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N¼ 4 - ABRIL 2002 |
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INTERNACIONAL Encuentro
Bush-Toledo en el Peru Fuerza militar oculta tras la bandera de la lucha contra el narcotráfico, evidencia de que nunca han tenido controlado su rebelde patio trasero «Si todos nos esforzamos, no volverá a haber regímenes autoritarios en el continente». Esta frase de Bush en su reciente visita al Perú está llena de cercanas reminiscencias y veladas amenazas. El ejercicio de memoria histórica al que invita Bush nos recuerda que, en el mismo Perú, hasta hace dos años el dictador Fujimori, aupado por los EEUU, mantuvo el poder por una década; que en el vecino Chile, Pinochet y la CIA asolaron el país por 30 años. Por no entrar en los capítulos de Guatemala, Somoza en Nicaragua, Videla en Argentina, Uruguay, Brasil... donde EEUU estableció dictaduras y zonas de terror a través de lo que, por ejemplo, conocemos por los documentos de la CIA como el macabro Plan Cóndor. Pero nos invita también a pensar que, si es necesario, lo pueden volver a hacer. La amenaza está latente y el objetivo también. Esta «fraternal» visita se produce ante el peligro que supone Venezuela para los planes de dominación yanquis en esta incandescente zona del planeta y en el marco del nuevo orden del terror mundial de la Casa Blanca. Por lo tanto un reencuadramiento de los países latinoamericanos es imprescindible. Los tres puntos propuestos por Bush para ello concentran su política para Latinoamérica en los próximos años. Ensanchar a la bandera de la lucha contra el narcotráfico con 195 millones de dólares adicionales que se utilizarán en infraestructura militar y envío de asesores del Pentágono, reestablecimiento de la vigilancia aérea y una nueva base militar en Perú y otra posible en Ecuador. Junto con un nuevo Plan Perú, siguiendo la línea del Plan Colombia, que en este país ha dado tan buenos resultados militares pero no ha disminuido ni un centímetro los cultivos de coca. Si estos países demuestran su disposición de unirse en la lucha contra el narcotráfico, podrán participar en una zona de comercio privilegiada, que consiste en la disminución a los aranceles de importación de algunos productos al protegido mercado de EEUU. La propuesta está hecha para Perú, Bolivia, Colombia y Ecuador. A la que se sumarían Brasil y Panamá a condición del endurecimiento de la vigilancia fronteriza, programas de mejora a la justicia y respeto a los derechos humanos (en este orden). Junto con países de Centroamérica que se incorporarían en condiciones similares. Y por último, pero el más importante, afilar la espada de la lucha contra el terrorismo. Actualmente todos los grupos guerrilleros del continente, las FARC, ELN en Colombia, Sendero Luminoso en Perú, etc, están incluidos en la lista de grupos terroristas. Deben recibir un tratamiento como tales, con mano dura y ofensiva militar. Es decir, que sigan el ejemplo de Colombia que tras la ruptura de las negociaciones con las FARC ha recrudecido la violencia dando vía libre al ejército y los grupos paramilitares. Bush ha dejado muy claro cual es el «esfuerzo» que los países de Latinoamérica deben hacer para que no vuelvan a aparecer «regímenes autoritarios». Si la llama de Venezuela atisba con encender las ansias de independencia de estos países se abrirá un nuevo «eje del mal» donde bomberos especializados en dictaduras del terror están preparados para usar una fuerza militar en aumento, oculta tras la bandera de la llamada lucha contra el narcotráfico y el terrorismo. Tanto la historia, como los acontecimientos más recientes de Latinoamérica nos enseñan que los EEUU siempre juegan al ajedrez con las piezas negras. Nuevamente en Perú, Bush ha propuesto una partida en que sólo pueden ganar ellos, porque han advertido que en su juego exclusivamente se admiten las piezas negras. Los países latinoamericanos deben recordar las huellas aún frescas de la mano yanqui, no con miedo, sino con el valor de un pueblo que no ha cesado jamás de enfrentarse a sus proyectos. Frente a los yanquis es imprescindible que unan las fuerzas democráticas y populares en torno a sus hermanos de Venezuela, Cuba y Argentina. Para construir una muralla de independencia para Latinoamérica que recorra desde México hasta la Patagonia las piezas blancas de la lucha por su liberación. Sara Díaz |