De Verdad 03/2002 - SUMARIO
EDITORIAL NACIONAL
Marzo 2002
Senda tenebrosa
«Juego sucio», «cacería»... estos son los calificativos que han merecido las maniobras que forzaron la dimisión de Nicolás Redondo como secretario general del PSE-EE. Pocas veces en la política española se han movilizado tantos recursos, desde el más oscuro aparato del PSOE hasta una inmensa plataforma mediática, para cercenar un camino político. Pocas veces se han utilizado métodos tan sombríos, desde la absurda acusación de seguidismo hacia el PP hasta la más burda descalificación personal, para quebrar un liderazgo.
La historia reciente de la política española nos enseña que cuanto más sucios son los métodos empleados, mayor es la importancia de lo que hay en juego y más poderosas son las fuerzas que impulsan el ataque. ¿Qué peligro representa la izquierda antifascista vasca, enfrentada desde su gestación a una implacable operación de acoso y derribo? ¿Quién se beneficia de su decapitación?
Joseba Eguibar [portavoz del EBB, dirección del PNV] manifestó el alivio de las cavernas del nacionalismo étnico ante los problemas que para el frente antifascista representa la dimisión de Redondo. Pero a nadie se le escapa que el epicentro de esta ofensiva se sitúa en el círculo de poder nucleado en el seno del PSOE en torno a Felipe González.
El mismo Redondo ha manifestado que «yo podía aguantar pero no estoy dispuesto a que se someta al partido a una mayor tensión». Todos coinciden en que la sustitución de la actual línea en el socialismo vasco por otra que propicie un entendimiento con el PNV supondrá un severo batacazo para el PSOE. Sin embargo, y a sabiendas de lo que acarrea, las operaciones contra Redondo desde el sector del socialismo más vinculado a González no han hecho sino radicalizarse.
La respuesta a esta aparente contradicción la encontramos en una carta abierta, escrita por Muñoz Molina y firmada por cientos de personalidades de la izquierda española. En ella se manifestaba el apoyo a Redondo, explicitando cómo «por fin mucha gente de izquierdas podemos reconocernos en una izquierda que ha recogido las mejores tradiciones de lucha por la libertad y búsqueda de la justicia de la izquierda» (...) «habéis hecho que muchos progresistas, vascos y del conjunto de España, nos sintamos un poco menos solos».
La respuesta de Ramón Jáuregui, actual presidente de la gestora del PSE-EE, no se hizo esperar: «tengo el objetivo de que el sector del PSE más harto del nacionalismo étnico no se pueda organizar». Esta izquierda no puede nacer. A la izquierda podrida construida por los González no se le puede enfrentar una izquierda que, en la radicalizada lucha contra el fascismo, ha recuperado la dignidad y los mejores principios; a la izquierda títere que se transforma en instrumento de los poderes más rancios no se le puede contraponer una izquierda que se mantiene firme en sus convicciones; a una izquierda que se enfrenta a la mayoría progresista española no le puede sustituir una izquierda que conecte con ella y recoja sus aspiraciones. No es la primera vez. Siempre que ha surgido un camino independiente en el seno de la izquierda española ha sido perseguido y aniquilado. Primero fue Tierno Galván, luego Nicolás Redondo al frente de la UGT, más tarde Borrell. Todos despertaron las aspiraciones de que era posible otra izquierda.
Detrás de todas estas razzias han estado los mismos: los que, como González, han moldeado la izquierda a través de los intereses de las grandes potencias. Para meternos en la OTAN, para malvender España a las multinacionales europeas... para que España continuara siendo, como en los últimos 200 años, territorio de disputa entre las grandes potencias mundiales, era necesario, en un país con una abrumadora mayoría progresista, una izquierda hipercontrolada, que actuara de dique de contención y reconductor.
La resistencia ante el fascismo de la izquierda vasca le lleva, con una mayor o menor conciencia, a enfrentarse al proyecto de desgajamiento y satelización que reservan para España los centros difusores del nacionalismo étnico. En el movimiento antifascista vasco radica el germen de, lo que en su desarrollo, se puede convertir en una izquierda patriótica, cuyas centros decisorios no deban buscarse fuera de España. Este, y no otro, es el temor que ha provocado la ofensiva contra Redondo.