SUMARIO

Nž 5 - MAYO 2002

EDITORIAL

Aznar:
Vender hasta a la familia

No es que se niegue el auxilio a un familiar en apuros, es que se camina de la mano del criminal que lo está atracando

Quien es capaz de traicionar hasta a la familia para ascender en la escala social ha cometido una de las traiciones más abyectas. Cuando los destacamentos proyanquis ejecutaban un golpe en Venezuela, las primeras valoraciones del gobierno Aznar no surgían de su boca. Había que buscarlas en un inusual comunicado conjunto con la Casa Blanca, «en el marco del diálogo reforzado entre los dos países».

No es que se le dé la espalda a un familiar en apuros... es que se camina de la mano del criminal que lo está atracando. El documento que firmaban, en infame maridaje, los gobiernos norteamericano y español no sólo transmitía un nada velado apoyo a los golpistas, en el mismo instante en que el pueblo venezolano estaba luchando a brazo partido por defender la democracia, sino que se instaba a la OEA (Organización de Estados Americanos) a que «asista a Venezuela en la consolidación de la institucionalidad democrática», usurpada en esos instantes por un puñado de conspiradores.

Los patéticos intentos del gobierno por esconder su falta, cuando el levantamiento popular desbarató los planes, no son sino un agravante del delito. Los medios de comunicación explicaban qué quería decir Aznar cuando afirmaba «sentirse muy preocupado por la situación en Venezuela»: es uno de los países donde las inversiones de multinacionales y grandes bancos españoles son más cuantiosas. Ni siquiera las relaciones con Hispanoamérica, con países que todos los españoles consideramos hermanos, escapa de la fría lógica mercantilista.

Es significativo que este episodio ocurra tan solo pocos días después de suscribir junto a Colin Powell en Madrid la ampliación del tratado de las bases norteamericanas. En una decisión impropia de un Estado soberano, el gobierno Aznar reconoce «el derecho» de las fuerzas militares y los servicios secretos estadounidenses a intervenir con plena libertad en España «para defender sus intereses».

Sabemos qué quiere decir la declaración conjunta cuando habla de «cooperación reforzada». Para EEUU es utilizar a España como ariete político, tanto en Europa como en Hispanoamérica. Para la oligarquía española significa auparse en la escalera mundial sobre los hombros estadounidenses. El precio a pagar parece lo de menos. Si es necesario traicionar a la familia o entregar la llave de nuestra casa al primer criminal mundial, se hace. Parece que para el gobierno Aznar el ideal es muchos barcos y ninguna honra. Pero no está solo Aznar en este viaje. Felipe González (es excepcional el sexto sentido del ex presidente para acudir en ayuda de Washington en los momentos delicados), se ha distinguido, como durante el caso Pinochet o en la guerra de Kosovo, en el fustigamiento de la revolución venezolana. La representante de política exterior del PSOE, presentada como la alternativa progresista y feminista a la alcaldía de Madrid, ha criticado al PP... ¡por ser demasiado complaciente con Chávez!

¿Esta es la alternativa para renovar la izquierda? Aznar y González deben responder, deben aclarar por qué son capaces de apoyar un golpe de Estado, por qué son capaces de denegar auxilio a un pueblo hermanado con nuestra propia sangre. Es por Venezuela... y es por España. No es sólo en Caracas donde sufren la intervención norteamericana. Con los tiempos que corren, es una necesidad que ambos pueblos, el español, el venezolano, y todos los hispanos, nos hermanemos también por conquistar un futuro sin sentir el aliento de EEUU en el salón del comedor de nuestra propia casa.

Quien es capaz de traicionar hasta a la familia para ascender en la escala social ha cometido una de las traiciones más abyectas. La actuación de Aznar sólo puede calificarse como una traición a un pueblo hermano, a un gobierno legítimo y a la democracia.