De Verdad 03/2002 - SUMARIO
NACIONAL
Marzo 2002
Relevos
en la cúpula de la gran banca española
Operación
Triunfo: comienza la batalla de Europa
Acumular fuerzas para dar el salto definitivo hacia Europa, esta ha sido la guía estratégica de la gran banca de nuestro país en los últimos años
En apenas seis meses los núcleos dirigentes de las dos supercorporaciones bancarias españolas, el verdadero corazón de la oligarquía financiera de nuestro país, se han visto envueltos en lo que constituye una sustancial alteración del equilibrio en sus relaciones internas de poder. La exclusión de Amusátegui y con él del grupo directivo procedente del antiguo Central Hispano en el BSCH y de Ybarra y su equipo gestor Ðcon la consiguiente quiebra relativa del histórico poder de las familias de Neguri - en el BBVA revelan la profundidad de unos cambios, que, más allá de los nombres, suponen, simultáneamente, tanto una aceleración en el ritmo de sus objetivos estratégicos, como significativas variaciones en el rumbo a seguir en los próximos años por los dos buques insignia del capitalismo monopolista español. Pese a las notables diferencias que presentan una y otra crisis, la reestructuración obedece en ambos casos a una misma lógica: la necesidad de concentrar el poder, de establecer un mando único capaz de asegurar la máxima eficiencia y rapidez en la toma de decisiones. Pero, como es lógico, ésta no es sencillamente una cuestión administrativa, de simple organización.
Detrás de ella se ha librado, se está librando, un prolongado pulso entre distintas familias y líneas oligárquicas por hacerse con la hegemonía de las dos entidades que controlan, ellas solas, más del 50% del sistema financiero español y, con él, de una buena parte de los recursos decisivos de la economía nacional.
El telón de fondo
Con la plena instauración del euro como moneda común, la construcción de un mercado único europeo ha cubierto una etapa cualitativa en su desarrollo. La llegada de un mercado financiero también único para todos los países de la zona euro es ya sólo cuestión de tiempo. La perspectiva a medio plazo que se abre para el capital bancario europeo es la existencia de no más de 6 ó 7 gigantescos superbancos de ámbito comunitario capaces de competir en el mercado de capitales global, mientras el resto quedarán inevitablemente relegados a un segundo orden, ocupando un papel meramente local, sin la dimensión ni la capacidad de ser jugadores decisivos para participar en el núcleo duro ni formar parte de la cadena de eslabones fuertes en la alianza de las oligarquías financieras europeas.
Tomar sólidas posiciones de salida para el inminente inicio de esta carrera es el telón de fondo sobre el que se ha librado la batalla en las cúpulas directivas de BSCH y BBVA. Acumular fuerzas para dar un salto cualitativo hacia Europa, esta ha sido la guía estratégica de la gran banca de nuestro país en los últimos años; lo que, en última instancia, ha dirigido todos sus movimientos de fusiones o de expansión en Iberoamérica.
Si la oligarquía financiera española había cobrado ventaja en la última década con respecto a sus competidores europeos, al concluir con éxito un aceleradísimo e implacable proceso de concentración, la segunda fase del plan exige ahora que todo ese enorme volumen de capital obedezca a un mando único, libre de las desavenencias, tensiones y conflictos provocados por la existencia de un relativo equilibrio de poder interno entre los intereses y las líneas de las distintas familias, clanes o grupos de presión de los bancos originarios.
La batalla de Europa va a comenzar seriamente en breve, y aquí no se admiten -pues está en juego su misma supervivencia como centros de poder capaces de hacer valer en Europa los propios intereses- vacilaciones, querellas ni discordancias internas. Como les ha demostrado su propia experiencia en la concentración bancaria española, no están llamados a dar el salto, necesariamente, aquellos que poseen un mayor volumen de capital, sino los que están mejor preparados para dar una batalla que inexcusablemente va a ser despiadada, en la que no caben debilidades ni desfallecimientos y que no admite posibilidad de ofrecer concesión alguna a los competidores.
