N¼ 4 - ABRIL 2002

 

INTERNACIONAL

Cumbre de Monterrey
Haz lo contrario

Por cada dólar que los países ricos destinan al apoyo de los países pobres, estos destinan seis al pago de su deuda

A Fidel Castro le invitaron a abandonar México antes del arribo de Bush, quien llegaba para anunciar que «no firmaría cheques sin resultados» y presentar una disminución en las ayudas. Aznar ha aplaudido su llegada y su anuncio, aunque la UE sí se comprometió a un ligero aumento en su cuota, al final de la cumbre Aznar declaraba la «trascendental renovación de un pacto para acabar con la pobreza».

Entre los países oficiales ni una crítica, ni una protesta, ni una denuncia. Como un periodista mexicano dijo por la actitud presidencial de Vicente Fox frente Castro «el charro se ha caído del caballo» y es evidente que el resto se han bajado los pantalones. En este vergonzoso circo se ha elaborado un texto de 18 folios, no firmado, que pretende acabar con la pobreza y en que está la vida de las 2/3 partes de la humanidad que vive en la miseria. Los países del Tercer Mundo tienen que sacar una conclusión para su desarrollo de Monterrey, hay que hacer lo contrario de lo que propuso la cumbre.

Los Tiranos Solidarios

La «solidaridad» de los EEUU se basa en que por cada dólar que los países ricos destinan al apoyo de los países pobres, estos destinan seis al pago de su deuda. Las cifras de la deuda externa son sólo un aspecto de este vil sistema de «solidaridad» que principalmente se impone cuando los fondos para el desarrollo se dan si estos países aceptan sus condiciones económicas y políticas, que van exclusivamente a aumentar su explotación. Condiciones de control económico como las de privatización, liberalización y entrada en el comercio internacional. Abrir las fronteras incondicionalmente para que entren los grandes monopolios y que a su vez las industrias regionales compitan con estos en el mercado internacional en «igualdad» de condiciones, como diafanamente expresó David Ugolor un representante de Nigeria en la cumbre «El FMI es odiado por todos los habitantes de mi país, excepto por el presidente, únicamente ha traído miseria. Muchos empresarios han quebrado porque exigió privatizaciones y la entrada al comercio internacional, fundamentalmente gringo y europeo». O imponiendo condiciones de control político, tomando la bandera de la lucha contra la corrupción para imponer lo que llaman «reformas estructurales». Libertad para hacer las reformas jurídicas o administrativas necesarias que debiliten una política basada en intereses nacionales, garantiza nuevos mercados en condiciones idóneas para los monopolios. Con este juego de argumentos y palabras, estos tiranos solidarios, encabezados por el principal explotador del planeta, los EEUU sacan más beneficio y aumentan la dependencia de estos países.

Conclusiones contrarias

En Monterrey se buscó el aumento de las insuficientes ayudas para el desarrollo, para encubrir que los fracasos en disminuir la pobreza no está en que falten organismos internacionales que gestionen deudas y financiaciones, está en que no hay voluntad política para acabar con ella. No se habla, por ejemplo, de cómo el sonado milagro económico de Corea del Sur se basa en que permitió la entrada de los monopolios yanquis con la condición de que una parte de sus beneficios se reinvirtieran en el país, en industria nacional o en formación de técnicos coreanos, protegiendo su propio capital y mercado interno. Desde condiciones muy desventajosas, Corea acababa de salir de una guerra y su materia prima es muy escasa por condiciones naturales, en término de 20 años pasó de producir baratijas a producir coches, dando un salto extraordinario en su desarrollo económico.

Las medidas que propone la cumbre para los países pobres son exactamente las contrarias a la que permitieron el desarrollo de Corea del Sur. Están hechas con la voluntad política de aumentar la expoliación y anular la capacidad que tienen estos países para apostar por su propio desarrollo. No es un problema de pobreza es el aumento del abismo social Aunque el desarrollo de las fuerzas productivas genera cada vez más bienes y riqueza, en los últimos 20 años se ha ensanchado el abismo social entre los que lo tienen todo y los desposeídos.

