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N¼ 5 - MAYO 2002 |
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NACIONAL - EUSKADI Euskadi, un año después de las elecciones Retomar la iniciativa Redoblar la rebelión democrática Hoy, como ayer, la clave del retroceso del nazifascismo étnico es el avance de la rebelión democrática Un año después de las elecciones autonómicas parece que todo lo que ganamos entonces estemos a punto de perderlo ahora. Recordemos que la rebelión democrática, en avance continuo desde la manifestación de Donosti, fue ampliándose y arrinconó a Ibarretexe, Arzallus y Otegui, consiguiendo un tremendo éxito electoral. Recordemos, para situarnos mejor, el resultado electoral: el bloque nacionalista retrocedió a los niveles más bajos de la historia, y la diferencia de votos con el bloque antifascista fue la menor. Y lo que es más significativo, en las grandes ciudades arrasaron los votos antifascistas. Sólo en las once ciudades más pobladas, que representan el 57% del censo, superaron en 113.687 votos al bloque nacionalista. Y eso que para evitar el mayor de los descalabros, el voto nacionalista se concentró en el PNV como nunca lo había hecho. EH obtuvo los peores resultados de su historia, y el PNV, para no seguir sus pasos, tuvo que esconder a Arzallus en el armario, e Ibarretxe actuar de «conciliador» haciendo suya la versión vasca del «España va bien» de Aznar. ¿La rebelión democrática paralizada? Un año después, la rebelión democrática está relativamente paralizada y en apariencia el PNV parece estar a la ofensiva. Y mientras no avancemos, retrocederemos, porque el nazifacismo, si no se le para los pies, avanza. Hoy, el señor Arzallus, maestro de la confusión, vuelve a levantar la bandera del victimismo ante la ley de partidos políticos: «vienen a por los nacionalistas», cuando en realidad es que los pistoleros van a por quien él señala con el dedo. Varios factores han paralizado momentáneamente la rebelión democrática: el cambio de línea del PSE-EE, reducir la batalla al ámbito parlamentario abandonando la calle y los intentos de encorsetar las organizaciones ciudadanas de víctimas del terrorismo en fundaciones burocráticas, aisladas del sentir de la gente. Por una combinación de estos tres factores, las organizaciones de la rebelión democrática no hemos dejado sentir suficientemente nuestra presencia en la calle. Sin embargo, estamos en mejores condiciones para tomar la iniciativa, siendo conscientes de nuestra fortaleza. Las fuerzas antifascistas somos mayoría en las grandes ciudades y mayoría absoluta en el corazón, porque el voto aún está preso del miedo en los pequeños pueblos y aldeas. Por otro lado, la catadura moral de Arzallus, no del PNV, no de los nacionalistas, sino de Arzallus, Ibarretxe y Eguibar, representantes del nacionalismo étnico fascista, está cada vez más clara para más gente. Contra ellos es contra quien tiene que ir la rebelión democrática. El combate no es sólo ni principalmente contra los asesinos de ETA y sus secuaces de Batasuna, sino contra los que los alientan, señalan y aíslan a las víctimas para luego recoger las nueces. Sin ellos, los pistoleros no podrían existir. Otra vez, un paso adelante Si la clave del retroceso del nacionalismo étnico fascista fue el avance de la rebelión democrática, ésta es también la cuestión fundamental ahora. Todos los demócratas, todos los antifascistas hemos de tomar la iniciativa y pasar a la ofensiva. Dar otra vez, como durante las elecciones del 13-M, un paso adelante, y hacerlo sobre cuatro ejes. El primero es dar respuesta a todos los atentados contra la libertad. Volver a tomar la calle, no sólo contra los asesinatos sino también contra las amenazas y chantajes. Hacerlo de distintas formas, concentraciones, minutos de silencio, carteles, artículos de prensa, y en todos los sitios posibles: en el centro de la ciudad, en los barrios, fábricas, universidades, escuelas, talleres... Debemos practicar no sólo la respuesta inmediata y puntual, sino ir hacia la denuncia constante y periódica, como hicieron las Madres de la Plaza de Mayo en Argentina. Todos los sábados, o cualquier otro día, a las doce, o a cualquier otra hora, concentrarnos