![]() |
![]() |
|
|
N¼ 4 - ABRIL 2002 |
|
CULTURA Miguel
Hernández Su obra tiene raíces tan abrazadas a la tierra y a la gente que nadie puede dejar de saborear en ella todo el sentimiento y la pasión de vivir y de luchar del pueblo ibérico. En pocos poetas podemos encontrar tan honda coherencia entre vida y obra como en Miguel Hernández. En sus versos hay un vitalismo sobrecogedor, una pasión abrasadora hacia todo lo popular. Su obra tiene raíces tan abrazadas a la tierra y a la gente que nadie puede dejar de saborear en ella todo el sentimiento y la pasión de vivir y de luchar del pueblo ibérico. Leer a Miguel Hernández es sentir al tiempo al sol en la cara y palpar las entrañas calientes; es oír de lejos el rumor de guitarras y castañuelas. Es empaparse del sudor y del orgullo del pueblo al que cantó toda su vida. El 28 de Marzo se cumplen 60 años de la muerte de Miguel Hernández en la cárcel de Alicante. Sesenta años en los que Miguel ha sido cantado, a susurros o a voces como «el poeta del pueblo». «Este muchacho de hinojos» Miguel Hernández nace el 30 de Octubre de 1910 en Orihuela, a orillas del Segura. Hijo de un pastor de cabras, él mismo se forma como poeta leyendo a los clásicos mientras pastorea por los campos de Levante. Ahí nace la unión a la naturaleza y a la tierra que será una constante de la obra hernandiana. En esta época tan temprana su poesía es barroca y panocha, al mismo tiempo que inmadura y experimental, muy influenciada por clásicos como Bécquer, Darío, Gabriel Miró o Juan Ramón Jiménez. A pesar del apego a su Orihuela natal, Miguel siente la necesidad de ampliar horizontes, y en 1931, con 21 años llega a Madrid, dispuesto a darse a conocer en la capital, por aquel entonces en plena ebullición progresista por la llegada de la recién nacida II» República. Regresa a Orihuela seis meses después, sin haber conseguido nada en claro, y habiendo pasado grandes dificultades económicas. Pero el choque con la capital le ha convencido de lo desfasado de su poesía y le ha acercado a las obras y a las figuras vanguardistas de lo que luego se llamaría generación del 27. Apoyado por sus amigos oriolanos, Miguel consigue publicar su primer libro, Perito en lunas, que es exponente de esta segunda etapa de la obra de Hernández. Aunque lleno de originales hallazgos poéticos, hay todavía mucho Góngora y acertijos barrocos en Perito en lunas, que giran sin embargo sobre temas campestres y sencillos. Miguel utiliza una poesía compleja a modo de redención de su condición social de pastor provinciano. El hermetismo de esta obra impide que Perito en Lunas sea reconocido por público y crítica, y el libro no alivia casi ninguna de las penalidades en las que se debate su autor. Sólo le consuelan los elogios que recoge de García Lorca, que reconoce en él al duende de un auténtico poeta. La vuelta a Orihuela refuerza la influencia en la poesía de Hernández de su amigo del alma José Marín, que con el pseudónimo Ramón Sijé crea la revista literaria El Gallo Crisis, de línea conservadora y católica. Bajo su tutela, Miguel publica su segunda obra, el auto sacramental llamado Quién te ha visto y quién te ve y sombra de lo que eras, de inspiración calderoniana. En ella Miguel Hernández combina su profunda visión religiosa con su percepción de la Naturaleza. Los frutos que recoge de esta segunda obra animan a Miguel Hernández a coger de nuevo el tren hacia la capital en 1934. Esta vez su estancia tiene un balance bien distinto. La publicación del auto sacramental en la prestigiosa revista literaria Cruz y Raya abren a Miguel Hernández las puertas de los círculos literarios de Madrid. También conoce a Pablo Neruda y Vicente Aleixandre, de quienes se hace amigo íntimo. Se produce entonces un choque frontal entre la influencia clerical y provinciana de Sijé y la progresista y revolucionaria de