De Verdad 03/2002 - SUMARIO

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EDITORIAL NACIONAL

Marzo 2002

¿Guerra contra el terror o dictadura terrorista mundial?

La nueva fase de la «guerra contra el terror» se encamina hacia una dictadura terrorista mundial que enfrenta, abierta o veladamente, a EEUU con todos los países del mundo

George Bush llegó a sugerir en los actos de conmemoración de los seis meses del atentado a las Torres Gemelas que «tras la futura victoria contra el terrorismo, conflictos como el de Oriente Próximo se verán bajo otra luz». ¿A qué victoria se refiere? ¿Piensa acaso sentar a Sharon junto al resto de genocidas como Pinochet o Milosevic? Los hechos apuntan a todo lo contrario.

Seis meses después del 11-S, la victoria sobre Al Qaeda y los talibanes está siendo gestionada por el gobierno de Bush para lanzar los ejes de una auténtica ofensiva de terror a escala planetaria. La nueva fase de la «guerra contra el terror» se encamina, en realid

ad, hacia una dictadura terrorista mundial que enfrenta, abierta o veladamente, a EEUU con todos los países del mundo. La victoria de esta línea en el seno de la superpotencia norteamericana es la principal amenaza de guerra y terror a la que se enfrenta todo el planeta. De su consolidación o no va a depender, durante las próximas décadas, la paz, la democracia y la estabilidad mundial. La característica de la segunda fase de la guerra contra el terrorismo es que EEUU está instaurando un régimen mundial a través del cual pretende arrogarse el derecho a ejercer el terror impunemente contra todos aquellos países y pueblos que considere, hacerlo con o sin el apoyo por parte de sus aliados, y además utilizando la amenaza de su fuerza para no permitir ninguna discrepancia.

Los hechos que corroboran estas intenciones se suceden en cascada. La indiferencia y arrogancia con la que EEUU trata las opiniones de sus socios se convirtió en imposición y dictado cuando el Departamento de Estado llamó al embajador francés para pedirle explicaciones sobre las declaraciones de miembros de su gobierno cuestionando el anunciado ataque sobre Irak. Gesto tan insólito en las relaciones diplomáticas como revelador de los límites que Bush está dispuesto a imponer sobre sus propios aliados. Informaciones recientes de la prensa estadounidende mostraban las intenciones del Pentágono de poner en marcha una oficina de propaganda que lance al mundo las noticias sobre la guerra para formar, con mentiras cuando sea necesario, a la opinión pública mundial en los intereses y las necesidades norteamericanas.

El informe secreto desvelado recientemente por el periódico Los Angeles Times , ha sacado a la luz las siniestras hipótesis barajadas por el Departamento de Defensa sobre la utilización de armamento nuclear contra 7 países, entre los que se incluyen Irán o China. El desproporcionado aumento del presupuesto de Defensa pretende catapultar a la maquinaria bélica norteamericana a establecer una distancia sideral sobre cualquier país o coalición regional.

La abrumadora superioridad tecnológica militar de EEUU puede llegar a transformarse en el próximo lustro en un abismo insalvable por nadie durante muchas largas décadas. Las victorias militares y las amenazas de dimensiones cada vez más catastróficas mantienen neutralizada a la opinión pública nortemericana y paralizada a la oposición interna, dando carta blanca a las decisiones de Bush aun a costa de asumir los ataúdes que llegan a casa.

Con respecto a la oposición externa, Bush ya ha avisado que «cada país de la coalición debe tomar en serio la creciente amenaza de un terror a escala catastrófica, un terror dotado de armas nucleares, químicas o biológicas: el más grande de todos los peligros». Una advertencia tanto más peligrosa viniendo de quien ha sido taxativo en calificar de irrenunciables las acciones bélicas previstas («la inacción no figura entre las opciones»), tengan los apoyos que tengan. A las actuales intervenciones militares norteamericanas a pequeña escala -Filipinas, Yemen, Georgia...- se le suma el inminente horizonte ya anunciado, y previsiblemente diseñado, de otras mayores contra alguno de los países del llamado «eje del mal» (Irak, Irán y Corea del Norte).

Los guiños que Bush ha hecho a la coalición internacional, convirtiéndola en protagonista de los actos de conmemoración del 11-S, colocando todas las banderas de los países integrados en ella y sustituyendo el «Dios salve a America» por el «Dios salve a la coalición», no pueden ocultar lo tenebroso de los planes diseñados por el complejo militar-industrial. La utilización del terror a gran escala se dibuja como el principal medio con el que crear las condiciones que permitan sostener su hegemonía a cincuenta años vista sobre el planeta entero.

Y en ese camino no están dudando lo más mínimo en imponer, sobre enemigos y aliados, una auténtica dictadura terrorista mundial. Hacerles frente con la unidad de todos los países y pueblos del mundo ha pasado a ser la principal tarea de todos los demócratas, de todas las personas amantes de la paz.