De Verdad 02/2002 - SUMARIO

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CULTURA - ENTREVISTA

Enero 2002

Albert Boadella
Director de «Els Joglars»

Un teatro transgresor, experimental y al mismo tiempo popular

«Ha ocurrido lo que llamo tributo de vasallaje: el mundo de la cultura ha tratado de no tener problemas a la hora de las financiaciones»

De Verdad: Cuarenta años de Els Joglars incordiando a diestra y siniestra. Primero a la diestra: la Torna, Teledeum, el consejo de guerra, las homilías de los obispos, los atentados fascistas... Pero la siniestra, la izquierda, tampoco puede perdonaros que no seáis políticamente correctos. ¿cuáles son los principales aciertos y los principales errores en este tiempo?
Albert Boadella: Supongo que errores muchísimos. Si uno lleva cuarenta años es porque aprende de los errores. De los aciertos, el primero es haber conseguido un teatro de contenidos trasgresores, a veces experimentales, no un teatro comercial en el sentido más estricto de la palabra. Y al mismo tiempo que sea popular. Pocas veces van juntos. Normalmente lo popular suele ser algo zafio, los contenidos flaquean, y son mensajes muy simplistas. Y cuando es experimental no es popular y acostumbra a ser muy minoritario. Dentro de la escena española este equilibrio entre las dos cosas es el aspecto más original que ha ocurrido en los últimos treinta años.

D.V. Has dicho que tu libro, «Memorias de un bufón» lo has escrito para que nadie te pueda identificar con un progre.
A.B. La idea de la progresía es la idea de una generación que es la mía. Creo que es una generación que ha frustrado casi la totalidad de sus esperanzas y sus utopías, pensábamos transformar el mundo de cabo a rabo. Por eso tengo esa especie de repelús a los progres: la mayor parte de esta generación se dedicó a trasformar cosas colaterales. Fue muy buena consumidora del porro y del ácido, y pensó que con lo que llamaban libertad sexual se hacía la gran revolución, y no se consiguió nada con ello -se consiguió mucha desavenencia entre las parejas-. Digamos que fue una generación revolucionaria-decorativa. Franco se murió tranquilamente en la cama. Y posteriormente, cuando mi generación se dedica al poder, está implicada en crímenes de Estado y en muchísima corrupción y deja paso a la derecha, al mercado puro y duro. Desaparición total de la ideología en los estamentos de poder y mercado absoluto. Les hace el camino fácil.

D.V. ¿Por qué la mayoría de producciones son lo que tu llamas teatro arqueológico frente al teatro trasgresor y actual de Els Joglars?
A.B. Ocurre que el teatro está atento al mercado de una forma como jamás había estado. Se ha metido en una connivencia con las administraciones públicas, lo más importante es la subsistencia económica. Y por tanto no se cuestiona a los que dirigen el cotarro político-económico. Ha ocurrido lo que yo llamo tributo de vasallaje: el mundo de la cultura, buena parte del teatro y de muchos otros sectores, han tratado de no tener problemas a la hora de las financiaciones. Quien se porta bien, tiene sus prebendas, quien se porta mal... Nosotros hemos servido en Cataluña de ejemplo y escarmiento hacia todos aquellos que se les hubiera pasado por la cabeza hacer algo parecido. La televisión autonómica nos ha bloqueado cualquier participación, el Teatre Nacional cualquier coproducción, y en los ayuntamientos el poder convergente hace que no se contrate a Els Joglars. Funcionan así los moldes: «si quiere usted hacer trasgresiones ya ve lo que ocurre con Els Joglars». Esto ha sido un ejemplo y Pujol lo ha hecho fantástico.

Estoy considerado un anti-catalán. Hay quien me dice franquista y quien me dice españolista; no van a ofenderme porque me gusta España

D.V. ¿La financiación pública hace inevitable que el teatro se convierta en un teatro de funcionarios y pierda su capacidad de trasgresión?
A.B. Me parece fantástico que se inviertan los impuestos de los ciudadanos en el mundo de la cultura y del arte. Lo que ocurre es que se hace pasando por el criterio estricto de un administrador cultural, él decide si a uno le da tanto. Me parece perverso ese procedimiento, no la inversión, que me parece poca en España. El problema es una inversión democrática que ahora no lo es. Es encontrar las fórmulas para que sea una inversión de una gran pluralidad y neutralidad política o estética. Ahora los condicionantes son estéticos; pero detrás de la estética siempre está la ética.