Neruda, Aleixandre y Lorca, una lucha abierta que persiste un tiempo en la vida y en la obra de Hernández. Ninguna de las dos influencias quiere perder para su bando a semejante poeta nato. El elemento que resuelve esta contradicción es quizá Josefina Manresa, que sería su mujer, y de quién Miguel cae perdidamente enamorado. Ocurre una tercera evolución en la poesía hernandiana, que da como fruto El silbo vulnerado y sobretodo El rayo que no cesa. Gradual pero perceptiblemente los elementos de oración a Dios se cambian por los de alabanza a la mujer amada. Se impone el Miguel Hernández de la poesía impura y del erotismo dionisíaco, que tanto lo acercan a Neruda. Al mismo tiempo, este periodo de la obra de Hernández es fiel reflejo de las profundas y subterráneas batallas que se libran en ese momento, en el terreno de la moral, en la España republicana. «Vientos del pueblo me llevan». Esta maduración íntima va acompañada de una mayor toma de conciencia ideológica y política, y empieza a surgir el escritor definitivo, el poeta revolucionario que sería Miguel Hernández. En Octubre del 34 estalla la Revolución de Asturias, que conmociona y polariza poderosamente a todo el mundo intelectual. La publicación del drama «Los hijos de la piedra», dedicada a los mineros, tiene en la conciencia de Miguel un papel similar al que juega en el plano sentimental «El rayo que no cesa». El amargo 18 de Julio del 36 trae el alzamiento fascista, y coge al poeta en Orihuela. Miguel se alista en el 5¼ Regimiento, combatiendo a las órdenes de Valentín González, El Campesino. Entre trincheras y retaguardias Miguel Hernández escribe las obras que lo consagran para siempre como «el poeta miliciano»: Viento del pueblo, y más tarde El hombre acecha y Cancionero y romancero de ausencias, este último derrotado el bando republicano. En «Viento del pueblo», su obra más emblemática como revolucionario, hasta el título alude al «desbordamiento de vida, pasión e impetuosidad por el que Miguel se siente arrebatado y empujado a la acción». O como él mismo dice a Vicente Aleixandre: «Los poetas somos viento del pueblo: nacemos para pasar soplados a través de sus poros y conducir sus ojos y sus sentimientos hacia las cumbres más hermosas. Hoy, este hoy de pasión, de vida , de muerte, nos empuja de un imponente modo a ti, a mí, a varios, hacia el pueblo. El pueblo espera a los poetas con la oreja y el alma tendida al pie de cada siglo». En su obra de guerra, a través de versos hermosos, al tiempo que llanos y asequibles, Miguel Hernández viste de poesía los mejores principios y tradiciones revolucionarias de España. Canta al valor abnegado, a las manos encallecidas por el trabajo, a la energía indómita de las masas: «Aunque te falten las armas, / pueblo de cien mil poderes, También la conciencia antiimperialista toma cuerpo de verso. En el poema Jornaleros, Miguel Hernández denuncia que la guerra contra el fascismo es también una guerra por la independencia de España, contra los imperialismos alemán e italiano: «(...)Adelanta, español, una tormenta / de martillos
y hoces: ruge y canta. Y la unidad. Miguel Hernández se hace grande al cantar a cada pueblo, a cada nacionalidad de España. Canta a su diversidad y a su hermandad. Canta a Madrid, a Euskadi, a Jaén, a Guadalajara, a Teruel.... En cada rincón como dice en Vientos del pueblo me llevan hay leones, toros y águilas. Unos adustos y graníticos, otros de fruta y de guitarras. Pero todos orgullosos, esculpidos de sudor; todos indomables. Este es el mejor legado , la herencia que más urgentemente hay que reclamar de un poeta con el alma tendida al pié de cada siglo. P.M. Escanciano VIENTOS DEL PUEBLO ME LLEVAN Vientos del pueblo me llevan, Los bueyes doblan la frente, No soy de un pueblo de bueyes, Nunca medraron los bueyes |
Miguel Hernandez con los soldados republicanos en el frente |