N¼ 4 - ABRIL 2002

 

INMIGRACIÓN

La vergüenza del paraíso

Canarias, balcón de EspaÑa al continente africano y nexo de unión de culturas milenarias, donde los hispanos se funden en uno sólo y una de las zonas mÁs bellas del planeta, con sus aguas cristalinas, su clima tropical, sus palmeras y la majestuosidad del Teide, que nos contempla. En esta tierra paradisíaca, creada para el disfrute de todos los sentidos, nos damos de bruces con la cruda realidad.

Yahya Samkihe tenía dieciocho aÑos. Su cadÁver fue encontrado en la playa de las Canteras. Pero no era un cuerpo a la deriva caído de una patera. Yahia había sobrevivido al viaje de Mali hasta Canarias, a las veinte horas de patera desde el Aaiún, a los cuarenta días de internamiento en el centro de retención de extranjeros de Fuerteventura. Y cuando fue puesta en libertad y su único futuro era vivir en la calle, sin ninguna otra salida, se fue a la orilla, y se perdió en el horizonte. El mar, que no entiende de justicia social, se lo engulló. No sabía nadar. Cuando lo recogieron, horas mÁs tarde, encontraron en su pantalón una orden de expulsión.

Las condiciones de vida de los subsaharianos en Canarias son, ya ni siquiera vergonzosas, son escalofriantes, indignantes. Nada mÁs llegar, y repuestos un poco, se les interna en GuantÁnamo dos, el siniestro y significativo nombre del Centro de Retención de Extranjeros en la capital grancanaria. Lugar infecto donde los haya, sin ventilación ninguna, con dos claraboyas y un tragaluz por toda iluminación, los colchones en el suelo pegados unos a otros. Tres servicios para quinientas personas. Por supuesto este centro ha sido denunciado por Human Rights Watch y por MÉdicos sin Fronteras, entre otras organizaciones. En esas condiciones estÁn cuarenta días y cuando salen se encuentran un oscuro panorama.

Los magrebíes son expulsados prÁcticamente en el acto, pero a los subsaharianos, como no existen leyes de extradición con sus países, se les da un papel, la orden de expulsión. Por lo que se convierten en inmigrantes sin papeles, pero con papel, que les permite estar libremente en EspaÑa, pero con el que es imposible conseguir la regularización. Ni pueden aunque la mayoría no quiere, volver a su país, ni son legales en EspaÑa. Por lo tanto no hay trabajo, no hay vivienda y necesitan de la beneficencia para subsistir. Viven en la calle, duermen en la playa, o donde pueden, pero eso sí, al amanecer hay que desaparecer que vienen los turistas y la playa y alrededores tiene que quedar « limpio».

Mientras tanto los concejales del PP del ayuntamiento de Las Palmas hace sus cÁlculos : la manutención de estos inmigrantes le ha costado al ayuntamiento 180.300 euros. Y se tiran la pelota entre el ayuntamiento del PP y Coalición Canaria, para ver a quiÉn corresponde pagar esto. Ésta es su moral y sus principios. Lo primero es lo primero, el dinero, por supuesto, luego el sufrimiento y el dolor humano.

Ésta es la ley de extranjería de la que tanto se vanagloria Aznar, que somete a la gente a condiciones infrahumanas, sin derechos, si no tienes papeles no existes, y sin posibilidad de salir de la ratonera. Y en el otro lado los empresarios, exigiendo a Aznar mÁs flexibilidad para la llegada de inmigrantes, que los necesitan, que tienen paralizados sus negocios, porque no encuentran mano de obra. Lo dice Antonio Gómez, contratista de Madrid, que ha tenido que renunciar a varias obras por no tener obreros suficientes para llevarlas a cabo, y dice que «pongo anuncios en el INEM, y no viene ni dios, ni un espaÑol, y cuando solicito trabajadores inmigrantes, todo legalizado, me encuentro un montón de impedimentos, papeleos que no van a ningún lado, burocracia, y el problema es que voy ha tener que cerrar como sigamos así, no lo entiendo».

Inmigrantes que vienen a trabajar, empresarios que quieren contratarlos y que no pueden por los impedimentos que pone el gobierno, y este no cede. Y no lo hace porque quiere saber quiÉn viene, que tenga la hoja de servicios bien limpia, nada de sindicalistas o militantes de izquierdas. Con lo que ha costado dopar a los sindicatos con las arcas del Estado, para que se unan los trabajadores inmigrantes con los trabajadores espaÑoles, una bomba de relojería . Por eso, por poner un ejemplo, se han quitado de en medio a siete mil marroquíes contratando polacos en Almería y Huelva, diciendo que eran conflictivos, y claro, tienen razón el gobierno y los empresarios, porque los marroquíes estÁn organizados y se han movilizando reclamando sus derechos como trabajadores. A los polacos los han traído con contrato desde su país y es la primera vez que vienen, así que son mÁs llevaderos. Los marroquíes llevan aÑos trabajando en la zona y saben lo que pasa, estÁn en contacto con sindicatos como el SOC ( Sindicato de Obreros del Campo ) y tienen muy claro lo que se juegan. Por mucho que intenten criminalizarlos, lo que exigen es justo.

El problema al que se enfrenta el gobierno, y hace todo lo posible por atajarlo, es la unidad de todos los trabajadores, inmigrantes o espaÑoles. Pero para conseguir esa unidad hay que romper los guettos, hay que fundirse en un solo cuerpo multicolor que golpee todos y cada uno de sus proyectos de explotación. Intentan por todos los medios evitar esta mezcla explosiva enfrentando a los trabajadores espaÑoles con los inmigrantes, con declaraciones como las del ministro Rajoy, «ha subido la delincuencia porque han venido muchos inmigrantes», o sembrando rencillas entre los propios inmigrantes, como en Huelva, entre los magrebíes y los polacos, pero no lo han conseguido. Por encima de todo somos la misma clase obrera y tenemos los mismos objetivos y los mismos intereses.

Este es el talón de Aquiles del gobierno y aquí radica nuestra fuerza. Por mucho que nos dividan y sectorializen en parados, fijos, discontinuos, espaÑoles o inmigrantes, nuestra unidad les hace daÑo y ése a de ser nuestro objetivo y la única forma de acabar con situaciones tan deleznables como las de Canarias.

S. Rubio