D.V. Hablemos de la Trilogía: «Ubú», «Doctor Floid y Mr Pla», y «Daalí». ¿Por qué sólo Els Joglars se atreven a desnudar a Pujol-Ubú-Rey?
A.B. Al principio de la democracia, de la autonomía catalana, teníamos dos caminos: o integrarnos en la gran compañía de teatro de Cataluña o marginarnos de este camino de dedicación a las glorias de la patria. Y decidimos disparar desde el lado opuesto. Y empezamos a opinar de lo que consideramos que era el mundo del nacionalismo y de lo que representaba Pujol. Y ahí respondieron ellos bloqueando cosas y nosotros más fuerte y entonces empezó esta guerra. Como el libro que hemos hecho que se llama La guerra de los 40 años de Els Joglars. Un artista debe buscar la máxima independencia. No digo que haya que ser un kamikace pero hay que sobrevivir a veces en circunstancias difíciles. Hay que andarse con mucho cuidado porque los favores no son impunes. Siempre llevan contrapartidas. Nosotros tenemos de subvención un 8% sobre nuestro presupuesto anual. Tampoco somos masoquistas, no renunciamos a ello. Pero sabemos que si dijeran: ahora no la damos, nosotros sobrevivimos; pero si tuviéramos el 50% de nuestro presupuesto pagado por la Generalitat, el Ubú president sería muy difícil, sería imposible. Es un precio muy alto.

D.V. En el nuevo Ubú, has contado con dos personajes más: Pascual Maremagnum y Artur Mas ¿puedes adelantarnos algo sobre ellos?
A.B. Artur Mas es un figurín, un yupi, no le veo muchísimo futuro. Le veo más futuro a Maragall. Es un hombre con más personalidad, pero metido también en el mismo meollo nacionalista. El peligro de Maragall está al final de la obra, se va a escorar por el nacionalismo frente a una visión más de izquierdas, más plural. Yo me temo mucho que esto se va a ir por ahí, por este camino.

D.V. ¿La izquierda sufre una especie de síndrome de Estocolmo con respecto al nacionalismo?
A.B.
Sí, Sí. Porque el nacionalismo es un asunto que se conoce muy poco. Se conocen sus consecuencias, pero no se sabe bien hasta qué punto puede penetrar esa historia en la ciudadanía. De qué forma uno se siente tan condicionado que si se sitúa enfrente prácticamente se convierte en un marginado. Si hay una cosa que es contradictoria con una política de izquierdas es el nacionalismo. Cualquier política de izquierdas entiende como base esencial una visión del globo terráqueo, más humanitaria. El nacionalismo es la usurpación de unos sentimientos, -que a mí me parecen muy legítimos-. Me gustan las montañas y los valles de mi tierra, me gusta hablar mi lengua, ¡solo faltaría! Estos son mis sentimientos naturales y legítimos. Pero luego hay unos listillos que esto, que es una fuerza evidente y ancestral, lo utiliza. Se politiza de forma fantástica: cualquier cosa que funciona mal siempre es culpa de los enemigos exteriores en relación con una cierta paranoia: contenciosos históricos, manipulación de la historia..., para ver que realmente ellos son víctimas. Se atreven a decir que Franco nos agravió. Pero nos agravió a nosotros y a los de Murcia y a los de Extremadura y a los de Andalucía, y más a los que no tenían para comer, -porque en Cataluña se comía bastante-. Utilizan el agravio, y la paranoia como fuerza política, ¡es la catástrofe. Todo esto es una mala raíz. Por eso hay que prescribir constantemente.

D.V. ¿Qué repercusiones ha tenido para vosotros defender que se puede ser catalán y español al mismo tiempo?
A.B. En Cataluña, como en el País Vasco, se ha formado un retrato robot del catalán perfecto: el catalán perfecto se emociona ante determinados símbolos. Y deciden, por ejemplo, que los toros es una cosa española. No es verdad en absoluto porque hace cuarenta años en Barcelona había tres corridas a la semana y la plaza se llenaba todo los días de catalanes. Supongo que también irían andaluces y extremeños, gente que siempre ha vivido allí. Y de pronto se decide que «eso es de España». Esto es de una profunda ignorancia y te da un asco terrible. ¿Qué repercusiones? Pues estoy considerado un anti-catalán. Hay quien me dice franquista, y quien me dice españolista, y con eso no van a ofenderme porque me gusta España. Ayer viajé por Extremadura y me siento igual de contento en Trujillo que en Girona. No veo diferencias. Si me apuras, me siento igual de bien en Florencia. Si fuera en Estocolmo, ya sería distinto. En cambio en todo lo que es el Mediterráneo, hay muchas similitudes.

