![]() |
![]() |
|
|
N¼ 4 - ABRIL 2002 |
|
NACIONAL - EUSKADI El
asesinato de Juan Priede: Hay que redoblar la rebeli—n
democr‡tica. Un puño en alto presidía el homenaje a Florián Elespe, concejal socialista asesinado hace un año. Era el de Juan Priede. Al día siguiente le asesinaron a sangre fría. Le mataron por defender la libertad, por no plegarse ante el fascismo, por ser como todos los que a lo largo de la historia han levantado el puño como símbolo de lucha. Perseguido, fue militante socialista desde su juventud en Asturias. En Orio, pequeño pueblo de pescadores de Guipúzcoa donde pasó buena parte de su vida, había nacido su mujer y nacieron después sus tres hijos. Allí regresó al jubilarse, después de 20 años como trabajador de Explosivos Riotinto en Gallarta, Vizcaya. Hacía lo que siempre había hecho: luchar contra el fascismo. Aceptó el puesto de concejal tras la dimisión de un compañero, enfrentándose al acoso y amenazas del nacionalismo étnico que hegemonizaba un ayuntamiento con 5 concejales del PNV, 3 de EH y dos de EA. Sabía lo que se jugaba, sabía que su nombre había aparecido en las listas de varios comandos detenidos, y a pesar de todo no hizo caso a los consejos de amigos y familiares que le instaban a retirarse. Aceptó llevar escoltas a regañadientes, reservándose a diario un rato de libertad en su jornada diaria, que convirtió en su rebeldía contra la situación que le tocaba vivir. Alguien debió anotar esa licencia convertida en costumbre, y lo sentenció. Las del socialismo asturiano, nacido al calor del desarrollo de las empresas mineras y siderúrgicas a principios del siglo XX, cuna de algunos de los mejores episodios del movimiento obrero español: la huelga de Mieres de 1905, la insurrección de 1934, la lucha antifascista, como último reducto republicano del frente norte en el 37, las grandes huelgas mineras de mediados de los 50 que, junto con las de la siderurgia vasca, marcaron el inicio de la reorganización del movimiento obrero con el fascismo. Miles y miles de hombres y mujeres honrados, valientes, antifascistas indoblegables, cuya memoria, junto con la de miles y miles más del resto de España, han conservado en su ADN las mejores tradiciones de lucha, a pesar del oscuro túnel donde otros persisten en recluir a la izquierda española. En los pueblos de Euskadi hay muchos Juan Priedes, hombres y mujeres socialistas, viejos luchadores antifranquistas unos, jóvenes que han recibido la herencia de la lucha por la libertad otros, valientes y dispuestos a jugarse la vida por enfrentarse al fascismo de ETA y Arzallus. Que se niegan a ser tratados como extranjeros en su propia tierra por el solo hecho de sentirse tan españoles como vascos, que se niegan a marcharse de su tierra, de la tierra que han engrandecido con sus manos venidas de Asturias o Andalucía, que no están dispuestos a ceder a la presión de la limpieza étnica que Arzallus e Ibarretxe han emprendido para desgajar Euskadi del resto de España. El asesinato de Juan Priede no es sólo un crimen repugnante. Hace ya meses que ETA ha colocado su objetivo macabro sobre los concejales socialistas. Un intento de bajar los puños a punta de pistola, de quebrar con el terror la voluntad de lucha, la pasión por la libertad. Es también, en vísperas del congreso del PSE, un mensaje criminal para todos los socialistas: el de que ha llegado la hora de dialogar con los asesinos, o por lo menos con los que esperan comprar negros designios con la sangre de los asesinados. Que ha llegado la hora de restablecer lazos con quienes de hecho controlan la vida política de Euskadi en todos sus aspectos, y que con eso se consigue que los concejales socialistas, sobre todo los de los pueblos pequeños, estén más protegidos. Pero es un intento condenado al fracaso. Al día siguiente del asesinato de Juan Priede, la alcaldesa nacionalista de Orio exigió compostura a los vecinos indignados que increpaban a los concejales de EH por negarse a condenar el atentado. Un vecino le contestaba que «hace tiempo que guardar la compostura en los plenos tras los atentados es una falta de respeto contra la persona asesinada y contra nuestra dignidad». Otro vecino, después de que uno de los proetarras se encarara con ellos llamándoles fascistas, añadió que «va siendo hora de que demos un paso adelante: nos asesinan, dicen que no somos demócratas... ¿encima nos tenemos que callar?». La semilla sembrada por años de puños alzados ha dado un fruto imparable. Cuanto más arrecia el terror, más crece la rebelión. Desde toda España debemos decirles que no están solos, que su lucha es también la nuestra, que si en Euskadi no se gana la batalla por la libertad no puede ganarse tampoco en el resto de España. Que hay que volver a revitalizar la rebelión democrática que hace muy pocos meses hizo retroceder al nazifascismo y ponerse a la defensiva, que hay que resucitar el espíritu de érmua. Tenemos que volver a la rebelión democrática, en Euskadi y en el resto de España. La memoria de Juan Priede y de otros tantos nos lo exige. Mercedes de la Torre |