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N¼ 4 - ABRIL 2002 |
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EDITORIAL Estados
unidos: La Revisión de la Postura Nuclear de Bush incluye entre los cuatro propósitos de las armas nucleares el «derrotar a los enemigos». Y dice que entre «las opciones de ataque debe incluirse la fuerza necesaria para adelantarse a posibles amenazas». ÁNo puedo creerlo! Es increíble y peligroso. Insinúa el posible uso contra Libia, China, Irak... ÁDios mío!» Quien así se escandaliza de los peligros de la nueva doctrina militar yanqui no es un furioso antinorteamericano. Es Robert McNamara, secretario de Defensa entre 1961 y 1967 e ideólogo de la escalada en Vietnam. El aventurerismo la administración Bush ha llegado a indignar a los círculos más duros del stablisment norteamericano. No es para menos. En el documento que menciona Mcnamara, el Pentágono exige que «es necesaria mayor flexibilidad respecto al uso de la fuerza nuclear», «contemplando opciones de ataques nucleares que varíen según la escalada e intensidad». Ya se están desarrollando microbombas atómicas que puedan ser utilizadas en combates terrestres. El aventurerismo de la administración Bush en un asunto tan sensible como las armas nucleares denota que el nuevo imperio global no acepta ningún freno, no descarta ninguna medida para acrecentar su dominio, independientemente de las consecuencias que pueda provocar. Se afirma que estamos en un mundo menos seguro, a causa de lo impredecible de grupos terroristas incontrolados, incompatibles con cualquier control internacional y dispuestos a todo para conseguir sus objetivos. Esta es una definición exacta... si se aplica a los actuales inquilinos de la Casa Blanca, como representantes de la parte más oscura del complejo militar industrial. La ilimitada voracidad del sector más agresivo y aventurero de la burguesía norteamericana, les confiere la imprevisibilidad del que está dispuesto a cualquier cosa para quedárselo todo. No es que los halcones se hayan impuesto a las palomas, es que el puesto de mando está ocupado por quebrantahesos insaciables. El empecinamiento en atacar Irak, enfrentándose a todo el planeta, y sembrando una bomba en el lugar más inflamable del planeta, es otra muestra de su talante. Los resultados de esta política los está sufriendo ahora el pueblo palestino. No es que nos encontremos ante la evidencia de una dictadura mundial del terror impuesta desde la Casa Blanca, es que el dictador está armado hasta los dientes y fuera de control. Parece que Washington ha dejado de medir las consecuencias de sus actos, arrastrando a todo el planeta a una pendiente sin fondo. Detenerlos es la primera prioridad para cualquier demócrata. Es erróneo comparar el poder global norteamericano con el Imperio romano, exportador de una «pax» estable bajo su dominio. Más bien parece que unos bárbaros sin control se han apoderado del trono romano y de sus legiones. |