio posible al nazifascismo: el intento de resquebrajar el frente de firmeza antifascista que se esconde detrás del acoso a Redondo.
Si a los ojos de todos, Arzallus aparece como la cabeza de la reacción en Euskadi... ¿por qué no se juzga a González con el mismo rasero? ¿No han demostrado compartir el mismo camino? Ambos, González y Arzallus, están, por encima de proceder de diferentes familias políticas, unidos por un mismo vasallaje. Si Arzallus exige que "Aznar ceda soberanía a Bruselas, igual que Franco cedió territorio español a los americanos", González nos empuja a seguir "la lógica imparable del nuevo reparto de competencias entre los Estados y la Unión (...) que tendrá consecuencias en la estructura de poder interno de países fuertemente descentralizados como España".
Es la dependencia hacia una nueva Europa hegemonizada por Berlín, que ha encontrado en Euskadi un laboratorio para su estrategia de desgarrar los actuales Estados utilizando el nacionalismo étnico, lo que unifica en un mismo camino a González y Arzallus. Y lo que les confiere el peligro que, por sí mismos, no tendrían.