De Verdad 03/2002 - SUMARIO
INTERNACIONAL
Marzo 2002
Presupuestos
militares de EEUU para 2002:
Los
presupuestos de la guerra
La enorme capacidad militar le permite a EEUU el monopolio de la fuerza en las relaciones internacionales
|
El
Pentágono y áfrica Presupuesto militar de EEUU: 379.000 millones de $ |
|
EEUU
y «el eje del mal» Presupuesto militar de EEUU 379.000 millones de $ |
379.000 millones de dólares, 75 billones de las desaparecidas pesetas. Una cifra casi inabarcable para la imaginación. Este es el montante que EEUU dedica a sus presupuestos de guerra. Los números tienen a veces la capacidad de definir con precisión el carácter de las cosas. Este casi medio billón de dólares destinados a la guerra ejemplifica la esencia del Estado norteamericano: la maquinaria militar más gigantesca que haya conocido la humanidad. Que se encuentra en manos de gentes que no dudan en sumir al planeta en la barbarie para conseguir sus objetivos provoca un escalofrío. Si García Lorca afirmaba que «detrás de cada multiplicación hay una gota de sangre», ¿cuántas vidas son necesarias para rellenar todas las casillas contables del Pentágono?
Abismo sideral «Estamos dando respuesta a nuestras necesidades militares para la primera mitad del siglo XXI». Esta afirmación del secretario de Defensa norteamericano, Donald Rumsefeld, concentra los objetivos de la actual doctrina militar de Washington. No se trata de dar respuesta a los rivales de hoy, sino asegurar que dentro de 50 años las cosas seguirán como hasta ahora. Para ello, EEUU ha interpuesto una distancia insalvable con los probables competidores.
El actual presupuesto militar norteamericano supera el que suman los quince países que le siguen en el ranking. Es diez veces mayor que el que se obtiene al fundir el de Rusia y China. Tan solo con los 48.000 millones de dólares de aumento que anunció Bush hace un mes, se mantendría el ejército francés, el segundo de la OTAN, durante año y medio, y el alemán, aspirante a sucesor, durante dos. Entre los quince integrantes de la Unión Europea tan sólo alcanzan el 57% de los recursos militares norteamericanos.
La enorme capacidad militar le permite a EEUU el monopolio de la fuerza en las relaciones internacionales. El despliegue de bases militares, inasequible para cualquier otro país, extiende la presencia bélica norteamericana a los nudos decisivos del planeta. El basculamiento del eje mundial hacia Asia ha ido acompañado de la construcción de nuevos enclaves militares estadounidenses en los límites de Asia Central. «Nuestro objetivo es saltarnos una generación tecnológica». Con esta frase, el secretario de defensa norteamericano ejemplifica otro de los pilares de la superioridad norteamericana: la monopolización de las nuevas teconologías.
Los nuevos engendros militares permiten al ejército norteamericano no sólo una mayor efectividad bélica, sino la capacidad de movilizar, en un tiempo record, grandes cantidades de recursos materiales y humanos hacia el objetivo. Garantizar el orden Antes incluso del primer disparo, las mismas proporciones del gasto militar estadounidense adquieren un carácter criminal. El presupuesto bélico norteamericano es superior al Producto Nacional Bruto de toda el áfrica subsahariana, iguala la suma de las riquezas que poseen los 120 países más pobres del planeta, supone más de un tercio de los bienes acumulados por los países denominados efumetísticamente «de ingresos bajos»(donde habita un tercio de la población mundial). La grieta es tan grande que el dinero destinado por Washington para la guerra es 12 veces mayor que los ingresos de 1/5 de la humanidad, 1.200 millones de personas, y, según un informe de UNICEF, tan sólo un tercio de este montante bastaría para satisfacer las necesidades más urgentes del Tercer Mundo.
Estas cifras son el reverso necesario de los informes sobre desarrollo humano de la ONU: la riqueza de los tres principales magnates planetarios suma tanto como los 48 países más pobres y sus 600 millones de habitantes, más de un tercio de los habitantes del globo se reparten lo mismo que las 225 mayores fortunas. EEUU se ha erigido en el gendarme mundial, en el garante de este orden social. Ellos son los primeros beneficiados: la mitad de los 10 principales bancos mundiales y las cuatro empresas más grandes del planeta son norteamericanas. Entre ellas suman casi un billón de dólares de ingresos.
El Pentágono, al expresar sus objetivos militares, afirma que deben garantizar «no sólo la capacidad de mantener una intervención militar a miles de kilómetros, sino también el acceso incondicional a los mercados decisivos, a los suministros de energía, a los recursos estratégicos...». La fuerza militar permite la explotación «incondicional». Es su reverso necesario. Si las cifras de la deuda externa son una pequeña cristalización de décadas de explotación acumulada, el gigantismo militar norteamericano materializa la opresión que sella la caja de caudales.
El imperio caníbal
Tras el once de septiembre, se ha demostrado que el imperio necesita, en su avance, devorar la democracia. Precisa encuadrar al conjunto de la población y para ello no duda en restringir la libertades o crear un sensación de terror permanente. Pero no es el único efecto, mantener el dominio mundial genera una especie de imperio caníbal que deglute las entrañas de la misma sociedad estadounidense. Al presentar los presupuestos, el gobierno Bush planteó un par de contrarios que van siempre unidos. A la declaración de que «el aumento del gasto militar es innegociable», le siguió una retahíla de recortes sociales. Mientras el presupuesto de defensa subía un 12% y el de seguridad interna se duplicaba, la Seguridad Social anuncia unas pérdidas de 1,5 billones de dólares en la próxima década. Los gastos en educación y sanidad no llegan a la mitad de los destinados al Pentágono, y todos los paquetes de ayudas sociales han sido recortados o simplemente eliminados.
Las investigaciones militares aglutinan el 60% de la ciencia norteamericana, los proyectos de salud reciben un 15% del dinero destinado a las áreas bélicas. Los mejores recursos nacionales puestos en función de las necesidades imperiales. Esto ocurre en un país donde 42 millones no pueden costearse un seguro médico, 32 millones viven bajo el umbral de la pobreza los porcentajes de mortalidad infantil en barrios de Nueva York superan a los de Guatemala... Bush atribuyó al aumento del gasto militar «un efecto de reactivación económica». Efectivamente, los inmensos recursos del Estado alimentarán las arcas de los gigantescos monopolios que forman el complejo militar industrial. Como contrapartida, EEUU es, dentro de los 14 países más desarrollados, donde más se abre la brecha entre los de arriba y los de abajo.