N¼ 4 - ABRIL 2002

 

INTERNACIONAL

¿El gas o las piedras?

¿Qué preferiría usted? Ser negro o chicano, pobre y vivir en Tejas cuando Bush hijo era gobernador. O ser mujer, musulmana, pobre y vivir en Nigeria. Dos casos muy similares. Thomas Miller-El, en EEUU y Safiya Hussaini en Nigeria.

El primero condenado a muerte desde hace más de quince años en el corredor de la muerte en la cárcel de Texas de Allen Polunski, que ha arrancado por décima vez un aplazamiento de su condena. La segunda, Safiya, condenada a morir lapidada en Nigeria, recientemente absuelta. ¿Qué diferencia hay entre los dos destinos? Muchos gobernadores de Europa se escandalizan de las leyes musulmanas o sharia, que puede condenar a la muerte a una mujer por cometer adulterio. Pero cuando es EEUU quien ejecuta, 732 desde que se volvió a instaurar la pena capital en 1976, no hay tal alboroto, sólo voces susurrantes y vergonzosas que ruegan encarecidamente a los yanquis que se aseguren bien de que al que matan es culpable.

Es posible que la diferencia esté en los métodos que utiliza Bush, la silla eléctrica, la cámara de gas, la inyección letal, la horca o el fusilamiento. Son más civilizados, más propios de países avanzados, frente a los que dicta la ley islámica: la decapitación con espada, morir a pedradas, la amputación... barbaridades inaceptables en un mundo civilizado. Tal vez se opongan a las sentencias injustas de algunos países árabes, como en el caso de Safiya, una mujer campesina y analfabeta, condenada a muerte por tener un hijo con un hombre que no era su marido.

Los tribunales de EEUU que aplican la pena de muerte sólo condenan a menores de edad, a discapacitados mentales, a enfermos psíquicos, a negros... Safiya no ha tenido siquiera la posibilidad de una defensa adecuada y un juicio justo. En EEUU es distinto, se trata de un país democrático. En Texas, los fiscales utilizan un manual sobre técnicas para elegir a los miembros del jurado. En él se aconseja que para obtener un veredicto de culpabilidad desecharan a todos los miembros de color, sobre todo a los afroamericanos, a los judíos, a los italianos, a hispanos, o a personas aquejadas físicamente, ya que tienden a simpatizar con los acusados. Es el caso de Thomas Milles-El, un hombre negro, pobre y musulmán, con el perfil perfecto para ocupar una plaza en el corredor de la muerte, fue juzgado por robo y asesinato por un jurado blanco, sólo uno era negro.

De las más de 700 ejecuciones desde que se reinstauró la pena capital, el 80% de los casos implicaban a víctimas blancas, aunque negros y blancos son víctimas de asesinatos en números prácticamente iguales. El caso de Joaquín José Martínez, condenado a muerte en un proceso donde la oficina del fiscal fabricó pruebas falsas y ocultó documentos a la defensa, es una prueba de la calidad de la justicia norteamericana. La diferencia entre la vida y la muerte es una mera cuestión de dinero. Si puedes costearte uno de los prestigiosos bufetes especializados tienes posibilidades de eludir la pena capital... si tu situación económica sólo te permite un abogado de oficio la maquinaria de la justicia estatal acabará triturándote. Es la diferencia entre vivir en Nigeria y en Nueva York.

Bush habla del Òeje del malÓ, de luchar en contra del terrorismo para salvaguardar la libertad y la democracia en el mundo, pero ¿cómo un personaje que en el Estado donde era gobernador ha dictado más de 150 sentencias de muerte puede decir que defiende la libertad? ¿La libertad de quién? ¿La libertad de poder arrasar en los países árabes y cambiar la ley islámica por la ley norteamericana? Alguien que no quiere aplicar los estatutos de Ginebra para los prisioneros afganos retenidos en las jaulas de Guantánamo, o que quiere juzgarlos en un tribunal militar, con jueces y abogados elegidos por él mismo y sin que pueda haber derecho de apelación, donde pueden ser condenados a muerte por la simple mayoría de dos tercios del tribunal en lugar de por unanimidad como marca el propio código penal militar de EEUU. ¿Cómo puede Bush hablar de libertad y democracia cuando llama daños colaterales a las víctimas que provocan sus guerras? ¿Qué pretende Bush? ¿Sustituir las bárbaras lapidaciones por los civilizados bombardeos de alta tecnología?

No hay ninguna distinción entre la pena de muerte que aplica EEU y las condenas más reaccionarias de la ley islámica. Las dos asesinan personas inocentes. Una con métodos y formas rudimentarias, propias de la época feudal; el otro con la intensidad y productividad que le permiten las armas de destrucción industriales.

Sólo la lucha popular puede acabar con estos crímenes Tanto la sentencia a favor de la absolución de Safiya como el aplazamiento de la ejecución de Thomas Miller-El, se han conseguido gracias a la presión popular. En el caso de Safiya fueron enviadas más de 600.000 firmas de apoyo a los embajadores de Nigeria. La mayoría de ellas recogidas en España. Hubo presión también por parte de múltiples organizaciones humanitarias, miembros de la iglesia, la Unión Europea, el parlamento español... Múltiples voces de todos los sectores se alzaron bien alto denunciando la injusticia que se quería cometer. Esto fue crucial para que la pena de muerte fuese revocada.

Con Thomas Miller-El sucedió algo parecido. Las movilizaciones en España y otros países como Suiza, Noruega, Francia, Reino Unido y Dinamarca. La presión en el interior de los EEUU de organizaciones abolicionistas, radios libres o comunitarias, canales de TV alternativos y activistas sociales, más los miles de firmas pidiendo la suspensión de la condena, son los que han hecho posible este aplazamiento. En España, el equipo y la productora del documental ÒLa espalda del mundoÓ, en el que se denuncia este caso, ha formado un grupo de apoyo a Thomas Miller-El. Javier Corcuera, director, y Elena Carrión, co-productora, se desplazaron a Nueva York unos días antes de que se cumpliera el plazo para la ejecución, para proyectar la película y participar en varios debates. También en España hubo una concentración frente a la embajada de EEUU.

La lucha y la organización de la gente es la que puede lograr acabar con el corredor de la muerte en EEUU y en Nigeria. Todas las veces que se ha conseguido revocar una condena ha sido gracias a esto. Aquí en España, Juan José Martínez pasó varios años en prisión y fue gracias al apoyo de su pueblo que recogió fondos suficientes para pagar un abogado, lo que hizo que se demostrara su inocencia.

N. I.