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Nž 4 - ABRIL 2002 |
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EDITORIAL INTERNACIONAL Bush
y Sharon: "Israel tiene derecho a la autodefensa". Así califica George Bush la ofensiva del terror desatada por el gobierno de Ariel Sharon sobre territorios palestinos. El ejército israelí ha ocupado militarmente la capital palestina, Ramala; el edificio del parlamento autónomo resiste a duras penas bajo las bombas; su presidente, Arafat, permanece retenido en su domicilio bajo las balas de Tel Aviv; hasta los hospitales son declarados objetivos militares; tanques israelíes capturan indiscriminadamente a toda la población entre 15 y 60 años, ... ¿Derecho de autodefensa o genocidio planificado? El horror presenciado durante los últimos días es sólo el principio del abismo a que Sharon está dispuesto a conducir a Oriente Próximo. El plan inicial del verdugo de sabra y Chatila, que contemplaba la captura y destierro de Arafat, le pareció excesivo incluso al ultraconservador gobierno israelí. Para el ministro de Seguridad Publica, "ahora es vital que derribemos a la Autoridad Palestina". ¿Qué esperanza de paz, qué tipo de negociación, puede surgir de semejante programa? Lo que a los ojos del mundo es un crimen contra la humanidad, a Washington le parece una política de "justeza infinita". No es la primera vez que se entrecruzan los destinos de Bush y Sharon. Detrás de cada ofensiva de la ultraerecha de Tel Aviv se corresponde un avance de los halcones de Washington. Sharon no se hubiera atrevido a destrozar los acuerdos de paz trabajosamente conseguidos durante la era Clinton si no se hubiera sentido amparado por los futuros inquilinos de la Casa Blanca. No se hubiera decidido a lanzar una "ofensiva final" si el mismísimo vicepresidente Cheney no le hubiera dado luz verde durante su reciente visita en la zona, apoyando públicamente a Sharon y negándose a entevistarse con Arafat "mientras no se desmarque del terrorismo". No son extrañasl as coincidencias. Como afirma un conocido comentarista político "Sharon aplica en Palestina la política que Bush quiere para todo el planeta". Es la voracidad ciega de los sectores más aventureros de Washington, dispuestos a cualquier cosa para hacer avanzar su hegemonía, el combustible que ha provocado la ascensión, en el punto más frágil de todo el equilibrio del Próximo Oriente, de una línea como la de Sharon. El actual primer ministro representa al sector más intransigente de la burguesía israelí, incapaces de entregar concesiones a cambio de una paz que dé estabilidad a su dominio, y determinados a conseguir por la fuerza una imposible rendición palestina. Es como soltar un pirómano para apagar un incendio. El aliado perfecto de Bush Si Sharon ha sido acusado por la justicia internacional de crímenes contra la humaidad, delitos que no hace sino incrementar, el gobierno norteamericano debe acompañarle como cooperador necesario. Pero la desmedida voracidad del tándem Bush-Sharon puede provocar que sus victorias militares se transformen en derrotas estrepitosas. Un analista avisaba que "Bush y Sharon han conseguido lo que ningún ideólogo panarabista había logrado en 50 años". Durante la reciente cumbre árabe, Irak, el objetivo declarado de Washington, sellaba la paz con Kuwait, en lo que, en palabras del presiente saudí, constituía una "histórica reconciliación ente hermanos árabes". El acoso militar contra Arafat no ha hecho sino fortalecer su liderazgo sobre todas las fracciones palestinas y aumentar su prestigio internacional. Nunca hasta ahora las exigencias pacifistas y contra la política militarista dentro del mismo Israel habían sido tantas. Cuanto más avanzan en su proyecto de dominio más se enfrentan a los intereses y a la sensibilidad de mayores sectores en todo el planeta. Es posible la paz y la libertad para palestinos e israelíes. El único requisito es detener la política del terror impuesta por Sharon y Bush. |