Los datos hablan por sí mismos, solo entre 1999 y el 2000 las bolsas del mundo rompían marcas de capitalización, los principales monopolios declaraban beneficios nunca vistos, sin embargo las 225 personas más ricas poseen lo que 2500 millones de personas. Solo 3 de estos multimillonarios poseen más riqueza que la suma del Producto Nacional Bruto de todos los países menos desarrollados y sus 600 millones de habitantes. Según el informe para el desarrollo de la ONU: 826 millones de personas padecen malnutrición en el globo, la esperanza media de vida a retrocedido en 20 países africanos hasta más de 7 años. La mitad del planeta (2800 millones de personas) sobreviven con menos de dos dólares al día. Once millones de niños mueren al año por enfermedades para las que hay vacuna, solo por malaria mueren en el tercer mundo 3 millones de personas al año porque los servicios básicos de sanidad están vedados para 2400 millones de personas. En un mundo donde aumenta la riqueza no existen las condiciones mínimas de supervivencia para la inmensa mayoría. Lo grave es que la cifra sigue creciendo y se espera que en el año 2025 más del 75% de la humanidad vivirá en ciudades pobres.

El incremento de la riqueza no corresponde con lo que debería ser su creciente distribución. El problema no es la pobreza sino el abismo social que abre la burguesía al adueñarse y gestionar la riqueza socialmente producida. Marx planteaba hace 150 años cómo el modo de producción capitalista bajo el dominio de la burguesía, hace que la riqueza socialmente generada tienda a su concentración en menos manos de forma creciente y progresiva, y por lo tanto, a la disminución de su distribución social. Cuando la atención se pone en la pobreza como un ente abstracto que no se sabe muy bien de dónde viene, debemos preguntarnos a dónde va a parar la riqueza abrumante que se genera y con qué atribuciones un pequeño grupo se la apropia y gestiona. Son ellos con su gestión los que frenan el desarrollo de estos países, son ellos los que causan la miseria.

Sumisión cortesana

El «gar¨on» cumplió. Ni más ni menos, cumplió. Y en la línea que nos tiene acostumbrados y que él mismo ha definido con el «Qué coñazo les he soltao».

Como Europresidente el Sr. Aznar se dió a la grandilocuencia: «Estamos sin duda ante una trascendental renovación de una pacto universal para acabar con la pobreza». Presentar como extraordinario el compromiso de la Unión Europea de dedicar para el 2006 el 0,39% de su PIB a la financiación del desarrollo, ocultando de paso que el compromiso de hace 25 años era dedicar el 0,7%.

Tampoco habló del compromiso de su partido, que ya en 1982 se comprometió con el 0,7%, y que en el año 2000 ha sido de 0,22%. Pero lo mejor, como casi siempre, ocurrió en los pasillos. Ante el contencioso que mantiene Europa con EEUU por los aranceles puestos al acero y en particular a distintos productos españoles, Aznar no reparó en elogiar a Bush «El discurso ha sido excelente porque ha planteado el problema desde el punto de vista concreto, ha reiterado el compromiso de aumentar las ayudas (en el caso americano del 1% al 1,5%) y ha destacado los sectores que considera necesarios para que las ayudas sean eficaces, como la apertura de mercados, las reformas políticas y sociales...»

Y ante la conferencia que el mismo diario El País ha calificado de «rácana» y «más vale eso que nada», para Aznar la cumbre ha sido un «éxito perfecto», «basado en el triple consenso: el Europeo, el de Europa con EEUU y el de los países en desarrollo con los países desarrollados» Aznar no sólo no oyó, o no escuchó las declaraciones de Fidel Castro y Hugo Chávez, sino que fue el único que salió contento de la conferencia de Monterrey. Como no puede ser por los resultados de la conferencia, estaría contento por haber cumplido con su papel en la corte.

Sara Díaz.

A Fidel Castro le «invitaron» a abandonar México antes del arribo de Bush, quien llegaba para anunciar que «no firmaría cheques sin resultados» y presentar una disminución en las ayudas.