De Verdad 02/2002 - SUMARIO
EDITORIAL INTERNACIONAL
Enero 2002
Crisis
ministerial en Italia:
Se
acaba el tiempo de las máscaras
A la rebelión en la granja europea protagonizada por Blair y Aznar se le suma de forma decidida Italia
Que dimita el ministro de Asuntos Exteriores de un país que en los últimos 50 años ha tenido más de 60 gobiernos distintos, no debiera ser motivo de extrañeza para nadie. Sin embargo, la salida de Renato Ruggiero del gobierno de Berlusconi ha provocado la primera crisis política grave del 2002 en la Unión Europea. Y anuncia, con toda seguridad, el rumbo de tensiones políticas y pulsos de poder hacia el que se encamina abiertamente la UE tras el 11 de septiembre.
Francia y Alemania ya se han apresurado a manifestar su disgusto por la salida de quien consideraban el único ministro verdaderamente europeísta del gabinete de Berlusconi, pero Aznar les contesta declarando su confianza en la vocación europea del primer ministro italiano. Agnelli, patrón de la Fiat y uno de los poderes fácticos de Italia, confiesa sentirse decepcionado y asegura que, tras la salida de Ruggiero, "Italia es más débil en la escena internacional", pero el jefe de Cofindustria, la gran patronal italiana, le responde diciendo que ya es hora de que Italia aumente su peso en la UE Y mientras tanto, Washington no oculta su satisfacción ante el brusco giro dado por la política italiana justo en el momento de la implantación de la moneda única.
La importancia de la defenestración de Ruggiero no radica en el hecho mismo de su dimisión, sino en que a través de ella pueden verse de forma cristalina las numerosas y complejas contradicciones, los múltiples ejes de alineamiento y cohesión, pero también de colisión y fractura que hoy recorren la construcción de la Unión Europea.
Los voceros del eje franco-alemán han lanzado inmediatamente la consigna de presentar la salida de Ruggiero poco menos que como una inequívoca "declaración de guerra" antieuropea de Berlusconi. El ministerio de Asuntos Exteriores alemán ha llegado, en un gesto nada diplomático, a declarar que «la UE dispone de mecanismos para forzar a sus miembros», recordando las sanciones impuestas a Austria tras la entrada de Haider en el gobierno. Pero las razones de fondo que empujan a Francia y Alemania a adoptar una actitud tan beligerante contra el cuarto país de la UE, por población y peso económico, van más allá de la supuesta falta de entusiasmo por la construcción europea del gobierno transalpino.
Es el nuevo papel que Berlusconi quiere darle a Italia en la UE lo que ha hecho saltar las alarmas. Que Italia «haga sentir sus intereses nacionales en Europa» Ðsegún expresión del ministro de política comunitaria- apeándose del papel de segundón al que hasta ahora estaba condenado por el eje franco-alemán, es lo que verdaderamente preocupa en Berlín y París. La dimisión de Ruggiero y la asunción de la cartera de exteriores por parte de Berlusconi durante un tiempo indeterminado, es la imagen que certifica que Roma -abandonando la política seguida hasta ahora de conformarse con ser un socio menor, que durante años ha utilizado su proverbial habilidad diplomática para regatear tratos de favor con Bruselas- apuesta decididamente por este nuevo rumbo.
Si durante sus primeros meses de gobierno Berlusconi, aconsejado por Kissinguer según los medios de comunicación italianos, había optado por mantener una actitud conciliante con el eje franco-alemán, la nueva situación mundial creada tras el 11-S ha creado las condiciones para quitarse la máscara y enseñar abiertamente sus cartas. El momento ha sido el más adecuado: en pleno proceso de implantación del euro y al inicio del semestre de la presidencia española, un aliado firme y seguro en el objetivo de levantar frente a la hegemonía franco-alemana un nuevo centro de poder formado por el triángulo Londres-Madrid-Roma y, frente a la atomización de la Europa de las regiones y los pueblos impulsada por Berlín, un nuevo proyecto europeo basado en los intereses de los Estados nacionales.
La dimisión de Ruggiero anuncia que a la rebelión en la granja europea iniciada por Blair y Aznar se le suma de forma decidida Italia, lo que no puede entenderse ya sino como un auténtico y abierto desafío a los poderes centroeuropeos, una más que preocupante amenaza a su pretendida hegemonía sobre Europa y un embate frontal a su proyecto de fragmentación de los Estados nacionales. Un reto que, si p˜r sí mismo ya resulta peligroso para el mantenimiento de los equilibrios continentales en el que hasta ahora se basaba la emergente hegemonía alemana, se convierte en amenazador cuando detrás de cada acto de insumisión aparece la larga mano de Washington alentándolo.