todos en las puertas de los ayuntamientos de Bilbo, Donosti, Gasteiz, para después poco a poco ir extendiéndolo a más ciudades, a más pueblos. El segundo eje es no dejar sin respuesta las constantes manifestaciones y declaraciones de Arzallus, Otegui y compañía. Denunciarlas por todos los medios posibles, artículos, cartas al director, llamadas e intervenciones en radios, carteles, dándoles la más amplia difusión, repartiendo fotocopias entre los compañeros, en los tablones de anuncios. Y denunciándolo ante la justicia, como en el caso de Anasagasti. Que no puedan injuriar gratuitamente. El tercer eje debe ser la presencia pública constante de las víctimas del terror. Hay que hacer evidente la verdad. Arzallus es el verdugo, y los demócratas las víctimas. La gran mentira que significa darle la vuelta a esta verdad es con la que unos justifican el tiro en la nuca y otros giran la cabeza. Los asesinados, los heridos en los atentados, los amenazados, los exiliados, no deben olvidarse ni borrarse, deben estar presentes para que nadie olvide lo que permite el nacionalismo étnico, el terror que impone y el futuro que nos preparan. El cuarto eje tiene que ser reforzar las organizaciones de la rebelión democrática, integrándonos en ellas y apoyándolas con todos los medios posibles. En todos los barrios, fabricas, centros de estudio, tenemos que organizar núcleos de apoyo que se sumen a las convocatorias y las organicen en su ámbito. Que denuncien el nacionalismo étnico fascista y den respuesta a sus atentados y declaraciones. Círculos de apoyo que conquisten la libertad y hagan retroceder el miedo, el terror y la impunidad con la que actúan. Las organizaciones de la rebelión democrática tenemos que actuar unitariamente: esta unidad de acción es necesaria, por encima de los matices. Todos debemos apoyar las convocatorias de cada una de las organizaciones. Por tanto es necesaria la coordinación permanente. Preparemos las elecciones municipales Dentro de poco más de un año van a ser las elecciones municipales. Será un buen momento para conquistar más espacios de libertad. La rebelión democrática debemos proponer candidaturas unitarias en las que caben todos los demócratas, es decir todos menos los que justifican el tiro en la nuca y el nacionalismo étnico fascista de Arzallus y Eguibar. Candidaturas en las que participen nacionalistas y no nacionalistas, comunistas, socialistas y antifascistas, demócratas, progresistas y conservadores. Todos los hombres y mujeres que queremos la libertad y la democracia. Candidaturas unitarias con un programa que recoja la exigencia de libertad y democracia contra el nacionalismo étnico y contra el régimen de chantaje, miedo y terror. Y proponiendo una gestión democrática que mejore las condiciones de vida de todo el pueblo. Programa que habrá que ir concretando entre todos los que apoyemos las candidaturas. Lanzamos estas propuestas para que se abra un debate entre todos los demócratas y antifascistas. Para que se abra un debate en el PSE-EE, en el PP y en todas las organizaciones de la rebelión democrática. La unidad antifascista está por encima de intereses electorales o de partido. Si queremos la libertad y la democracia las elecciones municipales son una gran oportunidad para avanzar un paso de gigante. En la situación actual es de vital importancia que los militantes del PSE-EE participen activamente en las organizaciones de la rebelión democrática. Tienen un compromiso con los votantes. Inevitablemente quienes votamos y pedimos el voto para ellos exigimos que cumplan con lo que dijeron. Hoy por hoy los dirigentes más significativos de la antigua dirección son un referente no sólo para los votantes sino sobre todo para los propios militantes socialistas, que si en el congreso ha sido el 40% los que apoyaron la línea de firmeza antifascista defendida por la candidatura de Totorica, en las agrupaciones de base son el doble. Y cobra hoy más relevancia, si cabe, la participación activa de los cientos y cientos de profesionales destacados que apoyan la rebelión democrática y forman parte de ella. Salir de este pequeño bache requiere el esfuerzo de todos. Pero como decíamos en Donosti: «¡Somos más, muchos más!». |