Una vez más, la oligarquía bancaria española, haciendo de la necesidad virtud, se adelanta a sus rivales europeos: consciente de su relativa debilidad frente a ellos, la rápida adecuación de su músculo financiero a las nuevas condiciones de la batalla le permiten equilibrar las fuerzas y tomar ventaja. El flanco débil El estallido de la crisis argentina, además, no ha hecho sino acelerar el proceso. En ella se ha manifestado uno de los flancos débiles del gran capital español: la excesiva dependencia y concentración de riesgos en una zona del planeta política, social y económicamente inestable.
Si la crisis argentina ha obligado a BSCH y BBVA a reducir en prácticamente un 30% sus beneficios del año 2001, un posible contagio, no ya a toda Iberoamérica, sino tan sólo a los países del MERCOSUR (singularmente a Brasil y Chile) encendería todas las alarmas rojas.
La saturación del mercado interno español obligó, desde mediados de la década de los 90, a una masiva exportación de capitales concentrada en la región iberoamericana. Hoy, una parte importante de su capitalización y de sus beneficios provienen de allí. Su hundimiento sería un golpe del que, previsiblemente, tardarían años en recuperarse. Una debilidad en medio de la batalla europea que se avecina que los dejaría desprotegidos frente a la voracidad de los grupos financieros rivales. Botín ya ha anunciado que no está dispuesto a jugársela y que evaluará, de acuerdo con el plan que presente el nuevo gobierno argentino, su permanencia en el país.
Sin embargo, sea cual fuere la resultante final, lo cierto es que la crisis argentina ha puesto sobre la mesa una cuestión a la que, tarde o temprano, tenían que hacer frente. Pese al carácter estratégico de las inversiones de la oligarquía financiera española en Iberoamérica, pese a haber conseguido crear una importante área de influencia, control y expansión de su capital monopolista, esto es todavía insuficiente para dar con éxito la batalla europea. La crisis argentina anuncia que el mercado americano difícilmente puede dar más de sí, advierte que a partir de ahora se han acabado los espectaculares crecimientos de años pasados y revela ser una inversión con demasiados rasgos de inestabilidad como para convertirse en el principal pilar externo sobre el que descanse la solidez del capital financiero español.
Posibles cambios de línea
En esta carrera, Botín ha tomado, sin duda, la delantera. De un solo golpe ha descabezado la oposición interna, ha consolidado su red de alianzas estratégicas europeas y se ha convertido en el banco con mayor capitalización bursátil de la zona euro. Por el contrario, su rival, pese a la anticipada renuncia de Ybarra y la defenestración de Uriarte y Echenique -verdaderos cerebros grises de la estrategia seguida hasta ahora por el BBVA-, se va a ver obligado a mantener durante algún tiempo el frágil equilibrio interno, está paralizado en Europa tras los fracasados intentos de unión con la BNL italiana y mantiene inmovilizados buena parte de sus recursos financieros en la tradicional política de la oligarquía vizcaína de inversiones estratégicas industriales.
Muy posiblemente esto es lo que vaya a cambiar en el futuro inmediato. De momento, el nuevo presidente, Francisco González, ya ha declarado que «hay que tener caja para los tiempos que vienen, los núcleos duros son milongas y participaciones minoritarias no son participaciones estables». Unas declaraciones que apuntan a que el BBVA podría empezar a considerar la conveniencia de convertir una buena parte de su corporación industrial (tres veces superior a la del BSCH) en activos líquidos con los que recomponer desde el principio un sistema de alianzas en Europa que le coloque en primera línea de salida. Algo que, como bien sabe Botín, cuesta mucho dinero.
Una lógica que, aunque resulte lucrativa para la oligarquía financiera española en su carrera por hacerse un hueco entre las burguesías monopolistas europeas, resulta a la postre ruinosa para los intereses nacionales. Pues significa, más que previsiblemente, una nueva vuelta de tuerca a la liquidación y entrega al capital extranjero de los últimos y cada vez más menguados sectores industriales y recursos productivos propios que le van quedando al país. Algo que, si bien da más poder financiero a la oligarquía, hace a su vez más dependientes al mercado y a la sociedad española en su conjunto de los centros productivos e industriales foráneos, las verdaderas fuentes de creación de riqueza para cualquier nación.
A. Lozano