Alemania y Francia no representan toda la UE
Roma. AFP- Dos pa’ses no representan la totalidad de la Uni—n Europea, ha
recordado hoy el ministro italiano de Asuntos Europeos, Rocco Butiglione, en
una clara alusi—n a Francia y Alemania. Butiglione acusa a estos dos Estados
de haber sido demasiado dominantes durante mucho tiempo, segœn declaraciones
del ministro a la cadena BBC. ÒNosotros [los italianos] deber’amos estar m‡s
seguros de nosotros mismos y no deber’amos ser dŽbiles. En Europa hay sitio
para m‡s de dos col’deresÓ, ha dicho. ÔNo podemos aceptar la idea de que cuando
un par de pa’ses de Europa Central toman una decisi—n, esta decisi—n sea europeaÕ
(...)
El Mundo, 9 de Enero de 2002
Retos de Berlusconi
Lejos de da–ar al gobierno italiano, la dimisi—n del ministro de exteriores
significar‡ un paso adelante no s—lo para Italia, sino para el resto de la UE
(...) Agnelli, el jefe de la Fiat dice que ÔItalia es m‡s dŽbilÕ. Lejos de eso,
el divorcio entre el gobierno de Berlusconi y el venerable Ruggiero es verdaderamente
una liberaci—n (...) La salida de Ruggiero da a Berlusconi la oportunidad de
llevar a cabo la promesa de mejorar el estatus de Italia en la UE (...) Si Berlusconi
se conduce con m‡s finura, su voz puede ser una de las m‡s influyentes de Europa,
ayudando nada menos que a forjar nuevos y estrechos lazos con EEUU. Esa es una
raz—n m‡s para ver la salida de Ruggiero no como una pŽrdida para Italia, sino
como el inicio de una nueva y saludable relaci—n entre Italia y la UE.
The
Wall Street Journal, Nueva York, 7-01-2002
El sacro imperio romano
ÀQuŽ va a pasar con la sustituci—n de la lira por el euro? Giulio Tremonti
[ministro italiano de econom’a].- Nos quieren vender el euro como si fuese un
talism‡n. Me parece un poco excesiva la idea de Kohl de que el euro es garant’a
de paz. M‡s bien creo que la paz es fruto del fin de la era de las masas, del
fin del romanticismo. Las guerras se acaban cuando el consumismo se impone al
romanticismo. Observo con curiosidad que todos los grandes defensores del euro
tienen m‡s de 60 a–os y me da miedo toda esta ret—rica del euro. Pienso que
el fundamento de Europa debe ser el Estado nacional, porque es el ÔcontainerÕ
de la democracia. Por lo tanto, debemos decidir si queremos una uni—n de Estados
o una cosa diferente, que algunos identifican con el sacro imperio romano.
La
Stampa, Tur’n, 31-12-2001
Cesi—n de soberan’a
Algunos ministros [de Berlusconi] sostienen que la cesi—n de soberan’a hacia
la Uni—n Europa por parte de los Estados nacionales debe acabar ya. ÀUsted que
piensa? Renato Ruggiero [ministro de Asuntos Exteriores dimitido].- Todo lo
que hemos hecho hasta ahora ha sido una cesi—n de una soberan’a nacional ineficaz
para adquirir una soberan’a m‡s amplia y eficiente para los intereses del pa’s.
Y quien niega esto niega completamente la construcci—n de la Europa comunitaria.
Se trata de hacer un modelo pol’tico, la federaci—n de los Estados-naci—n, en
la cual una parte del poder tiene que ser cedido a la federaci—n. CdS.- ÀLas
exigencias de Bossi complicar‡n las cosas? R.R.- Depende de c—mo lo hagamos.
Pero hacer una cesi—n hacia lo alto [la UE] y hacia lo bajo [las regiones] puede
verdaderamente debilitar en exceso el Estado nacional. Esto exigir‡ mucho equilibrio
sobre c—mo cedamos estas competencias. El debate europeo, no obstante, es, al
menos en esta etapa, s—lo sobre las cesiones hacia arriba.
Il Corriere della Sera, Mil‡n, 6-01-2002