D.V. Saludaste el mitin de Basta Ya, diciendo: «no se puede edificar una política sobre un accidente sexual, haber nacido unos kilómetros más acá o allá». Una andanada propia de Els Joglars contra el nacionalismo étnico. ¿No piensas que Arzallus e Ibarretxe serían dos buenos personajes en busca de autor?
A.B. Yo entiendo que mis colegas teatrales del País Vasco sean cautos a la hora de hacer Ubú a su manera, porque puede tener repercusiones, y los peligros son mucho mayores allí. En Cataluña son unos peligros más de marginación económica. Allí se la juegan más. Y el de Arzallus sería un personaje magnífico, pero no hubiera sido tampoco una parodia simplemente divertida, hubiera sido cruenta.

El nacionalismo decide que los toros es una cosa española. Esto es de una profunda ignorancia y te da un asco terrible

D.V. Has dicho que los catalanes tienen dos tabús: uno es Dalí y otro Josep Pla. Los dos son críticos con su tierra, pero a la vez son profundamente catalanes. ¿Por qué ese tabú?
A.B. Porque no están en el esquema del retrato robot que te decía antes. Pla no es un hombre partidario de aventuras separatistas o secesionistas. Ha escrito en catalán pero su concepto es que en España hay que entenderse. Y Pla no se guía por la corrección política. Practica compulsivamente la libertad. Pla es un hombre de un pensamiento fantástico, es un antiburgués absoluto. Y esto no entra dentro de los moldes de la Cataluña oficial. Cabrea a los surrealistas, a la izquierda, a la derecha... Y Dalí, su testamento se lo deja al Estado español, no lo deja a la Generalitat; allí ya se considera esto un expolio por parte del Estado.

D.V. En Madrid el público se reía mucho con todos los guiños de ese doctor Flšid que recuerda a Peter Sellers en Teléfono rojo y que está obsesionado con tener un mausoleo en Montserrat, pero también hiciste que el público se pusiera en pie y aplaudiera un texto en catalán. ¿A Els Joglars no hay quien los encuadre no?
A.B.
Hay una cierta connivencia con el público. Nosotros no vamos de catalanes por la vida, sino de gente que le gusta el teatro y que hace el teatro de cosas que tiene en su entorno, que tiene el entorno de Cataluña. Nosotros tenemos nuestro entorno, como lo haría una compañía de Segovia, que haría su entorno seguramente castellano, pero haciendo que la anécdota local sea universal. El público nos comprende exactamente igual como en Cataluña, no hay una frase que no sea captada como en Cataluña, nosotros buscamos la verdad universal.

D.V. ¿En qué consiste que una cultura se convierta en universal? Porque tenemos a Buñuel, Lorca, Cervantes, Valle Inclán...
A.B. Yo creo que es un ejercicio de naturalidad, casi diría de modestia. No quieres coger los grandes temas de la humanidad, no quieres ser vencedor, lo digo en el sentido imperial que hay de lo anglosajón. Sino que coges las cosas más sencillas, aquellas que existen en tu entorno inmediato y las tratas con el máximo arte posible, pero desde una cierta humildad. Dalí pinta los cielos del Ampurdán, esos cielos tan impresionantes, que son los que ve cada día por ahí. A lo mejor pinta a un señor con faja y barretina, y tiene una gran naturalidad. Es una cosa muy auténtica, como tiene gran autenticidad pues eso es algo que da profundidad. Cuando los artistas están viendo simplemente lo que se hace en Nueva York, se termina haciendo el indio. La mayor parte de pintores y escultores se han disfrazado de indios para vender mejor el arte al tío Sam. Se han olvidado que aquí ha existido la pintura española, la pintura italiana, y que son sus raíces más profundas, y se han pasado a la iconoclastia total, a la desaparición de la forma. ¿Es que Tapies es un pintor español? No sé, como podría ser de Alaska. No hay absolutamente nada español ni catalán en él. No tiene nada de su entorno mediterráneo, de su entorno español. Hoy en el arte se está normalmente con la estética del imperio que es el imperialismo.

D.V. En Daaalí volvéis a provocar a toda la progresía, especialmente cuando presentas a las vanguardias, a Kandinski, a Tapies. Dicen que es reaccionario atacar a las vanguardias pictóricas.
A.B. Yo creo que me quedé muy corto. No hay nada más ridículo que perder el sentido del humor incluso en aquellas cosas que te dan la lata. Las vanguardias, salvo algunas excepciones en los principios históricos de estas vanguardias, son un fraude total y absoluto. Esto no tiene futuro, caerá porque es algo de lo más absurdo, caerá porque ha conseguido algo terrorífico que es distanciarse totalmente del público, no hay comunicación. El arte es comunicación desde el principio de la humanidad. Las pinturas de Altamira son elementos de comunicación de esa civilización, quieren decirnos cosas. Yo no digo que los primeros que empezaron no tuvieran una intención rupturista. A mí me parece bien que a un artista en un momento le salga una pataleta: un cuadro en blanco o con una mierda de vaca en el centro, es un ejercicio de provocación, pero después hay que pintar. Y esto se da en poquísimas ocasiones en el caso de las vanguardias. Han conducido al arte, en especial a las artes plásticas, a un punto de incomunicación y al mismo tiempo a un ejercicio perverso del mercado. Se han convertido en el arte oficial de los gobiernos, de los bancos de un lado, y de las grandes instituciones económicas que han promocionado este tipo de arte; los bancos son los que compran más arte de este tipo. Aquí también se necesita un ejercicio de humildad.

D.V. ¿Salvarías a alguna vanguardia artística?
A.B. En este momento no. Si Bin Laden diera los disparos sobre Arco (la Feria de Arte Contemporáneo) sin víctimas, si se destruyera todo lo que hay ahí; yo creo que le haría un favor a la humanidad.

D.V. La iglesia ha sido objeto también de crítica en tus espectáculos. ¿Esto te viene de la influencia anticlerical de tu padre o es una revancha de la infancia?
A.B. Puede ser, aquellos prepotentes nacional-católicos, los curas que de los años 50-60, en la época de mi infancia; es posible que realmente tuviera influencia esta cuestión. Entiendo que las cosas como he dicho antes tienen que tener su prescripción. Si lo he dicho para los demás yo también me lo aplico. Pero no ha hecho tampoco la Iglesia grandes esfuerzos para tener otra actitud distinta de aquella. Woijtila, ha promocionado al Opus de una forma descarada y absoluta, y ya sabemos qué es el Opus Dei. Tiene una voluntad de dominio tan perversa, siempre tan terrenal y tan sospechosa... Sigo arremetiendo a pesar de que entiendo que ya existe en mi caso la prescripción de aquellos tiempos, pero arremeto por los tiempos actuales.

D.V. Ha llegado el euro, «Ya semos europeos» ¿no sería el momento de volver a arremeter desde la cultura mediterránea, grosera y obscena, contra los valores hipócritas de la Europa burguesa?
A.B. Sí, lo que pasa es que la Europa burguesa ha conseguido una cosa fantástica: que todos seamos accionistas, aunque sea con una coma y mil ceros por delante. Este es el gran problema, que todos estamos implicados. Cuando se tiene la hipoteca uno ya está implicado, y se hace muy complicado encontrar el talón de Aquiles para sentar al conjunto de los accionistas, y decirles que esta empresa es también otro fraude. Hay una voluntad de paz, yo no encuentro mal esta voluntad después de la Europa del siglo XX con esas guerras tan espantosas y el holocausto. Lo que pasa es que encubre detrás la creación de un mercado potentísimo que hace frente a un mercado más importante que es el de EEUU. Las leyes del mercado son las protagonistas, y en estos momentos es muy difícil contarle a un ciudadano del estado Español, por lo tanto europeo, (porque los españoles en este momento sí que se sienten europeos), que este asunto es una operación de clonización general.

D,V, Pues tendrá que decir algo tu próxima obra.
A.B. Voy a empezar por los medios de comunicación, son muy responsables de la propaganda de mercado, de lo que conviene en cada momento a las mayores estructuras económicas, son los auténticos portavoces y los creadores de una realidad falsa.

R.D.